JARDIEL, LA MUJER Y EL CIGARRILLO
Le acusaron los unos de fascistón convencido por afirmar sin tapujos que lo único que tenía claro políticamente era su anticomunismo y se lo hicieron pagar agrediéndole y boicoteando sus giras por América Latina. Le acusaron los otros de no declarar su afiliación al Régimen y se lo hicieron pagar con trabas y palos en las ruedas últimas de su vida. Dijeron de él que era un misógino, cuando no podía hacer otra cosa más que pensar y dar cariño a las mujeres que le rodearon en vida. Trataron de insultarle diciendo que escribía para las grandes masas, faltando añadir, como él mismo se encargó de apostillar, que para "grandes masas encefálicas". Pese a todo, el público sí llegó a abrigarle con el cariño en vida. No así la crítica, que lo torturó hasta hacerlo morir -escribiendo con humor, sin poder apenas levantarse, gravemente enfermo y necesitado de dinero- en medio de un enorme bosque de espaldas, que dijera Ruano. De ahí que pidiera, a modo de epitafio, eso de "si queréis los mejores elogios, moríos".
Se llamaba Enrique Jardiel Poncela. Podía mantener conversaciones en verso. Era una auténtica enciclopedia andante. Fue el gran genio del humor del 27 -junto con Mihura-. Escribió las novelas más divertidas del mundo. Para mí, desde luego, es uno de los mayores genios que ha dado este país. Sus once mil vírgenes y su amor sin hache andan siempre por entre las columnas de libros de mi mesilla.
Hoy, no sé por qué, me han venido a la cabeza unos versos suyos de la obra de teatro "Angelina o el honor de un brigadier" que paso a citar de memoria, pues sus obras completas las tengo muy arriba en la estantería. Son recitados por el protagonista, en el primer acto, cuando quedándose a solas en el salón habla con su cigarrillo de lo divino y lo humano:
Lumbre de cigarro, lava
de un Vesubio en miniatura
cuya combustión perdura
hasta que en colilla acaba,
cómo a mi modo de ver
te pareces en tu esencia
al ser de hermosa presencia
conocido por mujer.
Puesto en opuesto platillo
el cigarro y la mujer
se confunden a mi ver
la mujer y el cigarrillo,
y en este ejercicio sumo
queda en el fiel la balanza
pues que de ambos la esperana
en en realidad un humo.
Humo que a los dos evoca
fundiendo nombre con nombre,
por lo que a decir me toca
que el resumen de la loca
vida pasional del hombre
es, por más que ello os asombre,
llevarse ambos a la boca.
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"Trabajo siempre en los cafés, pues para trabajar, necesito ruido a mi alrededor, y en ese ruido me aíslo como el pez en la pecera". El próximo lunes sería su 106 cumpleaños y por ello estoy preparando un post, que casi coincide con el tuyo. Siempre nos traes a la palestra a los mejores. A sus pies, maestro.
Me apunto la fecha, Apple, que se me habría pasado. Estaré atento a tu post.
Un beso.








