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Desde el bar de la esquina

TU NE CEDE MALIS, SED CONTRA AUDENTIOR ITO

HUMOR DE AYER Y DE HOY

No es que me repita, pero el ataque "spammódico" me ha obligado a borrar este comentario. Como no quería perder el texto, lo vuelvo a poner. Excuse me.
Pocas cosas hay que me gusten tanto como leer y releer y releer de nuevo a los genios españoles del humor absurdo universal.

Fue con la muerte de Camilo José Cela cuando Francisco Umbral dató el final de la Generación del 98. Hace bien poco, con la muerte de José Luis Coll, bien podríamos hacer un ejercicio parecido señalando que con él se nos agotó una generación que no ha gozado nunca del reconocimiento solemne de las demás. Una generación que comenzó con los maestros Jardiel Poncela y Miguel Mihura, que siguió con los hombres de la Codorniz, y por ahí todo seguido hasta llegar a la pareja formada por Tip y Coll. Una generación unida por la coherencia del absurdo, por el juego de desglosar significados y significantes. Una generación despojada de la seriedad que el buen humor merece y siempre tomada un poco a pitorreo por el personal, ya desde el nombre con que a ella se refieren muchos: "la otra" generación del 27. Dicen, en fin, que la nostalgia revaloriza y la muerte renace los amores dormidos. A todos ellos, hoy tan poco estudiados y leídos, ya los llevamos echando de menos hace tiempo. Nos quedan los libros de los antiguos y los vídeos de los nuevos. Bendita sea pues toda esta larga generación de genios, cuyo punto final tiene ya para siempre la forma del bombín del maestro Coll.

Hoy, desde luego el humor en nada se parece al de entonces. Compararlos sería caer en uno de los peores pecados imaginables. Sin embargo, lo que hoy ha sucedido con la revista El jueves (creo que sobra decir que es un atentado de muerte contra la libertad de expresión) me ha recordado a cuando les hicieron lo propio a los genios de los que hablo más arriba, quienes, incluso en aquellos terribles momentos en los que el paro y el olvido y el hambre y el repudio se escondían tras la esquina de la censura, supieron sacar el cuajo y el ingenio de los verdaderos maestros sacando de manera inmediata una edición a la calle con una portada en la que sólo se leía: "Bombín es a bombón como cojín es a X, y nos importa tres X que nos cierren la edición".

Éstos fueron los últimos espadas (quizás Javier Krahe ande escribiendo el epilogo con sus canciones):


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