Esa luz tintinea ante el oscuro sino
Se apodera de tu destino
Amigo del alma
Amado mío
¿Qué puede ser que las puertas cierra
teniéndome a oscuras sin ecos ni señales
para calmar el ansia que me invade?
¿Qué puede ser que no abre
el camino de encuentro de este estado del Ser
en mi manifiesto?
¿Qué puede ser amado mío
que ocurre sin yo saber?
¿Qué puede ser?
¡Dime el qué!

LA MEMORIA DE SI MISMA
RETORNO
ESPEJISMOS
Lee un libro. Aviva su memoria. Recuerda que recordaba. Ahora la patina del tiempo lo desdibuja.
Sabe que hubo una historia. Hace de ello más de media vida. Más tiempo y que a su pesar ha sobrevivido. Que entonces el dolor era tan cruel e insoportable que espectaba incapacidad de supervivencia.
Herida por el amor. Descansa en que se le quiera, en dejarse querer. Recuerda que amaba y no sentía ser amada. Que muchas veces el fuego se apagó y que apenas quedó rescoldo, nada.
Que después de tanto tiempo, cuando el deseo se creía apagado brotó como fuego fatuo.
A veces encuentra escritos olvidados. Escritos que en su momento tuvieron significado y que hoy lee con extrañeza. ¿Palabras de alguien? Ese alguien fue ella en ese otro tiempo. Sabe que martilló una y mil veces el recuerdo, otrora, en carne viva y ahora apaciguado, olvidado. Sabe que se sabía lo que de ella no sabe. En su búsqueda y movilización de la memoria se convierte en espectadora, lectora, de recuerdos que le parecen ajenos.
Hubiera. Se dejó ir, se abandonó al todo por el todo. Sin reservas al principio.
Aquellos impulsos tan absolutos, recuerdos, que aunque hubo dolor y llanto están pasados, olvidados.
Fue ella que dibujó con la fuerza del sentir trazos desesperados de amor.
Fue un recorrido, una búsqueda.
Manifiesta que ha vivido.
No sólo ha vivido, sabe que está y es. Sabe que todavía hay dolor que sufrir, camino que recorrer.
Rememora una y mil veces. Recuerda y no encuentra el porqué.
Este reencuentro consigo misma viene acompañado por un velado cubrir con nuevo velo o apaciguado.
No sabe bien si lo que sucede es que de nuevo vuelve a la calma o la calma es nueva apariencia.
Si quien incitó este destape del alma no está presente se apacigua o simplemente queda en tiempo latente, como hibernación de sentimiento de deseo. Quien así lo provocó ni siquiera es consciente de ello.
Al principio le pareció que su mirada y su gesto le delataban. No sabía bien que sucedía. Entró en un estado de agitación tal que era imposible el disimulo o el disfraz.
- ¡No! - se decía a sí misma. Se negaba y ese desasosiego era total.
Ahora recuerda que sí, que algo así sucedió, pero aunque han pasado unos días le parece que de nuevo se ha dado el salto del tiempo.
Guardó silencio. Fue tal el ocultamiento que incluso se lo negó a sí misma. Alucinación de los sentidos.
Vuelve a su cotidiano hacer, a su movimiento y a su tempo.
No vivió lo que no supo, no pudo, no quiso. Nunca, o quizás sí, sabrá que sucedió.
Buscaba respuestas. De todo siempre busca respuestas. Su mente analítica funciona compensando. Se convierte en espectadora de sí misma.
Pensó, en su momento, que era una regresión y que ello podía hacerle y hacer daño.
A veces entraba en euforia, alegría incontrolada, se sentía flotar, se sentía volar. Se creía correspondida y dialogaba para sus adentros explicándose, explicando lo que sentía. Se creyó observada, reconocida. Intentos de disimulo fallido, sonrojos no contenidos.
Temió lo peor, la conmiseración humana, que otros ojos vieran y sintieran lástima por ella. Temió el mayor de los ridículos.
¿Cómo ella, tan sensata, en este estado?
Pensó en buscar ayuda y no supo hacía donde ni de quien.
Acaso confesar la falta no cometida.
Se produjo la lucha interna. Vinieron los miedos. La caída por el precipicio. La huida de sí misma.
Quiso reconducir la energía ya que pararla era suicida. Repasó su vida, las muchas veces en las que se había visto envuelta bajo la fuerza del deseo y no se sintió capaz de volver a afrontarlo. Se negó a sí misma.
No sabe bien cómo cerró los canales ni cómo consiguió escapar a su destino huyendo de sí misma. No lo sabe y de nuevo se siente perdida en la nada. Miedo de que fuera fantasía. Recogía mensajes. Salir de la fantasía pasaría factura.
Uno de sus actos, mirar hacía fuera. En los entresijos de otros y otras achicar el suyo hasta colocarlo en la trastienda bien silenciado para que no duela.
Espera un mensaje o el olvido como en otras veces de otros vividos. Duele ya que sabe que es otro paso de muerte, de su propia muerte.
No se da otra salida.
Relee lo escrito y asiente o disiente. Quizás, cómo en otro tiempo, lo deje dormir y en la vejez si puede leerlo puede ser que le parezca uno de tantos apuntes copiados de un libro. Relatará la historia bajo otro cariz, otro filtro o también, lo más probable, su propia historia ya ni la recuerde como tantas otras y habrá pasado por su vida sin saberse.
Ya no puedo volver a ti. La pausa del tiempo tirará de mí.
Erraré mis pasos hasta alcanzar el fin.
Un tiempo fue dado. Eso quedará en mi único haber.
Estuviste a mi lado.
Fue fugaz. Aquello que nos podría salvar nunca llena el vaso.
Alcanzamos con la punta de los dedos un deseo y añoramos para siempre lo que eso nos hizo sentir.
Hubiera sido tan feliz entre tus brazos.
Me fue negado.
Ahora me queda recordarlo.
Recordarme en cada paso.
No quiero olvidarlo.
Has pasado de largo.
Has mirado en mi alma, acariciándola con tus manos.
Me has dado alas para volar.
Quiero más.
Quiero doblar el tiempo y volver a ese momento.
No quiero olvidar.
Siempre serás.
Siempre estarás.
Quiero pensar que todavía podrás.
Mis lágrimas quieren regar mis recuerdos para hacerlos germinar, cada primavera en tu memoria.
Me hiciste volar.
Sin tu vuelo no sé caminar.
Te he de guardar en ese rincón del alma que nunca se ha de secar.
Serás en mi eternidad.
El amor que de ti me atravesó como espada no puede tener final.
A mis sueños te he de llevar.
Rompe el silencio que hiela.
Escarcha sobre los tejados del alma.
Late un fuerte impulso que escapa.
Me mientes con tus palabras.
Nada podrá repararlas.
Decir no significa.
Decides que hoy toca.
Mañana será de risa.
Si consigues tus propósitos, saldrás corriendo a toda prisa.
Haces que vea distinto.
Desplazas mis cortapisas.
Repones en mis cimientos piedras rodadas de risa.
Sonrío con sólo pensarte, relajando mi semblante.
La cueva en que me recojo es estrecha y húmeda.
No hay en ella otro lugar, justo tiene para mí cabida.
¿Tendrás la santa paciencia que mi alma necesita?
¿Sabrás escuchar los signos y señales para estar presente o ausente, según yo lo necesite?
¿Sabrás cuando estoy triste aunque mi cara engañe disimulando en un gesto que busque no alertarte?
¿Vendrás para mí dispuesto cuando sienta el hielo que sube por los tobillos al cuello alargando mi sombra en el suelo?
¿Tendrás ese arte que me arrastre fuera del pozo profundo en que me veas metida?
¿Verás, aunque yo te lo niegue, mi necesidad?
Es posible que hayas pensado en mí creyendo que me has amado.
Has errado, aunque así lo hayas creído es muy largo ese camino. No has puesto en él tu pie, ni yo tampoco el mío.
Un reflejo de esquirla se ha adherido para verte confundido.
Los llantos vendrán mañana, si no me aplico la lección de que el tiempo prometido hace mucho se perdió.
Merecería la pena inventarse un nuevo cielo en el que bogar tú y yo.
No es preciso confundirlo, tuvimos nuestro regalo. No fue en vano.
Caminas entre las sinuosas curvas de mi mente.
Ahora atiendes.

Me entra un desasosiego tal que sólo se deja escapar tras abrirme en canal.
¿Qué me has hecho?
No me contengo.
Bien adentro.
Tendré que reconocerlo.
Ha sonado la nota.
Te siento.
¿Qué hago?
¡Me pierdes!
Digo “no”, dónde afirmo sinrazones.
¡Dime!
¿A dónde nos conduce?
Se ha alterado el curso, ahora sigue otro surco.
Sus meandros han creado un nuevo espacio, dejando anegado su cauce.
He caído en la red que he tejido sin saber.

Es posible que me enamorara del aire,
del aire de tus zapatos
al caminarte.

Todavía le escribo.
No sé si llegará a leerme.
Ni siquiera sé si sabré de él.
Esa es la razón de perderme.
A él van mis quejas.
A él mis versos.
A él mis sueños.
Tú estás al otro lado y te miro.
Querría sentirlo.
No diré que no hayas sido,
pero sigo recordando el amor pasado.
No lo he superado.
Ya no tengo llanto.
Mucho le he llorado.
Más de lo que le he amado.
Sé que no le amo.
Sé que es fantasma de ni pasado,
pero hubiera bastado un giro suyo para negarlo.
Viviré todas las horas que faltan para olvidarlo.
Se secará esta fuente, sin el amado.
No lo tengo superado.
Aquello de que un clavo saca otro,
conmigo es falso.
Me engaño viéndome es sus brazos,
brazos que nunca me han tomado.
Valió la pena conocerle,
aunque sea mi cadalso.
Puedo seguir esta senda,
adherida a otros brazos.
No ahora,
no he llegado.
Aún me queda recorrido,
para quedar a tu alcance.
No te pediré una espera.
Dar más pasos no es la treta.
No conmigo.
Así lo he decidido.
Una retirada a tiempo,
engalana mi sentimiento.
Al fin un capricho,
un juego que puede enredar
lo que no me quita el sueño,
ni me lo habrá de quitar.
Hay pasos que no se deben dar.
Poner en juego el alma,
no es trato.
La vida lo paga caro.
No hay tiempo.
No en mi caso.
¿Qué haría yo en ello?
Perdería el norte.
La cordura se sostiene débil.
No la expondré, ni por lo mejor del cielo.
Si te implicas, te mortificas.
Dejemos el tablero como hasta este momento.

Quiero encontrarte.
¡Amigo!
Sé que te he perdido,
aún así no desisto.
No te lo digo.
Lo intenté y con ello nada gané,
me frustré.
Parece que hace tiempo lo suplo,
con otros alientos.
Lo parece,
es cierto.
Nada alcanza ese vuelo.
No me conformo.
Disimulo,
incluso para mis adentros.
¡Hace tanto tiempo!
Aún así, te sigo oliendo.
Me parece que piensas,
en lo equívoco de entonces.
Ya no tenemos tiempo.
Perdimos ese momento.
Yo misma me reconozco ausente.
Hubiera, es el verbo que se puede conjugar.
Ahora lo que cuadra es volver a empezar.
Un día de estos me dejaré llevar.
Ya he creído,
en algún episodio de mi vida,
que había dado lugar.
No está lejos el momento,
en que estos versos no tengan tu nombre.
Ese día está al caer.
Otros rondan,
sin saber bien a qué me puedo atener.
Será esta noche,
o quizás mañana,
que al nombrarte
sea otro nombre el que se plante.
Así funciona el paso quebrado del cambio.
Hoy lloramos y mañana olvidamos.
Mis recuerdos son un pasado no lastrado.
Vivo sin diques a que agarrarme.
Liberarlo es el trabajo.
Dejarlo de lado y mirar al frente,
aunque me hiciste daño.
A veces se gana, otras se pierde.
Una pérdida te arranca una vida,
después renacida.
Es la poda de tus ramas para renovarte el alma.