Catálogo de masas
La gorda venía delante, es decir, la mujer gorda lorquina de poeta en Nueva York, pero ya transportada a todo el universo, es decir, pelo de colorante artificial vermiculado, rodete rojo, camiseta ceñida como una maldición, michelines hasta en los dientes. Una malla ajustada a todas las prominencias, protuberancias, salientes, empujes, masas, piel de naranjas, adiposis obesa y obesidad flaneada, portando en la mano, roscona mano de bebé gigante, una bolsita mínima de plástico, una minucia agarrada como si portase ántrax o peste bubónica.
La puerta de la oficina antecedió a los kilos, a la masa, a la mano. La barriga era un niágara espeso y sostenido de grasas emulsivas.
Oye, mira, ¿dónde puedo resiclá estas pilas?.
Lo siento, señora, el Ayuntamiento no posee ese servicio.
Ay, hija. Como soy gorda, soy muy clara.
Toma. Que las gestione desde ahora.
La gorda salía, el mentón en furuño. Los labios fruncidos tal boca de torero en su faena. Ofendida y molesta.
La funcionarilla mínima, sólo acertó a decir.
- Mira qué educación. Me encanta. Me encanta. la carcajada histérica flotaba, lesa, como un michelín tremolador.
2 comentarios - Escribe aquí tu comentario
Ya veo que desde que tu pueblo está de fiesta ves doble. Ahora nos deleitas con post adosados.
O será mejor decir post-"pareos", pero de eso es mejor que escribas tú, así como de los espectáculos taurinos, por llamarlos de alguna manera, con que han amenizado la feria del pueblo.
Un abrazo de J&J.
Me gusta. voy a seguir





