YO TAMBIÉN HE VISTO
"He andado muchos caminos / he abierto muchas veredas; / he navegado en cien mares / y atracado en cien riberas".Antonio Machado
Es curiosa la manía que tiene la gente (sobre todo en estas fechas) de moverse. Y la curiosidad se encuentra detrás de la certeza de saber que se mueven por el miedo a quedarse quietos. A tener que pensar. A descubrir que la mujer, el hombre, el perro, los hijos...qué se yo, el amigo, son sólo compañeros de una soledad que en momentos de quietud, de calma chicha, en esos momentos en que no sopla el aire y las velas se desinflan, se presenta evidente y enorme. Colosal. Toda. Y entonces corren, y huyen, y se mueven, y viajan. Pero no por la curiosidad del descubrimiento, del irse para volver, del ver para contar o incluso del vivir para recordar cuando ya no quede nada, sino por la sencilla razón de evitar tener que pensar en algo que amenaza miedo. No viajan, huyen. Y no llegan, van siempre. Siempre con el impulso atroz e instintivo del eterno fugitivo. Del que no tiene dónde volver y del que no tiene de dónde partir.
La libertad no es movimiento, sino la quietud desde la que poder moverse, la pasividad desde la que impulsar cualquier acción vital sabiendo que el alma está quieta y tranquila. Protegida contra todo lo exógeno, lo que de fuera pudiera venir y decidir sobre mi campo de acción. Y sólo desde la tranquilidad del alma, el descargo de conciencia, puede uno partir en libertad. Quítate los miedos –y líbrate de quienes a ti o a lo tuyo agraden- y serás libre. Pero recuerda que los miedos están en el alma. Se cuenta en Blade Runner cuando, al final, el replicante le dice a Harrison Ford: "Es toda una experiencia vivir con miedo, eh? Ahora ya sabes lo que significa ser esclavo". Ahí está todo. Es el miedo la gran causa de nuestra esclavitud diaria y cotidiana –la otra, la de verdad, la de la servidumbre real tiene otros culpables-. Una esclavitud que lo mismo nos lleva a una huída eterna que a la locura de enfrentarse a los propios miedos cara a cara.
Decía el gran Agustín de Foxá que hoy en día los hombres no viajan, sino que llegan directamente. Yo he viajado en estos días, sacándole todo el jugo que he sido capaz tanto al gozoso trámite del viaje como al placentero fin de la llegada. Y así, entre unas cosas y otras, he tenido que recurrir al buen humor para seguir con el plan previsto tras comprobar que mi mochila se había perdido en algún lugar oscuro; he pagado 3 euros por la mejor copa que me hayan servido nunca; he sentido la cercanía y el abrigo que supone el inglés como lengua común, capaz de reunir en torno a una mesa a las gentes más dispares de este mundo; he visto ponerse la luna por entre los bosques de aguja de Lituania; he pasado el muro que fue y no será ya nunca por la puerta de Brandenburgo; he vuelto a soñar mil películas frente a la Torre Eiffel; he comprobado que hasta en el país más inesperado hay montada una exposición sobre Dalí; he escuchado los gritos nocturnos que aterrorizaban a Kafka en su Praga natal; he prestado declaración en una sucia comisaría de Cracovia; he visto a las mujeres más guapas del planeta; me he sentado, salvando las cámaras de vigilancia, en el sillón de Freud; he pisado la universidad por la que anduvieron Hayek y Mises y Menger… y he cruzado el Mississippi para colarme, gracias a la complicidad de una catedrática polaca asombrada por nuestro interés, en el que fuera el despacho de Oskar Lange; he sido robado en un tren húngaro; he dejado a deber no sé cuántos mails y recuerdos y adioses y deseos de buena suerte y buen viaje; he palpado casi diez tipos de moneda distintos; he tenido que recurrir al mercado negro de Budapest; me he desesperado en más de una ocasión; he soñado sobre los más diversos lechos; he padecido los gritos y casi la agresión de un gigantón loco a las puertas de la que fuera parroquia de Juan Pablo II, teniendo que acogerme, como los clásicos, a sagrado; he llegado a ver, en el plazo de una hora y en una misma ciudad, el vaivén del paquete de un hombre desnudo corriendo por la calle, mujeres en top less tomando el sol y oscuros burkas andantes (calzados, por cierto, con zapatillas nike y haciendo cola en unos grandes almacenes); me he colado en metros, trenes, tranvías y trolebuses de la más baja estofa; he aprendido a vivir sin reloj y sin móvil; he sido estafado por taxistas; he estado a punto de quedarme tirado en un punto fronterizo ruso; he comprobado in situ el horror del comunismo, y he sentido su olor, y me han deprimido sus paisajes, y he comprobado la repugnancia que provoca en quienes le han mirado a los ojos, y el horror y el error y el terror que siempre ha sido y es todavía (“quien lo probó lo sabe”, como el amor en Lope), y he presenciado, en cambio, la ventana abierta que supone la libertad y las ganas de vivirla y disfrutarla de quienes ahora la están estrenando; he sido despertado casi todos los días al grito de “polizei passport, polizei passport”; he descubierto que el paraíso estaba a la vuelta de una esquina negra y oscura de Bratislava; he tenido que pagar por entrar a baños a los que ni pagándome entraría hoy; he visto la luz en la M de más de dos y de tres y de cuatro Mc Donalds –benditos sean-; me he reído y me he vuelto a reír de los que hablan del urbanismo salvaje por Europa; me he mojado con las enormes y lentas gotas de lluvia letonas; he sentido el frío blanquecino del Báltico y el calor amarillento del Sena y el viento azulado del Danubio; he descansado sobre el terciopelo de las butacas de la ópera de Viena; he desarrollado una infinita capacidad de abstracción y paciencia fruto de una noche entera de miradas tensas, como de bar del far west, y movimientos extraños en la maldita estación de tren de Varsovia…
Por volver a Blade Runner, yo también, como el famoso replicante, quería ver "atacar naves en llamas más allá de Orión y Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Thanhaussen", echándome a viajar, no a huir. Y he visto. Ya lo creo que he visto. Y he vivido. Y he viajado. Y he vuelto, en fin, cargado con un buen puñado de momentos a echar en el eterno cajón de la memoria que apenas acabo de abrir. Momentos todos que al final "se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia", pero que serán acaso la razón de haber vivido.
15 comentarios - Escribe aquí tu comentario
Qué barbaridad, Juanjo...
Vaya viaje...
Han sido dos semanas eternas: pareces tener el don de desdoblar el tiempo y manejarlo a tu antojo.
Esos buenos momentos no se olvidan nunca...
Saludos
Yo he llegado a la conclusión de que en Europa del Este todo el mundo está loco,loco, loco...Debe ser herencia de los rusos,los locos mayores del Universo.
Saludos, juanjo, me ha encantado la crónica de tus viajes hacia el fin de la noche, quiero decir, de Europa.
Ah, y en el resto del mundo no estamos todos locos, locos, locos, ¿verdad? No se de donde es usted, Chema, pero yo soy español y creo que somos de las mentes mas perversas y retorcidas, hipocritas y falsas del globo
Deco, soy hispano-cubano(ya más hispano que otra cosa), y no creo sinceramente que los españoles tengan las mentes más retorcidas, hipócritas y falsas del globo como tú dices. Sí, hay un poco de eso, pero yo creo que los españoles son uno de los pueblos más nobles del mundo(y aquí hablo del pueblo llano). Cierto, todos estamos locos, pero en esta Gran Liga de la Locura que es el Mundo, los rusos, los serbios y demás pueblos eslavos se llevan la palma. Eso sí, son muchos más espirituales que anglosajones y latinos.
Menudas vacaciones.... woaw...
Te has sentado en el sillón de Freud???????????? no sabes cómo te admiro ya solamente por ese hecho........ Qué pedazo de vacaciones!! ya las quisiera yo para mí. Y yo que me conformo con ir de vez en cuando a la playa... pon fotos o algo de Viena y Hungría por lo menos, por diossssss. Por cierto, Machado es de mis favoritos, jeje.
Un besito!!!!!
Señor Chema, no se como una persona puede creerse capaz de juzgar la salud mental de una region geográfica completa del planeta.
Tendria usted que hacer varios tests sicologicos casa por casa de esos paises para poder hablar con propiedad
Como es de ley...Precioso el texto.
"Miedo a quedarse quietos. A TENER QUE PENSAR". ¡Qué gran verdad!
hola jj ya has vueltpo de vacaciones,esto es muy largo para mi hoy,pero paso a saludarte
Sí Abril, comprendo que en estas fechas estos ladrillos... pero bueno, es que han sido 15 día algo intensos...
Besos y abrazos a todos.
Bonito artiulo, y menudas vacaciones...jejej...
Saludos...
Sí, no se puede quejar.... y otros por aquí pasando calorcito en la oficina...
dicen que somos falsos ,malos y engañadores,ojalá fuera cierto,porque querría decir que somos un pueblo,pero me gustaria saber si hay algun español como yo,Eso es imposible.De todas mas vale que te odien a que te desprecien,ladran,sancho,señal es de que cabalgamos.además me gustaria saber los genes del que escribe eso.seguro que coinciden el 99 por ciento con la chusma de un barrio marginal de Sevilla
Me encanto otra vez... GENIAL








