Del deseo
Los pezones se le endurecieron, aunque no fue por el placer, sino por el frío.
Fuera caía una abrumadora helada y los cristales se empañaban de escarcha y temor.

Sofía yacía desnuda sobre la alfombra, miraba al techo y saboreaba caramelos de goma con el lado izquierdo de su boca.
La calefacción a veintiocho grados.
Su cuerpo empezaba a entrar en calor.
Con las manos bajo la nuca y las rodillas dobladas Sofía pensaba en largos viajes de autobús, casinos sin premios en metálico y en la noche de octubre que vio salir a Marcos de La Pampa mientras derramaba su amor, o algo parecido, en aquella estúpida mujer.
Mujer estúpida.
Se levantó hasta quedarse abrazada a los muslos. Aquella estúpida mujer seguro que no hacía las felaciones tan bien como ella. Seguro que sus pechos tampoco se ponían rosas tras noches de perder el sentido. Ni le hablaría a Marcos de viajes en transatlático y robos de joyas. De aquello no había ninguna duda.
Sofía ya no tenía ganas de volúmenes precisos entre sus piernas, ni de colonia Chanel entre el pelo. Ya no deseaba el deseo y tampoco le interesaba vagar por los garitos pegajosos de los barrios, ni tan siquiera volver a aquel hotel acristalado donde se corrió por última vez.
Sofía quería seguir donde estaba y no moverse nunca más. Agazapar su cuerpo. Cerrar los ojos. No morirse nunca. Pero marcharse lejos.
No estar.
6 comentarios - Escribe aquí tu comentario
Hola: Estoy viendo tus Blogs, y me encantan. Quisiera saber si puedo tomar algunos de tus escritos para ponerlos en mi blog y compartirlos. Saludos desde Honduras, Centro America.
Puedes puedes. Es un honor para mí.
Bienvenido Daniel
Me gusta por el desgarro amoroso tejido con tela de esparto. La dureza y la elegancia de Bukowsky.
Saludos
Gracias Juan, me comparas con uno de los grandes! eso sí que me pone colorá!
Me ha gustado mucho, y además es una forma de escribir, el relato corto (pero corto de verdad) que cada vez me atrae más.
De paso te comento por aquí tu post de "Rendirse"... es que el otro blog me falla y no puedo dejarlo allí.
Sólo quería decirte que tienes derecho a rendirte, con la condición de que no lo hagas.
Un besillo.
A ver cuándo me das un relatito de los tuyos para ponerlo. Aquí ya tienes otra excusa.
Lo de rendirme es temporal, son decisiones que tomo por días, luego las desecho. Pero también quiero poder tomarlas si quiero! Basta de querer ser tan fuerte. También soy débil. Sí, lo soy.





