catálogo de masas
La gorda venía delante, es decir, la mujer gorda lorquina de poeta en Nueva York, pero ya transportada a todo el universo, es decir, pelo de colorante artificial vermiculado, rodete rojo, camiseta ceñida como una maldición, michelines hasta en los dientes. Una malla ajustada a todas las prominencias, protuberancias, salientes, empujes, masas, piel de naranjas, adiposis obesa y obesidad flaneada, portando en la mano, roscona mano de bebé gigante, una bolsita mínima de plástico, una minucia agarrada como si portase ántrax o peste bubónica.
La puerta de la oficina antecedió a los kilos, a la masa, a la mano. La barriga era un niágara espeso y sostenido de grasas emulsivas.
Oye, mira, ¿dónde puedo resiclá estas pilas?.
Lo siento, señora, el Ayuntamiento no posee ese servicio.
Ay, hija. Como soy gorda, soy muy clara.
Toma. Que las gestione desde ahora.
La gorda salía, el mentón en furuño. Los labios fruncidos tal boca de torero en su faena. Ofendida y molesta.
La funcionarilla mínima, sólo acertó a decir.
Mira qué educación. Me encanta. Me encanta.
3 comentarios - Escribe aquí tu comentario
Jua jua jua jua jua jua...
Qué bestia, Colec: michelines hasta en los dientes. Pues mira lo que te digo: más gente como la señora gorda hace falta por ahí, que ponga las cosas claras.
Qué alegría verte postear, y qué bien me han sentado estas lineas de buen (y sano) humor.
Abrazos
Mencanta, mencanta MEN-CAN-TA!!
¡Ésto es lo que yo buscaba!, que para lloriquear las penas del alma, el desamor y esas cosas tan líricas que nos pasan, bien vale un ratito, y queda formalmente precioso (si es que queda) , pero que... buff!! ¡qué perezón!.
Gordísima enhorabuena!!
Genial, colectivo, como siempre. Qué envidia de esa gente que como esta-gorda-tan-clara se pone el mundo por montera. Qué bien verte por aquí
Un abrazo





