Raúl tomaba te negro, pensativo, escuchaba el transistor. Sonaba “la culpa fue del cha-cha-chá”. Moviendo la cabeza, exclamo:
-No, fue de María.
(micro 25 palabras, e incluyendo en el texto el titulo de una canción. Concurso página 2 de Rtve)
Cuando Alicia observó con detenimiento la mano de Raúl, mientras tomaban té en la cafetería de la esquina, no tuvo más remedio que sonreír, aunque disimulamente para no llamar la atención.
Un mes atrás, había leído con detalle un estudio de quiromancia, y en concreto sobre los dedos, sus significados en base a su longitud, grosor, etc.
Recordaba, que entre otras cosas que cuando el dedo índice y el anular, son iguales, era indicativo a ser una persona con cierta cercanía a la homosexualidad.
Su incredulidad era uno de los rasgos más profundo de su personalidad, pero después de haber pasado la noche anterior con Raúl, pensaba con la sonrisa dibujada en su rostro, que quizás seria conveniente empezar a creer en algunas cosas.
Teniendo la convicción que prácticamente era un sucedáneo. Lo sabía, lo intuía, e incluso en ocasiones se alegraba de ello.
No siempre serlo, era significativo de mala calidad, a veces, era algo especial, e incluso mágico que podía reemplazar a otro por tener propiedades similares.
Después de varios años, Raúl, meditaba sobre esto, mientras se disponía a tomar su taza de té diaria. Bebiendo a pequeños sorbos, y dibujándose la sonrisa en su rostro, no entienda como había llegado a pensar en esa definición.
Aunque bien es cierto, que nunca quiso sustituir ni compararse al marido de Mónica, pero en cierto modo, llevaba tiempo siendo su sucedáneo.
Raúl, meditaba sobre aquél viaje. Perdió a Raquel, y se encontró a si mismo.
Observó como Luis, su pareja, le miraba atentamente, mientras tomaba té.
(Micro con un máximo de 25 palabras, y utilizando la palabra "viaje", concurso en Página 2, de Tv)
Sonó el despertador. Estirándose, inclinándose. Olfateó, respirando hondamente. El olor a té no llego.
Raúl, se recostó nuevamente. Un día más, Laura no volvió.
(micro con maximo 25 palabras. concurso página2 de TV)
Los niños revoloteaban y saltaban cerca de la piñata, a punto de abrirse, y derramar caramelos, cucherias y todas esas cosas que siempre sale de su contenido.
Julia, Javier, su primo, Ángeles, y los vecinos del cuarto, nerviosos sonreían y no dejaban de moverse esperando con ansiedad la llegada de esas gomilonas.
Un paso atrás, Raúl, también alegre, en la fiesta de cumpleaño de su primo, contemplaba y miraba a sus amigos, aunque por instante y de una manera fugaz, su mirada perdía brillo y se tornaba algo más triste.
Cuando se abre, y es recogido y limpiado el suelo, los niños se acercan Raúl, gritando: "no tienen gluten”.
Raúl, sonrió y miró con mucha complicidad a su tía, mientras ella acababa su taza de té.
(dedicados a los niños celiacos, en este día.)
De nuevo surgió la oportunidad, en esta ocasión, el comienzo fue más pausado, mas conservador, más detallista, intentando que no caer en los errores anteriores.
No quería fallar ni equivocarse, sabia que si lo hacia con sutileza, elegancia, poniendo todo de su parte, y con los ingredientes necesario, esta vez, si resultaría.
Sin embargo, ella, esta ocasión fue más agresiva, tomando el mando, el timón, desde el inicio, con una mirada arrolladora, parecía tenerlo todo tan claro.
También más guapa que nunca, con una fortaleza, que su rostro plasmaba; con una soltura que brillaba en cada una de sus actos, daba muestras de una madurez exquisita.
Raúl, mientras miraba perplejo el contenido de su taza té, era incapaz después de una hora de reflexión de comprenderlo todo. Volvió a ocurrir igual que la vez anterior, pese haber dado lo que nunca dio, tenia la sensación de haberse entregado en vida y alma.
Pensaba que tuvo la mejor de las posiciones, pero aquél enroque, aquel movimiento, una vez más le dejo fuera de la partida y otra vez más sin ganar el campeonato de ajedrez local, con la rival de siempre.
Hace tiempo que lo sabía todo de ambas partes, sus defectos, sus virtudes, sus promesas, sus promesas incumplidas.
Muchas veces entendía a una parte, otras veces a la otra, pero raramente comprendía a ambas. Era algo que nunca llego a aceptar, que no tuviesen nada en común.
Sin embargo, siempre le pareció que se parecían tanto.
No quería tomar partido, porque no lo tenía claro, era así de sencillo, compartía cosas de los dos, y discrepaban también cosas de uno y del otro.
Raúl, quería ser coherente, siempre pensó que era una de sus virtudes, movió la taza de té, aún caliente, y se la llevo a los labios, y en ese momento, mientras disfrutaba del olor de la infusión, lo dijo en voz alta: “lo dicho, abstención”.
No podría ser de otra manera, era su padre y su madre, que decidían separarse después de cuarenta años.
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