21.52
El florescente de la cocina ilumina las baldosas donde viven los enanos. Los fraguels detrás de las cortinas celebrán una corrida de toros y los pitufos fuman en el alfeizar de la ventana estrecha del salón.
Fuera es de noche y la gente prepara sus despertadores para no llegar tarde al mañana. Mañana trabajo y pienso en llevarme la fruta que nunca me llevo y que también seguramente olvide mañana.
David (el gnomo) salta desde los libros de la estantería de encima del ordenador y se sienta cerca del teclado, a mi lado. Se encarga de darle a las comas y de añadir palabras invisibles. Esas que a muy pocos pueden ver.





