Derivadas I
Yina no tenía respuestas.
Conocía, por la experiencia en las bibliotecas, que a pocos les gustaba mirarse a los ojos, llegado el instante en que sus miradas pudieran cruzarse. Ella no conocía las razones del porqué no descubrirse, por qué de reojo, por qué sospechar…
Algo involuntario antojaba reflejarse en el otro y muy pocos se atrevían.
Voluntario, sin embargo, fue el gesto de Yina hace algún tiempo, cuando se reconoció en fragmentos entre el pelo de Sara, insertada en sus manos, enlazada a su cintura.
Un gesto impredecible, insensato y circular, que tan solo aproximaba a las dos figuras. Las aproximaba. Las volvía espejo.
Yina no tenía las razones de los ojos que escapan, ni la solución de sentirse opuesta, buscadora de su misma identidad en otros trazos curvilíneos y complejos. En una mujer que sabía de preguntas y que se las lanzaba, precisamente porque Yina vivía sin respuestas y nunca podría escuchar así, ningún tipo de verdad. Tan solo un misterio animal que culminaba siempre en una atracción de sexo inflamado y amor excluido.
Sus incertidumbres a menudo la desequilibraban y arrastraban hasta la cama, desde donde sus miembros se alargaban y se volvían río blanco y pesado. Era jueves y el sol se ponía. Yina se inquietaba evocando intimidades de noches pasadas y un cosquilleo comenzaba a recorrer sus pezones, como diminutas hormigas desorientadas. Las sábanas deslizaban su frescura por los recovecos de su cuerpo hasta dejarla atrapada e inmóvil en su deseo, en la evocación irremediable de la desnudez de Sara. Yina desprovista casi de todo, se dejaba llevar por su tacto hacia un placer provocado entre sus piernas. Una fricción exacta bajo las ingles que la transformaba en partícula elástica, capaz de llegar al más ínfimo suspiro de Sara y renombrar todos sus genes.
Desdoblarlos.

4 comentarios - Escribe aquí tu comentario
Interesante ensayo, Sandra.
Tu prosa se ha suavizado en las formas y ha ganado en capacidad explicativa. Nos gusta mucho, tanto como siempre (ya sabes que somos fans).
Un beso doble de aprecio y admiración sinceros.
Cuánto tiempo si saber de vosotros. Actualizad vuetro blog!
Sorry, but not.
¡¡¡Pero leemos el tuyo!!!
Lo que tenemos que decir es que: ya no tenemos nada que decir. Estamos secos. De momento, bebemos de todas vuestras aguas a ver si fluyen nuestros pensamientos.
Un beso doble
Jo, no me creo que no tengáis nada que decir... de todos modos, los fieles os esperamos pacientes.





