El Informe St. Mourice (1ª prte)
Extracto del artículo publicado por Le Monde el 14 de septiembre de 1994:
El 13 de septiembre de 1944, un grupo de soldados estadounidenses asignados a la defensa de la ciudad de St. Mourice (cerca de la frontera con Bélgica), desapareció durante la contienda. Las primeras investigaciones se centraron en una probable deserción, pero la falta de indicios que lo avalara, cambió su curso hacia la caída en los enfrentamientos. Al no hallar tampoco los restos mortales, decretaron el “desaparecidos en combate”[...] Ayer, cincuenta años después de aquel incidente, es encontrado a las afueras de St. Mourice un joven desorientado, ataviado con el uniforme utilizado por el P.I.R. durante la Segunda Guerra Mundial[...]
Extracto del informe del Cabo de 2ª Robert E. Thompson,
de lo sucedido en septiembre de 1944:
El frente se había recrudecido, sobre todo al nordeste, donde las tropas alemanas habían conseguido penetrar nuestras defensas, en un intento por inclinar la balanza en su favor. El Alto Mando temía por la pérdida de St. Mourice, último punto de contención, que supondría una brecha abierta hacia el interior y la pérdida del control de uno de los principales puntos estratégicos.
El incesante bombardeo y el asfixiante sitio a la que estaba siendo sometida la ciudad, habían diezmado las tropas allí apostadas, propagando entre los soldados el desánimo de la incipiente derrota. En tales circunstancias se nos asignó a la Compañía River del 205º Regimiento de la 82º División Aerotransportada, la defensa de St. Mourice, con una sola orden: Resistir.
Las noticias que se recibían no eran muy halagüeñas, y se tenía la sensación de encontrarse en un callejón sin salida. Lo que no nos imaginábamos, era que lo peor aún estaba por llegar... A pocos días de la partida, se recibió notificación del ascenso a Capitán del Teniente Sullivan. Todos nos alegramos por él, era un buen hombre que había sabido mantenernos con vida; siempre tomando las mejores decisiones y velando por sus muchachos. El único pero era que, con el ascenso, tenía más responsabilidades administrativas, debiendo incorporarse a la Plana Mayor, por lo que no podría comandarnos en aquella misión. Los rumores sobre quién se encargaría de dirigirla, fue la comidilla de la compañía. Todos apostábamos por los Sargentos Carlson o McCreddy, de la 1ª y 3ª sección, por méritos propios, lo que supondría una cadena de nuevos ascensos. Sin embargo, no ocurrió así. La asignación recayó sobre el Teniente Harold Stevens, un “chico de la West Point”. Ninguno entendíamos cómo se le podía dotar de una compañía entera a un recién llegado, y más teniendo en cuenta la reputación que arrastraban estos “ratones de biblioteca”. El propio Capitán Sullivan se opuso a este nombramiento, pero sólo obtuvo como respuesta un «las órdenes viene de arriba».
A pesar de ser recibido con recelo, preferimos, por el bien general, dejar los juicios de valor hasta ver cómo se comportaba en combate. ¡Maldita sea, qué acertados estábamos!
Cuando llegamos a st. Morice, la ciudad (si a eso podía llamársele ciudad, pues parecía la mayor escombrera que jamás hubiera visto) se hallaba en el caos más absoluto. Los proyectiles de mortero y de los cañones del 88 caían incesantemente por doquier, como un aguacero de plomo; una nube de polvo y astillas flotaba de forma constante en el ambiente y los cascotes de ladrillos y piedras y los cráteres de los impactos, dificultaban el tránsito de los vehículos.
Tras proceder al relevo y recibir los informes, pasó el Teniente Stevens a hacerse cargo de la situación. Hacerse cargo... ¡Ja! La primera orden que nos dio fue un simple «tomad posiciones defensivas», y dándose la vuelta se dirigió al edificio establecido como Puesto de Mando, donde se recluyó todo el tiempo hasta el día del incidente. Los muchachos nos miramos las caras con perplejidad. ¿Tomad posiciones defensivas quiénes, dónde, cómo? El Sargento McCreddy fue el primero en reaccionar, y comenzó a bufar órdenes descarnadamente, movilizándonos al instante.






