DEFECTO DE FÁBRICA
No es imprudente reconocer en nuestro fracaso nuestra esencia más íntima. Quizás no esté programado para la vida. La reencarnación saltó un paso, en vez de planta me hizo persona y por un error divino lloro cada noche, por mi esterilidad manifiesta, por mi valía extinguida, sin saber que yo no tenía que ser lo que en realidad soy y que el fallo es de origen, defecto de fábrica. La culpabilidad en este caso no tiene cabida, no se puede representar una buena obra sin guión, ni jugar una partida sin cartas, sólo queda reconocerlo y asumirlo con humildad y con prudencia, sobre todo con mucha prudencia





