Habrá muchos individuos o pueblos que piensen, más o menos conscientemente, que "todo extranjero es un enemigo". En la mayoría de los casos esta convicción yace en el fondo de las almas como una infección latente; se manifiesta sólo en actos intermitentes e incoordinados, y no está en el origen de un sistema de pensamiento. Pero cuando éste llega, cuando el dogma inexpresado se convierte en la premisa mayor de un silogismo, entonces, al final de la cadena está el Lager. Él es producto del concepto del mundo llevado a sus últimas consecuencias con una coherencia rigurosa: mientras el concepto subsiste las consecuencias nos amenazan.
Primo Levi, Si esto es un hombre
Eres lo más cercano al cielo en el que nunca estaré. Ha llovido mucho desde aquel tímido 'me quedo contigo, y no voy a dejar que huyas. Si te quiero, te quiero por toda tú', y a pesar de todo sigo sintiendo cada día que te descubro como si fuera la primera vez, que me reinvento constantemente para ti.
Recuerdo aquellos días, en los que comencé a existir de otra forma distinta a la condesdendencia de los latidos en el pecho que apenas se escuchaban en el vacío gris. Me gustaba imaginarnos en miles de fotos que imaginaba desde millones de ángulos, hasta que llegaba un momento en que no me quedaba mente para abarcarlo todo.
Me has dado tantas tardes perfectas, tantas palabras precisas y tantas sonrisas entre tus ojos aguados que hoy, lo único que podría hacer sería amarte, como lo he hecho desde hace un año y medio, desde un poco antes quizá, cuando negaba las razones que tú pretendías darme sin querer, cuando me diste el miedo encadenado a la ilusión y yo quise deshecharlo.
Contigo he aprendido a morir, porque estoy viva. No diré que he estado esperando toda mi vida para conocerte, pero sí que soñaba con un nombre que recorriera mis venas de una forma tan rotunda que me doliera la vida.
De un tiempo a esta parte mido el tiempo en pardeos tuyos, cuando tus pestañas arañan mis ansias y un momento perfecto se planta entre dos segundos cualquiera, llenando de azul mis manos, emborrachándome de tus ideas. Eres mi paz, el mundo que siempre quise ver girar, 'mi rincón favorito de Madrid'. Eres el norte en mi brújula, pero también el sur, el compás perdido por el que vagamos cuando te desdibujas entre los contornos de mi piel. El silencio que más hondo se me clava, la vida que más me duele, pero también la nota del pentagrama que no sé tocar, que se me escapa porque de tan perfecta es parte de mi alma.
Todas mis historias se enredan con tu pelo, y cuando recuerdo tu espalda en ocasiones se difumina y se confunde con la primera luz de la mañana, cuando cuento cuántas huellas de mi vida hay entre los pliegues de tus silencios. Quiero estar tan cerca de ti que confunda tu olor con el aire que respiro, que regeneres mi oxígeno en cada beso apresurado que me das, como si se nos fuera la vida en ello. Como si mañana no existiera. y hoy solamente fuéramos tú y yo.
Te convertiste en mi casualidad. Como 'si no fueras a dejarme escapar nunca'.
- Si te vas a marchar, hazlo ya y no tardes más. Puedes quedarte o puedes irte, yo no te voy a decir nada.
- Solamente la opción ofende, porque sabes que no me voy a ningún lado. Me quedo contigo, y no voy a dejar que huyas
- Tú no mereces mis demonios
- Si te quiero, te quiero por toda tú -
Ahora es el momento intacto, otra hora muerta en la que yo no sé qué decir, ni qué hacer. Empiezas a bañarme el alma, y como todo mar llevas sal. Seamos agua, agua, agua, ... enséñame a sentir.
Nunca te necesité, pero sé (sabes, sabemos) que en mi vida va a existir siempre el vacío de la pregunta sin respuesta, porque sin ti no puedo encontrarla. Es ser consciente de que tú abres el interrogante a esa gran cuestión que solo puede ser respondida por tus ojos, quizá por tu voz ausente, siempre nula. Tú eres una palabra no nata, una palabra que nacio sin querer ser pensada, y entiéndeme cuando te digo que necesito saber por qué me dueles, sin apenas conocerte. Qué extraño, necesitar.
No te echo de menos, te has convertido en un sentimiento que es más simple que la tristeza, muy hondo, y que ebullirá desde el momento en que vuelvas a aparecer con tus pies de gigante, cruzando tantos charcos como mares te bañan el alma.
Esperarte ya no es tiempo, son nubes que nunca aparecen en un cielo azul, fotografías con las puntas gastadas en la mente, ojos en blanco y negro, gritos silenciosos.
Esperarte es vacío, y es una constante.
Qué complicado fue volver a hacer el mismo camino de aquella tarde, subir las mismas escaleras, casi con las mismas canciones sonando en mi mp3. De aquella tarde y de esos momentos recuerdo que tenía la sensación de que escuchabas mis latidos desde lejos, y de que parecía que el metro iba mucho más lento que otras veces. Me sentía desesperada porque me parecía que había demasiadas escaleras de repente, y hacían pensar que nunca ibas a llegar a la superficie, a donde estabas tú. Mirar el reloj, y veintinueve.
Qué duro fue correr el último tramo, salir a la boca del metro y mirar a la izquierda por inercia.
Y no encontrar tu perfil.
'Y tú tranquilo, que nada me matará. No es la primera vez que vuelvo a comenzar historias que no llevan a ningún lugar.'
Aquella tarde dijiste que Madrid era como una ciudad compuesta de pequeñas islas, porque te perdías lo más bonito e interesante yendo bajo tierra, en metro; y que cuando subías a la superficie era como estar en un sitio independiente.
Que lo mejor era caminar, caminar, caminar, ... y descubrir.
Me pregunto cómo será tu vida los fines de semana. Te imagino en la cama, mirando a través de la ventana, 'llorando desde antes de despertar'. Sí, te imagino completamente en silencio, sopesando toda tu vida, y a veces un "¿qué estás haciendo?" te cruza la mente de forma fugaz, y prefieres ignorarlo.
Y hay minutos en los que te imagino conmigo. Son minutos en los que, sencillamente, cierro los ojos y puedo contar uno por uno los lunares que hay en tu espalda, y tu mano se pierde entre los dedos de la mía, se desdibuja y une a mi piel, que grita esquizofrénica, ávida de tus caricias. Y en el pecho algo se acelera, y se siente la satisfacción propia de quien sueña con imposibles.