FRANCISCO UMBRAL, BUFANDA DE LA LITERATURA
“Lo malo de las grandes vidas largas es que casi siempre nos vienen grandes. Nos encontramos con que tenemos más vida que biografía”Francisco Umbral.
La noche que llegó al Café Gijón le perdió el miedo al miedo. Desembarcó en Madrid el chico de provincias, cargado de sueños y proyectos, de cielos e ilusiones, de mitos y de libros. Vino como lector de cuentos al Ateneo bajo el paraguas calvo y duro de José Hierro. Y se quedó. Se quedó ya para siempre en un Madrid veloz y bullicioso, preñado de fiestas con nombres en negrita que muy pronto empezarían a aparecer como moscas estampadas en el cristal de papel de periódico de sus columnas.
Hasta entonces, mientras se encargaba de dejar atrás ese “mero trámite que hay que pasar cuanto antes” que era para él la juventud, se encargó de esculpirse su propia imagen, de crear su propio personaje a modo de vacuna o distracción contra el hambre de cenar su mismo hambre y la desesperación de sentarse, en el sillón de mimbre de sus días felices en Argüelles, a esperar que los lectores fueran llegando. Le pasaba a nuestro hombre lo mismo que a Lorca cuando se le quejaba al viejo Valle de los botines blancos de piqué:
-Tranquilo joven, todo Madrid acabará yendo a su teatro.
- Lo que temo es que vengan de uno en uno.
Lo del estilo ya Baudelaire comprobó que era difícil cuando salió a almorzar con un amigo por París con el pelo pintado de azul y no le miró nadie, ni siquiera el amigo. Y en Madrid pasaba un poco lo mismo. Por eso tuvo que andar de chupa y cueros rotos, con gafas de culo de botijo y amasada melena hasta llegar a la imagen dandy de los ceñidos tejanos, chaqueta cruzada de dorados botones y suave bufanda blanca, como los lirios y la espuma, que no abandonó ya nunca.
También el público acabó llegando. O empezó por llegar, podríamos decir, ya que no tuvo que esperar mucho. Al principio lo hacía una aristocracia de condesas y prostitutas por ver si encontraban su nombre en sombra. Después una amplia tribu interesada en aprender las costumbres de las élites y una élite encandilada por el morbo de asomarse a los bajos instintos de la tribu. Y finalmente un público general, disperso y heterogéneo, como de mundo marino, atraído por el estilo inconfundible de lo que era ya todo un escritor que andaba por la vida, mortal y rosa, con su ametralladora Olivetti al hombro.
Sabía cuáles eran las virtudes que tenía que acumular en el tintero: cultura, memoria, viajes, amistades, soledad y compañía. Y sabía sobre todo que los ingredientes encargados de ligar todo eso tenían que ser la gracia y el estilo. Porque eso fue Umbral, por encima de todas las cosas, estilo: “andar por la vida de escritor sin estilo es como andar por los mares sin vocación de marinero. La manera de decir las cosas importa mucho más que esas cosas. Cuando se ha contado algo sin manera es como si no se hubiera contado nada” que es, precisamente, lo que nos contaba Umbral. Nada. O siempre lo mismo. Pero no importaba porque nos contaba la nada con estilo y él lo sabía y se defendía: “se escribe mucho mejor cuando no hay nada que decir” y se resguardaba tras el escudo de la obra de Proust: “algún crítico ha dicho que los veinte tomos de la monumental novela de Marcel Proust no contienen otra cosa que la voluntad de hacer una novela”. Quizá por eso haya sido Umbral un escritor sin libro que le acompañe al baile de la historia, como tantos otros. Por haberlo sacrificado todo por el estilo y el detallismo a la hora de contar todo cuanto veía sin saber cortar el agua de la prosa. Ésa que tuvo que racionar en el pequeño vaso cristalino de la columna diaria y puntual.
Se nos ha muerto Umbral porque tenía que morirse. Dejó escrito que “la vida humana no soporta la deriva. El rebaño humano tiende enseguida a guarecerse en un siglo, una generación, una década, etc” y a la deriva iba ya un hombre que se sentó en los cafés madrileños con el mundo literario entero, escribió con la prisa del que tiene que contarlo todo en el papel porque si no no se cuenta, leyó con la pausa cómplice de las horas que vuelan sin hacer ruido y, sobre todo, respiró hondo el olor a niebla y sangre de su amado siglo XX. No eran tiempos para él los que ahora corren. Por eso se recogió en su casa con gatos y palmeras, a las afueras de un Madrid que no será ya nunca el suyo y al que soltó, casi al borde del último suspiró, el lema con sabor a “the end” que tomó de Lope: “Tuve amor y tengo honor. Eso es cuanto sé de mí”.
No vamos a saber nosotros más que él de sí mismo. Así que cerramos diciendo simplemente que se nos ha muerto el maestro que dictaba sus lecciones atado a la columna de los placeres y los días. Un macarra de melena al yeso y prieto pantalón. Un dandy con ojos de culo de vaso. Un poeta que huía en moto de los versos. Un narrador de rosas y de nubes. Un ensayista de la historia literaria, que era acaso su propia historia. Un estilo de polvo de brillantes. Un lector voraz, de ceño torvo, devorador fiero de las entrañas de un Madrid que se inventó como tema y reinventó como género. Un periodista audaz. Un contador de whisky y tecla dura. Un rojo sentimental con una larga travesía hacia la derecha. Un burgués de chicas progres. Un escritor de mármol de Carrara. La cola de lagartija que seguía moviéndose más allá de la muerte probando que en España se ha escrito mucho y muy bien. La bufanda, en fin, de nuestra literatura. Punto final.

22 comentarios - Escribe aquí tu comentario
Hola Juanjo,
Gracias mil por este homenaje a Umbral, un gran columnista y observador de la realidad. Un maestro, sin duda, inimitable, corrosivo y generoso, con gran dominio del vocabulario, de la estética y del saber hacer de un gran escritor y periodista. Lo que no queda y un ejemplo a imitar.
Un saludo
Se me ha olvidado decirte que tu texto ES MAGNÍFICO. Me voy a reconciliar con la profesión periodística. A pesar de lo joven que eres, chico, me dejar anonadada y entusiasmada. Yo trabajo en un períodico gratuito y a excepción del jefe de redacción, los demás "plumiferos", tienen mucho que desear.
Mi más efusivas felicitaciones.
Un saludo y un beso, claro que si.
Muchas gracias, Marta.
Otro beso para tí.
¿Que más puedo decir? Me uno y ratifico lo dicho por Marta.
Saludos libertarios
Ole .Perfilado , refulgente , neto , ni limitado ni disperso .....Sublime sin interrupción . Un abrazo .Descanse en paz . Gracias Juanjo.
Rosa
Sublime sin interrupción... Se me olvidó colar en el texto esta cita de Boudelaire, que tanto se dijo a sí mismo y escribió el gran Umbral. Conste en acta, al menos, en estos comentarios. Gracias, Rosa.
Saludos.
Hi Juanjo! Veo que hoy la mitad de los arenícolas estais de luto, a juzgar por el torrente de panegíricos diversos. Evidentemente, ese anciano tan digno que nos muestras ha sido una gran persona.
Ayer me olvidé de recomendarte un Post de Sísifo. Se llama "El congreso de los panclastas". Es muy divertido, y viene un poco al caso de nuestro debate.
Con respecto a este último, acabo de colgar un nuevo Post. Me salió un poquito largo. Sorry: tendría que haberlo dividido en dos, pero no supe muy bien dónde cortarlo, así que así quedó. Espero que encuentres tiempo para leerlo completo (solo éso será una genuina proeza), masticarlo y proseguir nuestro debate a un nivel más alto.
Mañana lo miro con calma.
Saludos.
Magnifico post juanjo, Mis felicitaciones. un abrazo,J
Me uno a las felicitaciones.
A las condolencias, ya lo he hecho antes.
Beso.
Apesadumbrado por la muerte de Umbral, por supuesto me uno a las condolencias.
Brillante artículo juanjo. Voy a guardarlo para leerlo con más detenimiento, si no hay inconveniente.
Un saludo.
Sin embargo, a nos, como al inolvidable Marqués de Leguineche nos complace leer el obituario entre risas y chanzas:
"¡Ay! ¡Todos muertos!...¡ todos tan buenos amigos!"
Y mi sonrisa pasa página
George, Caballero Malfet
Gracias a todos.
Hoy ha sido día de luto en el bar.
Mañana volverán los ruidos y el humo -pq aquí no prohibimos fumar a nadie- y los cafés y las copas y las risas. Quedamos nosotros, como se quedarán, cuando marchemos, los pájaros cantando...
Besos y abrazos.
Veo que has borado un comentario que leí esta tade, de alguien que decía: " ese anciano de´bió de se muy buena personas". ¿no?
por si las moscas...
Saludos
FE DE ERRATAS: donde dice: " "ese anciano de´bió de se muy buena personas". Quise decir
" ese anciano debió de ser muy buena persona". Sorry
David y Goliat...
R.E
No, Almudena. En esta casa sólo se censura a quien ya todos los clientes saben. Y ni siquiera se le censura siempre. Sólo cuando me apetece y por criterios puramente arbitrarios. Por ahí siguen algunos comentarios en los que me insulta, por ejemplo.
Saludos.
PD: El comentario que dices creo que es el de domovilu, que puedes ver más arriba.
Precioso artículo, juanjo.
Saludos.
Pues sí Juanjo, me ha gustado leer tu post, enhorabuena. He leído algunos artículos de Umbral, y la verdad es que era un genio en el arte de no decir nada, pero con su peculiar estilo castizo.
Un saludo.
Qué bueno el artículo, y cuanto se le echa de menos!!...
Sos putasoo!!
Sos putasoo!!








