Lo que Shakespeare dejó al libre albedrío
... y la lluvia cesó por un instante.
El apagón había dejado toda la casa repleta de dudas, sombras y fantasmas de verdad. El voltaje encendió de golpe todas las lámparas y todo se disolvió. Julieta respiró tranquila. Por fin podría desvestirse y regresar a la habitación: caminar con pasos lentos por el mármol frío, susurrar las palabras preferidas, acariciar su propia piel y despertarlo:
"Romeo, levanta. Es la hora de nuestra reencarnación".
4 comentarios - Escribe aquí tu comentario
un comentarito?
Muy chulo. Yo los llamo "microrrelatos intertextuales" y me ha salido alguno a propósito de don Quijote. Me encanta ver que hay esta coincidencia, que no estoy solo, que la paranoia de las palabras no me afecta sólo a mí. Visita mi libro de Arena y verás nuestras coincidencias.
Un besito.
...pero Romeo no despertó porque no deseaba reencarnarse en Romeo, estaba cansado del amor porque había comprendido su sufrimiento, la cárcel en que todos los enamorados se encuentran y la envidiosa incomprensión de los que no aman, de manera que fingió no despertar para que Julieta marchara y cuando ella tras días de angustía lo hizo por fin, se levantó pensando que era San Francisco de Asís deseoso de amar el universo. Así vivió y así murió, sencillamente, sin el amor de Julieta, pero con el amor del reino animal.
Perdón por la intrusión
uy... sorprendente interpretación.
Es lo que más me gusta cuando cuelgo algo, ver las distintas maneras de sentirlo de cada uno de vosotros.
felicidades guillermo





