El frágil baúl del cuerpo
Entró descalza por el corredor. El mármol le heló los pies y la piel se le erizó. Con un un frío impropio del mes de mayo caminó hasta el dormitorio. Tampoco esa noche había vuelto Jaime y a ella, de repente, empezaba a no importarle.
Pasó su rostro bajo el agua tibia de la ducha y elimió torpemente el maquillaje de su cara. Se miró al espejo con una actitud cansada, abatida por la decepción. Una nueva arruga saludó desde la comisura de sus labios y Elsa, por algún motivo, le dio la bienvenida. Cada pliegue en su cuerpo era testigo de un cariño distinto, de las risas más desmesuradas o las horas más pesadas del armario. El doblez de su boca volvió a mirarla. Elsa se recorrió por una vez más y lo entendió. Ella acababa de descubrir el último secreto de los volcanes y debería guardar silencio para siempre.
A las cinco y veintitrés minutos comenzaba a soñar con el Amazonas.
-> Foto enviada por Maitía
6 comentarios - Escribe aquí tu comentario
Lectura fresca, últimamente se ve poco de esto por aquí. Texto sin ambages. Buen ritmo. Me ha gustado, sí señor.
Un saludo.
Qué hermoso texto.
Saludos
merci :)
Un texto muy sugerente. Me ha sorprendido muy gratamente. Hacía mucho que no te leía.
Pd. Al final me he convencido y he abierto un blog... a ver lo que me dura
bsos
Dani! has sucumbido a la blogosfera! seguiré tus líneas! :)
un beso y gracias por la visita
El secreto de los volcanes... Genial





