MI VISIÓN DE JIMÉNEZ LOSANTOS
Sobre Federico Jiménez Losantos han corrido ríos de tinta y saliva por cada rincón de España. En los últimos años se ha convertido en el faro o el mástil al que agarrarse desesperadamente como última salvación para unos y en todo un símbolo del mal y el insulto infantilón de otros. Yo, como toda persona digna que se precie, ni con hunos ni con hotros, los dos con hache, que diría Unamuno. Le he escuchado muy poco. No suelo leer sus columnas. Sin embargo, carga mi estantería con un buen puñado de sus libros. Si quien lea esto se ha tomado la molestia de leer también algunos escritos míos anteriores deducirá que no puedo estar de acuerdo en gran parte de las cosas que dice cada mañana.
Como me muevo a diario por los círculos liberales y me he topado más con gente de derechas que de izquierdas ha menudo me he visto obligado a recapacitar sobre la actuación de este monstruo de la comunicación, como otros pocos que en este país tenemos (quizá Del Olmo, Pedro J, Gabilondo, Cebrián, Anson, Herrera y poco más). Y mi conclusión es la siguiente: me parece un hombre honrado y que moralmente me suscita gran admiración. Me explico brevemente: por una parte -ya hable aquí de mi concepción de la libertad de expresión como una manifestación más del derecho de propiedad y, por lo tanto, no susceptible de ser limitada bajo ningún concepto- me parece que éticamente actúa de manera intachable; y por otra, me merece admirable moralmente básicamente por dos motivos: en primer lugar, y a diferencia de sus competidores, tiene la honradez de declarar abiertamente que no hace información, sino opinión (si El País y la Ser, por ejemplo, dijeran lo mismo les admiraría igual y, sin embargo, no hacen con su actitud falsaria sino engañar y defraudar a sus lectores) y en segundo lugar, porque a diferencia también del resto de la profesión, es un tipo que sale cada mañana a luchar contra el poder, no por el poder. Por eso recibe patadas y desprecios, no prebendas y regalos.
En síntesis, es para mi un hombre que cumple perfectamente tanto en el plano ético -no agrede la propiedad de nadie con lo que dice- como en el plano moral -aquí podrá haber quienes no estén de acuerdo, cosa que comprendo y respeto perfectamente-. Además, creo que es una de las mejores cabezas de la intelectualidad española y una de las grandes plumas del periodismo de los últimos años (tómese por muestra el botón de "Los nuestros").
A los que se estén a estas alturas rasgando las vestiduras, un saludo nada cordial y un fuerte deseo de que les aproveche, o mejor, que se les indigeste, la compota de "facha-culo-pedo-pis" ñoña, torpe y facilona que ya tendrán preparada los que no entienden nada y nada pueden argumentar con calma y rigor.
A los que tengan la serenidad de espíritu necesaria, aquí les dejo una magnífica entrevista que le hizo Quintero, quien consigue desnudar perfectamente al "monstruo".
11 comentarios - Escribe aquí tu comentario
Como se diría en catalán: "Quina cullonada".
Encima que no argumentas nada, no sabes ni escribir bien en tu idioma. A mi el cojo me la rapampimfla bastante.
Cada uno recoge lo que siembra.
Qué fácil es cuando no hay más que dejar hablar para defenderse... Aunque aburrido y, a veces, desesperante. Espero que con tus amiguitos los pistoleros hables mejor catalán que por aquí castellano. Claro que quizá simplemente ladréis...
Hay una entrevista a Federico por F.Sanchez Dragó mucho más jugosa que esta.
Un abrazo, J
La conozco bien, cyrano. Pero no tiene el morbo de ésta. Acuérdate del ambiente en que se hizo y las ganas de la progresía de salón de que Quintero se comiese al bicho.
Y resultó que el bicho llegó, vio y venció. Y además quedó simpático.
Qué hijos de puta fascistas!!!!!
El mejor ejemplo de una economía fascista es el régimen del dictador italiano Benito Mussolini. Tras sostener que el liberalismo (por el cual entendía la libertad y los mercados libres) había alcanzado el final de su función histórica, Mussolini escribió: Para el fascismo el mundo no es este mundo material, tal como aparece en la superfecie, y donde el hombre es un individuo separado de todos los demás y dejado a sus propios medios... El fascismo afirma el estado como la auténtica realidad del individuo.
Este colectivismo es capturado en la palabra fascismo, que procede del latín fasces, que significa haz de varas con un hacha en ella. En economía, el fascismo fue visto como una tercera vía entre el no intervencionismo del capitalismo y el comunismo. El pensamiento fascista reconocía los roles de la propiedad privada y la motivación de los beneficios como incentivos legítimos para la productividad, siempre que no entraran en conflicto con los intereses del estado.
El fascismo en italia creció a partir de otros dos movimientos: el sindicalismo y el nacionalismo. Los sindicalistas creían que la vida económica debería estar gobernada por grupos que representaran a los trabajadores en las distintas industrias y oficios. Los nacionalistas, irritados por el trato dado a Italia después de la Primera Guerra Mundial, combinaron la idea de la lucha de clases con la de la lucha nacionalista. Italia eran una nación proletaria, decían, y para conseguir una mayor cuota de la riqueza del mundo, todas las clases italianas tenían que unirse. Mussolini fue un sindicalista que se volvió nacionalista durante la Primera Guerra Mundial.
De 1922 a 1925, el régimen de Mussolini persiguió una política de no invertencionismo económico bajo el ministro e finanzas liberal Alberto de Stefani. De Stefani redujo los impuestos, las disposiciones y las restricciones económicas y permitió que las empresas compitieran entre sí. pero su oposición al proteccionismo y a los subsidios económicos le alienó a algunos líderes industriales, y De Stefani se vio finalmente obligado a dimitir. Después de que Mussolini consolidara su dictadura en 1925, Italia entró en una nueva fase. Mussolini, con muchos líderes de su época, creía que la economía no podía actuar constructivamente sin supervisión del gobierno. Presagiando los acontecimientos en la Alemania nazi, y en cierta medida en la Norteamérica del New Deal, Mussolini inició un programa de enormes gastos financiados sobre el déficit presupuestario en obras públicas y, finalmente, militarismo.
El fascismo de Mussolini dio otro paso por aquella época con el advenimiento del Estado Corporativo, un arreglo supuestamente pragmático bajo el cual las decisiones económicas eran efectuadas por los consejos compuestos por trabajadores y patronos que representaban gremios e industrias. mediante este dispositivo tenía que resolverse la presunta rivalidad económica entre patronos y obreros, impidiendo que la lucha de clases minara la lucha nacionalista. En el Estado Corporativo, por ejemplo, las huelgas eran ilegales y las disputas laborales eran mediadas por una agencia estatal.
Teóricamente, la economía fascista tenía que ser guiada por una compleja red de empleados, trabajadores y organizaciones dirigidas conjuntamente que representaban a las industrias y los oficios a nivel local, provincial y nacional. En el punto más alto de esta red estaba el Consejo Nacional de Empresas. Pero aunque sindicalismo y corporativismo tenían un lugar en la ideología fascista y eran críticos a cimentar un consenso en apoyo del régimen, el consejo hizo poco por dirigir la economía. Las auténticas decisiones eran tomadas por agencias estatales como el Instituto para la Reconstrucción Industrial (el instituto per la Riconsstruzione Industriale, o IRI), que mediaba entre los grupos de interés.
Desde 1929, y como preparativo para conseguir las "glorias" de la guerra, el gobierno italiano utilizó medidas proteccionistas para dar a la economía un giro hacia la autarquía, o autosuficiencia económica. las políticas autárquicas se intensificaron durante los años siguientes debido tanto a la depresión como a las sanciones económicas que impusieron otros países a Italia después de que ésta invadiera Etiopía. Mussolini decretó que las oficinas gubernamentales debían comprar solamente productos italianos, e incrementó los aranceles a todas las importaciones en 1931. Las sanciones que siguieron a la invasión de Etiopía espolearon en 1935 a Italia a incrementar de nuevo los aranceles, estableciendo rígidas cuotas de importación, y endurecer el embargo sobre productos industriales.
Mussolini eliminó también la capacidad de las empresas para tomar decisiones independientes: el gobierno controlaba todos los precios y salarios, y las firmas que componían cualquier industria podían verse obligadas a formar un cártel donde la mayoría votaba por ellas. Las bien relacionadas cabezas de los grandes negocios participaban en la elaboración de la política, pero la mayoría de los pequeños hombres de negocios se veían reducidos a todos los efectos a empleados del estado que tenían que enfrentarse a burocracias corruptas. Lo aceptaban, con la esperanza de que las restricciones fueran temporales. Puesto que la tierra era algo fundamental para la nación, el estado fascista reglamentó la agricultura aún mas pleamente, dictando qué cosechas debían cultivarse, fragmentando granjas y amenazando con la expropiación para hacer cumplir sus órdenes.
La banca también fue sometida a un extraordinario control. A medida que el sistema industrial y bancario de Italia se hundían bajo el peso de la depresión y la reglamentación, a medida que aumentaba el paro, el gobierno estableció programas de obras públicas y tomó el control sobre decisiones de construcción y ampliación de fábricas. El gobierno creó en 1931 el Istituto Mobiliare para controlar el crédito, y más tarde el IRI adquirió todas las acciones en poder de los bancos de empresas industriales, agrícolas e inmobiliarias.
La imagen de un líder fuerte haciéndose cargo directamente de la economía durante una época difícil fascinó a los obseradores extranjeros. Italia fue uno de los lugares hacia los que dirigió su mirada Franflin Roosevelt en busca de ideas en 1933. La Ley Nacional de Recuperación (NRA) intentó cartelizar la economía norteamericana del mismo modo que Mussolini había cartelizado la de Italia. Bajo la NRA, Roosevelt estableció consejos industriales globales con el poder de establecer y hacer cumplir precios, salarios y otros términos de empleo, producción y distribución para todas las compañías de una industria. Mediante la Ley de Ajuste Agrícola, el gobierno ejerció un control similar sobre los granjeros. Resulta interesante constatar que Mussolini consideró el New Deal de Roosevelt como audaz..., intervencionista en el campo de la economía. El nazismo de Hitler compartió también muchos rasgos con el fascismo italiano, entre ellos el frente sindicalista. El nazismo destacaba también por el completo control del gobierno sobre la industria, la agricultura, las finanzas y las inversiones.
A medida que se acercaba la Segunda Guerra Mundial, los signos del fracaso del fascismo en Italia empezaron a ser palpables: el consumo privado per cápita había caído por debajo de los niveles de 1929, y la producción industrial italiana entre 1929 y 1939 se había incrementado tan sólo en un 15%, menos que los índices de otros países europeos. La productividad laboral era baja, y los costes de producción no competitivos. El fallo residía en el cambio de la toma de decisiones económicas de los empresarios a los burócratas del gobierno, y en la distribución de recursos por decreto antes que por mercados libres. Mussolini diseñó su sistema para abastecer las necesidades del estado, no de los consumidores. Al final, no sirvió a ninguno de los dos.
El mejor ejemplo de una economía fascista es el régimen del dictador italiano Benito Mussolini. Tras sostener que el liberalismo (por el cual entendía la libertad y los mercados libres) había alcanzado el final de su función histórica, Mussolini escribió: Para el fascismo el mundo no es este mundo material, tal como aparece en la superfecie, y donde el hombre es un individuo separado de todos los demás y dejado a sus propios medios... El fascismo afirma el estado como la auténtica realidad del individuo.
Este colectivismo es capturado en la palabra fascismo, que procede del latín fasces, que significa haz de varas con un hacha en ella. En economía, el fascismo fue visto como una tercera vía entre el no intervencionismo del capitalismo y el comunismo. El pensamiento fascista reconocía los roles de la propiedad privada y la motivación de los beneficios como incentivos legítimos para la productividad, siempre que no entraran en conflicto con los intereses del estado.
El fascismo en italia creció a partir de otros dos movimientos: el sindicalismo y el nacionalismo. Los sindicalistas creían que la vida económica debería estar gobernada por grupos que representaran a los trabajadores en las distintas industrias y oficios. Los nacionalistas, irritados por el trato dado a Italia después de la Primera Guerra Mundial, combinaron la idea de la lucha de clases con la de la lucha nacionalista. Italia eran una nación proletaria, decían, y para conseguir una mayor cuota de la riqueza del mundo, todas las clases italianas tenían que unirse. Mussolini fue un sindicalista que se volvió nacionalista durante la Primera Guerra Mundial.
De 1922 a 1925, el régimen de Mussolini persiguió una política de no invertencionismo económico bajo el ministro e finanzas liberal Alberto de Stefani. De Stefani redujo los impuestos, las disposiciones y las restricciones económicas y permitió que las empresas compitieran entre sí. pero su oposición al proteccionismo y a los subsidios económicos le alienó a algunos líderes industriales, y De Stefani se vio finalmente obligado a dimitir. Después de que Mussolini consolidara su dictadura en 1925, Italia entró en una nueva fase. Mussolini, con muchos líderes de su época, creía que la economía no podía actuar constructivamente sin supervisión del gobierno. Presagiando los acontecimientos en la Alemania nazi, y en cierta medida en la Norteamérica del New Deal, Mussolini inició un programa de enormes gastos financiados sobre el déficit presupuestario en obras públicas y, finalmente, militarismo.
El fascismo de Mussolini dio otro paso por aquella época con el advenimiento del Estado Corporativo, un arreglo supuestamente pragmático bajo el cual las decisiones económicas eran efectuadas por los consejos compuestos por trabajadores y patronos que representaban gremios e industrias. mediante este dispositivo tenía que resolverse la presunta rivalidad económica entre patronos y obreros, impidiendo que la lucha de clases minara la lucha nacionalista. En el Estado Corporativo, por ejemplo, las huelgas eran ilegales y las disputas laborales eran mediadas por una agencia estatal.
Teóricamente, la economía fascista tenía que ser guiada por una compleja red de empleados, trabajadores y organizaciones dirigidas conjuntamente que representaban a las industrias y los oficios a nivel local, provincial y nacional. En el punto más alto de esta red estaba el Consejo Nacional de Empresas. Pero aunque sindicalismo y corporativismo tenían un lugar en la ideología fascista y eran críticos a cimentar un consenso en apoyo del régimen, el consejo hizo poco por dirigir la economía. Las auténticas decisiones eran tomadas por agencias estatales como el Instituto para la Reconstrucción Industrial (el instituto per la Riconsstruzione Industriale, o IRI), que mediaba entre los grupos de interés.
Desde 1929, y como preparativo para conseguir las "glorias" de la guerra, el gobierno italiano utilizó medidas proteccionistas para dar a la economía un giro hacia la autarquía, o autosuficiencia económica. las políticas autárquicas se intensificaron durante los años siguientes debido tanto a la depresión como a las sanciones económicas que impusieron otros países a Italia después de que ésta invadiera Etiopía. Mussolini decretó que las oficinas gubernamentales debían comprar solamente productos italianos, e incrementó los aranceles a todas las importaciones en 1931. Las sanciones que siguieron a la invasión de Etiopía espolearon en 1935 a Italia a incrementar de nuevo los aranceles, estableciendo rígidas cuotas de importación, y endurecer el embargo sobre productos industriales.
Mussolini eliminó también la capacidad de las empresas para tomar decisiones independientes: el gobierno controlaba todos los precios y salarios, y las firmas que componían cualquier industria podían verse obligadas a formar un cártel donde la mayoría votaba por ellas. Las bien relacionadas cabezas de los grandes negocios participaban en la elaboración de la política, pero la mayoría de los pequeños hombres de negocios se veían reducidos a todos los efectos a empleados del estado que tenían que enfrentarse a burocracias corruptas. Lo aceptaban, con la esperanza de que las restricciones fueran temporales. Puesto que la tierra era algo fundamental para la nación, el estado fascista reglamentó la agricultura aún mas pleamente, dictando qué cosechas debían cultivarse, fragmentando granjas y amenazando con la expropiación para hacer cumplir sus órdenes.
La banca también fue sometida a un extraordinario control. A medida que el sistema industrial y bancario de Italia se hundían bajo el peso de la depresión y la reglamentación, a medida que aumentaba el paro, el gobierno estableció programas de obras públicas y tomó el control sobre decisiones de construcción y ampliación de fábricas. El gobierno creó en 1931 el Istituto Mobiliare para controlar el crédito, y más tarde el IRI adquirió todas las acciones en poder de los bancos de empresas industriales, agrícolas e inmobiliarias.
La imagen de un líder fuerte haciéndose cargo directamente de la economía durante una época difícil fascinó a los obseradores extranjeros. Italia fue uno de los lugares hacia los que dirigió su mirada Franflin Roosevelt en busca de ideas en 1933. La Ley Nacional de Recuperación (NRA) intentó cartelizar la economía norteamericana del mismo modo que Mussolini había cartelizado la de Italia. Bajo la NRA, Roosevelt estableció consejos industriales globales con el poder de establecer y hacer cumplir precios, salarios y otros términos de empleo, producción y distribución para todas las compañías de una industria. Mediante la Ley de Ajuste Agrícola, el gobierno ejerció un control similar sobre los granjeros. Resulta interesante constatar que Mussolini consideró el New Deal de Roosevelt como audaz..., intervencionista en el campo de la economía. El nazismo de Hitler compartió también muchos rasgos con el fascismo italiano, entre ellos el frente sindicalista. El nazismo destacaba también por el completo control del gobierno sobre la industria, la agricultura, las finanzas y las inversiones.
A medida que se acercaba la Segunda Guerra Mundial, los signos del fracaso del fascismo en Italia empezaron a ser palpables: el consumo privado per cápita había caído por debajo de los niveles de 1929, y la producción industrial italiana entre 1929 y 1939 se había incrementado tan sólo en un 15%, menos que los índices de otros países europeos. La productividad laboral era baja, y los costes de producción no competitivos. El fallo residía en el cambio de la toma de decisiones económicas de los empresarios a los burócratas del gobierno, y en la distribución de recursos por decreto antes que por mercados libres. Mussolini diseñó su sistema para abastecer las necesidades del estado, no de los consumidores. Al final, no sirvió a ninguno de los dos.
Hola Juanjo,
Me gusta el análisis que has hecho de esta personalidad de la comunicación, y estoy de acuerdo con tu visión.
Yo le escucho cada mañana durante un rato, y evidentemente no coincido en todo con sus planteamientos, pero admiro su valentia, su sentido del humor y sus principios. Es coherente, y en sus libros muestra una gran capacidad de crítica y de conocimiento de lo que escribe, bien documentado, expresando sin reservas vivencias y opiniones.
Sin duda pasará a a los anales de la comunicación como eso, una gran comunicador, que expresa su opinión con toda libertad. Y hoy en día, eso tiene mucho mérito.
Un saludo y hasta la próxima.
La verdad es que no suelo coincidir en absolutamente nada de lo que dice, aparte de que a veces, haciendo opinión y no información como bien dice, se suele pasar... no he leído ningún libro suyo, así que no puedo opinar sobre esa faceta suya, pero no me es muy agradable el señor. Eso sí, que sea un hombre valiente para decir todo lo que dice a diario, no lo dudo! Ahí te doy toda la razón. Pero no sé, a veces se le va un poco la pinza de tanto querer expresar sus opiniones...
Un besito Juanjo, por cierto, qué ha querido decir Juan Ramón Rallo con toda esa parrafada??? no he entendido na de na al final!!!!!
Pues básucamente dos cosas, Bea: 1.- que el fascismo es una variable del socialismo (tiene gracia que ese de arriba nos llame fachas a los que somos absolutamente opuestos al socialismo) y 2.- que el socialismo está abocado al fracaso. Esto último está demostrado científicamente, en teoría y práctica.
Besos y abrazos a todos.
Comunicador sin interés. Uno más de los que pasarán, como Urdaci.








