Cuento para mi niño
Es tarde, la noche cae lentamente y el frío les despierta de nuevo. El padre toma en sus brazos a su hijo pequeño de 3 años, lo aprieta contra su pecho a pesar de que el mar se ha tragado el último resquicio de calor y las ropas parecen de cartón piedra. Queda mucho camino, tienen que apresurarse si quieren llegar pronto, “¿llegar pronto? ¿Adónde?”-decía su esposa embarazada de siete meses- con tono desesperante, mientras tiraba de su hija de 8 años, que tosía con insistencia.
Las luces de la ciudad aparecían a lo lejos, ¿o eran otras luces?, apenas perceptible porque en la mente de todos sólo habitaba una idea: comida, descanso, un poco de calor... Si el destino es incierto qué decir de lo que dejan atrás, miseria, miseria y más miseria; con un gesto decidido y valeroso han decidido enfrentarse al presente para así intentar hacer frente al futuro. La vida no les ha brindado precisamente la comodidad, ni tan siquiera la subsistencia depende de ellos, la fe infinita en la creencia de algo sagrado y divino es lo único que les sirve de apoyo, pero sus fuerzas se desvanecen: “Dios aprieta pero no ahoga”, le dice el marido a su esposa; ella, con los ojos desencajados, el gesto compungido, con lágrimas y miedo en los ojos, le dice: “es verdad, pero de nosotros parece haberse olvidado”. El marido le replica “No digas eso, Dios siempre escucha y socorre a los necesitados... aunque no sé, quizás es que somos tantos, que no puede acudir en ayuda de todos”. Su esposa prefiere no seguir con el diálogo y decide seguir caminando, entre las piedras heladas, charcos y barro.
El hombre, acumulando más y más desesperación, no sabe qué hacer. Se siente desamparado, impotente. Haciendo un gesto de fortaleza se sube a su hija a su espalda para evitarle en lo posible un mayor deterioro... “mi hija tiene fiebre, está ardiendo, ¡por Dios!, que alguien nos ayude, que alguien se apiade de nosotros, al menos de los críos”. Sus palabras se estrellan contra el silencio de la noche. Quedan horas, muchas horas de camino hacia un destino desconocido, impredecible, un lugar al que sólo el azar les ha conducido. Ellos han elegido escapar del infierno donde se encontraban. La vida les ha llevado por derroteros que ningún ser humano se merece; la posibilidad de ganarse la vida con un trabajo (aunque éste no fuera digno) parecía realmente imposible. ¿Por qué es la vida tan cruel con unos y tan cómoda y feliz para otros? Mientras el marido se hacía éstas preguntas, su esposa, con un grito espeluznante, se quejaba de dolores en su preñada barriga,” me duele mucho, tengo que pararme, necesito descansar, dame un poco de tiempo... “. La hija se abrazó a la madre tratando de aliviar el dolor que padecía, lo hacía entre tiritones de frío y en estado febril, aún así, trataba de dar consuelo a su madre.
Decidieron descansar un momento. A 500 metros de distancia, un hombre solitario sin más compañía que un enorme perro se acercaba a ellos. Una poderosa linterna iluminaba todo su camino, el perro, con su instinto animal, advierte al amo de la presencia cercana de algo o de alguien. Los ladridos del perro en la noche cerrada son percibidos por todos; entre atemorizados y expectantes, esperan el desenlace y temen ser encontrados en medio del infierno. La linterna ciega los ojos de la esposa sollozante, del marido incrédulo, de la hija enferma y del niño dormido en los brazos del padre...
“¿pero qué hacéis aquí?, ¿estáis locos?, ¡os vais a morir de frío!”. El hombre con gesto compasivo se despoja de su abrigo y lo deposita con suavidad sobre los hombros de la mujer. No hacen falta las palabras, los gestos se vuelven precisos y unívocos. El hombre coge en sus brazos a la niña enferma y con paso presuroso se dirige a un destino que solo él y su perro conocen.
Todos le siguen... la presencia del hombre les ha otorgado una fortaleza especial, el perro va marcando el camino a seguir. Después de unos pocos minutos y situado en una enorme llanura, se distingue un caserón enorme, totalmente iluminado, (esas debían ser las luces, o el reflejo de aquél miedo, que divisaban a lo lejos) repleto de árboles adornados con motivos navideños. En la puerta de la casa les esperaban tres sirvientes que a instancias del hombre desconocido acudieron rápidamente en ayuda del matrimonio y sus hijos.
De pronto, la desesperación se convirtió en sosiego...
Nota: Este cuento fue escrito con la ayuda inestimable de mí querida hermana a la que tanto tengo que agradecer. Se lo dedicamos a mi hijo (su sobrino y ahijado) en el año 2003 cuando el pipiolo contaba con sólo 11 años. Un día –viendo la tele- mi niño, nuestro niño, hizo dos simples preguntas. Papá ¿por qué tienen que morir esa gente en el mar? ¿No saben nadar? La ingenuidad nos provocó un nudo en la garganta y una mudez indeliberada. Fue entonces cuando decidimos escribir este cuento. La finalidad, ni mi hermana ni yo la conocemos, pero quedaríamos enormemente satisfechos si mi niño…nuestro niño… el día de mañana se rebelara en contra de la injusticia.
9 comentarios - Escribe aquí tu comentario
Ufff... tengo la piel erizada por tus palabras. ¿Cuántas veces los niños nos enfrentan a lo que pasa por nuestro lado a diario y no miramos?.
Es un hermoso relato, mi hijo tiene quince años, pero se lo mostraré y quizás
el también entienda.
Besitos.
Siempre en amor.
Gracias Anyara; si todos hiciéramos "algo", quizás -y digo solo quizás- ¿no iría este mundo algo mejor?
Un saludo.
Un cuento conmovedor e ilustrativo. Comparto la reflexión sobre la injusticia.
¡Chao!
Javier, mi hijo, es u poco "pequeño" todavía para entender el fondo del cuento, pero se lo leo igual esta noche y lo imprimimos para añadirlo a "mis tesoros".
Gracias.
Los niños captan los mensajes mucho mejor de lo que los adultos nos creemos. Eso sí, todo va a depender de a lo que tú llames pequeño.
No obstante, como daño no le hará, me parece excelente la idea de leerle el cuento....
Gracias Gema.
Gracias berto, se agradece tu complicidad.
Es un cuento precioso y desgarrador a la vez.
Felicidades.
Intento que mis escritos tengan fuerza, algunas veces no lo consigo y otras veces tampoco. Pero quedo satisfecho si te ha gustado. Un saludo.
Un cuento hermoso, lleno de fuerza, implicación y esperanza. Enhorabuena.





