El hundimiento del Tetanix
La feria de la ínsula, con los insulares extras y los derechohabientes, los tertulianos y los declamadores tribunicios en todo su esplendor, habían vivido unas jornadas previas que pudieran considerarse pintiparadas ya que, obras son amores, en una tómbola gritadora y escandalosa, el premio estrella era un altavoz con micro, ideal, para soflamas, filípicas, protestas varias y libelos orales. (ya contaré el narrado de palacio del ciego de Antequera en la plaza de touros).
El Arriaza, un presidente consorte de Asociación derechohabiente se embarcó con el Lolo, un librebebedor hebdomadario, título mundial de sostenedor de vasos sin soporte, con el fin de acompañar la procesión náutica de la Patrona por las aguas del río/caño/, que culminaba tras contornear la ínsula en el baratario de la Magdalena.
El Lolo dipsomaníaco, no había reparado la caña del timón o la biela del motor, o ... El testarazo subacuático se escuchó en el orbe.
- ¿ya están tirando cohetes?
- No. Ohé, yo juraría que ha explotao el barco.
El barco se escoró por el lado del Lolo, ya que su ex, una gorda sin complejos, enjaezada a la andaluza para el evento, pesaba más que una mala conciencia.
Ohé está entrando agua.
¿Agua? Quita, que yo soy alérgico.
Con neveras tuvieron que achicar. Las botellas alcohólicas del Lolo flotando en su antielemento.
Ohé, que nos hundimos.
Tran,tran,tran,quilo, que no haaaay profundidad.
¿que no hay, y sin hundirse ya nos llega el agua a la barriga?
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Jolin, que divertido, no había leido nada tuyo, voy a darme un paseito por aquí.
Saludos





