II. Horizontes
Ariadna se quita despacio la ropa con los ojos cerrados, imaginando que son otras las manos que la desnudan y otro el aliento que mece el aire.
Fuera despunta el día y cientos de personas con prisa van finalizando sus sueños en un ademán ruidoso que los devuelve a la exquisita rutina. El frío rezagado de la madrugada se cuela por un resquicio de la ventana que Ariadna cierra pausadamente, mientras levanta su vista a una ciudad de antenas que despierta con pereza.
La piel se estremece y comienza a llover.
Armando se quita despacio la ropa con la vista atenta al horizonte. Se confunde el mar oscuro con la noche y las estrellas con las luces de los barcos, igual que los restos de olor de otro cuerpo en su cuerpo, y las imágenes de su mente con las de unos ojos inquietos como las calles que van poblándose en el alba.
Una brisa templada alborota el pelo en su cara y la siguiente ola llega inesperada a la orilla cubriendo de sal los tobillos de Armando y dejando una estela de espuma que lo invita a continuar. El frío en los pies estremece y comienza a llover.
Una tristeza añil envuelve la mañana, las baldosas, el portal, las manos de Ariadna que inquietas rebuscan en cajones la fotografía necesaria para que también su habitación se vuelva de agua. Ámsterdam, Praga, Brujas, por fin… Cantabria y un dedo más largo y ligero de lo habitual, extendiéndose despacio sobre la difusa sombra del contraluz: de espaldas alguien intuye luces como guiños que se mezclan en su mente al compás de un viento cálido y una infinita melodía de mar.
Caen del techo las primeras gotas, llegan olas desde la cama y se desata la tempestad. Ariadna alza sus brazos al techo y arquea su cuerpo hacia atrás dejando estremecer su piel por el agua, volviéndose ninfa que llora e imagina una foto mojada y una silueta que escapa a buscarla. Cierra los ojos y se abraza, como si de otro fueran sus caricias y de otro cuerpo el calor transparente que nace de su propia imagen doblada.
Y a lo lejos desde la ventana, minúsculas destellos parpadean en el horizonte. Son barcos que se acercan con miles de mensajes en botellas para Ariadna que se va volviendo cada vez más pálida, más agua: ninfa azulada que espera paciente las noticias que pronto le llegarán a contraluz y le harán como el frío, estremecer.
4 comentarios - Escribe aquí tu comentario
Precioso ! Me ha gustado mucho, mucho.
Saludos.
Descriptivo y suntuoso..
Me gustó..
Rostro Enmascarado
Qué frescura y que poderío visual. Es tan bueno como el anterior, como todo lo que tú escribes.
Casi con lágrimas,saludos.
gracias por comentar





