Fidia y Aurea
Lanzaba las cartas al vuelo.
El suelo las recogió.
La muerte y la vida en una.
Eso a ella le asustó.
Lo negro y lo blanco.
El todo y la nada.
Como única alternativa.
Dados marcando destino.
Casilla de muerte paró.
Se lo jugaba a la vida.
En ese agujero cayó.
No quedaba otra salida.
Cuando la luna brilla.
Sofocado su dolor.
Herido el costado.
Lastimado con pasión.
Miríadas de horas muertas.
Instantes de sinrazón.
Volandas que él aguanta.
Al abrigo del honor.
Palabra huera y vacía.
Camino de desventuras.
Cantó la arpía en su lecho.
Aparejando la urdimbre.
Tejedora de destinos.
Hueco negro y frío.
Silencioso en el abismo.
Grande fue su desatino.
Ardides de seducción.
Atractiva en su tesón.
Afilaba sus uñas rojas.
Con veneno el corazón.
Fidia la no nombrada.
Negra y oscura ocultada.
Seductora la alimaña.
Aurea a Fidia se opone.
Como el día a la noche.
Las dos caras de sí misma.
Desconoce que con fuerza.
Más aumenta la presencia.
Que oponerse es tenerla.
Si Izeta palabras tuviera.
Ella sabe que la doble.
Es del espejo venida.
Ahora es una fuineta.
Otrora mujer hermosa.
No alcanzando los saberes.
Guía y protectora de Aurea.
Anna, 08/12/2006





