A veces me encierro en mis añoranzas
A veces me encierro en mis añoranzas
y me rodeo con mis melancólicos recuerdos
de estancias pasadas a tu lado,
al calor del hogar reconfortable
que apreciaba como mío.
En aquellos días gozaba de la libertad
de ser un niño y de las correrías que,
como tal, arrancaban una iluminada sonrisa
de la bella faz con la que fuiste bendecida.
La casa, que hoy se encuentra moribunda,
rezumaba vida por sus paredes
encaladas con voces de chiquillos,
diversiones, juegos, bromas,
miradas con ojos de mochuelo
de incesantes preguntas vertiginosas,
sobre el por qué de cosas
incomprensibles para los mayores.
Luces de colores, espectáculos, circos,
todo era posible a tu lado;
tú, que siempre incitabas a nuestra imaginación
a vagabundear por el país de la fantasía;
como el guía, el gurú, el chamán o el sacerdote,
que entretiene a sus discípulos
con sus juegos de prestidigitación.
Hoy recorro las habitaciones de mi niñez afrodisíaca,
buscando en ellas sensaciones imborrables;
pero al abandonarlas descubro, lastimero,
que, a pesar de todo, siguen siendo recuerdos.
2 comentarios - Escribe aquí tu comentario
Muy buen texto, pero yo lo hubiese "prosificado". Haz la prueba y verás el resultado. Me quedo con rezumar, vertiginosas y afrodisiaca. Un saludo.
Lo que me pasa es que cuando escribo no soy plenamente consciente de lo que sale, es como la escritura automática de los médiums.
De todas formas intentaré seguir tu consejo y utilizar como base algún poema para convertirlo en relato, a ver que tal queda.
Gracias por la idea. Chao





