Gente linda, hermosa de LDA. Estoy de mudanza, ha sido un placer compartir con todos estas arenas cálidas. Seguiré viniendo por aqui, claro está, seguiré visitándoles como siempre. Una encuentra ciertas afinidades que son imposibles de olvidar. Muchas gracias por todo el cariño, por las alegrias y las penas compartidas...
Me mudo entre otras cosas, por cuestiones de comodidad, me refiero al servidor, LDA no funciona tan bien como debería, y bueno... llega un momento en el que hay que sacar mucha paciencia y mucho tiempo de donde no hay, para a veces, no poder siquiera dejar un coment.
Dejo mi nueva dirección, por si alguien se anima
http://blogs.clarin.com/abrevadero
Por el momento estoy pasando todos los muebles de ésta mi casa a la
nueva...
de más está decirles, que les voy a extrañar, que se les quiere, y que por supuesto, son más que bienvenidos.
besos para todos.
Carlos Merchán, tus palabras, tus imágenes me han acompañado en momentos innumerables.
Angelonero, gracias por todo.
Naná, gracias por tus visitas, debo confesar que eras de las que más esperaba...
Indra; Tu dulzura es infinita... tu amada es afortunada en serio...
Exotérico; me he reido tanto contigo.... Gracias.
Pitufina...te encontré tarde, más fuiste un bellisimo Hallazgo.
Juan Antonio: tu blog ha sido un sitio para encantadora belleza, para pildoras de sabiduria dichas con las palabras precisas, tu poesia me ha emocionado como ninguna.
Chispark: Eres increíble... he disfrutado tantos tus comentarios, me he reido, me he identificado en muchisimas de tus letras...
Luis, Erato, Noviembre, a tod@s ha sido un placer,a los que no menciono, pero recuerdo, que si no la lista se haría interminable....
un honor compartir este espacio.
GRACIAS
"Todo el mundo hace daño a todo el mundo, esa es la condición humana".
Boomp3.com
Me sudan las manos, pero estoy tranquila, no siento temblor alguno. Tengo una idea fija en la cabeza, entre ceja y ceja, entre una respiración y la siguiente.
Los hombres me miran en la calle, las mujeres también. Los unos me desean, las otras me desaprueban. Hay una parte de la vergüenza que se pierde en este oficio. Una parte que hace que las miradas de reproche no importen nunca. Una camina pese a todo; moviendo el culo aunque el pecho lo traiga hecho jirones.
Tomo el único taxi que quiere ir hasta Guanabacoa.
El tipo va haciéndome todo el tour y recomendándome santeros y babalawos famosos. Suena un bolero hermoso, y triste, que me acompaña muy bien. Como acompañan todos los boleros cuando uno los necesita.
“sola, como en el polo la aurora, como una triste señora en un domingo sin sol”
Yo solo voy pensando en lo que quiero hacer, en si soy capaz, después de todo, de convertirme en cualquier cosa, si es cierto que uno puede llegar a cualquier fondo por muy abajo que esté, si lo único que hace falta son las condiciones necesarias, si la moral, los principios, el ying y el yang son la misma mierda que nada.
De la cartera saco un paquetico con coca, el taxista me observa por el espejo retrovisor, y me doy un pase entre “ñó, merca pá rato” y “si tu quiere yo conozco quien compra tó eso”
- puro, yo lo que quiero es llegar. Le digo limpiándome la nariz.
Si yo quiero, si yo quiero. Si yo quiero verlo amanecer con la boca llena de hormigas, que tengo que hacer?
Si yo lo que quiero es enfrentarlo y causarle un dolor profundo, que no se le quite jamás, que le parta el cuerpo en dos cuando respire. Si yo lo que quiero es joderlo para toda la vida, que es lo que debo hacer?
“no busques más alli, donde te dan dolor, deja que vivan en ti, sentimientos y mejores momentos”
- ya llegamos.
Ya llegamos, ya llegué.
Saco la llave y me detengo ante la puerta. Que sensación tan abrumadora! Hundo la llave en la cerradura como si hundiera mi filo en su cuerpo. No siento nada. La casa está en silencio. Me quito los tacones para no hacer ruido. Duerme Todo conspira a mi favor. Duerme. Ahora soy yo quien acecha. Ahora yo soy fiera poderosa y sedienta. Me acerco a su cuerpo vulnerable y me pregunto si vale la pena. Uso este momento para darme razones suficientes. Me veo llorando en la oscuridad con miedo de quedarme dormida. Me veo despertando sobresaltada, con olor a baba seca en la cara, con la ropa arrancada del cuerpo, a medio vestir, me veo apretando la navaja como ahora, pero con terror, debajo de la almohada. Veo sus ojos posados en mi cuerpo, sus ojos de mal agüero. Me veo a mi, pequeña, desvalida, rota, avergonzada, totalmente avergonzada de ser yo. “no busques más alli, donde te dan dolor, deja que vivan en ti, sentimientos y mejores momentos”
No. No más vergüenzas para mi.
Guardo la navaja. Saco de mi bolso el paquete con la coca, y con cuidado lo dejo bajo la almohada. Salgo del cuarto sin hacer ruido. Al pasar por la sala, marco el numero de la PNR.
- policía? Quiero hacer una denuncia.
Respiro profundo y me siento bien. Liberada. Feliz de saber, que a pesar de todo, aún puedo rescatar algo de orgullo para mi. Aún puedo, sino salvarme, guardarme para cosas mejores, para finales mejores. Me merezco otro final, otra vida. Soy fuerte. Muy fuerte. Sin rayas, sin cosas, sola, sin nadie alrededor, soy fuerte como para levantar mi cuerpo y limpiarlo de cualquier caída. Aún queda dentro de mi, un lugar donde soy yo, la de siempre.
“Yo se de un lugar” , tarareo, “yo se de un lugar”
Camino despacio mientras escucho las sirenas de los patrulleros que se acercan. “yo se de un lugar que tiene rios intensos en su interior”
Cierro los ojos y el sol me calienta la piel. Veo un manatí, que mueve la cola mansamente, y me mira con sus ojitos negros y redondos, sonriendo

AMARGO: un cuchillo, no tiene que ser más que un cuchillo.
JINETE: se equivoca.
AMARGO: Gracias.
JINETE: Los cuchillos de oro, van solos al corazón, los de plata, cortan el cuello como una brizna de hierba.
BODAS DE SANGRE. GARCIA LORCA.
Estoy mirando la navaja con las cachas de nácar, blanquísima, hermosa. Paso mis dedos por el filo como si caminase sobre el. Recorro su forma peligrosa y seductora, me sorprende no abrirme en dos mitades la piel mientras la acaricio ¡El poder tiene tantas caras! Este es un instrumento de poder, me digo.
Muchos días en los que caminaba en la madrugada por La Habana desierta, oscura, esta pieza pequeñita fue mi soporte. Mantenerla apretada contra mi carne me daba la seguridad (real o no) de que nada podía pasarme. Porque yo he tenido miedo. Si, le he temido a la Calle más que a la vida. A las esquinas, a los callejones sin salida, a las paredes interminables, a los durmientes, a los zombies de la ciudad, a los ladrones de almas.
Cuando una está sola, afloran todos los miedos, y también se curan todos, si, pero antes, pasa un tiempo largo, interminable, en el que una navaja de nácar, es una buena compañía.
Una raya. Casi amanece tras el cristal de mis lentes caros. Me he llenado de cosas caras, de cosas con nombre. Me he vaciado de cosas pequeñas, insignificantes ya. Porque, pensándolo bien, qué puede importar lo que no quise nunca, qué puede importar lo que soy, lo que tengo. Que puede importar mi nombre con p, con l, con c de casa. Qué puede importar lo que el tiempo me ha quitado?
Me parece que he vivido toda una vida, siento que tengo más años que La Giraldilla. ¡Que clase de mierda es el destino!
Otra raya más para el tigre. La raya del amanecer. Mi cuerpo se siente gigantesco, imparable.
“nena, no se como será el destino, si ya no queda nada que perder, pero si ves que está creciendo el rio, será mejor que te eches a correr”
Busco un teléfono público. Marco el número. Suena. Se que no le gusta contestar el teléfono, si contesta es porque está solo.
- Oigo- dice y su voz desata en mi una furia infinita. Corto.
Lo pienso un instante tan corto que casi ni lo pienso. Estoy yendo a su encuentro. Es hora de cambiar el destino.
Todas las cosas derechas mienten,
murmuró con desprecio el enano.
Toda verdad es curva,
el tiempo mismo es un círculo...
Y así habló Zaratustra.

Soy un gato mojado. No soy infeliz ni nada de eso, simplemente no me sentiré cómoda hasta que este tipo se largue. Antonia tenía razón, una termina por acostumbrarse. Ciertamente no podía imaginarme esto. La primera vez lloré tanto, las lágrimas me vistieron de pies a cabeza. Me sentia culpable, sucia. Defraudada por el destino. Sola. Ahora no, ahora es distinto. No espero que nadie me salve, ni pienso que tenga salvación. En mi cabeza todo es blanco o negro, no hay medias tintas, no hay espacio para el perdón o para el olvido. Ni para mi, ni para nadie. Yo soy lo que he hecho de mi misma, y éste es mi karma. Después de todo, quizás si soy como Antonia…
Manuel es un español que ronda los 50, y desde que Antonia me lo presentó no deja de buscarme. Lo que a él le gusta es lamer todo mi cuerpo, que yo me tienda mansamente como si estuviera dormida, mientras el recorre todo mi cuerpo con su lengua, y luego, cuando ya no puede más venirse en mis axilas. Es increíble por lo que paga la gente. Más no me quejo. Los hay peores. Mas raros.
Con Manuel al menos no hay que hablar, ni moverse, ni sonreir… y hoy me viene perfecto, me viene perfecto porque la cabeza la tengo llena de miserias.
Tengo unas ganas terribles de hacer algo radical. Si. Eso. Radical. Cuando hay cáncer hay que extirpar si aún se puede. Si te salvas eres afortunada, sino, eres una más. En mi caso, ya lo dije, no busco salvación, sólo quiero detener la infección, el aliento pútrido de la enfermedad que no deja de respirarme en la espalda. Soy una más, una de tantas.
Encima de la mesita de noche, hay dos rayas listas, se me ocurre que hoy es el dia. Hoy si voy a querer.
- Hoy si voy a querer- digo en voz alta-
- Joder tía. Que me la has cortao. Que coño vas a querer?
- La coca. Quiero probarla.
- Vale, metete lo que quieras, pero mantente callada…
Aspiro profundo, el polvo es una pedrada en mi cerebro,siento como si mi nariz se hubiera convertido en un hueco muy ancho, muy ancho, y el aire me llega todo junto, como ráfaga a los pulmones. Y la boca? Donde está mi boca? Quiero asegurarme de que está ahí…
- bésame- le digo a Manuel con una increíble sensación de felicidad- me besa caliente, contrariado, nunca lo he dejado que me bese, el contacto con su boca convierte a la mia en un órgano dormido. Si, está ahí, mi boca, pienso, pero está dormida.
Podría vivir asi, colocada. El acaba en mis brazos y por primera vez la humedad de su semen en mi cuerpo no me produce asco, ni nada… simplemente no me importa.
¡que fuerte me siento! ¡que grande! ¡puedo hacer lo que yo quiera! Si. Eso, incluso puedo librarme de este odio que me crece en el pecho. Contra Él. Si, librarme de una vez.
Libre.
El remordimiento es como una mordedura de un perro en una piedra: una tontería. Nietzsche.
Es de mañana muy temprano, no he pegado un ojo en toda la noche…sigo echada en el catre mirando al techo cual recluso en prisión. Antonia viene con café y me extiende un bultico de billetes de a 50. Lo tomo sin vacilar aunque por dentro, me asuste este nuevo juego que me propone…100, 150, 200, cuento en voz baja. Doscientos. Ese es el saldo de la noche. Mi parte “por hacerlo muy bien”. Inmediatamente el dinero en mi mano se transforma en mil pensamientos a la vez. ¡Cuánto han cambiado mis preocupaciones! ¿Soy la misma? ¿O soy sólo una hipócrita? ¿Si Él me hubiera dado dinero a cambio, lo habría aceptado igual? ¿Me hubiera ido alguna vez? ¿Por qué me fui realmente? ¿Por qué el dinero no sirve también para callar la conciencia?
No se me ocurre que hacer con esto. Nunca he tenido tanto dinero en las manos, ni pensé que teniéndolo me iba a sentir tan mal. Antonia me mira, me busca los ojos, pero me hago la sueca. No creo poder mirarla de nuevo y verla sólo a ella. Me dice que ya se me va a pasar, que las primeras veces son asi, pero que después una se deja estar, se olvida, se da cuenta que el remordimiento es cosa inútil.
- Niña, a nadie le gusta pelar papas, pero comerse el puré es muy rico. Te voy a llevar a una tienda pa que te tires unos trapos encima.
Ahora mismo siento unas ganas enormes de salir corriendo, de huir de ella como hui de mi madre. Aunque quizas es lo mejor que me pudo pasar. Pienso que la vida es asi, que el destino es asi, te encuentra aunque corras desesperadamente. Que no puedo huir toda la vida, que no queda sino aceptar. Lamento mucho no ser como tú Antonia, quisiera poder ver lo bueno en todo, no pensar jamás.
- Tengo que ir a la escuela - digo agarrando mi mochila- En dos dias es el final de inglés.-
Camino con paso parejo, con la mano derecha en el bolsillo de los jeans, apretando contra la piel, los 200 dolares que me dio Antonia. Si, Tal vez si soy como ella, sólo necesito tiempo para acostumbrarme.
El aire frio de la mañana me inunda, me alivia el pecho y la conciencia. La conciencia…
Me tomo un taxi hacia la ciudad escolar. La facultad esta llena de gente. No quiero ser vista, no quiero tener que saludar a nadie, ni dar explicaciones. Me siento como si estuviera vestida de rojo con cabello verde y sombrero de cuadros con plumas naranjas. Hay un grupo en una esquina que me mira fijamente. No hay nada peor que sentirse observado cuando se quiere pasar desapercibido.
¿Será que lo saben? La gente siempre sabe todo. Si hablo con alguien probablemente me pregunten como he estado, donde he estado.
Ahí llega mi amiga Tita. Aprieto el paso, no quiero saludarla. Que le voy a decir cuando pregunte? - Tita, ahora trabajo de Puta, por eso no he venido a la escuela- Podría mentirle, pero no quiero. Me cubro el rostro con la mochila. Que no me vea, que no me vea…Sigo caminando en dirección a los baños, salgo por la salida de emergencia.
No, no creo poder entrar entrar a clases hoy tampoco. Vuelvo a la calle. Últimamente parece ser el único lugar donde me siento a gusto.
“pocas cosas describen bien la pérdida de la inocencia, entender, es una de ellas…”Anónimo.

Estoy sentada contra la puerta del departamentito. Envuelta en la sábana y con los ojos pegados todavía. Adentro se oyen risas y chinchín de copas. Pego el oído a la puerta para escuchar mejor. Los ruidos empiezan a transformarse en quejidos, de placer supongo, la música se apagó y la cama da un “concierto barroco” contra el piso de granito.
Dice Karl Marx que el progreso social puede ser medido por la posición social del sexo femenino. Ahora mismo al progreso social le están dando por detrás…una puñalada certera. ¡Como da vueltas la vida! Entiendo que el estar subidos sobre la tierra, que anda rotando y trasladándose sin detenerse, tiene que traer alguna consecuencia… y ésta es…un día estás en medio de la nada sin un mango y al siguiente tras una puerta ajena, escuchando el sonido del dinero.
Antes, nosotras también vivíamos en el campo. Mi padre nos dejó cuando yo tenia 3 años. Mi mama y yo nos fuimos a vivir con abuela. Vivíamos en una casita con piso de tierra y paredes de palma. Cuando llovía, la casa se inundaba y todas nuestras pertenencias, que eran muy pocas, acababan flotando como barquitos en la bahía. Para mi la lluvia era una fiesta, para mi madre la certeza de que había que encontrar un mejor futuro. Una vez durante la etapa de ciclones, perseguí a Teddy, mi osito de peluche hasta el río, el agua lo arrastró con fuerza y yo corría detrás de él. Cuando llegué al borde, me asustó mucho la violencia de la corriente, y me quedé allí, detenida, petrificada viendo como el río se tragaba mi tesoro. Entonces de entre los limos y las ramas caídas, emergió un manatí enorme, prieto y manso como la noche, se quedó mirándome largo rato con sus ojitos chiquiticos y redondos y con un movimiento de su cola de sirena, me devolvió a mi Teddy. Regresé a la casa con una emoción indescriptible dentro del pecho. El monte y yo, habíamos entablado un diálogo maravilloso y no había nada que temer. Incluso la ferocidad del río, albergaba maravillosas y apacibles criaturas. No volví a sentir miedo, ninguna corriente me detuvo jamás. Hasta que apareció El, y nos vinimos a La Habana. A un mejor futuro, dijo mi madre. Y yo volví a temerle a la violencia, a la ferocidad de estas nuevas aguas. Muchas veces, cuando me sentía más sola, cerraba los ojos y veía al manatí batiendo con su cola el agua, apartando el limo verde para que yo pudiera ver el fondo.
Ahora tengo miedo. Otra vez tengo mucho miedo.
Temo convertirme en una persona que no me guste, tengo miedo de tener que verme a mi misma y no reconocer mi imagen en el espejo. Miedo de tener que voltear la cabeza por vergüenza. Miedo de perder el respeto de la gente que admiro. ¿Y si nadie entiende nunca lo que ha sucedido? ¿Y si lo que me ha sucedido no es suficiente para poder explicarlo?
Cierro los ojos pero el manatí no aparece. En su lugar, está Antonia, parada en el umbral de la puerta.
- Fernando quiere que entres. No tienes que hacer ná. Solo estar ahí… y mirar. Va a pagarnos bastante. Como pá un mes.
Ya no soy más una niña, no hay monte a mi alrededor, y esta claro que manatíes tampoco. Me levanto del piso me quito la sábana de los hombros y entro. El apartamento ahora parece una nave gigantesca, sin fin.

Antonia está casada con mi primo Ernesto, allá en Guisa. Siempre fue una mujer muy bella, de muy buen corazón, pero como decimos en Cuba, “más bruta que un ñame con corbata”. Mi primo que era un burro disfrazado, la golpeaba constantemente y le tenia prohibido salir de la casa sin él. La pobre se casó siendo muy jovencita, con esa inocencia que tienen las mujeres que se han criado en el campo, siempre lavando camisas sucias y puliendo el piso como una esclava. Incapaz de levantar la voz para protestar o para gritar de dolor. La última vez que la vi, yo tenia 13 años, eran mis vacaciones antes de entrar a la beca. Me pase una semana entera en su casa, mi primo le había dado una paliza que por poco la mata. Estaba renga de un pie y con las justas podía levantarse de la cama, yo había ido a visitar a mis abuelos y cuando la vi así, decidí quedarme a cuidarla, a hacerle algo de compañía. El día antes de irme, me regaló la bata que llevo en mi mochila, era de su madre, “la única cosa linda que poseo” me dijo, me la dió a mi, como quien da un tesoro muy preciado, y así la he cuidado siempre.
- Resulta que me cansé. De recibir golpes, de vivir miserablemente, restregando mugre. Con las rodillas arañadas, y la piel de cocodrilo- me enseña los codos- Mira, ¡¿tú sabeh como voy a tener que darle crema a estos codos pá que queden decentes? ¡No me va a alcanzar la vida! Yo tengo 25 años, quiero comer rico, ponelme ropa linda, tener el pelo mortal, y verllo todo… no me quiero morir sin ver lugares lindos, gente linda… estoy hasta la punta del dedo goldo, de amanecer entre esas lomas sin más horizonte, de estar casá con un tipo que huele a toro, a corral de gallinas…que se cree más machito que nadie, peldóname prima, yo se que son familia… pero ¡ ay vieja!
- Te entiendo Antonia.
- Me fui sin decir ná. Ni a él ni a nadie. Pero ! pá trá no vuelvo, ni pá coger impulso!
Antonia me cuenta que antes de llegar a La Habana, se bajó en Varadero, y se quedó lela mirando el mar.
En Varadero conoció a Jerónimo, un viejo francés que perdió a su esposa y se fue a enterrarla en Cuba. El tipo se enamoró de ella desde que la vió. La trajo a La Habana y se la llevó a su apartamento en Miramar.
- El viejo se fue pa´ Francia, y me dejó con el apadtamento. Dice que algún día va a venir y me va a llevar pa´lla, pero mientras tanto, ya yo puse mi negocito.-
Dice que ahora es Jinetera,
- O sea Puta.
- ¡Puta no! Jinetera, y a mucha honra, que yo no me acuesto con cubanos. Este es un trabajo como otro cualquiera, más viejo que andar a pie.
- No te estoy juzgando. Ni quise sonar ofensiva. Es que me pareces otra persona.
- La necesidad te cambia, te mueve el piso. Ya yo estaba jodía por aguantona. Y no por “puta” soy inmoral, ni deshonesta. Todo el amor que tenía lo di gratis, y sólo me pagó golpes y desencanto.
Ella continúa hablando y yo solo pienso en las vueltas que da la vida, en lo poco que uno sabe de si misma, en que yo no se cual seria mi límite. No se cual es mi límite, hoy entré a un establecimiento y robé. Lo pensé y lo hice. No hubo ningún principio en mi cabeza que entrara en conflicto. No hubo cuestionamientos previos ni posteriores. La voz de Antonia me trae de vuelta.
- Al principio es jodío, pero despué es como ir al cine, a veces te gusta la película, a veces no. Y tú, cual es tu película?
Después de hacerle el cuento a Antonia, y llorar otro mar, me fui con ella para su apartamento.
- Mira, chiquito, pero paraíto. No me falta ná de ná.
Me abrió la puerta de su corazón, de su casa, para darme abrigo. El apartamentito era en realidad acogedor, y ella me lo brindaba con sonrisa incluida y con una mulatica también, que me disparó con la mirada.
La mulatica es Katya, la compañera de cuarto de Antonia. Su “hermana del alma”.No me puso buena cara hasta que supo que éramos primas.
Me di una ducha larga. Antonia me armó un catre cerca de su cama y desperté después de dos días. Mejor dicho, me despertaron. – Prima, hace falta que esperes un ratico afuera. Tengo un cliente.
La suerte es el pretexto de los fracasados
Pablo Neruda.
¿Dia de suerte? Hay que ver que soy tarada. El bolsillo tenia un hueco. El dólar se esfumó como mismo vino. Fue una ilusión, un minuto de felicidad que se desvaneció cuando fui a pagarle a la señora de las pizzas. ¡ Con la pizza en la mano, ni siquiera le pude dar una mordida! Me he disculpado con la señora y me he ido por donde mismo vine. Me he sentado en un banco del parque a llorar, ahora si, a llorar a moco tendido sobre los planes hechos, sobre el estómago vacío, sobre los pies cansados. Un día más, una noche más. Las lágrimas no resuelven pero son un desahogo infalible.
La gente que pasa me mira con expresión de pena, algunas personas se quedan mirando y noto que vacilan entre preguntarme si estoy bien o seguir caminando. Algunas lo harán con deseo de ayudar y otras solo por el chisme. Pongo cara de “no quiero hablar con nadie”, lo último que podría pasarme es tener que contarle a algún extraño mis desgracias.
Esa chica que viene por ahí, se mueve como Antonia. Pero es mas delgada. Si, camina como ella, esta muy lejos como para estar segura, probablemente el hambre me esta nublando la vista… es igualitica que ella. Pero no, no puede ser ella, ¿que va a hacer Antonia en la Habana?
A cada paso que se acerca, se parece más a ella. Tiene la misma estatura, se mueve tan ligera.¡!!Antonia, grito. ¡Antonia!
Ella busca entre la gente y al fin me ve. Si que es ella.
¡Prima!
Me da una alegría verla. Ella viene corriendo y me abraza, nos abrazamos y rompo a llorar de nuevo como una magdalena.
A veces nos negamos a aceptar que hay otro estado que el estado actual de las cosas. M.P
Estamos sentadas en La Madriguera, una de los paladares mas famosos de La habana.
Hay comida como para un condenado a muerte. Creo que si sigo comiendo mi estómago va a entrar en shock. Me han traído un bistéc que más que un pedazo de carne parece un boxeador de lo grande y fuerte que se ve.
- no me puedo comer todo esto. – La miro, se ve tan linda, tan delgada. Y que ropa tan bonita trae puesta, ropa cara, se nota por la tela. – ¿Antonia, de dónde sacas tanto dinero? Esto te va a costar una fortuna. ¿Y mi primo? ¿Cómo decidiste venir a La Habana? ¿Dónde estas viviendo?
- Niña tu ereh policía?
- Discúlpame. Es que estoy tan extrañada… y agradecida. No me tomes a mal.
- Come, dale. Hay tiempo pa tó.