<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?>
<?xml-stylesheet href="http://www.librodearena.com/stylesheets/atom.css" type="text/css"?>
<feed version="0.3" 
xmlns="http://purl.org/atom/ns#"
xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
>
	<title>Palabras arrebujadas</title>
	<tagline type="text/html" mode="escaped"></tagline>
	<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/emmanuel"/>
	
	<modified>2008-10-10T19:03:42+00:00</modified>
	
	<info type="application/xhtml+xml" mode="xml">
		<div xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml">
			This is an Atom syndication feed. It is intended to be viewed in a news aggregator or syndicated to another site.  Please visit the <a href="http://intertwingly.net/wiki/pie/">Atom Project</a> for more information.
		</div>
	</info>	
	
	<generator url="http://www.the-shaker.com" version="v0.1">the-shaker: that blog/flickr/multimedia-aggregator kind of thing</generator>
			<logo>http://www.librodearena.com/myfiles/emmanuel/miniyo.jpg</logo>	
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/10/10/disculpas</id>
		<title>DISCULPAS</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/10/10/disculpas" />
		<issued>2008-10-10T19:03:42+00:00</issued>
		<updated>2008-10-10T19:03:43+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Aunque lleguen un poco tarde, quiero pedir disculpas a todos a los que leo y a los que me leen. Estos últimos días han sido un auténtico desastre (cuando no han sido las oleadas de trabajos urgentes que se han comido hasta mis horas de desacanso, han sido los problemas de acceso a LDA), que no me han permitido prestarle demasiada atención y volcarme lo necesario en estas páginas. Como consecuencia de ello me encuentro con abundantes lecturas atrasadas y escaso material posteado. 

Mi intención es irme poniendo al día poco a poco en las lecturas y empezar a postear nuevamente, aunque quizás no tan a menudo como hasta ahora.

También quiero dejar claro que, a pesar de que no deje comentarios, os voy a leer A TODOS.
		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/10/06/poema-visual-iii</id>
		<title>Frágil, así eres;</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/10/06/poema-visual-iii" />
		<issued>2008-10-06T19:47:55+00:00</issued>
		<updated>2008-10-07T08:19:47+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Frágil, así eres;
frágil y perecedera;
como una rosa que se marchita;
como una figurilla de porcelana
mantenida en precario equilibrio;
o como el cristal del vaso
en el que ahogo mis penas,
apenas sujeto por mi ebria mano.

		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/24/poema-visual-ii</id>
		<title>POEMA VISUAL II</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/24/poema-visual-ii" />
		<issued>2008-09-24T20:35:39+00:00</issued>
		<updated>2008-10-06T19:46:12+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/emmanuel/poema_visual_2LDA.jpg&quot; width=&quot;450&quot; height=&quot;406&quot; class=&quot;imgcen&quot; /&gt;

Roe el reloj las horas,
cerrando, a cada golpe de aguja,
un monótono deambular de ausencias.
		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/22/te-conoci-</id>
		<title>Te conocí,</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/22/te-conoci-" />
		<issued>2008-09-22T19:40:20+00:00</issued>
		<updated>2008-09-26T17:39:57+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Te conocí,
como un hombre conoce a una mujer;
en el sentido bíblico,
ése en el que se conocen
el varón y la hembra.
Y aún hoy te reconocería,
entre toda una multitud
de miríadas de personas,
sobre el vaivén de agolpados transeúntes,
en los ecos que retumban
en mis entrañas de saldo.
Te reconocería sin más,
desde la distancia de convenios colectivos,
porque fue como una presentación
de esas en las que se dice:
“encantada de conocerte”;
o como el conocimiento
que tienen de sí los desposados.

		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/21/poema-visual</id>
		<title>POEMA VISUAL</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/21/poema-visual" />
		<issued>2008-09-21T11:48:22+00:00</issued>
		<updated>2008-09-21T11:54:25+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Para FHH: algo así es lo que yo interpreté que era un poema visual, de ahí mi comentario.
&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/emmanuel/poema_visual_1LDA.jpg&quot; width=&quot;450&quot; height=&quot;301&quot; class=&quot;imgizqda&quot; /&gt;

Áurea mujer me quema
con su mirar.
Sangre que hierve,
burbujeante entre mis venas.
Centelleo abrasador
de una pupila rojiza.
No creo que pueda
aguantar más la espera.
Sonríeme de nuevo
y cúbreme con tu aroma
		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/20/la-tierra-extiende-sus-miles-brazos</id>
		<title>La tierra extiende sus miles de brazos </title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/20/la-tierra-extiende-sus-miles-brazos" />
		<issued>2008-09-20T12:12:29+00:00</issued>
		<updated>2008-09-21T23:37:48+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
La tierra extiende sus miles de brazos 
intentando alcanzar  
el etéreo soplo de aire divino.
Y saludando al áureo sol
estremece sus miembros
en un acompasado vaivén
de ramas y hojas.
He oído sus canciones,
entonando susurros de alabanzas
por la bienvenida de un nuevo día.
Y he visto cerrar sus ojos
como recibimiento
a la eterna noche de inmortal luna.
La tierra señala con sus miles de brazos
al eterno azul inalcanzable,
buscando el calor que desentumezca
sus invernales miembros.

		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/18/ayer-sone-contigo-</id>
		<title>Ayer soñé contigo,</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/18/ayer-sone-contigo-" />
		<issued>2008-09-18T18:49:36+00:00</issued>
		<updated>2008-09-19T08:10:35+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Ayer soñé contigo, estabas tendida en el porche, con la mirada perdida en las nubes. Yo te miré, estabas preciosa, realmente preciosa.

La brisa movía tu pelo, dorado, como el sol de la tarde. Tú sonreías, con tu mano sobre la mejilla, y contabas las flores.

Una, dos, tres, cuatro...

Yo me enamoré de ti, estabas tan cerca, y tan lejos. Dios mío, tan lejos.

Los pájaros se posaban a tu vera, y te saludaban con su canto. La más bella. La más hermosa.

Tus ojos resplandecían como dos verdes luceros que se hubieran caído del cielo. Y por un momento fueron míos, un fugaz momento.

Luego volviste la vista hacia el horizonte. Allí, a lo lejos, el cielo oscurecía bajo una negra nube.

Entonces te toqué. Te toqué y todo se acabó.

Tu recuerdo se rompió, y me vi, de pie, ante la más inmensa nada, nada...

Me miré las manos desnudas, nada...

Y a mi alrededor, nada...

Y me desperté, y tú ya no estabas. Y obtuve lo que siempre tuve, nada...

		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/17/el-tren-largo-recorrido-</id>
		<title>El tren de largo recorrido,</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/17/el-tren-largo-recorrido-" />
		<issued>2008-09-17T18:28:03+00:00</issued>
		<updated>2008-09-18T08:27:47+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
El tren de largo recorrido,
captura al vuelo el brillo
de un atardecer
sobre un techo enlatado.
La luz imprime el fotograma
de un cielo nublado
sobre la retina de una ventana,
dejando al alcance de la mano
la grandiosidad de la benevolencia
de un padre creador.
La tarde bosteza
bajo las chirriantes pisadas
de un camino de hierro,
realzando la belleza
de un horizonte cobrizo.
Y la tranquilidad llega
a la acurrucada figura de un alma
sobre el mullido sillón
de una estancia pasajera.

		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/16/mi-casa-es-prision-mi-alma-vagabunda-</id>
		<title>Mi casa es la prisión de mi alma vagabunda.</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/16/mi-casa-es-prision-mi-alma-vagabunda-" />
		<issued>2008-09-16T22:00:22+00:00</issued>
		<updated>2008-09-17T08:51:12+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Mi casa es la prisión de mi alma vagabunda.
Mis carceleros son sus pobladores,
mi creador y su sangre.
Ellos afligen mi corazón y lo encierran
en la más profunda agonía.
Las cadenas que me aprisionan
se extienden más allá de las paredes
y el consuelo de la libertad no es más
que otro grillete sujeto a mi cuello.
Busqué la felicidad
bajo mi forzado disfraz de esclavo,
pero no encontré más
que la destrucción del Yo.
Y ahora Yo me destruyo,
verdugo de mi cuerpo material,
que me ata a los deseos más enfermizos.
El dolor.
Mas esto no será el fin,
sino el principio.
El principio de mi alba crepuscular.
Ya nada me atará a vosotros,
inmortales seres vengativos.
Los que me odian me amarán
y añadirán palabras a mi epitafio.
Porque no pude esperar a la Muerte
y salí a su encuentro.


P.D.: Que nadie se asuste, es SÓLO poesía, de una época romántica que tuve

		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/11/ardo-retozar-tus-humedales-</id>
		<title>Ardo por retozar en tus humedales,</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/11/ardo-retozar-tus-humedales-" />
		<issued>2008-09-11T16:58:59+00:00</issued>
		<updated>2008-09-16T13:52:48+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Ardo por retozar en tus humedales,
por emprender en tu senda 
el camino de ida y vuelta.
Ansío calmar la sed
en tu manantial de agua clara
y zambullirme para refrescar mi piel
mientras se deslizan, suave,
sus gotas hasta mi cintura.
Avaricio la esencia de la savia
de tu tierra y los frutos
madurados al terso sol.
Anhelo recorrer tu continente
de un extremo al otro,
y dibujar con mis dedos
los sinuosos contornos
de tu más detallada cartografía.

		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/06/gustabas-no-apartar-piedras-tu-camino-</id>
		<title>Gustabas de no apartar las piedras de tu camino,</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/06/gustabas-no-apartar-piedras-tu-camino-" />
		<issued>2008-09-06T12:38:52+00:00</issued>
		<updated>2008-09-09T19:15:34+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Gustabas de no apartar
las piedras de tu camino,
de tropezar una a una con todas,
de guardarlas como recuerdo.
Te divertías viéndolas asomar
por el horizonte,
sabiendo que estaban allí
y que tarde o temprano
te encontrarías con ellas.
Pero ahora tienes los bolsillos llenos,
y su peso no te deja caminar,
se nota en tu paso, torpe y cansado,
y en las ojeras de tus botas.

		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/05/creciente-torbellino-asciende-imparable-</id>
		<title>Creciente torbellino que asciende, imparable, </title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/05/creciente-torbellino-asciende-imparable-" />
		<issued>2008-09-05T16:38:00+00:00</issued>
		<updated>2008-09-06T19:04:47+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Creciente torbellino que asciende, imparable, 
entre el mundo de la ilusión
y la inoportuna realidad;
deshojando desventuradas ensoñaciones,
dejando tras de sí, arremolinado,
mi cuerpo cubierto de desnudez.
¡Cuán crueles fueron tus actos para conmigo!
Yo que todo te lo di, sin miramientos,
con desprendida abnegación.
¡Y qué vacío me dejaste!
Tú, que inundabas mis rincones.

		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/02/prologo-la-argolla-hierro</id>
		<title>Prólogo a La Argolla de Hierro</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/09/02/prologo-la-argolla-hierro" />
		<issued>2008-09-02T23:04:47+00:00</issued>
		<updated>2008-09-04T17:06:45+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Repasando el cuento La Argolla de Hierro, para ver como quedaba con el consejo aportado por El Mapache (gracias de nuevo), me ha parecido que quizás resulte un poco difícil de entender. Por ello he decidido transcribir, en forma de cuento, la idea que tuve a partir de la cual desarrollé La Argolla de Hierro; esperando de este modo que resulte más clara su comprensión.

EL ARADO

Temiendo por su vida, Loki, que había sido capturado por el gigante Moldófrjór, prometió darle en pago por ella lo que quisiera. Moldófrjór, cuyos innumerables campos no daban frutos, accedió a liberarlo a cambio de que le trajera a alguien capaz de hacerlos germinar. Loki, queriendo poner a salvo su cabeza, acordó traerle al más noble de los varones; y así, se dirigió nuevamente al Asgard, saliendo al encuentro de Odin.

	Con sus malas artes, se valió para hacerle creer que había encontrado unas tierras extraordinarias, donde toda semilla que se sembraba crecía instantáneamente y con más vigor que las plantadas en otras tierras, y que quizás sería bueno utilizarlas para plantar allí las manzanas que cuidaba Idún, con las que alejaba la vejez a los dioses.

	Odin, abiertamente interesado, pidió a Loki que lo guiara hasta ellas para verlo personalmente, y así lo hizo éste, llevándolo hasta los campos del gigante. Una vez allí, Odin se sorprendió al ver los campos vacíos de todo cultivo, pero Loki, recurriendo nuevamente a sus artimañas, le restó importancia lanzando la suposición de que habrían recogido la cosecha. Entonces le instó a Odin a realizar una prueba, pero que ya que estaban, quizás sería conveniente sembrar un campo entero, y así, cuando quedara satisfecho con el resultado, tendrían el trabajo adelantado.

	Conforme, Odin miró a su alrededor, encontrando, de manera oportuna, un arado uncido a dos rojizos bueyes. Encaminándose hacia él, lo cogió y comenzó a arar la tierra, tras lo cual procedió a echar las semillas en los abiertos surcos. Concluida la tarea, permaneció expectante, mas nada ocurrió. El campo seguía tan yermo como antes, y ningún brote parecía despuntar.

	Atónito, Odin se giró hacia Loki, en busca de una explicación, pero éste se había deslizado furtivamente de su lado, y ahora corría campo a través con todas sus fuerzas. Sospechando que había caído en una de sus trampas, Odin persiguió a Loki, y cuando llegó a la linde, sus pies se detuvieron y no fueron capaces de traspasarla.

	En ese momento apareció, de detrás de unos matorrales, el gigante Moldófrjór, que riéndose a grandes carcajadas se mofó de Odin.

-Parece que has perdido un amigo–le dijo -, y que yo he encontrado mi esclavo; pues sobre ti ha caído un hechizo que te ata a esta tierra y a mi servidumbre.

	Odin, enfurecido cogió el arado para golpear al gigante. Tenía las manos ya levantadas para asestar el golpe, cuando se les detuvieron en el aire, incapaces de continuar. Y al mirar hacia arriba para ver qué le detenía, su ojo se posó en la mancera, donde grabado en caracteres rúnico podía leerse: &quot;Pertenezco al Señor de estas tierras&quot;.

		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/08/30/la-argolla-hierro-y-ii-</id>
		<title>LA ARGOLLA DE HIERRO (y II)</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/08/30/la-argolla-hierro-y-ii-" />
		<issued>2008-08-30T07:56:13+00:00</issued>
		<updated>2008-08-30T12:15:35+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
A pesar de que jamás había martilleado un yunque, siempre le había llamado la atención la fragua, y embobado contemplaba durante horas el repiqueteo del herrero cada vez que iban al pueblo. Así que, ni corto ni perezoso, el muchacho se ofreció a hacerla él mismo.

-Yo tampoco lo he hecho nunca, pero he visto hacerlo muchas veces. Lo intentaré –dijo, y se puso manos a la obra.

	Y como si de un oficio que hubiera aprendido durante largos años se tratara, manejaba las herramientas con gran maestría. El calor y el esfuerzo apareció en su piel, en forma de gotitas de sudor que le bañaron el cuerpo, mientras el anciano lo miraba atento sentado en una esquina. Al cabo de un rato, el muchacho sumergió las pinzas en un barril rebosante de agua, sacando de él una perfecta telera. El anciano se levantó de un salto y dirigiéndose hacia el muchacho tomó la pieza de hierro entre sus manos y, observándola con detalle un momento, se la devolvió dándole la enhorabuena.

	El joven, complacido, se encaminó al arado, sustituyendo la pieza rota por la recién forjada. Una vez ensamblada se dirigió al anciano y le dijo:

-Ahora que ya está arreglado el arado, podrás continuar tu labor y evitar así el castigo sobre tus espaldas.

	Pero el anciano, encorvándose, le respondió con voz lastimera:

-Si fuera más joven, tiempo ha que habría acabado de arar estos campos; pero la edad ha aprisionado mis huesos, y mi fuerza ha menguado, y muchos son los campos que se extienden por la hacienda de mi señor y dura la tierra que los inunda –y soltó un quejumbroso suspiro.

	El muchacho sintió compasión, y no pudo menos que brindarse a realizar el trabajo por él. Tras uncir los bueyes, emprendió la tortuosa labor. Tortuosa pues aún sabiendo lo duro que era el trabajo, nunca había imaginado que tuviera que pasar tantas penalidades: los bueyes casi le arrastraban, tan fuerte tiraban; el arado se hundía en la tierra casi hasta la mancera, como si quisiera partirla, por lo que constantemente tenía que tirar de él para levantarlo; y la tierra que removía le llegaba tan alto que apenas podía caminar sin que quedaran sus piernas aprisionadas, haciéndole perder el equilibrio.

	Cuando el sol, en su descenso, había empezado a tornarse anaranjado, el muchacho, exhausto, se detuvo, sabedor de haber concluido la labor. Soltando el arado a un lado, estiró sus miembros y pasó su mano sobre su frente para enjugarse el sudor y, al girarse para buscar con la mirada al anciano, contempló algo sorprendente: un profundo acantilado se había formado por donde había pasado con el arado, separando una vasta porción de tierra –sobre la que se hallaba de pie- del resto.

	El corazón le dio un vuelco cuando sintió una mano que le aprisionaba el hombro, pero al tornar el rostro descubrió que se trataba del anciano. Éste le miraba jubiloso –casi burlón, le pareció-, con una gran sonrisa en los labios de oreja a oreja, mientras asentía con la cabeza.

-Lo has hecho bien –le dijo la muchacho, contemplando aún el precipicio que se extendía alrededor de ellos -. Ahora que estas tierras han quedado escindidas, quizás deberías reclamar su propiedad y tomar posesión de ellas... –y tras tomar una ligera inclinación de cabeza como una afirmación, continuó diciendo –Entonces, me parece que aceptaré tu proposición.

El muchacho, contrariado, levantó los ojos hacia el anciano, en el instante justo para ver, estupefacto, cómo éste se alzaba por las alturas hacia el cielo; dejando tras de sí, los ecos de una sonora carcajada.

		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/08/29/la-argolla-hierro</id>
		<title>LA ARGOLLA DE HIERRO (I)</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/08/29/la-argolla-hierro" />
		<issued>2008-08-29T19:17:37+00:00</issued>
		<updated>2008-08-30T12:04:23+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
        Él no era muy listo -siempre se lo había escuchado decir a su madre-; por eso, cuando le ofrecieron un brazalete, auténtica joya de orfebrería venida de tierras lejanas elaborada con metales preciosos ricamente labrados, por un precio “más que razonable”, no se extrañó que, ya de vuelta, al abrir el paño en que tan cuidadosamente se lo habían envuelto, encontrara en su lugar una rudimentaria argolla de hierro.

	No por temor, pues ya estaba más que acostumbrado al escarnio y a la afrenta de sus familiares, sino por disponer de un poco más de sosiego antes de que cayera sobre él todo el peso del reproche, alargó el camino de regreso. Huía de atajos y tomaba, por el contrario, sendas de sinuoso transitar, con miles de recodos a izquierda y derecha, que abandonaba siempre que le acercaba a su funesto destino.

	Sabía que no podía retrasarlo para siempre, que tarde o temprano -más bien tarde, pensaba- tendría que aparecer por casa; pero cada vez que tomaba la decisión de encaminarse ya por fin al hogar, algo le instaba a continuar un poquito más. Cuando quiso darse cuenta, se encontraba en la bifurcación conocida como La Encrucijada. De ella partían dos angostos caminos: uno que, girando, rodeaba el pueblo para acceder a él por su parte norte; y otro que abandonaba la comarca hacia las Tierras del Poniente. Parándose en medio contempló uno y otro, paro ya no había duda. Las posibilidades se habían agotado y supo que era la hora de volver. Sin embargo, cuando dio el primer paso, su pie se ladeó, orientándose hacia la izquierda y, como casi por inercia, el otro pie le siguió, guiando su andadura por el sendero que se alejaba.

	No tardó en llegar a las inmediaciones de una granja de amplios campos de cultivo. En medio de uno de ellos apreció las figuras rojizas de dos bueyes y la de un hombre que, arrodillado, gemía y dirigía grandes aspavientos de sus brazos hacia el cielo. Sintiendo curiosidad, se le acercó y, al llegar a su altura, vio que se trataba de un anciano de luengas barbas, cuyo rostro presentaba una horrible cicatriz que dejaba vislumbrar la vacía cuenca de un ojo. El anciano, al reparar en el muchacho, se puso inmediatamente de pie y el joven comprobó que era algo más alto que los hombres que conocía y que, a pesar de su edad, aún era fornido.

	El muchacho no se pudo contener y preguntó al anciano lo que le ocurría. En respuesta, éste le dijo que le había caído encima una desgracia y que por eso clamaba ayuda a los inmortales dioses; que se le había roto el travesaño que unía la cama al dental del arado y no tenía con qué arreglarlo; que aún le quedaba más de media finca por arar y que si no lo tenía terminado para la puesta de Sol, su señor se enfadaría y lo mandaría azotar hasta que se le llagaran las carnes.

-Cruel es el amo al que sirves, si consiente que un anciano haga solo el trabajo duro y encima le reprende por no poder culminarlo. De ser mías estas tierras, nunca te permitiría ocuparte de tareas fatigosas; por el contrario, te libraría de tus servicios, para que descansaras apacible el final de tu vida –dijo el muchacho.

El anciano quedó agradecido por sus palabras y le ofreció una profunda sonrisa. Pero le recordó que las circunstancias eran otras, y que seguiría recibiendo el castigo si no terminaba de arar los campos. El muchacho, apretando el paño que llevaba entre las manos, reparó en la argolla de hierro y se le ocurrió que podrían fundirla para hacer una telera nueva. El anciano pareció de acuerdo, aunque tuvo que reconocer que no era diestro en la forja.

		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/08/24/ocioso-</id>
		<title>Ocioso,</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/08/24/ocioso-" />
		<issued>2008-08-24T22:28:22+00:00</issued>
		<updated>2008-08-27T23:07:17+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Ocioso,
con un cigarrillo
entre mis dedos,
contemplo el mar,
bañado por la calidez
de un rojizo ocaso;
absorto en el continuo vaivén
de espumosas olas
que llenan mi alma
de un extasiado sosiego,
evocando en mi memoria
la primera vez que encaré
su vasto rostro azulado.

		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/08/18/oscura-tengo-sombra-</id>
		<title>Oscura tengo la sombra,</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/08/18/oscura-tengo-sombra-" />
		<issued>2008-08-18T23:11:10+00:00</issued>
		<updated>2008-08-23T13:29:05+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Oscura tengo la sombra,
de un negro alquitranado;
mas no se arrastra a mis pies,
sino que, poniéndose delante,
cubre toda mi figura.
Con insidiosa persistencia
se obceca en opacarme la visión,
cubriéndome los ojos con un velo
de penumbrosa densidad que oculta
la senda de mi transitar.
		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/08/11/lejos-quedaron-anos-</id>
		<title>Lejos quedaron los años,</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/08/11/lejos-quedaron-anos-" />
		<issued>2008-08-11T19:51:17+00:00</issued>
		<updated>2008-08-16T22:05:14+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Lejos quedaron los años,
perdidos atrás en el tiempo,
en los que jugabas, apacible,
en la orilla del río.
Cuando boquiabierto descubrías,
en cada recoveco o bajo cada piedra,
extraordinarios mundos plagados
de inescrutables misterios.
Aquellos años en que 
el vuelo de una mariposa
acaparaba la expectación propia
de la más de las inimaginables hazañas,
y persiguiéndola pretendías
convertirte en una de ellas,
para dejarte arrastrar por el viento
hasta tierras lejanas,
donde un mar embravecido catapultase
las olas hacia las estrellas,
arrastrándolas de vuelta a las profundidades,
haciendo confundirse su fulgor
con el de las codiciadas perlas.
Lejos quedaron los sueños,
en las cortas noches de estío,
de aventuras en lugares
más allá del azul del cielo,
en los que, cabalgando 
sobre la estela de un cometa,
podías surcar la galaxia
en busca del santuario
que conservase la luz de tus ojos.

		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/08/10/desciendes-sobre-mi-como-avalancha-</id>
		<title>Desciendes sobre mí como una avalancha:</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/08/10/desciendes-sobre-mi-como-avalancha-" />
		<issued>2008-08-10T18:53:22+00:00</issued>
		<updated>2008-08-11T19:46:54+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Desciendes sobre mí como una avalancha:
indómita, imparable, devastadora;
arrastrándome en tu torbellino
hasta perder toda orientación.
Me alzas en vilo alto,
elevándome por las etéreas alturas,
para precipitarme después
en las profundidades abisales.
Quiebras mi espinazo
en minúsculos pedacitos astillados,
esparciéndolos como el sembrador
disemina sus semillas por la tierra.
Muerdes la piel de mis muñecas
con grilletes de frío hierro
y luego libas la sangría
que brota de las llagas entreabiertas.
Enclaustras cada bocanada de aire
que pugno por inspirar,
negándome más aliento
que el impetuoso soplo que me insuflas.
Soterras las defensas que aspiré erigir
como refreno a tus envites,
no dejándome otra opción
que postrarme y claudicar.
		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/08/07/y-nuevo-</id>
		<title>Y de nuevo,</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/emmanuel/post/2008/08/07/y-nuevo-" />
		<issued>2008-08-07T20:44:07+00:00</issued>
		<updated>2008-08-13T18:30:55+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Y de nuevo,
y otra vez,
como siempre,
se me ha vuelto a escurrir
de las manos;
de entre mis dedos semiabiertos,
de entre mis dedos semicerrados.

		</content>
	</entry>
	 
</feed>
