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	<title>Palabras arrebujadas</title>
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	<modified>2008-11-09T12:22:51+00:00</modified>
	
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		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/11/09/inerme-ante-tus-pies-me-encuentro-</id>
		<title>Inerme ante tus pies me encuentro,</title>
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		<issued>2008-11-09T12:22:51+00:00</issued>
		<updated>2008-11-09T12:22:52+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Inerme ante tus pies me encuentro,
cabalgando sobre la montura de la sumisión,
con el rostro escabullido
hacia los secretos de la tierra;
los hombros encogidos
y la mirada gacha,
esperando el momento
en que tus suaves labios decidan besarme
para alzarme con pasión de enamorado
y rozar el firmamento,
antes de caer de nuevo
sojuzgado por el peso de tu volición.

		</content>
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		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/11/05/la-relatividad-del-tiempo</id>
		<title>La relatividad del tiempo</title>
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		<issued>2008-11-05T09:01:37+00:00</issued>
		<updated>2008-11-08T12:56:08+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Sé que el tiempo es relativo, así lo dejó dicho Einstein, uno de los cerebros más grandes de la humanidad (o almenos cabeza tenía para albergarlo); pero por más relativo que sea, no implica que se pueda dilatar, ampliar, expandir, o como quiera llamársele a hacer que aumenten sus horas. Y eso es precisamente lo que me faltan, horas:

- Me faltan horas de sueño, siento cada vez que me levanto a regañadientes por las mañanas.

- Me faltan horas de trabajo, cada vez que llega un encargo de los de &quot;para ayer&quot;.

- Me faltan horas para hacer la digestión, si es que quiero llegar a mi hora en  la jornada verpertina.

- Me faltan horas de ocio y esparcimiento, para poder leer, escribir y comentar (entre otras cosas) las páginas de este Libro de Arena.

- Me faltan horas en el día siquiera para pestañear, y aunque sé que no las puedo aumentar, intento engañarme robándoselas a la noche; por lo que al final, me vuelven a faltar horas de sueño... y vuelta a empezar.

Qué lástima que el espacio no lo sea también, para poder decir que sigo aquí aunque esté en otra parte...
		</content>
	</entry>
	
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		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/11/02/el-frio-ser-fria-sangre</id>
		<title>El frío ser de fría sangre </title>
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		<issued>2008-11-02T16:39:12+00:00</issued>
		<updated>2008-11-02T19:40:46+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
El frío ser de fría sangre 
templa sus dones al sol 
sobre un altar de piedra, 
irguiendo su ancestral cabeza, 
principio de toda creación, 
para recibir su dosis diaria de vida.
Refulgente pavonea su traje esmeralda, 
en constante señal de duelo perpetuo 
sobre las fuerzas primigenias 
que encierran un principio de aversión: 
la del caminante sentado 
al borde de un sendero.

		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/10/18/una-ventana-entreabierta</id>
		<title>una ventana entreabierta</title>
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		<issued>2008-10-18T21:18:00+00:00</issued>
		<updated>2008-11-04T14:28:59+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Al entrar en la habitación, vio la ventana entreabierta. Le resultó extraño, pues nunca dejaba la ventana entreabierta en esta época del año, donde las primeras heladas llegaban furtivas, escarchándoles por sorpresa sus ya delicados huesos. 

De pronto notó una ausencia. No la vio, sino que la sintió, como cuando en un golpe de vista captas que hay algo diferente, pero que no sabes decir qué es hasta que no te paras a mirar con detenimiento, analizando cada rincón, o alguien te lo advierte. Así, del mismo modo, revisó, palmo a palmo, cada loseta del suelo, cada cuadro y fotografía que colgaba de las paredes, cada estante del armario y cada cajón de la cómoda, removiendo sus contenidos; miró el tablero de la mesita de noche y hasta miró a través del espejo circular, para ver si una nueva perspectiva le aclaraba algo. Pero todo parecía estar en orden, encontrarse en su sitio, tal y como llevaban allí desde los últimos veinte años. 

Entonces reparó en la desnuda cama que se encontraba a su lado y comprendió; lo comprendió todo. Era su maltrecho cuerpo, el que le había tenido apotronada en esa misma cama, lo que había echado en falta, y esa ventana entreabierta le decía que ya era libre.
		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/10/17/siglos-y-siglos-espera-</id>
		<title>Siglos y siglos de espera.</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/10/17/siglos-y-siglos-espera-" />
		<issued>2008-10-17T22:27:31+00:00</issued>
		<updated>2008-11-04T14:25:39+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Siglos y siglos de espera.
Me siento cansado y triste.
Llevo solo tanto tiempo,
que ya no sé hablar.
Pero sigo esperando.
Días y noches pasan,
como pájaros sobre mí;
no sé cuántos van ya,
porque me aburrí de contarlos.
Pero yo sigo esperando.
La risa y el llanto se esfumaron,
la alegría y el dolor
ya no los siento,
la soledad me los arrebató.
Y, aún así, sigo esperando.

		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/10/15/en-paredes-mi-habitacion</id>
		<title>en las paredes de mi habitación</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/10/15/en-paredes-mi-habitacion" />
		<issued>2008-10-15T19:58:04+00:00</issued>
		<updated>2008-10-15T23:25:35+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
La sala iluminada por la tenue luz 
de una callejera farola, 
muestra cada uno de los recuerdos atesorados 
en sus pálidas paredes.
Rostros silenciosos observan 
desde su pasional quietud, 
con impávidos ojos y sonrisa petrificada, 
los oscuros secretos de inescrutables palabras 
referidas en susurrante tono.
En ella guardo, como si de oro se tratara, 
singulares objetos que adornan los suspiros 
de unas vidas pasadas que envejecieron a su lado.
A la izquierda, 
junto a la ventana que sirve de ojos 
a mi innata curiosidad, 
se halla mi escritorio, 
donde reposan mis papeles y mi pluma, 
en espera de la mordaz palabra 
que mancille el inmaculado blanco de la hoja.
Exhausto por el peso 
de las horas acumuladas sobre mis plateadas sienes, 
busco el calor del hogar, 
donde la mecedora me arrulla con su monótono canto, 
dejando caer sobre mí los pesados brazos del sueño, 
que me llevan a recordar los tesoros acumulados 
en las paredes de mi habitación.
		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/10/12/poema-visual-iv-3</id>
		<title>POEMA VISUAL IV</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/10/12/poema-visual-iv-3" />
		<issued>2008-10-12T16:16:25+00:00</issued>
		<updated>2008-10-17T20:25:45+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/emmanuel/poema_visual_4LDA.jpg&quot; width=&quot;450&quot; height=&quot;297&quot; class=&quot;imgcen&quot; /&gt;

Nostalgia de las tardes lluviosas que inundaban el otoño,
 de las esquinas desprotegidas del abrigo de los vientos,
                               de las horas que pasaba junto a ti,
        cuando todo era distinto y jugábamos a ser mayor.
           Nostalgia de las reuniones a la luz de una farola,
                  de las charlas bajo el poyete de tu ventana,
                                  de los juegos en un verde jardín,
                donde correteábamos persiguiendo un sueño.
                                                           Nostalgia de ti,
                    de la inmortal luz que brillaba en mis ojos.

		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/10/10/disculpas</id>
		<title>DISCULPAS</title>
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		<issued>2008-10-10T19:03:42+00:00</issued>
		<updated>2008-10-10T21:05:03+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Aunque lleguen un poco tarde, quiero pedir disculpas a todos a los que leo y a los que me leen. Estos últimos días han sido un auténtico desastre (cuando no han sido las oleadas de trabajos urgentes que se han comido hasta mis horas de desacanso, han sido los problemas de acceso a LDA), que no me han permitido prestarle demasiada atención y volcarme lo necesario en estas páginas. Como consecuencia de ello me encuentro con abundantes lecturas atrasadas y escaso material posteado. 

Mi intención es irme poniendo al día poco a poco en las lecturas y empezar a postear nuevamente, aunque quizás no tan a menudo como hasta ahora.

También quiero dejar claro que, a pesar de que no deje comentarios, os voy a leer A TODOS.
		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/10/06/poema-visual-iii</id>
		<title>Frágil, así eres;</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/10/06/poema-visual-iii" />
		<issued>2008-10-06T19:47:55+00:00</issued>
		<updated>2008-10-07T08:19:47+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Frágil, así eres;
frágil y perecedera;
como una rosa que se marchita;
como una figurilla de porcelana
mantenida en precario equilibrio;
o como el cristal del vaso
en el que ahogo mis penas,
apenas sujeto por mi ebria mano.

		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/24/poema-visual-ii</id>
		<title>POEMA VISUAL II</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/24/poema-visual-ii" />
		<issued>2008-09-24T20:35:39+00:00</issued>
		<updated>2008-10-06T19:46:12+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/emmanuel/poema_visual_2LDA.jpg&quot; width=&quot;450&quot; height=&quot;406&quot; class=&quot;imgcen&quot; /&gt;

Roe el reloj las horas,
cerrando, a cada golpe de aguja,
un monótono deambular de ausencias.
		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/22/te-conoci-</id>
		<title>Te conocí,</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/22/te-conoci-" />
		<issued>2008-09-22T19:40:20+00:00</issued>
		<updated>2008-09-26T17:39:57+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Te conocí,
como un hombre conoce a una mujer;
en el sentido bíblico,
ése en el que se conocen
el varón y la hembra.
Y aún hoy te reconocería,
entre toda una multitud
de miríadas de personas,
sobre el vaivén de agolpados transeúntes,
en los ecos que retumban
en mis entrañas de saldo.
Te reconocería sin más,
desde la distancia de convenios colectivos,
porque fue como una presentación
de esas en las que se dice:
“encantada de conocerte”;
o como el conocimiento
que tienen de sí los desposados.

		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/21/poema-visual</id>
		<title>POEMA VISUAL</title>
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		<issued>2008-09-21T11:48:22+00:00</issued>
		<updated>2008-09-21T11:54:25+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Para FHH: algo así es lo que yo interpreté que era un poema visual, de ahí mi comentario.
&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/emmanuel/poema_visual_1LDA.jpg&quot; width=&quot;450&quot; height=&quot;301&quot; class=&quot;imgizqda&quot; /&gt;

Áurea mujer me quema
con su mirar.
Sangre que hierve,
burbujeante entre mis venas.
Centelleo abrasador
de una pupila rojiza.
No creo que pueda
aguantar más la espera.
Sonríeme de nuevo
y cúbreme con tu aroma
		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/20/la-tierra-extiende-sus-miles-brazos</id>
		<title>La tierra extiende sus miles de brazos </title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/20/la-tierra-extiende-sus-miles-brazos" />
		<issued>2008-09-20T12:12:29+00:00</issued>
		<updated>2008-09-21T23:37:48+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
La tierra extiende sus miles de brazos 
intentando alcanzar  
el etéreo soplo de aire divino.
Y saludando al áureo sol
estremece sus miembros
en un acompasado vaivén
de ramas y hojas.
He oído sus canciones,
entonando susurros de alabanzas
por la bienvenida de un nuevo día.
Y he visto cerrar sus ojos
como recibimiento
a la eterna noche de inmortal luna.
La tierra señala con sus miles de brazos
al eterno azul inalcanzable,
buscando el calor que desentumezca
sus invernales miembros.

		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/18/ayer-sone-contigo-</id>
		<title>Ayer soñé contigo,</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/18/ayer-sone-contigo-" />
		<issued>2008-09-18T18:49:36+00:00</issued>
		<updated>2008-09-19T08:10:35+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Ayer soñé contigo, estabas tendida en el porche, con la mirada perdida en las nubes. Yo te miré, estabas preciosa, realmente preciosa.

La brisa movía tu pelo, dorado, como el sol de la tarde. Tú sonreías, con tu mano sobre la mejilla, y contabas las flores.

Una, dos, tres, cuatro...

Yo me enamoré de ti, estabas tan cerca, y tan lejos. Dios mío, tan lejos.

Los pájaros se posaban a tu vera, y te saludaban con su canto. La más bella. La más hermosa.

Tus ojos resplandecían como dos verdes luceros que se hubieran caído del cielo. Y por un momento fueron míos, un fugaz momento.

Luego volviste la vista hacia el horizonte. Allí, a lo lejos, el cielo oscurecía bajo una negra nube.

Entonces te toqué. Te toqué y todo se acabó.

Tu recuerdo se rompió, y me vi, de pie, ante la más inmensa nada, nada...

Me miré las manos desnudas, nada...

Y a mi alrededor, nada...

Y me desperté, y tú ya no estabas. Y obtuve lo que siempre tuve, nada...

		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/17/el-tren-largo-recorrido-</id>
		<title>El tren de largo recorrido,</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/17/el-tren-largo-recorrido-" />
		<issued>2008-09-17T18:28:03+00:00</issued>
		<updated>2008-09-18T08:27:47+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
El tren de largo recorrido,
captura al vuelo el brillo
de un atardecer
sobre un techo enlatado.
La luz imprime el fotograma
de un cielo nublado
sobre la retina de una ventana,
dejando al alcance de la mano
la grandiosidad de la benevolencia
de un padre creador.
La tarde bosteza
bajo las chirriantes pisadas
de un camino de hierro,
realzando la belleza
de un horizonte cobrizo.
Y la tranquilidad llega
a la acurrucada figura de un alma
sobre el mullido sillón
de una estancia pasajera.

		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/11/ardo-retozar-tus-humedales-</id>
		<title>Ardo por retozar en tus humedales,</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/11/ardo-retozar-tus-humedales-" />
		<issued>2008-09-11T16:58:59+00:00</issued>
		<updated>2008-09-16T13:52:48+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Ardo por retozar en tus humedales,
por emprender en tu senda 
el camino de ida y vuelta.
Ansío calmar la sed
en tu manantial de agua clara
y zambullirme para refrescar mi piel
mientras se deslizan, suave,
sus gotas hasta mi cintura.
Avaricio la esencia de la savia
de tu tierra y los frutos
madurados al terso sol.
Anhelo recorrer tu continente
de un extremo al otro,
y dibujar con mis dedos
los sinuosos contornos
de tu más detallada cartografía.

		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/06/gustabas-no-apartar-piedras-tu-camino-</id>
		<title>Gustabas de no apartar las piedras de tu camino,</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/06/gustabas-no-apartar-piedras-tu-camino-" />
		<issued>2008-09-06T12:38:52+00:00</issued>
		<updated>2008-09-09T19:15:34+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Gustabas de no apartar
las piedras de tu camino,
de tropezar una a una con todas,
de guardarlas como recuerdo.
Te divertías viéndolas asomar
por el horizonte,
sabiendo que estaban allí
y que tarde o temprano
te encontrarías con ellas.
Pero ahora tienes los bolsillos llenos,
y su peso no te deja caminar,
se nota en tu paso, torpe y cansado,
y en las ojeras de tus botas.

		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/05/creciente-torbellino-asciende-imparable-</id>
		<title>Creciente torbellino que asciende, imparable, </title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/05/creciente-torbellino-asciende-imparable-" />
		<issued>2008-09-05T16:38:00+00:00</issued>
		<updated>2008-09-06T19:04:47+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Creciente torbellino que asciende, imparable, 
entre el mundo de la ilusión
y la inoportuna realidad;
deshojando desventuradas ensoñaciones,
dejando tras de sí, arremolinado,
mi cuerpo cubierto de desnudez.
¡Cuán crueles fueron tus actos para conmigo!
Yo que todo te lo di, sin miramientos,
con desprendida abnegación.
¡Y qué vacío me dejaste!
Tú, que inundabas mis rincones.

		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/02/prologo-la-argolla-hierro</id>
		<title>Prólogo a La Argolla de Hierro</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/02/prologo-la-argolla-hierro" />
		<issued>2008-09-02T23:04:47+00:00</issued>
		<updated>2008-09-04T17:06:45+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Repasando el cuento La Argolla de Hierro, para ver como quedaba con el consejo aportado por El Mapache (gracias de nuevo), me ha parecido que quizás resulte un poco difícil de entender. Por ello he decidido transcribir, en forma de cuento, la idea que tuve a partir de la cual desarrollé La Argolla de Hierro; esperando de este modo que resulte más clara su comprensión.

EL ARADO

Temiendo por su vida, Loki, que había sido capturado por el gigante Moldófrjór, prometió darle en pago por ella lo que quisiera. Moldófrjór, cuyos innumerables campos no daban frutos, accedió a liberarlo a cambio de que le trajera a alguien capaz de hacerlos germinar. Loki, queriendo poner a salvo su cabeza, acordó traerle al más noble de los varones; y así, se dirigió nuevamente al Asgard, saliendo al encuentro de Odin.

	Con sus malas artes, se valió para hacerle creer que había encontrado unas tierras extraordinarias, donde toda semilla que se sembraba crecía instantáneamente y con más vigor que las plantadas en otras tierras, y que quizás sería bueno utilizarlas para plantar allí las manzanas que cuidaba Idún, con las que alejaba la vejez a los dioses.

	Odin, abiertamente interesado, pidió a Loki que lo guiara hasta ellas para verlo personalmente, y así lo hizo éste, llevándolo hasta los campos del gigante. Una vez allí, Odin se sorprendió al ver los campos vacíos de todo cultivo, pero Loki, recurriendo nuevamente a sus artimañas, le restó importancia lanzando la suposición de que habrían recogido la cosecha. Entonces le instó a Odin a realizar una prueba, pero que ya que estaban, quizás sería conveniente sembrar un campo entero, y así, cuando quedara satisfecho con el resultado, tendrían el trabajo adelantado.

	Conforme, Odin miró a su alrededor, encontrando, de manera oportuna, un arado uncido a dos rojizos bueyes. Encaminándose hacia él, lo cogió y comenzó a arar la tierra, tras lo cual procedió a echar las semillas en los abiertos surcos. Concluida la tarea, permaneció expectante, mas nada ocurrió. El campo seguía tan yermo como antes, y ningún brote parecía despuntar.

	Atónito, Odin se giró hacia Loki, en busca de una explicación, pero éste se había deslizado furtivamente de su lado, y ahora corría campo a través con todas sus fuerzas. Sospechando que había caído en una de sus trampas, Odin persiguió a Loki, y cuando llegó a la linde, sus pies se detuvieron y no fueron capaces de traspasarla.

	En ese momento apareció, de detrás de unos matorrales, el gigante Moldófrjór, que riéndose a grandes carcajadas se mofó de Odin.

-Parece que has perdido un amigo–le dijo -, y que yo he encontrado mi esclavo; pues sobre ti ha caído un hechizo que te ata a esta tierra y a mi servidumbre.

	Odin, enfurecido cogió el arado para golpear al gigante. Tenía las manos ya levantadas para asestar el golpe, cuando se les detuvieron en el aire, incapaces de continuar. Y al mirar hacia arriba para ver qué le detenía, su ojo se posó en la mancera, donde grabado en caracteres rúnico podía leerse: &quot;Pertenezco al Señor de estas tierras&quot;.

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		<title>LA ARGOLLA DE HIERRO (y II)</title>
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A pesar de que jamás había martilleado un yunque, siempre le había llamado la atención la fragua, y embobado contemplaba durante horas el repiqueteo del herrero cada vez que iban al pueblo. Así que, ni corto ni perezoso, el muchacho se ofreció a hacerla él mismo.

-Yo tampoco lo he hecho nunca, pero he visto hacerlo muchas veces. Lo intentaré –dijo, y se puso manos a la obra.

	Y como si de un oficio que hubiera aprendido durante largos años se tratara, manejaba las herramientas con gran maestría. El calor y el esfuerzo apareció en su piel, en forma de gotitas de sudor que le bañaron el cuerpo, mientras el anciano lo miraba atento sentado en una esquina. Al cabo de un rato, el muchacho sumergió las pinzas en un barril rebosante de agua, sacando de él una perfecta telera. El anciano se levantó de un salto y dirigiéndose hacia el muchacho tomó la pieza de hierro entre sus manos y, observándola con detalle un momento, se la devolvió dándole la enhorabuena.

	El joven, complacido, se encaminó al arado, sustituyendo la pieza rota por la recién forjada. Una vez ensamblada se dirigió al anciano y le dijo:

-Ahora que ya está arreglado el arado, podrás continuar tu labor y evitar así el castigo sobre tus espaldas.

	Pero el anciano, encorvándose, le respondió con voz lastimera:

-Si fuera más joven, tiempo ha que habría acabado de arar estos campos; pero la edad ha aprisionado mis huesos, y mi fuerza ha menguado, y muchos son los campos que se extienden por la hacienda de mi señor y dura la tierra que los inunda –y soltó un quejumbroso suspiro.

	El muchacho sintió compasión, y no pudo menos que brindarse a realizar el trabajo por él. Tras uncir los bueyes, emprendió la tortuosa labor. Tortuosa pues aún sabiendo lo duro que era el trabajo, nunca había imaginado que tuviera que pasar tantas penalidades: los bueyes casi le arrastraban, tan fuerte tiraban; el arado se hundía en la tierra casi hasta la mancera, como si quisiera partirla, por lo que constantemente tenía que tirar de él para levantarlo; y la tierra que removía le llegaba tan alto que apenas podía caminar sin que quedaran sus piernas aprisionadas, haciéndole perder el equilibrio.

	Cuando el sol, en su descenso, había empezado a tornarse anaranjado, el muchacho, exhausto, se detuvo, sabedor de haber concluido la labor. Soltando el arado a un lado, estiró sus miembros y pasó su mano sobre su frente para enjugarse el sudor y, al girarse para buscar con la mirada al anciano, contempló algo sorprendente: un profundo acantilado se había formado por donde había pasado con el arado, separando una vasta porción de tierra –sobre la que se hallaba de pie- del resto.

	El corazón le dio un vuelco cuando sintió una mano que le aprisionaba el hombro, pero al tornar el rostro descubrió que se trataba del anciano. Éste le miraba jubiloso –casi burlón, le pareció-, con una gran sonrisa en los labios de oreja a oreja, mientras asentía con la cabeza.

-Lo has hecho bien –le dijo la muchacho, contemplando aún el precipicio que se extendía alrededor de ellos -. Ahora que estas tierras han quedado escindidas, quizás deberías reclamar su propiedad y tomar posesión de ellas... –y tras tomar una ligera inclinación de cabeza como una afirmación, continuó diciendo –Entonces, me parece que aceptaré tu proposición.

El muchacho, contrariado, levantó los ojos hacia el anciano, en el instante justo para ver, estupefacto, cómo éste se alzaba por las alturas hacia el cielo; dejando tras de sí, los ecos de una sonora carcajada.

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