El Manolito Pérez leyó lo de sus emolumentos contributivos con peso y olor en el fondillo pantalonil. El Manolito Pérez que es un poco circunstancial y subjetivo, o un mucho, dependiendo de la cantidad de alcohol hospedado en sus arterias. El Manolito Pérez tronó, vociferó, insultó, justificó:
Tó los pájaros comen trigo y le echan la culpa al gorrión...
Ohé, si no me pude aguantá
Si es que el vino no me cae mal, es la química que le meten al vino.
El Manolito Pérez además, se molestó muchísimo de la comparación de su injerencia retambufil con la del Angeluco.
Si ése tío es un mierda. ¿Pero cómo vas a compararme?
Manolito: El pedo es el grito de la mierda oprimida.
¿Qué dice, ohé, ¿estás tonto?
El Angeluco a esto volvió a cagarse, con los fondillos escangallados como una vela escandalosa penetró en un patio de vecino, para que una pobre mujer, a la que conocía de la cola de la primitiva y la bonoloto, le lavara la mancha.
¿Cómo va a vení usté así, a una casa decente? -decía- desente... Lo brearon
Hizo honor al remedio general del campesino, publicado por A. Bitar en 1878, ah, qué tiempos periclitados en lo emotivo, quien dejó documentado y escrito que el remedio general contra el alcohol era enterrar al borracho en estiércol.
El hombre es un cagado por naturaleza. El hombre hoy, caga más que piensa, volteriano paralipómenos que, ante la alta competición y el mil eurismo de turno, el chivatismo ilustrado y los políticos maculantes, configuran una España del abono y el reciclado de la propia tripa.
Digo esto porque el otro día, el Angeluco, un poeta de mente demente, defecó en bermuda, mancha delatante, mientras tiraba con fuerza de un periódico, cual prueba de cuerda y fuerza, que el bar es culto y cualquier competición tiene revista por medio y no soga o tocón de árbol.
¿Te has cagado?
¡Te has cagado!
Y el Angeluco se eclipsó con la estela delatando alrededor lo que negaba con la palabra, como un político talmente.
Comparo esta cagada pseudoliteraria con la inmortal cagada del Quijote cuando Sancho, entre el horrísono estruendo de los batanes echó al aire entrambas posaderas, que no eran pequeñas y apretando los dientes y encogiendo los hombros hizo él un poco de ruido, el cual es negado, como el del Angeluco, por el inmortal escudero que culpa a la aventura, para librar cámaras sin ruido, mas los efluvios vaporosos alertaron al caballero que vio miedo consumado en el “que ahora hueles, y no a ámbar”, aunque peor fuera meneallo.
De todas formas la mejor aventura con sus tripas la vivió Manolito Pérez, que tal tomar tres botellas de tinto, de súbito tronó mojado, en la misma banqueta del bar donde se hallaba a la sazón, y cuando los contertulios llamaron su atención sobre el desaguisado, dijo que no, que a él no le hacía daño el vino, sino los polvos que le echan al vino, que no es lo mismo, usted.
Lo que la gente notó también era que la materia orgánica del Manolito rebosaba por encima del cuello de la camisa. Un producto que carecía, por lo visto, de fuerza de gravedad.
¿Cómo te sale por arriba?
Y yo qué sé. A ver cómo salgo ahora a la calle.
Al Manolito le llamaron un taxi. Y cuando el taxista olió la carga de su carga, salió arriando sin cobrar y sin montarlo, que una cosa es servicio público y otra los vicios del servicio...
¿Pero cómo le salió por el cuello?
Llama al CSI, ojones...
Ola, -en verano el saludo debería ser así, sin h, dada la calor, -esa forma andaluza con el artículo femenino-, ¿políticamente incorrecto?.
Cansado, el estrés es la caspa del alma, mientras investigo un poco sobre lo que aconteciole a Manuel Pérez, cagador empírico contra la fuerza de la gravedad, me llega a los ojos un poema de Belén Reyes.
Lo edito por ingenioso. Acordándome de las Hipatias, Yanis, Jacaranda, Jacarandina, Josep, etc, de este blog que casi he abandonado, avant la lettre, y por el que torno, de cuando en vez, con la nostalgia de los amigos.
He aquí el poema:
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Se traspasa afectividad
por cese de negocio.
Pecho reformado, mucha luz, calefacción central,
autoestima.
Negociable. Vacío...
Busco amor de segunda mano, todo terreno. No
importan kilómetro psíquicos. Sufro bien y al
contado.
La feria de la ínsula, con los insulares extras y los derechohabientes, los tertulianos y los declamadores tribunicios en todo su esplendor, habían vivido unas jornadas previas que pudieran considerarse pintiparadas ya que, obras son amores, en una tómbola gritadora y escandalosa, el premio estrella era un altavoz con micro, ideal, para soflamas, filípicas, protestas varias y libelos orales. (ya contaré el narrado de palacio del ciego de Antequera en la plaza de touros).
El Arriaza, un presidente consorte de Asociación derechohabiente se embarcó con el Lolo, un librebebedor hebdomadario, título mundial de sostenedor de vasos sin soporte, con el fin de acompañar la procesión náutica de la Patrona por las aguas del río/caño/, que culminaba tras contornear la ínsula en el baratario de la Magdalena.
El Lolo dipsomaníaco, no había reparado la caña del timón o la biela del motor, o ... El testarazo subacuático se escuchó en el orbe.
- ¿ya están tirando cohetes?
- No. Ohé, yo juraría que ha explotao el barco.
El barco se escoró por el lado del Lolo, ya que su ex, una gorda sin complejos, enjaezada a la andaluza para el evento, pesaba más que una mala conciencia.
Ohé está entrando agua.
¿Agua? Quita, que yo soy alérgico.
Con neveras tuvieron que achicar. Las botellas alcohólicas del Lolo flotando en su antielemento.
Ohé, que nos hundimos.
Tran,tran,tran,quilo, que no haaaay profundidad.
¿que no hay, y sin hundirse ya nos llega el agua a la barriga?
La gorda venía delante, es decir, la mujer gorda lorquina de poeta en Nueva York, pero ya transportada a todo el universo, es decir, pelo de colorante artificial vermiculado, rodete rojo, camiseta ceñida como una maldición, michelines hasta en los dientes. Una malla ajustada a todas las prominencias, protuberancias, salientes, empujes, masas, piel de naranjas, adiposis obesa y obesidad flaneada, portando en la mano, roscona mano de bebé gigante, una bolsita mínima de plástico, una minucia agarrada como si portase ántrax o peste bubónica.
La puerta de la oficina antecedió a los kilos, a la masa, a la mano. La barriga era un niágara espeso y sostenido de grasas emulsivas.
Oye, mira, ¿dónde puedo resiclá estas pilas?.
Lo siento, señora, el Ayuntamiento no posee ese servicio.
Ay, hija. Como soy gorda, soy muy clara.
Toma. Que las gestione desde ahora.
La gorda salía, el mentón en furuño. Los labios fruncidos tal boca de torero en su faena. Ofendida y molesta.
La funcionarilla mínima, sólo acertó a decir.
- Mira qué educación. Me encanta. Me encanta. la carcajada histérica flotaba, lesa, como un michelín tremolador.
La gorda venía delante, es decir, la mujer gorda lorquina de poeta en Nueva York, pero ya transportada a todo el universo, es decir, pelo de colorante artificial vermiculado, rodete rojo, camiseta ceñida como una maldición, michelines hasta en los dientes. Una malla ajustada a todas las prominencias, protuberancias, salientes, empujes, masas, piel de naranjas, adiposis obesa y obesidad flaneada, portando en la mano, roscona mano de bebé gigante, una bolsita mínima de plástico, una minucia agarrada como si portase ántrax o peste bubónica.
La puerta de la oficina antecedió a los kilos, a la masa, a la mano. La barriga era un niágara espeso y sostenido de grasas emulsivas.
Oye, mira, ¿dónde puedo resiclá estas pilas?.
Lo siento, señora, el Ayuntamiento no posee ese servicio.
Ay, hija. Como soy gorda, soy muy clara.
Toma. Que las gestione desde ahora.
La gorda salía, el mentón en furuño. Los labios fruncidos tal boca de torero en su faena. Ofendida y molesta.
La funcionarilla mínima, sólo acertó a decir.
Mira qué educación. Me encanta. Me encanta.
Protestéitor va a la tertulia con barba. Barba atildada, recortada, cuidada y limpia. Protestéitor es coqueto, bajito, tan recortado como la barba. El Protestéitor no se habla con el hermano. El hermano de Protestéitor es más raro que un pavo con piercings. Suele sentarse de espaldas a los contertulios y no chistar. Lee, o hace como que lee tres o cuatro periódicos. Mas como no habla con nadie. Nadie sabe qué opina, dice o siente. Se conoce que, como son casi gemelos, todas las palabras las gasta, usa y abusa Protestéitor, que va de Abel y pone al otro de Caín.
No hay derecho. No hay derecho. En vez de pintar el paso de peatones de noche, porqué no lo pintan de día, para que lo seque el calor y no se moleste tanto a los peatones.
Y yo qué sé.
El Alcalde ése que no hay derecho al pacto que hizo...
Todo así. El Protestéitor es parado de larga duración. La hermana del Protestéitor, medio loca, dice que a ver si alguien le da un trabajo a su hermano.
¿Al que protesta?
No. No. al otro.
Y por qué.
Porque a Protestéitor sólo le gustan trabajos del Ayuntamiento que cobra más y no hace nada...
Protestéitor es vigía de cofa de la vagancia. Inspector de todos. Liendre conspicua.
A cada santo le llega su San Martín.
Y a cada oveja su esquila...
Se ha muerto el Puppi. Muñoz Orellana ya es tierra de la tierra. Como recuerdo de sus idas y venidas, de su forma de ser, reedito uno de los pasajes del libro de las Tertulias del Falla.
R.I.P.
PELICULAS Y TERTULIA (aLATRISTE)
El Muñoz Orellana tuvo un raptus, un pronto, lo que se
dice un arranque. Estaba en el Falla, enredando no se
sabe bien qué, con un cubo de coquinas, cuando el Ciego de Antequera, insinuó que en el garaje del chalé se
podría formar una tertulia muy privada, publicar sus
libros, sus Cedes, sus todos, etc. Al oir aquello el Orellana salió pitando como alma que lleva el periodo.
¿El periodo?
Sí. No me haga hablar, la histeria es sólo femenina,
del griego histeron significa matriz, y...
Cállate, ohé, que te parece al Duarte.
El Muñoz Orellana tras dejar con la palabra en la
boca a todos, incluyendo al epicentro y al lucero del
alba, que junto con el presidente de algo tienen una
pelea apolillada por un quítame allá ése partido. Al
rato, torna, riéndose como un descosido y con un
paquete en la mano. En la Isla, donde la gente ve un
paquete y quiere indagar o llevárselo o ambas cosas,
aunque sea una mierda. Siendo gratis, a casa, por lo
que el acto del Orellana despertó la curiosidad más
urgente, insidiosa e islera que en el mundo se pudo
consentir.
¿Qué llevarás ahí, tú con tanta prisa?
Un encargo.
No. Sí no lo quiere decir, sí va a salir maleducado
Maleducao tú. Que no te importa na del paquete y
quiere saberlo.
El Dagoberto salió como las tracas, explotando y
corriendo. A mí me pueden echar de ese bar de mierda,
pero no pueden evitar que exprese mis discordancias y
mis apoplejías.
¿Pero de ahonde ha sacao ese párrafo?
El Don Andrés Muñoz Orellana fue visto por el
Camborio, bar otrora tertuliano, sede de Juan
Crisóstomo Lafinur y su bastón de cobas y caobas, a
las 12,35 (ficha casi policial del asesor del partido
apolillado) en compañía del Malicia.( El Malicia iba vestido de
infante de cazadores, o sea un híbrido entre la
infantería de marina y un cazador con camuflaje que
José utilizaba para pescar, lógica de la Isla, que se
llama a esto.) BUENO, pues el Malicia y el Muñoz
Orellana, el Orellana con su casco blanco de pelo
albo, que había cantado el poetiso acerca de la que
perdió las mallas en Falla, pseudónimo de la plica en
el último Concurso Literario "Yo me lo guiso y me lo
como y no me empacho de palomo", convocado por un
restaurante local, (Joé, que nos apartamos del tema,
que las normas de la LITERATURA ACTUAL no lo permiten
ni traficando en libros) BUENO, pues el Andrés Muñoz
Orellana y el José estuvieron toda la tarde perdidos
en la brumosa sinrazón de una caseta Gallinerense, o
sea, en el garaje del Muñoz Orellana, donde entraron
con dos paquetes y salieron con uno, grande y libre,
como una alcaldada o un frigorífico. Que lo contaron
por la noche, ajusticiando, a los dos, no dejando
títere con cabeza, etc.
A cada frac le llega su pregón
Ya decía yo que no había manera. Sabe Dios lo que se
traen entre manos. Sí esos dos no pueden dar nada
bueno. Sí...
No. Sí el Muñoz Orellana siempre se las da de
gracioso. Como fue funcionario.
¿Oiga, Y eso qué tiene que ver?
No. Como los funcionarios ahora tienen la culpa de
todo...
A la mañana siguiente en el Bar de Falla la gente
continuaba... yo los vi en el autobús. Quillo qué
pedazo de paquete llevaban.
¿Y te dejaron ver qué era?
Que va. Lo que yo hubiera dado.
Si son unos mierdas...
El diario, o sea, los diarios que se leen sin
promoción y a pulso, quedó sobre la barra. El
Ricardito Panego que no podía sufrir al ciego de Antequera, aguantaba mecha sobre lo que decían y
tiró de ojo hacia una foto.
¿Éste no es el Orellana?
La foto mostraba un bulto en la Caleta, el Muñoz
Orellana con un remo, y José de pie, (era tan chico
que sólo salía bien en las fotos apaisadas, en los
sellos de correo y en los carnés de pesca) tirando un
bulto al mar, un bulto sospechoso con su peluca rubia.
MOMENTO EN QUE EXTRAS DE ALATRISTE, RESCATAN CUERPOS
DE LA MAR.
¿Pero ese cuerpo no es la muñeca de Andrés?
¿Y ése otro del fondo, no es el Mediopolvo?
Pero qué hablaban ustedes.
El Dios de la maledicencia, amarguras y endechas del
arte de insultar pasó por la tertulia. Oiga. Esta vez
ponga que el Duarte no estaba. ¿Y dónde estaba? Yo qué
sé. Seguro, que donde no debiera.