Libro de Arena
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El sueño de Ulises

Que cada uno busque su Ítaca particular en esta vida. Yo ya he encontrado la mía, dejando atrás Calipsos y sirenas.

BUBOK. Despedida del blog "El sueño de Ulises"

Estimados compañeros de blog:

He publicado en Bubok dos de mis obras, "La sonrisa del juglar" y "Emain Macha", tanto en formato PDF como en libro. Podéis bajarlo gratuitamente en PDF si queréis leerlas. Los artículos de "Orfeo en el Hades" son partes de "La sonrisa del juglar". Os dejo los enlaces abajo.

Hasta vernos. Este será mi último artículo en este blog. Mucha suerte.

Fran Blanco

www.bubok.com/libros/2575/La-sonrisa-del-juglar

www.bubok.com/libros/2576/Emain-Macha

Poema "Sube mi cuerpo"

Sube mi cuerpo

a la elevada pira

sombra y ceniza

es todo lo que somos

una vez la llama arde.

Este es un poema inspirado en la forma métrica japonesa medieval llamado "tanka wanka", precursor del haiku moderno.

España ¿país de racistas?

Año 1492: Los Reyes Católicos expulsan a los judíos de España, aunque son los que trabajan y pueden levantar a esta nación de vagos y maleantes. Poco después la Inquisición se encargará de hacer autos de fe a los conversos que queden – cerca de medio millón de españoles – otro grupo que también podía hacer algo con la riqueza que venía de América, un grupo intelectual e inquieto que aportaría muchas cosas que harían más grande y soportable a este país de mierda que todos merecemos.

Año 1609: Expulsión de los moriscos de España. Una gran medida del duque de Lerma, un valido competente, tanto como reyes, políticos y gobernantes del pasado y presente que tan bien dirigen nuestros destinos, ya sean impuestos o elegidos por nosotros. Trescientos mil españoles se ven obligados a exiliarse de este país de sinvergüenzas y gilipollas, echando a otro grupo que también curraba – en este caso la tierra, que los demás no trabajaban. Mano de obra buena, eficaz y currante – y española, no lo olvidemos que las pasará putas en el norte de África, donde serán violados, robados y asaltados…. Ah, me olvidaba. En la península también lo fueron, pero por sus envidiosos paisanos. Los españoles somos así. ¿Somos racistas? ¿O envidiosos y gilipollas? A los gitanos les dan viviendas protegidas. Claro, a esos no hay nada que quitarles y siempre vienen bien a la hora de votar, mientras cualquier otro hijo de vecino está hipotecado hasta los huevos y tiene que llegar a fin de mes. Claro, a esos tampoco los echamos. No eran banqueros, ni pensadores, ni literatos, ni trabajaban la tierra. No digo que todos sean unos vagos, pero siendo pragmáticos, sería mejor deshacerse de los vagos y de los que no quieran trabajar – españoles o no – y levantar de una puta vez a este miserable reino de taifas que como todos los demás reinos de taifas de Europa pronto se irá – muy bien merecido lo tienen – a tomar por saco.

Aunque pensándolo bien también podríamos echar a los chinos. Esos no tienen que pagar cuando montan sus locales todo a cien, como tiene que hacerlo cualquier español honrado – ya pocos quedan, y trabajador aún menos – si quiere levantar cabeza en una país lleno de burócratas y funcionarios ineptos y sinvergüenzas que te sangran a impuestos si quieres levantar un negocio y ganarte la vida.

Ahí me las den: en mis hijos o en mis nietos. Hermoso país – o mundo, pues a fin de cuentas viene a ser lo mismo – en que vivimos. En fin, como dicen en mi tierra: Eche o que hai.

Poema "Lux Perpetua"

LUX PERPETUA

Tus pies son como raíces que se hunden

en la tierra

de la tierra vienes y de la tierra eres

como sombra y agua, sonrisa y crepúsculo.

Tu carne es tu ley y tus ojos son el mar

que abre sus entrañas y escupe la sal.

¿Saber es conocer? Si conocer es amar, tú eres mi verdad.

¿La verdad? Es una gastada moneda de dos caras

que nadie puede acuñar

una espada de dos filos

que nadie puede empuñar.

Sé que en ti mora el mismo fuego

la negra llama

la oscura Moira que teje y desteje el hilo

que a ti y a mí nos devora.

Hemos llegado al final del camino.

Es la hora. Sábanas de piel dura

cubrirán mi rostro. Delirios de madrugada

velarán tus ojos. Testigo será el alba

de nuestra condena, como amarga sentencia

aún por cumplir.

La culpa no es nuestra, pero pagamos la moneda.

¿La verdad? Es esta:

En la otra orilla, con culpa o sin ella

Caronte en su barca nos espera.

Poema "Redención"

R E D E N C I O N

He pecado, Padre.

No cumplí mi destino

por miedo o cobardía

por desidia o temor

no fui capaz.

Te pido perdón. Ya sé

que tu yugo es suave

y tu carga es ligera.

Lo habría llevado con gusto,

sé que podría soportarlo.

Pero no era la corona de espinas

ni los clavos desgarrando mi carne

ni la burla del fariseo

en sus labios

ni cuando me escupieron y abofetearon

me insultaron y desnudaron.

Tan solo quería saber

por qué me abandonaste.

¿Dónde estabas

cuando clamé a ti por ayuda?

¿Por qué callabas

cuando la tierra bebió mi sangre

y doña Muerte se jugaba

a los dados

su jarra de vino y su suerte

con rudos e infames soldados?

Ah. Si supiera que toda vida es

una partida de dados

llena de sangre

y huesos humanos

sin dioses que guíen en el camino

sin hados que iluminen

ni destino.

Solo.

Con los ojos en el cielo

y los pies en el abismo.

Poema "Las ollas de carne"

LAS OLLAS DE CARNE

Levanta la cabeza.

Que el sol no te ciegue los ojos.

Ya sé que las espinas muerden tus pies

que no hay pan

que calme tu hambre

ni agua

que sacie tu sed.

No te acuerdes de lo que dejas atrás

las ollas de carne

del pescado

de las sandías

y el ajo.

Ten siempre presente

que no eran de balde

las lágrimas

los sudores

el trabajo forzado.

Ten siempre presente

- no lo olvides nunca -

el amo duro

el cruel látigo

la casa de esclavos.

Acuérdate que siempre serás

peregrino en el desierto

nómada del pesar, ascua errante

sin hogar ni morada bajo el cielo.

Que toda tierra te será extraña

todo pan amargo

y todo anhelo la otra cara del viento.

Sin reposo ni riqueza

sin ollas de carne ni pescado

a la mesa.

Tan solo peregrino en el desierto

con la promesa del hogar

en los ojos

y el polvo del camino a lo lejos.

Una reflexión sobre la obra Orfeo en el Hades

Deseo de trascendencia. La literatura, el amor y la religión como una forma de evadirse del Hades, del valle de lágrimas para que la catarsis del alma sea más profunda y duradera, librándonos de todas las ataduras de este mundo.

Esto es lo que nos enseña la gran obra “La sonrisa del juglar”, que en un principio bauticé con el nombre de “Orfeo en el Hades”, un título que a decir verdad no desmerece en nada el espíritu de este libro, que fluye sobre las aguas de mi alma como el espíritu santo de Jehová fluyó de un lado a otro sobre la superficie de las aguas cuando la tierra se hallaba desierta y sin forma.

¿Qué más diré de esta obra, tan cara a mi alma? Que se trata de una gran obra, sin duda. Quizás me acusen de onanismo intelectual y extiendan hacia mí su dedo acusador. Vana tarea. Mi obra habla por mí. Es el oráculo de mis almas. Y como toda gran obra tiene muchas lecturas, tantas que no fui consciente de ellas hasta mucho más tarde. Para ser exactos, dos años después de haberla escrito.

Dejando a un lado las historias secundarias que he incluido en el libro – voces del pasado y del presente que complementan el peregrinaje de Orfeo por el Hades – el principal protagonista es el propio Orfeo. La obra nos lo presenta como un ser atormentado por el amor de Níobe, la Eurídice moderna. Pero no es el amor su única obsesión. Las otras cabezas de su cancerbero son la poesía y la religión.

A semejanza del mito antiguo, el Orfeo moderno desciende de nuevo al Hades para rescatar a su amada de las garras de la muerte. El mundo que se describe en la novela es un mundo de muerte, y muertos están también los personajes que aparecen en ella. Este mito de la muerte entronca también con el mundo de la mitología celta, donde los personajes se mueven a menudo entre los dos mundos, y donde la idea de la muerte lo domina todo, y todo la descubre. Este es el mundo que forma el fondo, un mundo regido por el insaciable Hades.

Y esto es de lo que nos habla la historia que nos ocupa. En ella podemos ver cómo Orfeo trata de escapar con su amada de la pequeña y miserable ciudad de Babilonia. Huelga decir que fracasa en su propósito, ya que Níobe está tan muerta como los seres que la rodean, y forma parte – aún a su pesar y del de Orfeo – del mundo de muerte que los envuelve. Orfeo pronto se da cuenta de que será inútil sacar a Níobe del Hades. En un mundo de muerte es imposible devolver a la vida a Níobe-Eurídice, y más aún teniendo en cuenta que esta última se encuentra a gusto entre las sombras y no desea salir a la luz, a un nuevo mundo que Orfeo quiere crear con su poesía. Un nuevo mundo de palabras.

Orfeo sabe todo esto, pero también es consciente de algo que ya señalé líneas arriba, y es su deseo de trascendencia. El dolor por la pérdida – en dos ocasiones – de Níobe-Eurídice le hace trascender a un mundo poético que le ayudará a sentirse más vivo que nunca. El no forma parte del Hades porque no se siente parte de su mundo ni ve como ellos ven. Y la extraña religión de la que forma parte es otro aspecto que reforzará esa trascendencia. Sabe quién es y de dónde viene, y sus creencias le aseguran el advenimiento de un mundo mejor que el que sus ojos contemplan a diario.

Orfeo está vivo porque sufre. Y porque sueña y recuerda. Pero sobre todo porque ama. Y porque es consciente de su singularidad. En definitiva, siente que es un hombre y no una sombra como los demás. En resumidas cuentas esto es lo que se puede extraer de la obra “Orfeo en el Hades”. A fe mía que es un gran libro, el mejor que he escrito, a pesar del tosco análisis que acabo de realizar en pocas palabras. El resto depende de ustedes. Si quieren leerlo, claro. O si tienen cojones para hacerlo. Creo que ya va siendo hora de iluminar un poco esta caverna de analfabetos. Y analfabetas.

Poema "Sangre de mariposas"

SANGRE DE MARIPOSAS

Si no son los párpados que se cierran en la noche

con un suspiro de cuervo estrangulado

serán los besos de tres mariposas

arrancados en ventanas y rincones oxidados

los que verán la muerte del ángulo en la jaula de mercurio.

Pero no. No serán

bendiciones amontonadas en yugos acrisolados

ni pactos entre almas que examinan el corazón de una manzana.

No. No serán. Ni son.

Porque serán

aguas derramadas,

senos amargos

y pesadillas congeladas en cúpulas sangrantes.

Sangre, sí. Sangre.

Sangre que brota de mariposas disecadas,

sangre yerma de ninfas atadas al borde de un universo.

Todo lo que allí encuentre será una brisa

mecida por hojas que no conocen mi nombre

y ojos dispersos en el manto del olvido.

Todo lo que encontraré

será un hervidero de adoquines cúbicos,

será un concilio de versículos asonantes,

será un pañuelo embarrado teñido de azafrán.

Sí; una, dos, tres.

Tres mariposas vaciadas,

arrancadas, estrujadas, amputadas.

Tres mariposas violadas.

Una por el verano y los semáforos de ámbar,

otra por muñecas de trapo y maniquíes de arena,

la otra por hombres que no saben descifrar un beso.

Sí. Sangre por todas partes.

Sangre, sangre,

sangre.