Libro de Arena
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La casa azul

Ama con el alma, te quedarán menos ganas de guerrear

¡Qué fastidio de ERROR 500!

Hola chic@s!! Estoy teniendo problemas para comentar vuestros textos. Supongo que os pasa a todos porque no veo comentarios nuevos donde deberían aparecer. He escrito al correo de Libro de Arena y, aunque han tardado un pelín, esto es lo que me han contestado:

"Estimada María,

la gente del departamento de sistemas está vigilando este problema, ya que ayer detectaron que ya daba error. Pronto lo solucionaran. Por favor, tened un poco de paciencia, sabemos que puede ser una gran molestia pero ya están en ello. Lo están monitorizando e incluso se han instalado una herramienta para hacer el seguimiento.

Muchísimas gracias por el aviso!"

Así que, crucemos los dedos. Esperemos que no se alargue, como ha pasado otras veces. Ya tengo ganas de poder hablaros. Un besazo. Por cierto, buen finde y sed felices!!!!

Tarjetas regalo de 150 euros en libros

Chic@s, ¿habéis pasado últimamente por la web de casadellibro.com? He visto que este año han vuelto a sacar el concurso de El libro del verano. Solo por votar ya participas en el concurso.

Yo tengo otra lista de lecturas para mis vacaciones. Jeje, si sigo en racha después de haber aprobado el carné de conducir, ¿quién sabe, invertiré en libros? Aunque, la verdad, si meto uno solo más en casa, creo que me dejan la maletita en la puerta, jajaja... Oye, oye, pero si me toca una de las 20 tarjetitas a mí, ¡¡no pienso rechazarla!!

Por cierto, os he dejado el enlace en la imagen para votar, por si os apetece. Después, podemos comentar... Yo ya os adelanto que no conozco todos los libros que proponen. Quizás alguna de las opciones no me parecen las mejores para pasar el veranito. Pero sí es cierto que hay alguno que si suena a vacaciones...

Un besazo y una propuesta: ¿Cuál es para ti el Libro del Verano? Ah, y no me refiero solamente a los que la librería propone. Puede ser uno de ellos u otro cualquiera, aunque no sea una novedad. De hecho, yo lo prefiero. ¡¡Dadme títulos, seguro que las sugerencias nos vienen bien a tod@s!!

¡A seguir leyendo! ¿Hay mayor riqueza?

Otra mujer al volante

Vaya peso me he quitado de encima... ¡¡He aprobado el práctico, por fin!! Jeje, a la segunda. Solo quería compartirlo con vosotros. EL gran día fue el miércoles de la semana pasada, pero no he podido conectarme hasta hoy. Ahora empezaré a leer lo que habéis estado escribiendo. ¡Os mando un abrazo muy fuerte! Ah, y mucha suerte a tod@s aquell@s que tengáis que sufrir los nerrrrrrrviosssssssss del mismo examen. Yo, la verdad, tuve mucha suerte con el examinador. Pero me consta que hay a más de uno que le gusta poner las cosas un poco más complicadillas. En fin, ¡ÁNIMO!

En defensa de los puntos suspensivos (...)

"Signo de puntuación formado por tres puntos consecutivos (...) —y solo tres—, llamado así porque entre sus usos principales está el de dejar en suspenso el discurso." (VV.AA. Diccionario panhispánico de dudas. Madrid, Santillana, 2005.)

Es curioso la cantidad de personas que habéis participado en mi blog para apoyar el uso de los puntos suspensivos (y las muchas que no lo han hecho, pero que estoy segura de que comparten nuestro "amor" por ellos). Me alegra haber hablado en "Sobre mí" de mi gusto por utilizar este signo de puntuación. Veréis que es realmente un reflejo de mi propio yo, una continuación de algo que comienzo, un final que no es realmente tal...

Siempre hay algo que "se queda en el tintero", es evidente. Y en ello me apoyo cuando escribo. Y no considero que se trate de inseguridad, sino todo lo contrario: ¡estoy totalmente convencida de que hay mucho más que decir!

Espero seguir compartiendo con tod@s vosotr@s cada final...

Muy buen fin de semana para los que compartís "mi tesoro" y para los que iréis conociendo cada pedacito de él, para los que ya habíais estado en la casa azul y para los que aún estáis por llegar...

Mi tesoro

Desde hace unos meses tengo en casa un tesoro muy valioso, sin duda. Lo conservo en una habitación blanca -dentro de mi casa azul- que preparé con mucho mimo especialmente para él... Llegó a mis manos porque el destino y mi más querida amiga así lo quisieron. Fue un día (no) cualquiera, en el que parecía que la esperanza había llegado a ser lo último en perderse y estaba por desaparecer cualquier ápice de ánimo por recuperarlo. Esta es su corta pero intensa historia:

Por cosas de la vida (y porque la maldita casualidad y el desatino así lo habían querido) hace cosa de un año fue encerrado en una oscura y fría habitación cerca de la costa. En principio, mi ingenua y desesperada amiga pensó que era lo mejor, debido a los constantes contratiempos que se le estaban presentado en su vida para conseguir un lugar idóneo para él. Vivía de aquí para allá, sin tener un sitio fijo donde “poner el huevo”, como se diría vulgarmente. Cuando parecía que podía ser el mejor momento para hacer una visita al “abandonado” (mi amiga le echaba mucho de menos) y, simplemente, hacer una pequeña limpieza del lugar para que se encontrase más a gusto, ¡no os podéis imaginar cómo nos encontramos el habitáculo!

La cercanía de la playa, sumado a la (no) altura de trastero y al tiempo pasado, lo habían convertido en refugio para esos seres a los que Kafka “homenajeó” y que la sociedad nos ha hecho abominar. El primer impulso: el abandono. ¿Cómo íbamos a sacarlo de ahí sin ser atacadas? ¿Y cómo hacerlo sin saber hasta qué punto merecería la pena el riesgo? Quizás ya era tarde y era irrecuperable; ¡la humedad y aquellos asquerosos bichos lo habrían consumido! La desazón se apoderaba de nosotras. Y no exagero; era algo que no había imaginado ni en mis peores pesadillas. Antes de decidir tirar la toalla decidimos salir a tomar un poco el aire para poder relajarnos y pensar en algo. Había que alejarse un poco, caminar, para intentar quitar de nuestras mentes aquella imagen.

Pronto pensamos en algo. Se me ocurrió que, dado que mi relación con el tesoro no era tan estrecha y que (gracias que nos otorga nuestra madre naturaleza) era capaz de concentrarme para que la grima no me echara para atrás, iríamos al rescate. Yo entraría, aunque tuviese que luchar (literalmente) con las cucarachas (¿qué cucarachas?: ¡¡trenes de mercancía!!). Mi amiga del alma lloraba desconsolada y repetía un gracias, gracias, casi mecánico; casi sin creer que podría conseguirlo. No porque yo no fuera capaz, sino porque pensaba que ya sería demasiado tarde, que nada se podría salvar. En fin, el caso es que respiré hondo y me lancé sin pensarlo un instante más.

La habitación, cada vez que encendía la luz, parecía bastante tranquila después de unos minutos. El primer instante era el peor, cuando al abrir la puerta y hacer “clic” en la llave de la luz, los okupas se dispersaban hacia las zonas más ocultas, como preparándose para la batalla. Haciendo acopio de mi valentía y en un esfuerzo por hacer sentir mejor a la que había quedado afuera, intentaba no chillar por el asco que me provocaban. Cada vez que movía una caja o cualquier elemento cercano a una de las paredes, aparecían más y más grandes. Se me erizaba todo el pelo, desde la cabeza a los pies. Y no podía más que golpearlas sin piedad con lo que pillaba: un palo, una escoba (ardua tarea para la que venía a cumplir una misión bien distinta), cualquier elemento largo que impidiera el ataque y me diera la opción de correr si lo necesitaba. En más de una ocasión grité. Sí, grité. ¡Qué iba a hacer, no podía remediarlo! “¡¡Ahhhh!!” Y sudé. Sí, sudé. Y casi lloré. Y casi reí (de puros nervios, por supuesto). Y saltaba como intentando esquivar aquellos “trenes” que se abalanzaban sin conocer su triste destino: el descarrilamiento, la desaparición, ¡el aplastamiento total y absoluto!

Por fin, no sé cómo, conseguí sacar las cajas que contenían cada pieza, cada fragmento (después, le daría forma). Entonces se hizo el silencio. Una vez fuera, bichico (nombre con el que llamaría graciosamente a mi amiga desde aquél día), me abrazó sin saber siquiera cuál había sido el resultado final de la batalla. Le esperaba una excelente noticia: ¡¡el tesoro estaba a salvo!! (Tan solo) había sufrido la agonía del desamparo y se podría recuperar tras un merecido descanso en el lugar idóneo. Sin apenas huellas de la mala suerte. En el trastero: vestigios de guerra, cuerpos inertes y pedazos de desesperanza.

Después hubo más complicaciones. Las obviaré para no alargarme en exceso. El caso es que, tras varios episodios en los que volvimos a vivir “Las aventuras del tesoro desventurado”, la fortuna quiso que la vida nos volviera a parecer maravillosa y, aunque me sonreía a mí directamente, dando la espalda, sin escrúpulos, a bichico (ya un poco cansada de ese “sin vivir”), nosotras decidimos enfrentarnos a la torpeza del destino. Éste es el último episodio:

Me enamoré vía internet y decidí cambiar de ciudad, aunque al principio me costó tener que compartir piso con personajes un tanto “difíciles”. Encontré un buen trabajo y eso me permitió cambiar de nuevo. Mi pareja y yo lo hablamos y nos pareció que ya era el momento. ¡Genial, la fortuna volvía a acompañarme! Hallamos una casa maravillosa. Desde que vi el anuncio prometía ser “el hogar”. Pronto llegamos a un acuerdo con lo propietarios y ¡nos mudamos! Un poco de limpieza aquí y allá, cierta organización, algunos retoques y todo quedó listo para la nueva vida. En la que no solo yo salí ganando...

La blancura de la vivienda pronto se convirtió en La casa azul que tanto añoraba. Por una de las ventanas, un cachito de mar (tan necesario para alguien que viene de la costa) en forma de piscina y la luz del mes de junio que se colaba a cada rincón llevando cachitos de cielo, hacían creer en todo momento que estábamos de vacaciones. Pero aún había algo que no me dejaba descansar: mi preocupación por bichico y mi deseo de mantener a salvo su tesoro. Un día, mientras terminaba de desempaquetar algunos trastos y vaciar la habitación que habíamos destinado a dejar todas nuestras cajas tras la mudanza, tuve la mejor idea que se me ha pasado por la mente en toda mi vida. ¡Lo había tenido delante de mis ojos y no me había dado cuenta: ¡la habitación! Esa habitación: ¡ahí podría guardar aquella riqueza!

Lo hablé con mi amiga, que no salía de su asombro y no podía creer que por fin pudiéramos solucionarlo. Esta vez, la vida sí le había mirado a los ojos. Así que nos pusimos manos a la obra: una furgoneta, unos cientos de kilómetros y mucha ilusión fueron los ingredientes necesarios. ¡¡Y lo logramos!! Por fin llegó el día. Una vez en casa (y con alguna ayuda, debo decirlo), preparé la habitación blanca para el nuevo huésped, que no tardó siquiera un instante en sentirse “como en casa”.

Y esta es, como decía, la corta e intensa historia de un tesoro y de las personas que luchamos por su bienestar.

Desde entonces, descansa tranquilo. Desde entonces, bichico es inmensamente feliz. Desde entonces, SUS LIBROS están a salvo.

La habitación blanca es, realmente, una biblioteca llena de color. Cientos de Historias que esperan ser leídas. Ahora, el tesoro ya no se siente encerrado. Ahora, sale a pasear mostrando su incalculable valor y belleza a quien lo contempla.

Veo una voz

Conocí a su autor gracias a la película Despertares (con un fantástico Robert De Niro). Su argumento me enganchó tanto que quise saber más. Mi curiosidad me llevó hasta el libro que llevaba el mismo nombre del film y cuyo autor era un neurólogo con una cara muy simpática que no hacía más que sugerirme que le leyera más y más. Después, por casualidades sorprendentes y gratas, gratas, gratísimas, conocía a alguien que estudiaba lengua de signos. Hacía años que la LSE (Lengua de Signos Española) era para mí una asignatura pendiente; así que decidí ponerme “manos a la obra” y me matriculé en un curso. Descubrí un mundo totalmente desconocido; no solo para mí, sino para la mayor parte de la sociedad. Un mundo lleno de emociones, de expresividad, de ilusión, de vida. Aprendí a comunicarme con mis manos, con mi cara, con mi cuerpo; y, aunque me queda muchísimo que aprender (casi todo), puedo asegurar que es EMOCIONANTE. Es una lengua en constante avance y nada tiene que ver con una mera traducción del lenguaje hablado. Por fin, una vez reconocida legalmente, esta lengua independiente, rica, auténtica, no se hace ya tan raro encontrar un traductor en conferencias, congresos, retransmisiones oficiales, etc. Ya no existe esa lucha por ser “iguales” en la sociedad; porque la diferencia les identifica y les hace GRANDES.

Poco tiempo atrás esto no era así. Si tenéis ocasión de leer el libro de Oliver Sacks, Veo una voz, lo entenderéis. Se te ponen los pelos de punta al descubrir algunos datos que te indican como, no hace tanto, eran tratados como ciudadanos de segunda, marginados, condenados a labores indignas por el mero hecho de haber nacido sordos. Una lucha constante de los más acérrimos defensores del lenguaje oral (durante mucho tiempo el uso de cualquier lenguaje gestual fue prohibido en los colegios para sordos) no hacía más que perjudicar a una “comunidad” que, como nos muestra el autor, en otros lugares se había desarrollado plenamente (en el libro se cuenta el caso de la isla de Martha’s Vineyard, en la que se daban casos de sordera hereditaria y en la que todos, oyentes y sordos, aprendieron a comunicarse por señas).

Lo más interesante del libro también, quizás el núcleo principal, es el estudio de Sacks sobre las afasias y el lenguaje de signos. Esto te hace comprender un poco más técnicamente el qué, cómo y por qué. Y el título tan sugerente es tan real como metafórico.

Sin duda, os recomiendo su lectura, tanto a quienes estéis directamente implicados, como a quienes se sientan incitados por una lectura fascinante y cautivadora, más allá de la investigación científica del neurólogo inglés. Os interesará y apasionará, sin duda. Y quién sabe, quizás os animéis a aprender LSE. Ved una voz.

El juego del ángel

El problema de este libro es tan solo que la mayor parte de personas que se deciden a comprarlo tienen en su mente La sombra del viento. Estoy segura de que las malas críticas no serían tales si no conservaran más que la sensación de un lugar ya familiar, una ciudad, un cementerio, unos libros olvidados... Las comparaciones no hacen más que restar grandeza a este nuevo libro de Zafón que es, sin duda, una magnífica obra. Escrita en un lenguaje ameno, que atrapa y conquista al lector, a mí al menos. Y tampoco hace falta decir: “¡necesito más!” Tiene la medida justa. Qué buscamos en un libro, en nuestro día a día, ahogados por el bullicio de nuestras vidas: que nos seduzca y nos desconecte. Aquí tenemos una trama interesante, muy interesante, con todos sus elementos: presentación, nudo y desenlace. Y no doy pistas, pero animo a leerla, por supuesto, sin condiciones. Y, después, si tenéis la ocasión, pasead por esas calles de Barcelona... Una ciudad llena de misterio y encanto, que atrapa, que enamora, que inspira a seguir leyendo...

Vivir deprisa, leer despacio

Me estoy acostumbrando a la gran ciudad. Y no quiero. Yo, acostumbrada a pasear sin gente, sin coches, sin prisa... SIN EMPUJONES!! Acostumbrada a leer en silencio, sola o bien acompañada. En el presente (que tan pronto es pasado), el tiempo que transcurre entre metro, tren, bus, y bla, bla, bla, me lleva a "seguir la corriente"; a hacer ejercicios de concentración, entre la multitud, para no leer el mismo párrafo tres veces; a correr para pillar un asiento, o colgarme cual primate, mientras el bolso, el abrigo, el paragüas, y bla, bla, bla, se compinchan a mi favor (¡menos mal!) para dejar una mano libre a las letras...

Entonces, y solo entonces, suspiro satisfecha, como quien logra tomar su vuelo a tiempo, ese vuelo para el que había ahorrado durante tantos meses... (¿A quién no le ha pasado alguna vez?). Y pienso en ese día fatídico en que la prisa te lleva también a salir corriendo de casa. Ese día en el que olvidas todo, ¡hasta el libro, el único motivo por el que adoras el trayecto taaan laaargo! "¡Oh, Dios!", te dices a ti mismo/a. Parece que ya no importa pillar sitio, hacer malabares... Ese día, decides echar una cabezadita, o inventar historias sobre quien está sentado (o colgado enfrente) o, con un poco de suerte, ojear las páginas de quien la fortuna haya hecho correr tanto como tú... (Suspiro)