UN CUENTO DE AMOR
Érase una vez una mujer y un hombre que se encontraron un día de otoño, se reconocieron en el relámpago de una tarde y comenzaron a dibujar un universo soñado, fueron creando formas nuevas, cuentos y poemas que iban escribiendo sobre la piel amada mientras seguían caminando por senderos paralelos.
En silencio imaginaron que un amanecer las sorprendería a los dos la misma luz y que los senderos acabarían convergiendo en una ancha avenida de un sólo sentido.
Mientras tanto pasaban los meses que crecían, maduraban y terminaban por convertirse en años, y las líneas seguían avanzando en paralelo.
Cuando uno de los dos se detenía, el otro seguía con la cadencia de su paso hasta advertir que no era seguido, entonces aguardaba en un recodo a que el otro estuviese a su altura y llegados a ese punto, la espera se había convertido en rutina y la rutina en pereza y cuando el pusilánime vino a reanudar su caminar, ya el otro había seguido avanzando y casi no se veía.
Así continuaron uno en pos del otro, amándose, soñándose y callados, siempre callados, y fue ese silencio el que terminó de marchitar la flor de la pasión, no fueron capaces de hacer coincidir sus caminos o quizás simplemente no se lo quisieron permitir.
Hasta que un atardecer, cuando todo estaba muriendo, las palabras fluyeron con la fuerza poderosa de una cascada que había estado contenida mucho tiempo, entonces éstas lo arrasaron casi todo y por primera vez, los dos se miraron sinceramente y descubrieron cuánto habían callado, cuánto habían errado y cuánto había faltado para hacer de la incertidumbre, certeza.
Decidieron seguir caminando por senderos paralelos, se guardaron las dudas y reconocieron, otra vez en silencio, los lastres que habían matado lo que debió vivir.
Y cada madrugada, perdidos en otros brazos, miran en el fondo de sus almas y sólo ven oscuridad y vuelven a surgir, furtivas, las lágrimas de un amor que no quiso ser conjugado.
11 comentarios - Escribe aquí tu comentario
Una historia bonita con mal final pero me ha gustado mucho.
Buena prosa amigo, aunque dice que las personas que mejor se comprenden son las que saben vivir y comprenderse en el silencio.
Parece que el silencio no es buen compañero. A veces creo que ni siquiera las palabras ayudan a entenderse.Quizás damos por hecho demasiadas cosas o simplemente dejamos que el tiempo corra en nuestra ayuda como si se tratara del gran revelador de verdades que la tradición nos ha inculcado. Por mi parte guardo grandes tesoros enredados entre miradas y silencios y no querría desprenderme de ellos nunca.
Me ha gustado especialmente el comentario de Edelmira, aunque creo que hay cosas que no pueden esperar a ser decididas por el tiempo, porque al final uno acaba equivocándose y lo digo por experiencia, pero yo también me guardo grandes tesoros que nadie podrá quitarme y que te no podré pagarte, como el hecho de que hayas dado nombre a este blog que yo he creado y tú has inspirado.
Un relato muy bueno. Me ha gustado mucho. Y muy real, seguro que más de uno ha sentido eso.
Un besito
Hermoso y lindo cuento de desamor, una historia de esas que explican porque hay brillos en los ojos que sólo uno mismo conoce.
Casualmente he descubierto este cuento y este blog y han significado una grata sorpresa, muy grata.
Bien escrito y expresado.
Acabo de descubrir tu relato y estoy impactada. Quizá porque el otoño me trae hermosos recuerdos...quizá por ese caminar paralelo...
Felicidades, es maravilloso.
Saludos.
Gracias Piedraagua por tu comentario, me alegro que te haya gustado, a mí el otoño también me trae muchos recuerdos...
Precioso cuento, una forma muy hermosa de escribir. Gracias
ke weva






