Oportunidad Perdida
Había recién llegado de la Argentina, según le dijo. Allá estudió música y pretendía seguir con su instrucción aquí, pero el curso ya había comenzado (más bien estaba concluyendo), y la endogamia del conservatorio impedía asistir a clases como oyente o incluso garantizarle una plaza en el siguiente. Así que se decantó por probar suerte en su segunda vocación, la pintura.
Cuando la conoció, ella estaba ojeando los tablones de anuncio de la Facultad, y las continuas idas y venidas de uno a otro, parecía indicar una infructuosa búsqueda. Él la observó de reojo desde donde estaba sentado, en el banco justo de debajo de uno de los tablones. Allí deparaba las mañanas que tenía que ir al centro de la ciudad para comprar el material que necesitara en sus clases vespertinas, a la espera de que pasara alguien conocido con quien charlar un rato antes de volver a casa
Todo comenzó con el particular “¿Te puedo hacer una pregunta?”, a lo que siguió una breve presentación introductoria a la cuestión en sí: la viabilidad de entrar a las clases para saber qué se daba y cómo, a fin de decidir la posibilidad de iniciar sus estudios artístico-plásticos. Él le contó todos los entresijos de la carrera, las asignaturas que se impartían, los horarios, metodologías empleadas por los profesores (acompañado de un ligero comentario a favor o en contra del mismo); tras lo cual le comentó en cuáles de las actuales clases que él cursaba podría “colarse” sin ningún problema.
Con el paso de los minutos, la conversación se volvió más distendida, empezando a hablar de estilos, gustos, admiraciones... Tanto pictóricos como musicales. Fue entonces cuando ella se acordó de otra de las cosas que había ido a hacer. Le preguntó cómo llegar a una tienda de música de la que le habían hablado para poder comprar partituras, y él, amablemente, la acompañó hasta el lugar. Pero, por desgracia, se le había hecho demasiado tarde, y tuvo que despedirse a toda prisa.
De regreso en la Facultad, ya por la tarde, esperó que hubiera decidido acudir a las clases que le había indicado, e impaciente contemplaba la entrada para verla aparecer. Mas ella no acudió a ninguna, ni tampoco lo hizo al día siguiente, ni al otro... Y sintió como si hubiera desperdiciado su oportunidad.
1 comentario - Escribe aquí tu comentario
Tal vez perdida la ocasión, tal vez coincidan en otro momento y lugar. Quién lo sabe... ¿Y si aparece otra persona interesante? Y si... Y si...
Me gustó el final.






