Otra historia de amor
Vivo al final de un pasillo, agazapada como un niño, pensativa y distante: queriendo ser cristal. O siéndolo sin saberlo. O saberlo.
Iván me canta con melancolía que quiere romper las barreras del sonido, afinar la voz, bailar en campos desiertos, diseñar planes para la lluvia y revolcarse en pálidas pieles de azúcar. En mujeres sin sostén que le sujeten de la tristeza.
Iván me lo cuenta y yo lo busco en las ondas del techo, para cogerlo fuerte y no que se caiga hacia el gris oscuro de su paisaje.
Salvarlo del blanco y negro.
Agazaparlo a mi lado.
Abrazarlo y que me abrace.
Dibujar en papel continuo el futuro que traerá el cambio climático.
Viajar más allá de nosotros.
6 comentarios - Escribe aquí tu comentario
No es que no quiera dejar comentarios, Cabaret...Es que a veces me dejas sin palabras. Tus textos son poemas que hasta uno prefiere saborearlos en silencio.
Un abrazo, poeta!
;) ;) ;) y así hasta el infinito. Ya lo sabes ¿verdad?
chema, gracias por seguirme.
Erato gracias por dejar te siga
Todos los amores deberían ser así: salvar nuestras vidas del blanco y negro; y viajar "más allá de nosotros". Y también sacarnos de los rincones de los pasillos y nuestras campanas de cristal.
Tu texto rompe las barreras entre la prosa y el verso...
Un besito.
Gracias ,
de nada carmen...
me alegro haber conseguido transmitirte algo palabras de más. Un beso!





