Sufrió
Sufrió en sus carnes. Cayó por el precipicio. Atacó la bestia inmunda y en descuido erró el golpe.
Izeta estaba atenta a lo que allí acontecía.
Sobre Aurea, la arpía.
En el descuido logrado Izeta la ha despistado con un salto bien dado. Aurea estaba en su mente sin aparentar darse cuenta, no sabía lo que allí se daba.
Fidia se paró en seco, a punto de atravesarla. El miedo que traicionero a ella ha construido ahora se ha diluido. Fidia desaparece. Es estado transitorio, Izeta bien lo sabe.
El tiempo que es necesario para que Aurea conozcas nuevas artes de protección se ha dado.
¿Qué es aquello que la hizo inmune al ataque?
Fue recuerdo de otro tiempo, en otro lugar. Ya el tiempo es un otro no secuencial.
Su recuerdo ha divagado en el amor de pasado, en su tiempo personal.
Es cierto, la había engañado. Como siempre sucede eres la última en enterarse. Todo el mundo lo sabía.
Pensaste que Jorge y ella eran amigos. Como a tal la aceptaste.
Se hirió tu alma en profundo. No recuperaste la confianza. Nunca más el abandono.
Que no era importante. Que un desliz lo tiene cualquiera.
Querías ser ecuánime y no le recriminaste. Perdonar, no había nada que perdonar. No era ofensa. Es la vida. Cada uno propio guía. Te dolió y no sacaste tu dolor. Enfermó tu alma. Se apagó tu corazón.
Pensaste que él es libre. Que de ti no era obligado. Tu marido. Que estaba en su derecho de usar su libertad. Racionalmente lo viste. Te doliste. La emoción hizo espacio al infinito. Se te rompió el corazón.
No pudiste superarlo. No fuiste capaz de superar el trance en el que te veías envuelta.
¿Le querías? No lo sabes.
Ya no te fue posible, nunca más, dejarte mecer en sus brazos.
Herida y dolida quedaste largos días, largas noches, muy largas, eternas.
Te buscaste ocupaciones. Distracciones. Construiste relación de afectiva amistad. En la intimidad te retirabas. Poco a poco desistió.
Han pasado años.
Tu mente y tu cuerpo vuelven a un estadio anterior. Ganas de vida nueva, placeres que por recuerdo reverdece esta flor.
Renaces de tus cenizas. Abres todos los sentidos a aquello que te habla del placer de estar viva.
En este su pensamiento Aurea divagaba y entre tanto ocurría que Izeta conducía.
En otra parte. En la espesura Jorge vislumbra un estrecho camino de piedra fina. Se siente guiado por mano invisible. Por el se desplaza. La hiedra lo cubre todo y de marañas los oscuros troncos apenas se vislumbran. Negrura espesa de niebla que todo lo engulle.
Aullidos en lontananza. Ulular y chasquidos. Todo ojos de alimañas. Escudriñando en la oscuridad.
Avanza el hombre abatido por esa tierra tan extraña. Recuerda que hubo un tiempo. Que pensó en un mañana.
Anna, 10/12/2006





