Reseña de "El Club de la Memoria" en La Razón
Tiempos de utopías
Eva Díaz vuelve a la Guerra Civil con «El club de la memoria»
Joaquín ARNÁIZ
La literatura es memoria, recuerdo inventado, como supieron Cervantes y Proust; pero casi nunca pedagogía, buenas intenciones o historiografía, de ahí el problema que tienen muchas de esas novelas del aluvión de la Guerra Civil, conmovedoramente pedagógicas. No basta estar con los buenos para hacer buena literatura, yo diría que incluso puede ser un obstáculo. Eva Díaz en «El Club de la Memoria», finalista del premio Nadal 2008, bordea el problema, a veces incluso introduce un poco los dedos en el cepo, pero en general no cae demasiado en esa tentación de propaganda. Una prosa con capacidad metafórica y la construcción de personajes, amén de cierta tendencia cervantina a enredar memoria y ficción lo consigue.
Diarios desconocidos
Eva Díaz, periodista y narradora sevillana, en las primeras páginas de esta novela nos cuenta lo que escribió en unos diarios desconocidos Adolfo Prieto, un superviviente de las llamadas Misiones Pedagógicas de la República, que querían difundir la cultura por los pueblos de España. El personaje de la narradora, una restauradora actual de documentales de la Filmoteca Nacional, está fascinada por lo que relata Adolfo de aquellos años de ilusión. Una fotografía que muestra a algunos de aquellos amigos le incitará a saber el destino de aquellos jóvenes soñadores. Aunque pronto empezará a tener datos de que parte de lo que cuenta de sí mismo Adolfo es falso: ni se fue al exilio, ni estuvo en campos de concentración; al revés, permaneció en la España de Franco e incluso será posteriormente considerado un traidor. Sólo huirá mediante la escritura de su realidad ominosa.
La investigadora conocerá correspondencias sentimentales, viajará a Toulouse, Berlín, Dresde y México, buscará unas bobinas de películas del cineasta José Val del Omar, sentirá la presencia de López, un hombre empeñado en detener el tiempo y la historia en las fotografías de su cámara... Indagadora también Eva Díaz, como la protagonista, en la memoria de personajes no siempre bien conocidos de la historia de España (ya había escrito sobre los erasmistas en «Memoria de cenizas»). En «El Club de la Memoria» no sólo imagina una generación que se ilusionó con la República, sino sobre la vida vivida como memoria, como un reflejo equívoco en un espejo que creemos controlar, aunque al final sea el vaho y los arañazos en el azogue los que terminen determinando la imagen última que veremos. Una imagen final que acaso sea olvido vivido en el exilio para quienes somos siempre inquilinos en el país de Alicia.





