Y la luna mengua como mengua mi ánimo. Cómo duele el cuello últimamente, y cómo siguen resintiendose las rodillas, agotadas de bajar la mirada hasta el nivel del subsuelo, y sentir que sale aire contaminado por las rejillas, aire putrefacto de la voz que suena por teléfono mientras conversamos de todo y de nada, y mientras siento que ésto sólo será un jodido "me gusta" mientras me doy cuenta que "yo no le gusto a él", pensamiento constante... Y sentirme desesperado mientras me digo "ahora no lo soportarías, date tiempo, cuando los exámenes pasen conversareis"...
Y colocar un folio azul en el escritorio, agarrar fuerte un boli y comenzar a escribir frases que me recuerden que será mejor mañana, que todo pasará y que estoy cerrando etapas con hilo y aguja, con las agujas que siento desclavarse del bazo, o quizá del vientre, ausente cuando lo recorre la persona equivocada.
Y sentirme desesperado al darme cuenta de que lo único que quiero es que me haga el amor. Que sea tan fiero que cuando le caigan las gotas de sudor, yo pueda lamérselas mientras coloca su cabeza en mi pecho, mientras descienden nuestras erecciones y venga el afecto, la confianza, el después.
Y anhelar el futuro, querer darme cuenta de que ya soy un poquito más libre, que comienzo a vivir la vida que quiero, que comienzo a no querer llorar tres veces al día. Sentirme menos desesperado cuando la oscuridad apaga las luces de mi habitación, y mientras la persiana que bajo, no deja pasar ningún resquicio de luz, sentirme bien, tranquilito, solo, seguro...
Aunque si os digo la verdad, hoy necesito claridad.... Susurraré como Bebe, "Ahora viajo solo, vivo en bosques solo, ya no tengo miedo. Siempre hay luz al fondo, y puedo ver pequeños islotes, a flote, que dejan que el sol les toque, y no sé si quiero irme, o me quiero quedar, lo que sé es que no quiero que me duelas más..."
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