Otto y Ana
El ombligo rodó hasta sus pies igual que una canica, suave, redonda, perfecta como las pecas de Ana.
Ana lo recogió como si fuera una pelusa y lo lanzó al aire junto a un beso desilachado, tan redondo como los ojos de Otto.
Otto sonrió entonces y reconoció su vida sin pasado, ni origen, ni tiempo. Una existencia elástica e indefinida en la que siempre habitaría en un estado secuencial. Principio fin. Principio fin. Como una rueda a la que se le impulsa y vuelve a impulsar cuando está a punto de tocar el suelo. Otto se sabía feliz en aquel sinsentido circular, ningún mundo podía ser mejor que el placer eterno entre la redondez perfecta de los senos de Ana.
5 comentarios - Escribe aquí tu comentario
cuelgo un post y no sale en portada, que pena que libro de arena dé tantos problemas :(
Hay avería en LDA. Es una chorrada: aparece que hoy es día 18, como ayer (fíjate en el post y en los comentarios). De esta manera, los posts que se escriben hoy son ¡¡más antiguos que los últimos que se publicaron ayer!! y por eso no aparecen en portada. Con los comentarios pasa lo mismo.
Ya hablamos lo del relato a tu regreso.
Ana y Otto, ¿eh? Me suena de una peli que me encanta.
Abrazos palindrómicos.
he vuelto
Vaya, cuando me marcho de LDA, tú regresas, y de qué manera, con esos cromos literarios siempre tan deslumbrantes.
Que me encantan tus letras, niña.
Saludos.
yo no me fui. sólo espacié mis intervenciones por falta de tiempo, ganas e inspiración. Gracias por seguirme :)





