Libro de Arena
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El tam tam del griot

CUENTO BARIBA (BENÍN)

GUSUNO(DIOS) EXISTE

- ¿Quieres que te cuente un cuento?

- Sí, por favor.

Érase una vez un joven que vivía con toda su familia: padre, madre y hermanos. Tenía por costumbre repetir una y mil veces "Gusuno existe" en cualquier momento del día, lo mismo cuando comía que cuando estaba saciado, cuando trabajaba o cuando descansaba, al beber agua o al terminar cualquier trabajo. Siempre tenía esa frase en la boca.

El padre hacía mucho tiempo que había percibido la costumbre de su hijo y le daba mucho que pensar. Estaba convencido de la profundidad de carácter de su hijo y había determinado que sería él el que un día se haría cargo de los destinos de la familia; el detalle de repetir como una melopeya esa pequeña plegaria le parecía muy significativo y juzgó que sería oportuno enviar a su hijo a lejanas tierras para que conociese el mundo y se despertase su inteligencia. Un largo viaje podría ser muy instructivo, aprendería muchas cosas que le permitirían más tarde resolver los problemas más difíciles y salir airoso de las situaciones más embarazosas.

Un día en que toda la familia había pasado la jornada en el campo trabajando la tierra y se habían sentado alrededor del fuego para comer ñame asado, el padre se dirigió a su hijo diciendo:

- Hijo, infinidad de veces ha salido de tu boca la frase "Gusuno existe". Me parece muy bien, no tengo nada en contra pero ¿por qué la repites tanto? ¿por qué, siempre que concluyes un trabajo, dices esas palabras?.

- Porque es verdad. Creo que es la razón de todo, padre, respondió el muchacho. Si Gusuno no existiera, nada existiría. Si él no lo hubiese querido ¿quien te hubiera dado la vida? ¿quien tiene ese poder fuera de Gusuno?. Entonces, porque es el origen de todo es por lo que afirmo que Gusuno existe. Entonces, el padre añadió:

- Me parece muy bien. Estoy de acuerdo con tu explicación, y por el juicio que demuestras quiero que hagas un viaje a tierras lejanas para que tu inteligencia y conocimiento de la vida se acrecienten.

- De acuerdo, padre, Gusuno existe, fue todo el comentario del muchacho.

Al anochecer volvieron a casa, cenaron y se acostaron. Con el primer canto del gallo, emprendió su camino. Anduvo durante mucho tiempo y cuando se encontraba ya muy lejos de su tierra divisó a la vera del camino un grupo de personas agachadas segando mieses de arroz y atando sus gavillas; lo curioso era que las mieses estaban todavía demasiado verdes y las espigas sin granar; aquello le llamó la atención, se detuvo un momento y pensó:

- Es extraño. Deberían dejar granar las espigas hasta su sazón antes de segarlas. ¿Qué grano van a poder sacar de ahí?

De esta forma reflexionaba sin entender qué podía ser aquello y si tenía un significado concreto; como no lograba dar sentido a esa manera de actuar tan misteriosa, exclamó:

- Bueno, no pasa nada. Gusuno existe. Uno de los segadores le preguntó:

- ¿Es verdad que Gusuno existe? El joven respondió:

- Sí, Gusuno existe.

- Pues, continúa tu camino porque Gusuno está delante de ti, concluyó el segador.

El muchacho se levantó y prosiguió su andadura. Cuando ya se había alejado un buen trecho del campo de arroz, se encontró con un pozo bastante pequeño y de escasa profundidad en el que confluían siete ríos de gran caudal que procedían de diferentes direcciones y que vertían sus aguas en él. El muchacho estaba perplejo por lo que estaba viendo, se detuvo a contemplar un espectáculo tan extraño preguntándose:

- ¿Cómo es posible que un pozo tan pequeño sea capaz de recibir el agua de siete ríos caudalosos y no desborde ni se llene?: Durante un buen rato contempló esa maravilla y el pozo seguía sin llenarse.

- No entiendo por qué el pozo no llega a desbordar con la cantidad de agua que se vierte en él ¿qué puede significar esto? Y como no encontraba una solución al enigma se dijo:

- Bueno, no pasa nada. Gusuno existe. Desde el fondo del pozo una voz le preguntó:

- ¿De verdad que Gusuno existe?

El muchacho miró por todas partes y no vio a nadie, pero respondió sin vacilar:

- Sí, Gusuno existe. La voz insistió:

- ¿A pesar de tus reflexiones y de que no encuentras el significado de lo que estás viendo sigues afirmando que Gusuno existe?

- Desde luego, respondió el muchacho.

- Anda, ve adelante que Gusuno no está aquí, concluyó la voz.

El joven se levantó y reemprendió su marcha por tercera vez. Ya estaba muy lejos del fragor de las aguas cuando llegó a un lugar donde discurrían paralelamente tres ríos, los dos de los extremos iban llenos de agua hasta el borde y arrastraban un caudal extraordinario, mientras que el del medio cuyo cauce era también enorme iba completamente seco, ni siquiera había en él un poco de barro. Uno de los ríos hacía bolas de agua y las lanzaba: ¡fem! por encima del río seco al río del extremo opuesto sin que una sola gota cayese sobre el cauce del anterior; y recíprocamente: ¡kuum!

El muchacho estaba fascinado por lo que veía y se decía:

- ¡Ku, kuuu!. ¡Esto es increíble! Tres ríos fluyen el uno al lado del otro, dos van llenos de agua hasta rebosar y el tercero que discurre entre los otros dos está totalmente seco. Es la primera vez que veo una cosa semejante. No entiendo nada. En fin, no pasa nada, Gusuno existe.

En estos pensamientos se entretenía cuando oyó una voz:

- Vuelve a tu casa. A partir de aquí Gusuno ya no existe, el camino se detiene aquí. Vuelve. El joven respondió:

- Es verdad. Mi padre me dijo que hiciese este viaje para descubrir cosas nuevas y, por cierto, que las he descubierto. Creo que con las tres que me he encontrado tengo ya suficiente. Y emprendió el camino de regreso a casa. Llegó un atardecer. Después de cenar se acercó a la habitación de su padre, se sentó junto a él y le dijo:

- Padre, ya estoy de vuelta. El anciano le respondió:

- Bienvenido. Y ¿qué es lo que has visto por el mundo?

- En primer lugar vi tres segadores que segaban mieses de arroz todavía verdes y sin granar; pude hablar con uno de los segadores. Seguidamente vi siete ríos caudalosos que vertían sus aguas en un pozo pequeño que nunca llegaba a llenarse; la voz del pozo también se dirigió a mí. Más adelante vi tres ríos que fluían juntamente, dos con sus cauces rebosantes de agua y el tercero, que fluía en medio de los otros dos, totalmente seco. Después di media vuelta y regresé a casa.

- ¿Eso es todo lo que has visto?, insistía el padre.

- Eso es, efectivamente, respondió el muchacho.

- Está bien. Ahora quiero explicarte con detalle todo lo que has visto para que más tarde lo puedas explicar en el momento oportuno. Tienes la costumbre de decir que Gusuno existe y es verdad, ahora lo vas a entender mejor:

Los siete ríos que vertían sus aguas en un pozo de reducidas dimensiones sin jamás llegar a colmarlo son las palabras que penetran los oídos de una persona sin que nunca lleguen a saturarlos. Esa es la primera enseñanza.

Más adelante llegaste a un lugar donde había tres ríos, dos rebosantes de agua que se la lanzaban mutuamente el uno al otro mientras un tercero discurría a su lado totalmente seco. Lo mismo pasa con las personas de una misma familia: padre, hijos, hermanos...y hasta con los de un pueblo entero; hay algunos miembros que tienen tantas riquezas que no saben dónde ponerlas, y hasta juegan con ellas, mientras otros no tienen nada, sólo dificultades, y la pobreza anega su vida como el tercer río. Esa es la segunda enseñanza que debes retener.

Los segadores de mieses de arroz verde representan a los niños y jóvenes que mueren antes de llegar a la madurez de la vida, son también los abortos que no logran ver la luz. Todos ellos son segados antes de fructificar. Es la tercera enseñanza. Y concluyó diciendo:

- Gusuno existe y así es como creó el mundo. Ya lo sabes, tú mismo lo has podido comprobar. Por lo tanto, el día que yo falte serás tú el que te harás cargo de la familia porque ya tienes los suficientes conocimientos para ser su guía y explicar los secretos de la existencia a quien los necesite.

CUENTO BARIBA (BENÍN)

GUSUNO(DIOS) EXISTE

- ¿Quieres que te cuente un cuento?

- Sí, por favor.

Érase una vez un joven que vivía con toda su familia: padre, madre y hermanos. Tenía por costumbre repetir una y mil veces "Gusuno existe" en cualquier momento del día, lo mismo cuando comía que cuando estaba saciado, cuando trabajaba o cuando descansaba, al beber agua o al terminar cualquier trabajo. Siempre tenía esa frase en la boca.

El padre hacía mucho tiempo que había percibido la costumbre de su hijo y le daba mucho que pensar. Estaba convencido de la profundidad de carácter de su hijo y había determinado que sería él el que un día se haría cargo de los destinos de la familia; el detalle de repetir como una melopeya esa pequeña plegaria le parecía muy significativo y juzgó que sería oportuno enviar a su hijo a lejanas tierras para que conociese el mundo y se despertase su inteligencia. Un largo viaje podría ser muy instructivo, aprendería muchas cosas que le permitirían más tarde resolver los problemas más difíciles y salir airoso de las situaciones más embarazosas.

Un día en que toda la familia había pasado la jornada en el campo trabajando la tierra y se habían sentado alrededor del fuego para comer ñame asado, el padre se dirigió a su hijo diciendo:

- Hijo, infinidad de veces ha salido de tu boca la frase "Gusuno existe". Me parece muy bien, no tengo nada en contra pero ¿por qué la repites tanto? ¿por qué, siempre que concluyes un trabajo, dices esas palabras?.

- Porque es verdad. Creo que es la razón de todo, padre, respondió el muchacho. Si Gusuno no existiera, nada existiría. Si él no lo hubiese querido ¿quien te hubiera dado la vida? ¿quien tiene ese poder fuera de Gusuno?. Entonces, porque es el origen de todo es por lo que afirmo que Gusuno existe. Entonces, el padre añadió:

- Me parece muy bien. Estoy de acuerdo con tu explicación, y por el juicio que demuestras quiero que hagas un viaje a tierras lejanas para que tu inteligencia y conocimiento de la vida se acrecienten.

- De acuerdo, padre, Gusuno existe, fue todo el comentario del muchacho.

Al anochecer volvieron a casa, cenaron y se acostaron. Con el primer canto del gallo, emprendió su camino. Anduvo durante mucho tiempo y cuando se encontraba ya muy lejos de su tierra divisó a la vera del camino un grupo de personas agachadas segando mieses de arroz y atando sus gavillas; lo curioso era que las mieses estaban todavía demasiado verdes y las espigas sin granar; aquello le llamó la atención, se detuvo un momento y pensó:

- Es extraño. Deberían dejar granar las espigas hasta su sazón antes de segarlas. ¿Qué grano van a poder sacar de ahí?

De esta forma reflexionaba sin entender qué podía ser aquello y si tenía un significado concreto; como no lograba dar sentido a esa manera de actuar tan misteriosa, exclamó:

- Bueno, no pasa nada. Gusuno existe. Uno de los segadores le preguntó:

- ¿Es verdad que Gusuno existe? El joven respondió:

- Sí, Gusuno existe.

- Pues, continúa tu camino porque Gusuno está delante de ti, concluyó el segador.

El muchacho se levantó y prosiguió su andadura. Cuando ya se había alejado un buen trecho del campo de arroz, se encontró con un pozo bastante pequeño y de escasa profundidad en el que confluían siete ríos de gran caudal que procedían de diferentes direcciones y que vertían sus aguas en él. El muchacho estaba perplejo por lo que estaba viendo, se detuvo a contemplar un espectáculo tan extraño preguntándose:

- ¿Cómo es posible que un pozo tan pequeño sea capaz de recibir el agua de siete ríos caudalosos y no desborde ni se llene?: Durante un buen rato contempló esa maravilla y el pozo seguía sin llenarse.

- No entiendo por qué el pozo no llega a desbordar con la cantidad de agua que se vierte en él ¿qué puede significar esto? Y como no encontraba una solución al enigma se dijo:

- Bueno, no pasa nada. Gusuno existe. Desde el fondo del pozo una voz le preguntó:

- ¿De verdad que Gusuno existe?

El muchacho miró por todas partes y no vio a nadie, pero respondió sin vacilar:

- Sí, Gusuno existe. La voz insistió:

- ¿A pesar de tus reflexiones y de que no encuentras el significado de lo que estás viendo sigues afirmando que Gusuno existe?

- Desde luego, respondió el muchacho.

- Anda, ve adelante que Gusuno no está aquí, concluyó la voz.

El joven se levantó y reemprendió su marcha por tercera vez. Ya estaba muy lejos del fragor de las aguas cuando llegó a un lugar donde discurrían paralelamente tres ríos, los dos de los extremos iban llenos de agua hasta el borde y arrastraban un caudal extraordinario, mientras que el del medio cuyo cauce era también enorme iba completamente seco, ni siquiera había en él un poco de barro. Uno de los ríos hacía bolas de agua y las lanzaba: ¡fem! por encima del río seco al río del extremo opuesto sin que una sola gota cayese sobre el cauce del anterior; y recíprocamente: ¡kuum!

El muchacho estaba fascinado por lo que veía y se decía:

- ¡Ku, kuuu!. ¡Esto es increíble! Tres ríos fluyen el uno al lado del otro, dos van llenos de agua hasta rebosar y el tercero que discurre entre los otros dos está totalmente seco. Es la primera vez que veo una cosa semejante. No entiendo nada. En fin, no pasa nada, Gusuno existe.

En estos pensamientos se entretenía cuando oyó una voz:

- Vuelve a tu casa. A partir de aquí Gusuno ya no existe, el camino se detiene aquí. Vuelve. El joven respondió:

- Es verdad. Mi padre me dijo que hiciese este viaje para descubrir cosas nuevas y, por cierto, que las he descubierto. Creo que con las tres que me he encontrado tengo ya suficiente. Y emprendió el camino de regreso a casa. Llegó un atardecer. Después de cenar se acercó a la habitación de su padre, se sentó junto a él y le dijo:

- Padre, ya estoy de vuelta. El anciano le respondió:

- Bienvenido. Y ¿qué es lo que has visto por el mundo?

- En primer lugar vi tres segadores que segaban mieses de arroz todavía verdes y sin granar; pude hablar con uno de los segadores. Seguidamente vi siete ríos caudalosos que vertían sus aguas en un pozo pequeño que nunca llegaba a llenarse; la voz del pozo también se dirigió a mí. Más adelante vi tres ríos que fluían juntamente, dos con sus cauces rebosantes de agua y el tercero, que fluía en medio de los otros dos, totalmente seco. Después di media vuelta y regresé a casa.

- ¿Eso es todo lo que has visto?, insistía el padre.

- Eso es, efectivamente, respondió el muchacho.

- Está bien. Ahora quiero explicarte con detalle todo lo que has visto para que más tarde lo puedas explicar en el momento oportuno. Tienes la costumbre de decir que Gusuno existe y es verdad, ahora lo vas a entender mejor:

Los siete ríos que vertían sus aguas en un pozo de reducidas dimensiones sin jamás llegar a colmarlo son las palabras que penetran los oídos de una persona sin que nunca lleguen a saturarlos. Esa es la primera enseñanza.

Más adelante llegaste a un lugar donde había tres ríos, dos rebosantes de agua que se la lanzaban mutuamente el uno al otro mientras un tercero discurría a su lado totalmente seco. Lo mismo pasa con las personas de una misma familia: padre, hijos, hermanos...y hasta con los de un pueblo entero; hay algunos miembros que tienen tantas riquezas que no saben dónde ponerlas, y hasta juegan con ellas, mientras otros no tienen nada, sólo dificultades, y la pobreza anega su vida como el tercer río. Esa es la segunda enseñanza que debes retener.

Los segadores de mieses de arroz verde representan a los niños y jóvenes que mueren antes de llegar a la madurez de la vida, son también los abortos que no logran ver la luz. Todos ellos son segados antes de fructificar. Es la tercera enseñanza. Y concluyó diciendo:

- Gusuno existe y así es como creó el mundo. Ya lo sabes, tú mismo lo has podido comprobar. Por lo tanto, el día que yo falte serás tú el que te harás cargo de la familia porque ya tienes los suficientes conocimientos para ser su guía y explicar los secretos de la existencia a quien los necesite.

Toutes les filles á l'école

TOUTES LES FILLES Á L’ÉCOLE

La escolarización en Benín no llega al 50% de los niños y en Banikoara al 20%. Hay muchos niños en los poblados del interior que no van nunca a la escuela, pero las más afectadas son las niñas. En una familia no todos los hijos se escolarizan los padres eligen y los niños siempre tienen preferencia sobre las niñas. Las niñas son necesarias para ayudar a la madre. Desde muy pequeñitas ya tienen responsabilidades: ir a por leña, recoger hojas para hacer la salsa, aprender a cocinar, encargarse de los hermanitos más pequeños… es muy común la imagen de una niña, no mayor de cinco años, con su hermanito de un año en la espalda. Muchas de ellas van a la escuela con su hermanito a la espalda. El futuro del 90% de las niñas es casarse a los 14 años, el marido lo elige su padre, ser madres, trabajar en el campo y ocuparse de la casa. La mayoría de ellas no saben leer, ni escribir, ni hablar francés.

Por todo esto el gobierno de Benín junto con otros organismos internacionales ha emprendido una campaña de escolarización de las niñas en todo el país. Es muy normal ver en todas las ciudades un gran cartel en el que aparece la foto de tres colegialas que van al colegio y en grandes letras: “Toutes les filles á l’école”

Siguiendo esta línea las monjas salesianas han organizado un curso de alfabetización para las niñas de los pueblos. Se ha juntado casi 100 niñas de 8 a 14 años y en el internado han permanecido un mes recibiendo clases. Para ellas ha sido una experiencia muy bonita porque es la primera vez que han salido de sus pueblos para tanto tiempo y sin sus familias. Han aprendido y han convivido durante todo el mes. Se las veía felices.

Un día me pidieron las monjas que fuera a ponerles una película con el proyector porque nunca habían visto ni el cine ni la tv. Esa tarde fue entrañable, les puse algunos cortos de dibujos animados. Cómo sólo saben baribá daba igual que la película estuviera en francés o en español. Se reían a carcajadas y sus enormes ojos no dejaban de observar la pantalla. La sala estuvo llena, no faltó ninguna.

Lo más triste de todo fue no poder hablar con ellas, sólo hablan baribá.

Gerardo J.

Sálmata

Sálmata es una mujer de Benín. Su historia puede servir de muestra de tantas mujeres de África. Cuando habla no deja de sonreír. Pero cuando se escucha su historia sorprende que aún tenga ganas. Ha venido a la casa a hablar con nosotros, viene muy guapa y muy elegante. Es una mujer joven y llena de vida. ¿Estás casada?, es la primera pregunta que se me ocurre porque me extraña que nunca hable de su novio o marido ya que a su edad las mujeres suelen estar casadas y con hijos. Sonríe y dice: “Aquí la vida de las mujeres es muy dura”. Y comienza a hablar despacio, sin prisa. A los 17 años la casaron con un hombre musulmán. En estas culturas la mujer no elige a su marido, es la familia quien lo elige. Al poco de casarse se quedó embarazada y tuvo una hija, a los seis meses murió de una diarrea. Sus ojos brillan emocionados. Después tuvo un hijo que actualmente tiene diez años, una enorme sonrisa ilumina su cara cuando lo recuerda. Más tarde tuvo otra niña que también murió con tres meses de una diarrea. Sálmata no parece feliz recordando su pasado, se entristece recordando que no podía salir a la calle sin permiso de su marido y que cuando salía tenía que ir tapada.

Cansada de una vida que no había elegido decidió divorciarse y trasladarse de ciudad. Cambió su vida. Ahora es ella quien decide lo que tiene o no tiene que hacer. Cuando llegó a Banikoara se apuntó a la coral de la parroquia, allí se siente feliz. Se siente útil y le ha servido para conocer gente nueva y disfrutar cantando. Ahora no quiere saber nada de hombres, solo quiere ser feliz. Se preparó para ser peluquera y ahora tiene su propia peluquería.

No sabe leer ni baribá ni francés, pero habla las dos lenguas. Por ser mujer tuvo que dejar de ir a la escuela muy pronto. Aquí los niños tienen prioridad para ir al colegio las niñas se quedan en casa a cargo de los hermanos más pequeños.

Sálmata se quiere bautizar y ponerse un nombre cristiano (es curioso en España hay gente que va a las parroquias para que el cura los borre del registro bautismal y aquí la gente pide bautizarse…). Ya ha empezado a ir al catecumenado.

“Yo creo que Dios es mujer”- dice riendo-

¿Por qué dices eso?

Porque ama en silencio y da la vida.

LA PASADA NOCHEBUENA

Son las 14:30, no hace mucho calor para lo que es costumbre aquí, es signo de que está empezando el Harmathan. Nos subimos en el coche Rafael, David y yo. David es un catequista que traduce del francés al baribá ya que en los pueblos nadie habla francés. Vamos a celebrar la misa de Nochebuena en dos pueblos. La primera misa es a las 3 de la tarde y en el siguiente pueblo a las 6. Es 24 de diciembre, no nieva.

Mientras vamos dando botes dentro del coche voy pensando lo diferente que va a ser esta navidad. Aunque sé que en cada lugar del mundo se celebra de una manera, en el fondo creo que la navidad es lo mismo en todas partes: árbol, luces, din-don-dan, mazapanes, comida, regalos, nieve, villancicos, frío, comida, compras, regalos, familia, comida, regalos… Pero este año no veo nada de mi navidad. Aunque echo de menos todo eso, es verdad, me gusta mi navidad.

De repente el coche reduce velocidad y gira a la derecha, damos tres grandes saltos, toma un camino más estrecho y justo en frente una pequeña capilla de barro nos saluda con el tom-tom-tom de su especie de campana. Hay mucha gente fuera esperando, bajamos del coche y todo el mundo viene a saludarnos. Entramos en la iglesia, está llena de gente que ha venido andando desde otros pueblos, algunos a 13 km. Pensé si en España seríamos capaces de andar 13 km para ir a la misa de Navidad, no somos capaces ni de cruzar la calle. Junto al altar han colocado unas esteras en donde se han sentado montones de niños, Rafael tiene que tener cuidado de no pisarlos para poder colocarse en su silla. La celebración comienza como todas las misas aquí en Benín, cantando al ritmo de los tambores, calabazas y xilófonos. La gente da palmas mientras mueven sus cuerpos, apenas pueden moverse en los bancos de la cantidad de gente que hay pero a pesar de eso bailan al ritmo de las canciones. “Ha nacido Jesús. ¿Dónde está Jesús? Sigamos a la estrella…” Letras sencillas y muy repetitivas. El pequeño templo de barro en mitad de la sabana vibra de alegría, aquí también es Navidad.

La misa duró dos horas. Después fuimos todo el mundo andando y cantando hasta el centro del pueblo donde la gente se divirtió hasta el amanecer. Nosotros comimos en casa de la presidenta de la comunidad cristiana. Un buen plato de arroz, con salsa picante y carne de cerdo. Mientras me zampaba con ganas el plato de arroz me fijaba en una gran foto que había colgada en la pared del salón. Era Raúl vestido con la camiseta del Real Madrid y unas grandes letras que decían: “Real Madrid: el mejor equipo del mundo”. Eran las cinco y media de la tarde cuando nos dirigíamos para el siguiente pueblo aún más alejado que el primero. Mientras contemplaba los campos de algodón y el picante iba haciendo de las suyas en mi estómago, pensaba en una de las frases que Rafael había dicho en la homilía: “Dios, el Creador de todo, eligió para nacer un comedero de animales y un pequeñísimo pueblo de Palestina que nadie conocía. Dios, el más grande, se hizo el más pequeño y el más pobre”.

Eran las seis y cinco de la tarde cuando llegamos al otro pueblo, aún más perdido que el primero. Otra capillita de barro recién construida nos recibía. El recibimiento fue el mismo que en el anterior poblado. La capillita, pequeñita, pero repleta de gente. En mitad de la celebración se hizo de noche, fuera una luna inmensa iluminaba la sabana, en el interior no veíamos nada, sólo una pequeña linterna daba luz al Evangelio que David leía en baribá. En cuestión de segundos instalaron un equipo electrógeno con un tubo de color azul, la luz azul iluminaba la capilla dándole un toque de pub nocturno. Mientras Rafael decía la homilía una madre, con toda la familiaridad del mundo, sacó su pecho y dio de mamar a su hijo que tenía en brazos. ¡Qué gesto tan bonito y tan sencillo! En España, pensé, sería impensable que una madre hiciera eso en una iglesia. La gente se escandalizaría. ¿Qué hemos hecho de nuestras iglesias y de nuestras celebraciones?

Cuando acabó la misa fuimos todos juntos hasta el pueblo. Allí la gente bailaba y cantaba sin parar, a nosotros nos sacaron una mesa y unas sillas y nos pusieron sokurú (puré de ñame) con pollo y vino. Mientras comíamos contemplábamos un magnífico paisaje: una inmensa luna iluminaba la sabana africana, la música de los tantanes celebraba el nacimiento de Jesús, una brisa agradable refrescaba el ambiente y todo ello aderezado con una buena comida y un vaso de vino Don García.

La Nochebuena pasada, en dos poblados perdidos y olvidados del norte de Benín, fue Navidad. Ese día celebramos la auténtica Navidad: el nacimiento de Jesús, el niño-Dios. La gente esa tarde no celebró el solsticio de invierno, ni decía felices fiestas, ni cantaba porque le habían pagado la paga extra, la gente estaba feliz porque eran cristianos y Jesús había nacido en Belén. Esa tarde todo el mundo decía Feliz Navidad.

De vuelta a casa, con la luna acompañándonos, Rafael recordaba que a aquellos pueblos solo iban los misioneros todas las semanas y el camión del algodón una vez al año para recoger la cosecha. Rafael decía: “Y cuándo no estén los misioneros ¿quién vendrá a visitar a esta gente?”

Esa noche, 24 de diciembre de 2007, recordamos otra vez el nacimiento del Enmanuel: el Dios-con-nosotros. Un Dios hecho ser humano: pequeño, pobre y olvidado.

Cuando llegamos a Banikoara eran más de las 10 de la noche.

Gerardo J.

GRITO Y ESPERANZA DESDE LOS POBRES

Para escribir sobre África no basta con visitarla en un viaje exótico, hay que vivir allí y conocer a los seres humanos con nombres y apellidos que la pueblan. Cuando alguien viaja a África es capaz de escribir uno o varios libros pero cuando alguien vive mucho tiempo en África no sabe realmente qué escribir y como escribir. Hay muchos libros de viajes sobre África muy interesantes pero con una visión europea, alejada y que refleja poco la auténtica realidad africana.

El otro día terminé de leerme: “Grito y esperanza desde los pobres”, es un libro muy bonito y muy sencillo escrito por Paco Bautista. Paco es un misionero granadino (Velez de Benaudalla), de la Sociedad de Misiones Africanas, que lleva muy dentro el continente africano y en concreto Benín, el país donde ha trabajado durante 8 años. En este libro refleja su día a día en este país, su experiencia vital con las personas con las que ha compartido su vida. Son personas concretas, con nombres y apellidos que van desfilando por el libro dejando una huella difícil de borrar. Este libro no es un libro de aventuras, ni de viajes exóticos, ni de expediciones asombrosas. Es un libro cargado de vida, muestra la realidad de millones de seres humanos que viven en un continente que desconocemos. África es tratada con un amor inmenso y con un dolor que Paco siente en lo más hondo de su ser.

Paco ha escrito un libro en donde los protagonistas son los últimos de los últimos, aquellos en los que nadie piensa, de los que nadie habla, seres humanos que no existen para nuestro mundo, personas que no cuentan y que es mejor no conocerlas porque su vida es tan difícil que nos remuerde la conciencia.

“Grito y esperanza desde los pobres” es el fruto de un encuentro con el ser humano y con el continente africano, está escrito en primera persona como si el que ha escrito el libro fuera un africano más. Paco se ha hecho uno de ellos y ha participado como uno más en sus alegrías y en sus tristezas, en sus danzas y en sus fiestas, en sus dolores y en sus enfermedades, en sus gritos y en sus esperanzas.

Si alguien quiere conocer el verdadero rostro de África le aconsejo que lea este libro, no le defraudará. Se puede conseguir en esta dirección de Internet: www.misionesafricanas.org

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CUENTO DE CENTROÁFRICA

Hace ya algún tiempo, en un poblado

de la sabana, vivía la jovencita más bella

del país. Muchos jóvenes querían casarse

con ella y acudían de los rincones más

lejanos para conquistar su corazón; pero a

ella no le agradaba ninguno y siempre

decía que el hombre que la desposaría no

había nacido aún.

Pitón observaba cómo la joven había

rechazado a todos los pretendientes:

pobres, ricos, guapos, feos… Y decidió

esperar. Un día se levantó, el sol golpeaba

su piel de serpiente y todo el bosque se

iluminó. Se vistió con los mejores vestidos

que nadie pudiera imaginar y, con la

apariencia de un hombre, emprendió la

marcha.

Al llegar al pueblo, todo el mundo lo

observaba con curiosidad. Se dirigió a

casa de la jovencita. Cuando ésta vio a

Pitón, exclamó:

- Acabo de encontrar al hombre que me

conviene. Ninguno de los que se presentaron

hasta ahora era digno de tocarme. Si éste no

quiere casarse conmigo me suicidaré.

Feliz, Yasimanga preparó una fiesta.

Pitón se sentó en el lugar que le habían

asignado. Al cabo de dos días terminaron

las ceremonias de la pedida de mano y

Yasimanga partió con Pitón a su nuevo

hogar. Pero, en el camino, la belleza de

este hombre se volatilizó. Desaparecieron

las piernas y los brazos. Yasimanga

comenzó a llorar. Llegaron al bosque y

Pitón introdujo a la joven en el agujero

que servía de casa. Yasimanga quería

morir al descubrir que el hombre guapo

que conquistó su corazón era, en realidad,

una serpiente. La jovencita dejó de

comer, siempre estaba triste y adelgazó

hasta que se le veían los huesos.

Un día, una mujer del poblado se adentró

en el bosque para buscar leña.

Yasimanga la oyó y dijo:

- Tú, que cortas el árbol, dile a mi

padre que el hombre que se casó conmigo

es una serpiente.

La mujer se paró, luego siguió cortando

la rama. Yasimanga volvió a gritar lo

mismo. Entonces, la mujer salió corriendo

y contó a los padres lo que su hija le

había dicho en el bosque. Al oír esas palabras,

la familia fue a consultar al adivino

Bakale:

- No te preocupes, padre de Yasimanga.

Haz lo que te diga: Coge sésamo, ásalo,

májalo y guarda en tu bolsa la pasta que

obtengas. Luego llama a los hombres de

tu aldea, que lleven lanzas, flechas y

machetes. Encenderás un gran fuego.

Depositarás la pasta de sésamo alrededor

del agujero de Pitón, cuando la huela saldrá

para comer, entonces lo matáis.

La madre de Yasimanga preparó la

pasta de sésamo como había dicho

Bakale. El padre reunió a todos los hombres

y, armados, fueron al bosque. Al llegar,

prepararon un gran fuego, pusieron el

sésamo alrededor del agujero y esperaron.

Un ruido se oyó en el bosque, era

Pitón que salía para comer el sésamo.

Entonces, de repente, una lluvia de lanzas,

flechas y machetes caen sobre Pitón

y acaban con su vida. El padre de

Yasimanga entró en el agujero para sacar

a su hija y llevarla de nuevo a casa.

Mi cuento enseña que no es bueno

casarse solo por la belleza o por la riqueza.

Y que antes del matrimonio es bueno

conocerse. La apariencia no es lo importante.

PROVERBIOS AFRICANOS

Si alguna vez nos preocupamos de conocer culturas diferentes a la

nuestra, nos daremos cuenta que podemos aprender muchas cosas. El ser humano es, en su pluralidad, maravilloso, rico y asombroso. Pero a la vez, en ese descubrimiento, veremos muchos puntos en común que nos harán caer en la cuenta que, en el fondo, el ser humano siente, ama, sufre, baila, por los mismos motivos en todas partes del mundo. En este sentido África es espectacular por su variedad de culturas, por su sabiduría y por su riqueza.

Los proverbios son una de las puertas por las que podemos entrar y conocer, aunque sea superficialmente, la mentalidad de muchos de los pueblos que viven en este extraordinario continente. En ellos, sale a la luz su filosofía de la vida, sus creencias, sus valores...

Para un africano el "otro" es fundamental, necesitamos a los demás para realizarnos como personas, siempre hay cosas que aprender del vecino, del amigo, del extranjero... es por eso que hay que relacionarse con el prójimo. Quien no ríe, quien no habla, quien no comparte su vida con los demás, será una pobre persona que nunca crecerá, ni aprenderá, ni disfrutara de la riqueza del "otro". En África no tienen cabida los individualistas, ni los egoístas, ni los excluyentes, ni los autosuficientes, ni los autocomplacientes. Las personas somos como puzzles incompletos, nos faltan piezas y, esas piezas, las tienen los demás, da igual que el "otro" sea blanco, negro, nacional o de otro país; Por todo esto en algunas partes de África se dice: "CON EL QUE NO HABLAS, NI RIES, ÉL NO APRENDE NADA DE TI, TÚ NO APRENDES NADA DE ÉL".

La verdad es una realidad compartida no es posesión de nadie, siempre hay cosas que aprender, nunca lo sabemos todo. La persona tiene en sÍ mismo un valor, vale porque tiene cosas que decir, vale porque todo ser humano comunica, aporta, ayuda, comparte, acoge, ama... "EL SABER COMO EL FUEGO SE BUSCA EN CASA DEL VECINO".

En África el equilibrio es fundamental en la vida, todo debe estar en

armonía, la paz debe reinar en el interior de cada uno, pero también en las relaciones con los demás: en el amor, en la vida familiar, en el pueblo, con los amigos... El desequilibrio es fuente de problemas, de angustias, de tristeza, de desesperanza y de muerte. Es por esto que en África al "otro" se le aprecia no por sus posesiones o por su dinero, si no por su amistad y fidelidad. Todos formamos parte de la misma comunidad, todos somos hermanos, y de ahí que la única relación posible con el hermano sea la confianza y el respeto. "MÀS VALE PERDER TODOS LOS BIENES QUE LA AMISTAD CON NUESTROS

HERMANOS."

Para muchos africanos el equilibrio hay que mantenerlo con todo lo que nos rodea, pero también hay que mantenerlo con Dios y con los antepasados... Pero ése es otro tema del que hablaremos otro día.