Libro de Arena
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Toc, toc. ¿ Estás ahí ?

Como conocí a Sasha

Nave Discovery deambulando por sus pasillos... 04(10)3058

- ¿Habéis vuelto a discutir, verdad? , veo esa falta de brillo en tus ojos, ya sabes, es algo que te delata. Solo he necesitado verte a lo lejos acercándote, arrastrando los pies por el pasadizo, con la espalda encorvada y la mirada ausente, para adivinarlo. Pareces un alma en pena buscando un lugar donde liberarte de tus pesados grilletes.

- Debo confesarte que hoy no tengo el más mínimo apetito – admití con resignación – estaba simplemente vagando sin dirección, supongo que fue el subconsciente el que me ha traído hacia aquí. El hombre es un animal de costumbres, dicen que siempre vuelve a esos lugares donde evoca experiencias placenteras, o momentos que le gustaría volver a rememorar otra vez. Supongo que es Sasha otra vez.

- Entonces, si es así, resulta que… ¿yo tengo algo que ver en tu relación con ella? – parecía divertida y curiosa al mismo tiempo, ¿por qué serán todas tan cotillas?, pensé.

- Visto de ese modo, sin duda. Fue aquí, en el autoservicio donde nos conocimos – expuse, mirando distraído alrededor del poco concurrido local.

- ¿Y cuál fue el detonante de semejante choque de personalidades inconexas? – no cabía duda que en este recinto endogámico y cerrado que es la Discovery, las noticias volaban a la velocidad de la luz.

- Uhm, déjame pensar un momento – contesté -, si tuviera que buscar el germen que dio inicio a nuestra relación, yo lo atribuiría, sin dudarlo, a la miniaturización hortofrutícola – en el dispensador se encendieron un par de leds y emitió una ligera vibración que yo atribuí sin duda a un signo inequívoco de sorpresa.

- He tratado de seguir todas las combinaciones neurolingüísticas posibles en mi árbol relacional sin resultado – parecía contrariado – y no consigo encontrar una relación que…

- Es muy sencillo – intervine – te lo explicaré en un periquete. Yo estaba allí sentado, intentando devorar una de tus ensaladas transgénicas – señalé una mesa próxima que se encontraba vacía – cuando de repente al tratar de pinchar con el tenedor uno de esos minúsculos tomatitos, éste salió despedido y comenzó a rodar endemoniado, de forma autónoma a través de las baldosas. Atravesó en un suspiro todo el local y tras chocar con una de las paredes, quedó inmóvil a escasos centímetros de unos zapatos rojos, adosados a los mayores tacones de aguja que yo había visto en mi vida, los cuales sustentaban en un milagroso equilibrio las piernas más bonitas que puedas llegar a imaginar.

- Llegados a este punto, si me permites una pequeña matización – me hablaba con voz pausada – yo me atrevería a afirmar que el arranque de vuestra relación se debió más bien a una mera cuestión probabilística, donde el número de comensales , de mesas llenas o vacías y el impulso inicial del tomatito, así como el índice de fricción con el pavimento serían determinantes en…

- Está bien – intervine bruscamente, interrumpiendo el discurso del sintetizador de voz - , quizás no he sido sincero desde el principio. Me veo obligado a confesarte, que en realidad fui yo el que disparó adrede el tomatito con objeto de llamar la atención de Sasha, dije contrariado.

- Si es así, creo que ya tengo la palabra clave que mejor definiría la verdadera chispa que encendió vuestra relación.

- ¿ Ah sí , y cuál sería esa, si puede saberse ? - pregunté sin entusiasmo aparente.

- Puntería .

No dije nada y decidí alejarme de allí sin probar bocado, concediéndole el derecho a la última palabra. Al fin y al cabo, es eso lo que más les gusta, y quién soy yo para retirar ese derecho a una máquina pedante y estúpida.


1 comentario - Escribe aquí tu comentario

lo dijo Javi T 4 Octubre 2008 | 10:15 PM

Y quién era Sasha?.

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