<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?>
<?xml-stylesheet href="http://www.librodearena.com/stylesheets/atom.css" type="text/css"?>
<feed version="0.3" 
xmlns="http://purl.org/atom/ns#"
xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
>
	<title>ESCRITOS DESDE MI TRONERA</title>
	<tagline type="text/html" mode="escaped">Un pequeño espacio por donde entran y salen pensamientos, historias, palabras: las tuyas y las mías.</tagline>
	<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro"/>
	
	<modified>2008-10-06T05:51:36+00:00</modified>
	
	<info type="application/xhtml+xml" mode="xml">
		<div xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml">
			This is an Atom syndication feed. It is intended to be viewed in a news aggregator or syndicated to another site.  Please visit the <a href="http://intertwingly.net/wiki/pie/">Atom Project</a> for more information.
		</div>
	</info>	
	
	<generator url="http://www.the-shaker.com" version="v0.1">the-shaker: that blog/flickr/multimedia-aggregator kind of thing</generator>
			<logo>http://www.librodearena.com/imag/mujer.jpg</logo>	
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/10/06/hay-espacios-no-todos-ven-se-quedan-impregnados-de</id>
		<title>SOMBRAS</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/10/06/hay-espacios-no-todos-ven-se-quedan-impregnados-de" />
		<issued>2008-10-06T05:51:36+00:00</issued>
		<updated>2008-10-07T07:29:21+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;em&gt;Hay espacios que no todos ven, que se quedan impregnados de vivencias y de seres que se mueven en las sombras
Esas presencias invisibles para la mayoria se muestran ante algunos seres humanos que desarrollan la capacidad de ver más allá lo que miran como es el caso de la mujer de esta historia&lt;/em&gt;
                              
                                   &lt;strong&gt; SOMBRAS&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;


&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/felicitas-r-delazaro/V14X45CASU1X42CAPRCBZZCA96VM9BCAAGENY0CALQLMKICAM5YT6VCAJVHSZHCA4SIF07CA7ZOU32CAO08A92CADDKR4PCA8702CJCA19O4DXCA4LA0AHCAS9IQB3CAB06BK3.jpg&quot; width=&quot;343&quot; height=&quot;307&quot; class=&quot;imgcen&quot; /&gt;

La mujer se detuvo extrañada al escuchar el lenguaje del agua  que en su caída entre las rocas y peñascos rompía el silencio del atardecer.  Había salido de su casa con la intención de dar un paseo aprovechando las últimas tardes de un verano que se despedía perezoso empujado por los primeros aires de un  incipiente otoño. Se había encaminado en dirección contraria al lugar donde se encontraba,  pero  después de andar un buen rato acompañada por sus pensamientos y los cálidos rayos de un sol de membrillo, se encontró delante de las formaciones rocosas que  daban cuna y nacimiento al arroyo sin saber cómo había llegado hasta allí.
Recordaba haber salido de casa encaminando sus pasos en dirección contraria a donde ahora se encontraba. Tenía la inquietante sensación de que alguien o algo, ajeno a su voluntad,  le hubiera traslado hasta ese lugar.
Un aire fresco  se levantó de pronto.  La luz del atardecer se hacía cada vez más mortecina llenando de sombras las formaciones rocosas.
La mujer  se puso una  gruesa chaqueta de lana que llevaba anudada a su cintura y se sentó en una de las rocas. Estuvo así un buen rato escuchando al aire, al agua y a sus pensamientos. Cuando quiso darse cuenta se había hecho de noche. Una noche clara de luna,  en invierno, noche de lobos, esa noche,  de sombras de luna llena.
Las vio salir entre las peñas: dos sombras de hombre y de mujer se incorporaban lentamente iluminadas por la luz de la luna. Tenían cogidas sus manos y se miraban de hito en hito como si acabaran de despertar de un extraño trance.
La mujer contuvo el aliento; no era la primera vez que las veía, ni la primera vez que las escuchaba. Lejos de causarle temor, las contempló con cariño. Amaba a esas sombras, eran más suyas de lo que nadie se podía imaginar.
Una de ellas extendió una mano y acarició el rostro de la otra, para después fundirse las dos  en un prolongado abrazo.
La mujer sonrió  y cerrando los ojos  se dejó llevar por sus recuerdos. Cuando al rato los abrió, las sombras habían desaparecido; de nuevo quedaron dormidas entre las rocas. Miró al cielo, la luna llena iluminó su rostro y plateó aún más sus cabellos canos. Sus ojos oscuros marcados por finas arrugas, mantenían un pequeño brillo de esperanza
La mujer se levantó, y despacio, como en un sueño, recorrió el camino de regreso a su casa.


		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/09/09/los-me-visitais-menudo-habreis-podido-daros-cuenta-la</id>
		<title>BABIA-LUNA, LUNA BABIA. Poema del Pastor</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/09/09/los-me-visitais-menudo-habreis-podido-daros-cuenta-la" />
		<issued>2008-09-09T07:03:09+00:00</issued>
		<updated>2008-09-18T08:06:41+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Los que me visitáis a menudo, habréis podido daros cuenta que la naturaleza, la montaña es un tema frecuente en mis escritos. Así es, busco su contacto con frecuencia. En verdad es una necesidad. En ella encuentro equilibrio, calma. La serenidad y el contrapunto que necesito. Y en especial en  una zona que para mí tiene una magia y un significado muy especial. Babia y Luna, en la provincia de León, al límite con Asturias.  
Ocurre a veces que cuando se está en un determinado lugar se tiene la sensación de que se pertenece a él, y eso fue lo que experimenté cuando hace ya algunos años llegué por causalidad hasta esos parajes. Esté donde esté, me encuentre donde me encuentre mi corazón siempre permanece allí, entre los riscos de sus montañas en el agua del pantano en la grandiosidad de sus puertos y valles. Babia-Luna. Luna-Babia.
Hoy dejó un precioso poema: el del Pastor Babiano, en él se refleja la inmensa añoranza de sentía los pastores que dejaban su tierra para buscar en Extremadura pastos frescos para sus ovejas. La inmensa añoranza de esa tierra mágica que os aseguro que todo aquel que  la visita alguna vez, regresa.

&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/felicitas-r-delazaro/page_17.jpg&quot; width=&quot;544&quot; height=&quot;700&quot; class=&quot;imgcen&quot; /&gt;

 POEMA DEL PASTOR

Cuando la noche se abaja 
Toda en su manto guarnida 
Ya se avivan en el chozo 
Brasas de melancolía, 
Ya está la majada quieta 
Tan ordenada y cumplida 
Y ya señorea la luna 
Sobre la tierra enganida. 

***
El pastor ovejerico 
Es un puño en su pelliza. 
Ladra el mastín en el cerro, 
Runrunean las esquilas, 
La noche, toda se encalma 
Con las estrellas furtivas. 

***
Ay, el mi pastor galano 
Que en vez de cantar suspira .
Cómo le vienen y avanzan 
Visiones de lejanía, 
Recuerdos de tierra luenga, 
Ecos de las tierra frías.
Y un dulce clamor que hiere, 
En el alma estremecida. 

***

Ya está en el chozo la Babia 
 Siempre llevada y traída 
Tan lejana, tan lejana, 
Y en el corazón metida.

*** 
El ovejerico sueña 
De la su novia caricias 
Y sueña de la su madre 
Carantoñas y natillas, 
Sueña también la su torre 
Con las cigüeñas henchidas, 
Y el repicar de campanas 
En la fiesta de la ermita. 

***
Ay, dehesas de Extremadura, 
Rebaños de lana fina, 
Mastines que están de guardia, 
Buitres de sagaz pupila 
Que siempre van al acecho 
De la oveja mal herida, 
Y órdenes del Rabadán 
Dominando la vigilia 

***
De la noche y la majada 
Que en el cerro se cobija. 
Todo se aduerme careado 
En su paz y en su medida 
Únicamente el pastor 
No duerme , que suena, herida 
La rosa de los recuerdos 
De la su aldea querida. 
 
***

Ay, pastor, que estas en Babia 
Ay, noche que mal abrigas 
Los decires sin palabras, 
Las añoranzas no escritas, 
Del pastor que está en su chozo, 
Como un puño en su pelliza, 
Siempre clavado en su Babia 
Tan bien llevada y traída 


		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/08/26/las-flores-del-mal</id>
		<title>LAS FLORES DEL MAL</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/08/26/las-flores-del-mal" />
		<issued>2008-08-26T17:00:06+00:00</issued>
		<updated>2008-09-02T07:53:32+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Hoy como tantos días de nuevo el periódico se hace eco sobre nuevos casos de violencia de género. En esta ocasión es un hombre el que ha sufrido violencia por parte de su pareja.  Hoy como tantas veces  el amor se confunde con posesión, con tratar al otro como algo propio sometido a la voluntad de quien ejerce la fuerza: unas veces físicas, otras psicológica y mental; cualquier arma es válida, incluso en ocasiones, la humillación y el chantaje emocional para lograr  de la pareja sumisión y obediencia. Hoy seguro que habrá muchos puños apretados, de ellos o de ellas, clavándose las uñas en la palma de la mano para que el dolor físico acallé ese otro mucho más profundo y desgarrador. Por ellas y por ellos….&lt;em&gt;

&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/felicitas-r-delazaro/El_angel_de_la_ira.jpg&quot; width=&quot;320&quot; height=&quot;320&quot; class=&quot;imgcen&quot; /&gt;
      

            LAS FLORES DEL MAL

El sonido de sus pasos sobre el adoquinado de la calle, acompañaba a Rosa  de regreso a su casa. La tenue luz amarillenta de las farolas se reflejaba en los charcos que había dejado la lluvia de la tarde,  y la humedad cubría de vaho blanco los cristales de las ventanas. Rosa cruzó las manos sobre sus brazos, sintiendo que la humedad también traspasaba su fina chaqueta de punto y caminó más  deprisa.
Tenía una apremiante necesidad de llegar a pesar de saber que nadie la esperaba. Había llamado a su hermana  para que se quedara con el niño hasta el día siguiente. Sabía que saldría de trabajar demasiado tarde para ir a recogerlo; a esas horas, ya estaría dormido. 
 Su  hermana quería mucho a su hijo, pero no soportaba a su marido Pensaba que ella se merecía algo mejor. Antonio era un vago, que pasaba demasiadas horas en el bar y, según decía, en el pueblo la gente comenzaba a murmurar. No perdía oportunidad de decírselo, la última vez esa misma tarde. ¡Si ella supiera!..., pero no, no sabría

Las campanadas del reloj del ayuntamiento daban las once cuando Rosa abrió la puerta de su casa. 
Se quedó un instante en el umbral,  antes de encender la luz, y miró hacia el interior. Escuchó en la oscuridad. Nada se oía dentro de esa negrura que parecía  esperarla. Accionó el interruptor. La oscuridad se deshizo entre las paredes familiares. Se apoyó en la puerta como para darse impulso y caminó por el  pasillo hasta la pequeña habitación que hacía de sala de estar y de comedor. Tropezó con una botella de cerveza vacía. Otras, hasta  cinco, se encontraban encima de la mesa y del sofá. Instintivamente se mordió los labios. 
Salió de la salita y fue a la cocina. Restos de comida y platos sucios se apilaban en el fregadero. Se estremeció. El frío de la calle le había acompañado  hasta dentro. Necesitaba entrar en calor. Abrió el frigorífico y sacó la botella de leche. De uno de los armarios, que colgaban en la pared, cogió un vaso y lo llenó hasta arriba. Un fuerte olor a ácido le llegó hasta la nariz y le provocó una náusea. La leche estaba cortada. Con un gesto de repugnancia la tiró en el fregadero, y. se encaminó  al dormitorio. Allí el desorden era aún mayor: la cama estaba deshecha y las sábanas colgaban hasta el suelo. Todos los cajones de la cómoda se encontraban abiertos y la ropa limpia, mezclada con la sucia, se desparramaba por la habitación 
Rosa suspiró. Recogió la ropa y la amontonó encima de la silla. Cerró todos los cajones y estiró las sábanas de la cama. Se acostaría. Estaba agotada. Demasiado cansada, demasiado preocupada, demasiado…todo. Mejor dormir. Mientras dormía no pensaba y se trasladaba a un lugar ingrávido, como un gran útero caliente y protegido
Se desnudó. Se miró en el espejo del armario. Una mancha violácea coloreaba su hombro derecho. Flores malvas salpicaban otras partes de su cuerpo.  Pasó la  mano varias  veces sobre la del hombro queriendo borrarla. Después se acarició los senos y contempló su rostro. Una pequeña gota de sangre brillaba  en el labio inferior Se volvió bruscamente, dando la espalda a su imagen. Se puso el camisón y entró en el baño.
Encima del lavabo  una nota, escrita con trazos irregulares, parecía esperarla: 
                           “Ni se te ocurra dormirte. Espérame despierta”
Rosa cogió la hoja y la estrujó dentro de su puño. Apretó y apretó, hasta sentir el dolor que la producían sus uñas al clavarse en la  palma de la mano


		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/07/28/ensonacion-verano-2</id>
		<title>ENSOÑACIÓN DE VERANO</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/07/28/ensonacion-verano-2" />
		<issued>2008-07-28T22:42:17+00:00</issued>
		<updated>2008-08-26T20:49:26+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		


Tras unos días de vacaciones vuelvo abrir mi tronera. Gracias a los que me habéis visitado en mi ausencia.

ENSOÑACIÓN DE VERANO&lt;img 

&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/felicitas-r-delazaro/Imagen054.jpg&quot; width=&quot;368&quot; height=&quot;276&quot; class=&quot;imgcen&quot; /&gt;


Luce el sol  y me encanta seguir con la mirada los rayos de luz que atraviesan las ramas de los chopos para sumergirse en el agua del arroyo. Los miro fijamente hasta hacer que su realidad desaparezca y me introduzco en un espacio de infinitos puntos luminosos  en los que me muevo ingrávida. 
Más allá de su luz, lejana, contemplo  la montaña blanca y el camino que sube hasta los riscos. Me llego hasta allí y sonrío al  secreto que guardan esas rocas. Pero voy más allá. Mucho más allá. Incorpórea atravieso las distancias y me hago presente sin ser advertida y me muevo a mis anchas, entre espacios que de ninguna otra manera pudiera alcanzar, y así llego hasta a ti.
Te contemplo, concentrado lees y en un descuido tuyo me introduzco en tu mente y echo fuera ese mal pensamiento que hace que se hagan más profundos los surcos de tu frente. Después bajo por tu pecho y soplo fuerte para alejar a tu tristeza. Entró en tu corazón: su latido fuerte y sonoro atrona en mis oídos, pero está cansado. Lo sostengo un rato sobre mis manos para que se haga más liviano y no te pese tanto. Cuando siento que su latido se hace más ligero, sigo mi recorrido y entro en tu conciencia. ¡Uf, cuantas cosas veo en ella guardadas! Cierro los ojos por respeto y me voy rápido, sé que no deseas que nadie entre por allí, pero marcho contenta porque he visto que es un lugar blanco. Antes de salir de ti, me cuelo en tus recuerdos. Allí encuentro cajas cerradas en las que no oso  penetrar,  pero otras están abiertas y muestran su interior. Sonrío ante lo que veo. En un rincón un pequeño cofre  me llama desde el otro extremo. Tentada estoy, pero no deseo abrir lo que cerrado está; tampoco lo necesito, lo que pudiera contemplar lo he vivido y lo llevo muy dentro. 
Suspiras y te agitas y con ese movimiento salgo fuera  a través de tu aliento. Y  me alejo de esa realidad tuya deprisa, deprisa: saltando entre los rayos de sol hasta llegar a la mía, no sin antes caer en ese instante mágico en el que las dos se unen por un segundo y se hacen, nuestra.  Sigue brillando el sol, y salgo de su luz. Vuelvo a levantar mi vista hasta el sendero que llega a los altos riscos para después adormecerme a la sombra de los chopos mecida por el murmullo del agua. Está empezando a atardecer 

 



		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/07/01/tras-nacimiento-</id>
		<title>TRAS UNA TARDE CALUROSA DE FINALES DE JUNIO....</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/07/01/tras-nacimiento-" />
		<issued>2008-07-01T06:06:52+00:00</issued>
		<updated>2008-07-03T09:16:48+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;em&gt;Hoy ha entrado en mi tronera, un ser pequeño, alado, una minúscula libélula. Me ha pedido permiso para utilizar mi sala de estar. Al parecer, quiere contar algo. No puedo deciros nada  de ella como suelo hacer con los que me visitan. A penas la conozco, dice que acaba de nacer y no hace mucho que comenzó a volar. Con esta intervención cerraré por unos días mi tronera. LLegan días de descanso, de estío. No será por mucho tiempo y dejaré entornada la puerta


&lt;/em&gt;&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/felicitas-r-delazaro/images.jpg&quot; width=&quot;199&quot; height=&quot;224&quot; class=&quot;imgcen&quot; /&gt;


Sí, nací  tan sólo dos o tres lunas. Tarde calurosa de finales de junio y comienzo de fin de semana.
Pensé que un parto es un acto íntimo y personal, y se debería realizar  en solitario,pero  nací rodeada de gente. También pensé que tendría frío, pero nada más abrir los ojos me vi envuelta y protegida por unas miradas calidas y emocionadas que me abrigaron el corazón. 
Animada por todas aquellas personas que me miraban expectantes, inicié un movimiento de mis alas. Pero el peso del tiempo las mantenía plegadas a mi cuerpo. Hice un nuevo esfuerzo con los mismos resultados. Iba ya a darme por vencida cuando unas voces animaron mi vuelo. Una mujer  muy hermosa  anunciaba el nacimiento del alguien: ¡mi nacimiento! Y todas las miradas de los asistentes estaban fijas en mí. Avergonzada, quise meterme de nuevo en mi crisálida pero ya era imposible. Mis alas, tanto tiempo deseadas, hacían que el habitáculo  que hasta ese momento me protegía hubiera quedado pequeño. De pronto, al conjuro de la voz de la mujer hermosa, otra dulce voz femenina comenzó a hablar. Y en su cadencia mis alas comenzaron a extenderse. Tras ellas dos voces graves de hombre siguieron desmenuzando palabras y cuando la del último terminó,  mis alas estaban abiertasy me vi suspendida en el aire.
Las personas que allí se encontraban, me sonreían felices y entonces, me di cuenta de que quienes impulsaron mi vuelo eran ellas, y reconocí aquellos rostros que me miraban. Eran mi gente, mis amigos, los que me acompañaron desde mi niñez, con los que viví en mi adolescencia, en mi juventud, en mi madurez. Todos estaban allí, los que habían  llegado desde muy lejos, Londres,  Sevilla, Barcelona, Valencia, Zaragoza, Gijón, Avilés, León, Madrid, Miranda de Ebro, junto con  los que viven en el lugar de mi nacimiento. Todos tendían sus manos  para que la libélula naciera grande y bella. Y comprendí que si yo existía era por ellos, por su fuerza, por su cariño, por su presencia constante en mi vida. Quise hablar, gritarles a todos, decir uno a uno sus nombres,  pero la emoción me podía y tuve que callar si no quería terminar mojando de lágrimas mis alas.
 Por eso hoy, cuando la rutina todo lo allana y hace de lo importante trivial, mi vuelo me trajo a esta tronera y desde ella quiero daros a todos las gracias. Gracias, Gracias. 
Escuché varias veces las voces de unos locos románticos, que ponen en el justo lugar lo urgente y lo importante. La piel y el sentimiento, la razón y la locura, los sueños. Gracias por compartir los míos, o mejor dicho, por vivirlos. GRACIAS. 




		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/06/19/-si-pero-no-pero-si--3</id>
		<title>“Sí, PERO NO; NO PERO SÍ”</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/06/19/-si-pero-no-pero-si--3" />
		<issued>2008-06-19T00:38:09+00:00</issued>
		<updated>2008-07-07T09:47:59+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/felicitas-r-delazaro/071120_despido_interior_3.jpg&quot; width=&quot;190&quot; height=&quot;250&quot; class=&quot;imgcen&quot; /&gt;

Celina entró en su cuarto y se dejó caer en el sillón de mimbre que la esperaba fiel al lado de la ventana. 
Arrojó el bolso sobre la cama. Con un gesto brusco se quitó los zapatos que salieron volando por el aire cayendo, uno encima de la estantería, y el otro al  lado de la puerta.
Estaba enojada. No, más que enojada. Estaba furiosa. La dolían los pies, la cabeza ¡el alma!
Tres horas escuchando paciente las dicciones y contradicciones de Rodrigo había sido más de lo que podía soportar después de diez horas de trabajo interrumpido en la redacción del periódico.
¡Qué indecisos eran los hombres! “Sí, pero no. No pero sí”. Parecían incapaces de tomar una decisión; se pasaban el tiempo recabando opiniones de otros como si necesitasen la ayuda de “esos otros” para actuar o para darse confianza.
Recordó de nuevo sus razonamientos con los que, con infinita paciencia y tres cervezas,  intentaba ayudar a su amigo a tomar una determinación.
 —Pero Rodrigo, si no estás bien con ella, si hace ya tiempo que no tienes más que quebraderos de cabeza y desasosiego, platéate en dejarlo. No puedes continuar con esto. Hoy sí, mañana no. Si ya has tomado la decisión cuanto más tardes en llevarla a efecto, será peor. Para ella y para ti.
—No puedo, Celina. Lo he intentando muchas veces, la he cerrado mi casa  en varias ocasiones, pero me puede, me puede. Es como un hechizo que ha  vertido sobre mí.
—Pues entonces trata de aceptarla como es. Cuando se vuelve fría y distante, piensa que al poco le pasará, que en unos días volverá a ser mimosa y complaciente. Sabes que ella es así.
—Sí, pero no puedo con esos periodos fríos, con sus desplantes, sus silencios, con esos días en los que ni siquiera me permite tocarla. Ni una mala caricia, ni un mal sonido sale de su garganta. Nada. Incluso se vuelve agresiva: mira. —Rodrigo levanto la manga de su camisa hasta la altura del codo dejando al descubierto un enorme arañazo que le cruzaba  el antebrazo.
—No puedes seguir así. Si no actúas y eres duro con ella, un día no controlará sus impulsos y puede que las consecuencias vayan más allá de un simple arañazo. Déjala.. No digo que la dejes tirada en la calle, procura que la separación sea lo menos dolorosa posible. Sé generoso. Pon los medios necesarios para asegurarte de que ella queda en una situación estable y segura, pero déjala ya.
—Sí lo hago, mañana sin falta. Ya no hay más oportunidades. No puedo más. Pero ¿sabes? después a solas, la echo de menos.  Me acuesto en la cama y extraño su calor, cuando se  enrosca mimosa sobre mí y busca mis caricias.  La casa, cuando no está se me cae encima y voy de habitación en habitación llamándola. Y la quiero, ¡joder!, que son muchos años juntos.
—Mira Rodrigo, pues entonces, no la dejes, pero no te quejes.
—No sí, esta vez  las cosas han ido demasiado lejos. Mañana pondré punto final a esta historia.
Celina  recostada en el sillón de mimbre, pensando en  la situación de Rodrigo, se había quedado dormida. El atardecer se iba colando por la ventana sin que se diera cuenta y los primeros reflejos de las farolas de la calle se hacían hueco junto a las sombras de la noche .
El timbre del teléfono la despertó de golpe.
— ¿Dígame? Preguntó mientras controlaba a su pobre corazón que latía apresuradamente por el sobresalto. La voz de Rodrigo contestó
. —Celina, ¿te interrumpo, hacías algo interesante?
_Algo interesante, no, claro que no. No tengo nada mejor que hacer que entretener mí tiempo escuchándote.
—No seas irónica. Sé que abuso de ti. Sólo te molesto un momento. Quería decirte, que al llegar a casa la he hablado. La expuse la situación. Le dije que ya no aguantaba más y que mañana pondríamos fin a nuestra convivencia. 
—Muy bien, ¿y?
—Pues que no puedo Celina. Después de escucharme muy atenta. Se me acercó y se pego a mí. Frotó su cuerpo contra mío: mimosa, implorante. Gemía, lloraba. Y no pude por menos que tomarla en mis brazos y cuando he sentido su lengua en mi cara…. No puedo Celina. Dirás que soy un pelele, pero no puedo. ¿Lo entiendes?
Celina, no entendía nada. Pero no iba a darle la oportunidad de que para explicarle de nuevo sus razones la tuviera otras tres horas al teléfono. Así que optó por contestar:
—Claro, que sí Rodrigo. ¡Cómo no voy a entenderte! Eres una persona sensible y generosa. No sabe ella  la suerte que tiene contigo.
—Gracias Celina. Ahora cuando la veo tan feliz, lamiendo glotona su plato de leche y ronroneando buscando mis caricias,  me pregunto como he podido pensar en abandonarla. 
—No te preocupes, Rodrigo, creo que ella nunca lo sabrá.
—Celina, eres un sol y la mejor amiga que tengo. Gracias por tu paciencia. Celina, Celina,.. Celina, ¿está ahí?... Celina??
—“Miau”









		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/06/13/el-viento-susurra-tu-boca-calla</id>
		<title>EL VIENTO SUSURRA, TU BOCA CALLA</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/06/13/el-viento-susurra-tu-boca-calla" />
		<issued>2008-06-13T15:08:35+00:00</issued>
		<updated>2008-08-24T16:01:10+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Hoy pinto  mi tronera  con poesía. No sé si es osadía o inconsciencia visitándome tan buenos poetas. No pretendo emularos. No podría llegaros

&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/felicitas-r-delazaro/PC150116.jpg&quot; width=&quot;350&quot; height=&quot;400&quot; class=&quot;imgcen&quot; /&gt;



EL VIENTO SUSURRA, TU BOCA CALLA.


Lo que el viento susurra,
por el agua  canta.
..

Resuena en el aire tu voz musitada,
pronuncias mí nombre, angustiosa llamada.
Tus manos aferran mi cuerpo, crispadas, 
y esparcen dulzuras, caricias soñadas.
..

Tus ojos me piden
Lo que tu boca calla.
..


Gritas mi nombre, de nuevo me llamas
queriendo abrir puertas que dejo cerradas.
El viento y la luna, cómplices de tu causa, 
transforman la noche en mágica estancia.
..


Y el aire  y la nieve, el monte y el agua.
Tus besos de azúcar, tu intensa mirada.
El cielo, tu música, el atardecer, el alba,
Llaves que utilizas para abrir mis alas
..

Tus ojos me piden,
Lo que tu boca  calla.
..


Pero te detienes, me miras, me abrazas,
y luego musitas mi nombre en plegaria.
Te beso en silencio, sobran las palabras, 
Tu alma es la llave que abrirá mi casa
..
Lo que el viento susurra,
por el agua canta.


		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/06/08/sin-duda-alguna</id>
		<title>SIN DUDA ALGUNA</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/06/08/sin-duda-alguna" />
		<issued>2008-06-08T22:46:15+00:00</issued>
		<updated>2008-07-22T14:51:36+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Cuántas veces hemos visto y oido decir que  SIEMPRE con el tiempo,la convivencia, la rutina, el amor se termina, se pierde y el sentimiento se transforma en cariño y respeto; y la relación pasa a ser un buen acomodo para las dos partes. Cuantas veces hemos escuchado que la fase de enamoramiento dura unos dos años y después &quot;la cosa&quot; decae y pierde todo el encanto, el atractivo,la pasión el erotismo y se transforma en un sentimiento plano y monótono.
Es cierto que puede ocurrir y ocurre,seguro que todos conocemos casos.   Pero yo defiendo que no tiene por que ser así. Yo defiendo que EL AMOR, no el cariño,el afecto, la admiración por el otro, o cualquier otro tipo de sentimiento, sino EL AMOR , consciente, maduro, exclusivo y único cuando toca a dos personas, no cambia, no  muere, no se destruye y se mantiene vivo durante toda su existencia. Podéis pensar que soy una loca y trasnochada romántica, que no tiene los pies en el suelo. Puede que así sea, pero hay una voz dentro de mí que dice que no, que no me equivoco. El amor asi existe y yo conozco a quienes así  lo viven. Tan sólo tienes que estar con los ojos abiertos para reconcocerlo cuando pasa por tu lado y apostar por él, sin reservas. &lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/felicitas-r-delazaro/untitled.bmp&quot; width=&quot;396&quot; height=&quot;331&quot; class=&quot;imgcen&quot; /

&lt;em&gt;&lt;strong&gt;SIN DUDA ALGUNA.&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;
 Raúl cerró el álbum de fotos y llenó las dos copas de champán. Mientras esperaba a que Inés terminara de arreglarse, se había estado entreteniendo mirando viejas fotografías, y entre ellas, encontró una de Clara, su primera esposa
&lt;&lt;Era guapa, es verdad, pero inmadura e insegura...A punto estuvo de volverme loco. Nada de lo que hacía le parecía suficiente. Si la iba a buscar por sorpresa ala salida del trabajo, es que no tenía nada mejor que hacer; si la sorprendía con un regalo inesperado, algo malo había hecho y trataba de justificarme; si estaba tierno y cariñoso, era un sensiblero, y si me mostraba frío, había perdido mi sensibilidad. Si era paciente con sus tonterías, no era firme de carácter, y si me irritaba con sus caprichos, sus temores y sus cambios de humor, era un intransigente y un energúmeno y con todas esas cosas reforzaba sus dudas poniendo constantemente en tela de juicio mis sentimientos y mi cariño.
¿Energúmeno yo? Un gilipollas, eso es lo que era. Como cuando estuve cuatro días sin comer para demostrarla que si volvía a dudar de mí prefería morir de hambre, o como el día que fuimos de excursión al monte y casi no me mato escalando aquella roca para cogerla unas florecillas que crecían en lo alto, o como aquella tarde que nos citamos en el parque y me tuvo una hora bajo la lluvia, calándome hasta los huesos esperando que terminara de hablar con una antigua amiga del colegio con la que se había encontrado. Cuando por fin apareció, yo estaba irritado, empapado, enfadado y en lugar de disculparse, me soltó de nuevo su ya requetesabida teoría:
 “Si me quisieras, no te enfadarías y te alegrarías de que hubiera disfrutado al ver de nuevo a mi amiga. En realidad, no me quieres. ¿Ves como no me quieres?”
Y de casados todavia fué peor. Pasados los primeros meses, la vida conyugal se nos cayó de las manos. Discutíamos por cualquier cosa. Nada le parecía bien. Yo vivía en un coto privado y ante cualquier intento de respirar fuera, por mi parte, reaccionaba como si hubiera hecho algo irreparable y volvía a dudar sobre mi cariño
Yo la quería, pienso que sí  la quería; lo que sentía entonces  lo identificaba como amor. Pero ahogó y marchitó mi cariño con sus constantes dudas, con sus continuos reproches.
 Ahora sé que era ella quien no estaba segura de sus sentimientos. Necesitaba comprobar constantemente la autenticidad de los míos para dar firmeza y seguridad a los suyos.
No conocimos muy jóvenes. Fue mi primera y gran desilusión, mi primer desengaño. Cuando superé el periodo de separación, me quedó tan marcado que tardé varios años en  tener una nueva relación. Me aterraba entrar de nuevo en ese mundo de dudas y miedos y  revalidar constantemente la autenticidad de mis sentimientos, por lo que estuve picoteando con unas y con otras incapaz de comprometerme con nadie hasta que apareció Inés en mi vida. ¡Con ella fue todo tan fácil, tan maravillosamente fácil! 
Jamás me pidió nada, jamás me exigió nada, el sentimiento fluía del uno al otro sin necesidad de expresarse con palabras; simplemente estaba, como si tuviera vida propia, ajeno a nuestra voluntad. Lo sentíamos constantemente al tomarnos de la mano, al sonreír, al mirarnos a los ojos, en cualquier pequeño gesto de cariño. Llenamos la rutina diaria de pequeñas complicidades, de gestos con los qué sorprendernos. Y lo más curioso es que no suponía ningún esfuerzo hacerlo, no había que esforzarse, ni significaba ningún acto de voluntad. 
 Recuerdo la primera vez que la dije “te quiero” ¡Mira que tarde en decírselo!, Me controlaba constantemente para que no saliera esa palabra de mi garganta, ¡Que miedo me daba oírmelo decir!, Creo que era por lo que significa de posesión, o de compromiso: “te quiero para mí”.
 Me sorprendió una vez más, cuando me contestó feliz que ella me amaba. Y me enseñó el pequeño matiz que separa esa dos palabras. ¡Me enseñó tanto! A su lado descubrí que el amor no te exige heroicidades que simplemente es compartir y vivir las pequeñas cosas de cada día con la persona que amas,  y que eso es suficiente para saberte el mortal más feliz de la tierra. Pero, ¿qué hace esta mujer, porqué tarda tanto?&gt;&gt;
—Inés, cariño, el champán se está calentando.
— Un segundo, ya voy.
 Inés entró en el salón. Un vestido negro ligeramente escotado caía sobre su cuerpo, suavemente, sin marcarle. Sobre los hombros un chal blanco ponía la nota de color. Retiraba el pelo de su cara con dos pequeños prendedores, y resaltaba los rasgos de su rostro con un ligero toque de maquillaje. Raúl se levantó sorprendido,  mirando con orgullo a su mujer. 
—Llevas la misma ropa que cuando celebramos nuestros veinticinco años juntos. No sabía que la conservaras, te queda perfecta. Estás tan preciosa y tan joven como cuando te conocí., y eso que ya no eras ninguna niña. 
     Raúl, cogiéndola de la cintura, la atrajo hacía sí, la pegó a su cuerpo y la besó en los labios. Inés le dejó hacer devolviéndole el beso y cuando recobró el aliento…
—No pensé que te acordaras. 
— ¿Dudabas de mi buena memoria acaso?
—No corazón. Nunca he dudado de ti.
      Inés  toma la copa de champán que le ofrece Raúl.
 —Felicidades. Hoy cumples sesenta y ocho años, pero conservas la misma frescura e inocencia que cuando nos conocimos. Ha sido una maravilla compartir contigo estos últimos años, y espero que cuando seamos viejos, dentro de muchos más, volvamos a repetir este brindis.
Inés río.
— ¿Cuándo seamos viejitos? Ya no nos queda mucho. Gracias cariño, pero calla o terminaré llorando o quizás si sigues tan pegado a mí y besándome de esa manera, no me importará que se arrugue mi vestido y terminemos bebiéndonos el champán en la cama.
     Raúl  cogió entre sus manos la cara de Inés, la echó el pelo hacía atrás despejándola la  frente y la miró fijamente a los ojos.
—Inés, te quiero, te amo. Lo sabes, ¿verdad? ¿No tienes ninguna duda?
Inés sonrió con ternura. Separó su rostro del de Raúl y le observó con atención... Esos rasgos tan queridos. Esos surcos que se habían formado en su cara al paso de la vida. Esa mirada mezcla de ternura, deseo, pasión con la que todavía la embobaba.  
— ¡Claro que sé que me quieres! Aunque después de oírte recordar a Clara, no sé si dudarlo un poquito. —Bromeó
Raúl la volvió a estrechar contra él 
—Inés, te quiero, como jamás he querido a nadie.
Ella le abrazó
—Lo sé, lo sé, lo he sabido siempre. Me lo han dicho día  tras día tus ojos, tus gestos, tus caricias. Tantas cosas que hemos vivido juntos y sentía gritarlo a tu corazón.
     Raúl volvió a experimentar la sensación de poder tocar el cielo con las manos.
— ¿Cómo puedes mantenerte tan joven, tan hermosa? Da la impresión que has hecho un pacto con el tiempo. 
— ¿Me guardarás el secreto si te lo digo? ¿No se lo dirás a nadie?
Raúl la hizo un guiño cómplice.
—Te lo prometo. Tu secreto estará salvaguardado conmigo. No se lo diré a nadie.
—Será mejor que no lo hagas— dijo Inés riendo—. Porque como elixir de la eterna juventud, no pienso compartirte con nadie. El milagro lo haces tú. Estoy enamorada.

		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/05/29/yerma</id>
		<title>YERMA</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/05/29/yerma" />
		<issued>2008-05-29T22:20:44+00:00</issued>
		<updated>2008-06-07T08:52:22+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Hace un montón de años, nada menos que cuando yo tenía 16, un grupo de amigos representamos en una residencia de ancianos &quot;Yerma&quot; de Federico García Lorca.
La representación fue un éxito y los ancianos atentos espectadores, supieron obviar los múltiples fallos de unos jóvenes entusiasta metidos a actores de teatro. Para esa ocasión compuse uno de mis primeros poemas. Hoy le he quitado el polvo que había acumulado tras todos estos años guardado. No he modificado ni una coma. Sed venébolos. No es un buen poema, sólo un grato recuerdo. 


&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/felicitas-r-delazaro/Yerma_56_large.jpg&quot; width=&quot;339&quot; height=&quot;400&quot; class=&quot;imgcen&quot; /&gt;

YERMA

¿&lt;em&gt;De dónde vienes? amor, mi niño,
de la senda del duro frío.
¿Qué necesitas, amor? mi niño,
la tibia tela de tu vestido.

Que se agiten las ramas al sol
Y los montes griten, le lleven mi voz.
 ***
    
En el campo ladra el perro,
en los árboles canta el viento.
La noche me envuelve con su velo,
y la luna me pinta los cabellos


¿Qué pides niño desde tan lejos?
Los blancos montes que hay en tu pecho.
***
Y la luna blanca, blanca,
y la noche negra, negra,
y el árbol mece que mece
por  ver si  el niño ya llega.

Y la noche se vuelve blanca,
y la luna se torna negra.
Y redoblan las campanas
el dolor de madre seca. 

Y este mi vientre marchito,
repleto de tierra yerma,
en la que se agosta su ansia
de cunas vacías y nanas huecas.

¿Quién me ha de fecundar, quién?
si no es mi hombre el que vierta
en mi entraña su semilla
para que mi niño venga.

Y así mis brazos vacios
acunen su carne trémula,
y que mame de estos pechos
que ansían su boca tierna.

¡Maldito, maldito sea!
aquel que a su hijo aleja.
Mal hombre, maldito será
quien a  su hembra no preña.


****
¿De dónde vienes, amor, mi niño?
De la senda del duro frío
¿Qué necesitas, amor mi niño?
La tibia tela de tu vestido.

Que se agiten las ramas al sol 
Y los montes griten, le lleven mi voz
***
 ¿Qué necesitas? amor, mi niño.
Cuchillo de plata cortando la noche,
rojo de sangre en el agua del río.&lt;/em&gt;
		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/05/25/certamen-narrativa-autores-noveles-castilla-y-leon</id>
		<title> I CERTAMEN DE NARRATIVA PARA AUTORES NOVELES DE CASTILLA Y LEÓN</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/05/25/certamen-narrativa-autores-noveles-castilla-y-leon" />
		<issued>2008-05-25T23:48:48+00:00</issued>
		<updated>2008-06-01T19:47:36+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Hoy me complace presentaros un nuevo certamen de narrativa, en este caso para autores noveles de Castilla y León. Espero que muchos de los amigos que visitáis mi tronera podáis participar en él.

I CERTAMEN DE NARRATIVA PARA AUTORES NOVELES DE CASTILLA Y LEÓN
BASES
1.- La Delegación en Valladolid de la Asociación de Escritores Noveles (AEN),
convoca el Primer Certamen de Narrativa para Autores Noveles, que cuenta con el apoyo
de la Fundación Siglo para las Artes de Castilla y León.
2.- Podrán participar en él los autores nacidos o con residencia acreditada dentro
del territorio de la Comunidad Autónoma de Castilla y León que hasta la fecha de cierre
de la convocatoria del certamen no tengan obra narrativa editada como autor individual.
Cada autor podrá presentar cuantos originales desee.
3.- El premio consistirá en una primera edición de la obra, patrocinada por la
Fundación Siglo para las Artes de Castilla y León, dentro del marco del Plan Libro
Abierto. La publicación de la obra (con una tirada de 1.000 ejemplares) correrá a cargo
de una editorial de Castilla y León que se anunciará oportunamente.
4.- Los autores noveles que participen en el Certamen deberán presentar una
obra original e inédita, de tema libre, con una extensión comprendida entre 120 y 250
páginas (en formato DIN A 4). Se admitirán a concurso tanto novelas como libros de
relatos. Las obras se presentarán por duplicado, con las páginas debidamente numeradas
y encuadernadas, mecanografiadas a doble espacio. Si se utiliza un procesador de textos,
deberá usarse la letra Arial o Times New Roman (tamaño 12, interlineado 1,5).
5.- Las obras se presentarán firmadas con seudónimo y vendrán acompañadas de
una plica. En el exterior del sobre figurarán el título y el seudónimo; en el interior, el
nombre y apellidos del autor, domicilio, teléfono y dirección de correo electrónico del
autor, breve curriculum literario y fotocopia de cualquier documento que acredite el
nacimiento y/o la residencia de dicho autor en la Comunidad Autónoma de Castilla y
León.
Las obras que no cumplan todos estos requisitos serán descartadas.
6.- El jurado estará compuesto por dos miembros de la AEN, un escritor, el editor
que vaya a publicar la obra ganadora y un miembro de la Fundación Siglo para las
Artes de Castilla y León.
El jurado podrá declarar el premio desierto si considera que ninguna de las obras
presentadas tiene el nivel necesario.
7.- Las obras se enviarán por correo o agencia de transporte a la Asociación de
Escritores Noveles, Delegación de Valladolid, Apdo. de Correos 235, Valladolid.
8.- El plazo de presentación de originales finaliza el 14 de septiembre (a estos
efectos, será válida la fecha del matasellos de Correos).
9.- El fallo del jurado, que será inapelable, se anunciará oportunamente y se producirá
antes de finales de 2008.
10.- La participación en el Certamen de Narrativa para Autores Noveles de Castilla
y León supone la aceptación de las presentes bases.
11.- El jurado tendrá la última palabra en la interpretación de las presentes bases
y en la resolución de los imprevistos que pudieran surgir durante el desarrollo de este
concurso.
		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/05/17/silencio-gris</id>
		<title>SILENCIO EN GRIS</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/05/17/silencio-gris" />
		<issued>2008-05-17T14:36:55+00:00</issued>
		<updated>2008-05-24T00:32:05+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/felicitas-r-delazaro/SOLEDAD.jpg&quot; width=&quot;324&quot; height=&quot;399&quot; class=&quot;imgcen&quot; /&gt;


                               
                              SILENCIO  EN  GRIS


Penumbra gris que se funde  con los visillos grises que ocultan el muro gris de la pared de la casa de enfrente y con la mesa gris de la cocina que en otros tiempos fue blanca. Una taza de café amargo frío y tan negro que se puede mascar.
María  sentada en una silla gris de dos patas. María inclinada sobre la mesa fija la mirada ausente sobre una hoja gris de papel. María escribe con trazos grises y la tinta del bolígrafo que se mezcla con sus lágrimas, también se vuelve gris.
El grifo gotea machaconamente sobre una pila llena de platos por fregar poniendo notas añadidas a una vieja canción que se extiende por la atmósfera gris a través de la radio

 …&lt;&lt; &lt;em&gt;CALLEJUELA SIN SALIDA, DONDE YO VIVO ENCERRÁ
       CON MIS PENAS, MI ALEGRÍA, MI MENTIRA Y MI VERDAD&gt;&gt;&lt;/em&gt;


&lt;em&gt;“Golpea, golpea fuerte una y otra vez para así sentir el dolor lacerando mi alma y mi espíritu y así, quizás, se resquebraje la capa con la que me cubro y, así quizás, pueda salir la luz, o  no hay luz y yo me la invento para no caer en la desesperación, para poder seguir, y tal vez no hay esperanza y yo me la imagino y me aferro a su ilusión para poder continuar inventando cada día y forzando sonrisas, y dando  “buenos días, “buenas tardes” y  deseando noches tranquilas con la gente que coincido en los instantes vacíos de los que se compone mi vida.
Me rebelo y ansío, y no me es concedido el objeto de mi ansia pero tampoco se me concede la ignorancia que me haga olvidar o ignorar &lt;/em&gt;el objeto de mi ansiedad….&lt;/em&gt;          

               El grifo gotea y gotea y la canción se desgarra:

TU QUERER LLAMO A MI PUERTA, NO PUEDO ENTRAR NI SALIR,
        NI ESTOY VIVA NI ESTOY MUERTA NI CONTIGO NI SIN TI&gt;&gt;&lt;/em&gt;

&lt;em&gt;Ciega, sorda, insensible, más me valiera ser para no sentir, para no conocer, ..., para no sentir, para no sentir cómo inca sus dientes sobre mi carne la soledad, la soledad profunda y cruel que empapa y acalla el grito interior que llama sin encontrar respuesta a tu llamada.
Sigo atrapada en un tiempo que no es el mío en una vida que yo no he programado, que no deseaba vivir.
Sigo renunciando y aferrándome con uñas y dientes a mi misma para no precipitar mi abandono y mi caída.
No sé qué es lo que me impulsa a levantarme cada mañana, la esperanza,…la esperanza , ¿en qué? 
Estoy sola, sola con mis lágrimas.&lt;/em&gt;


     &lt;em&gt;&lt;&lt;...Y EN MI CALLE SIN SALIDA, YA NO PUEDO CAMINAR
            NI DE NOCHE, NI DE DÍA, NI PA LANTE, NI PA ATRÁS&gt;&gt;&lt;/em&gt;

El color gris todo lo envuelve. Ha llenado el pelo de María de canas. El grifo ha dejado de gotear, la canción ha dejado de sonar, ella ha dejado de escribir. Solo se escucha el silencio  en gris



		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/05/13/la-paz-las-comisuras</id>
		<title>LA PAZ EN LAS COMISURAS</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/05/13/la-paz-las-comisuras" />
		<issued>2008-05-13T00:20:39+00:00</issued>
		<updated>2008-05-19T14:26:22+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Hoy tengo una visita largamente esperada: Sólo os diré que es un amigo de 21 años, observador y estudioso de los secretos de la vida que bucea y trata de descubrir en su interior y en el de los que le rodean, filósofo y muchas cosas más. Alvaro Casado, me trajo una de sus reflexiones que yo tengo el placer de compartir con todos.

&lt;strong&gt;LA PAZ EN LAS COMISURAS&lt;/strong&gt;
&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/felicitas-r-delazaro/bruma.jpg&quot; width=&quot;250&quot; height=&quot;256&quot; class=&quot;imgizqda&quot; /&gt;

&lt;em&gt;Pasemos de una forma de pensar propia de los hombres, a otra exasperada, que lucha por vivir dentro, para y por surcar el infinito, y así llegar a un éter iluminado, fogoso, tristemente compungido. Su rostro, en forma de ondas, arrastraría irremediabemente a las zonas, que constituyen diferentes apartados parecidos a las calles, pero que se ofuscan tras luces predeterminadas, difíciles y sumamente trabajadoras. La paz se sitúa distinta, optando a veces por alejarse de los pasillos vacíos, en los álbumes, o en los senescentes campos llenos de cristales verdes, que proyectan una serie innumerable de concavidades pictóricas, parecidas al prisma.
 ¿porqué es tan difícil que se lleve a cabo? Solamente porque existen las preguntas. Y las respuestas repletas de conceptos, pero que no representan nada, tan sólo fases del hambre. Acepciones que, sin tener la llave maestra en mano, producen que los simios se decanten por permanecer en sus sitios, escuchando el gorjeo de las aves, o el vaivén de unas copas llenas de vida, no sólo marital.
Ni elitismo, ni, por supuesto, cortinas de leche ante nuestrs sentidos. Desde pequeños, y esa materia, ácida, se precipita sin huida sobre los principios de una forma tan grave, que no existen ni las órdenes ni los mandatos, plurales. Añadiría algho menos, pero el belicismo de un ideario confuso, inquieto, soporta vestigios de otros condenados sobre baculos prematuros, inexistentes, pero que se observan sin mediar palabra, sólo esa mirada. 
La silla y la mesa, sus patas, de hierro, que aspiran a dilatarse hasta no ser tales ni convencer al señor de los resquicios.&lt;/em&gt;
		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/05/06/la-carta</id>
		<title>LA CARTA</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/05/06/la-carta" />
		<issued>2008-05-06T01:02:50+00:00</issued>
		<updated>2008-05-12T18:46:00+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;strong&gt;Hoy, esta tarde, un hombre de 52 años acudía a urgencias con un fuerte dolor precordial. Pálido, súdoroso, le costaba respirar y cada vez que intentaba llenar de aire sus pulmones, el dolor en el pecho se agudizaba. Después de examinarle detenidamente y de realizar las pruebas pertinentes para descartar una dolencia cardiaca, se le diagnostica de &quot;Crisis de ansiedad&quot;. 
Cuando se le trata de tranquilizar y se le interroga sobre si hay algún hecho puntual causante de su estado, el hombre, intentando controlar sus lágrimas, nos cuenta y, al oirlo, me acordé de un artículo que escribi, hace años, dedicado a un querido amigo que pasó por esa misma situación
Por los dos y por tantos otros.
&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/felicitas-r-delazaro/304184_Illustration.jpg&quot; width=&quot;234&quot; height=&quot;280&quot; class=&quot;imgcen&quot; /&gt;



LA CARTA

“Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad”, y ya se sabe que es necesario que la humanidad avance, aunque no  les sirve de mucho a  los que  “sufren” en sus propias carnes los adelantos de esas ciencias, los sobresaltos de las nuevas tecnologías y el  auge del marketing,  que cuando uno más tranquilo y en paz está, en aras de esos “avances”,  te hace la vida una pirueta, y recibes una carta de la dirección de tu empresa, (“madrecita, madrecita que me dejen como estoy”), en la que se te  invita pasar a un periodo vacacional permanente, sorprendiéndote al comprobar que algo que has estado anhelando muchas veces , ahora,  no te llena de regocijo sino más bien de un cabreo mal controlado, y que te deja hundido en la más negra  miseria. Has pasado durante  muchos  años por las horcas caudinas de tu jefe intentando mejorar tu puesto en la empresa,  con sangre sudor y lagrimas , dejando la piel y los mejores años de tu vida en el empeño. Has tenido que   ponerte al día y adecuar tu buen hacer a la nuevas tecnologías aprendiendo el manejo de los novedosos  programas de ordenador, que maldita falta te hacen,  pero que  según los entendidos facilitan muchísimo el trabajo, y como eres un buen  profesional,  te vas adaptando a todos estos cambios y  compites como un “cabrito” cuando llegan a tu empresa jóvenes  yogourines, recién licenciados, con unas energías que a ti ya te faltan, dispuestos a dar lo que hoy en día se exige: agresividad., competitividad  y firmeza, cuando tú siempre has sido pacifista y colaborador, ahora, ¡manda narices!, resulta que hay que ser agresivo, vamos,  merendarse al compañero si es necesario para mantener el puesto y el lugar en el trabajo que llevas realizando 30 años,  evitando  las zancadillas que, sin disimulo, algunos te ponen al paso, y tú que estas dispuesto a todo para preservar lo que has  ganado con el sudor de tu frente, entras en ese juego y hasta  te lees   manuales de karate y boxeo, porque en honor a la verdad,  agresivo , agresivo , no has sido nunca, más bien pacifista , incluso blandito. Pero ¿si hay que ser agresivo?, oye,  pues se es, y ¿si hay que cargarse a alguien? , pues también, qué se le va hacer, todo sea porque no les falten los garbanzos a la mujer y a los chicos; ¡vamos!,  quién dice garbanzos, dice la nueva casa con piscina, las vacaciones en Cancún, el master de tu hijo  en esa famosa universidad extrajera, que dicho de paso, no sabes si  le valdrá para algo  y, ¡lo que haga falta!, porque para eso tú trabajas y te llevas deslomando un montón de años; así que, ahora,  cuando recibes la llamada  del director piensas que por fin llega el merecido premio a tu dedicación y a tu trabajo a costa de robarle  tiempo  a la familia por las necesidades de la empresa, para poder llegar a las cotas de rentabilidad  y productividad exigidas, y  ese día ya está aquí, por fin ha llegado  el momento de valorar y  reconocer tus desvelos y sacrificios y cuando vas a estrechar la mano del director para darle las gracias de antemano , él te pone en ella una carta, que piensas que al abrirla  te encontraras el anuncio del soñado aumento de sueldo o el nombramiento de un puesto superior o, quizás, unas vacaciones pagadas.
 En un principio la dejas sobre la mesa y  la miras con aprensión, pero como no es cuestión de no abrir las cartas del director, con manos temblorosas la abres y lees, y no te crees lo que lees, y vuelves a releer, y por fin tu mente asimila y comprende lo escrito: el director te agradece tus años de trabajo  y  te comunica, eso sí, con muy buenas palabras, que la empresa a partir de la fecha no va a necesitar ya más de tus servicios; y te lo anuncian de muy buenas maneras porque la imagen es la imagen, y nunca hay que perder la compostura ni siquiera para dar el aviso de un despido anunciado;por eso lo comunican  en  una elegante carta, carta que según  vas leyendo, te va dejando una cara de gilipollas,  a la vez  que cierras los  puños sobre ella tratando de controlar tu ira, mientras oyes  “en off”,  la voz  de tu director diciéndote  no sé qué de lo joven que eres y que de esta manera podrás disfrutar de un merecido descanso y largos años de vacaciones, porque al fin de al cabo, él que no se consuela es porque no quiere, y como al perro flaco todo se le vuelven pulgas, dibujas una mal disimulada mueca y sales del despacho encontrándote de frente con el jovencito que seguramente a partir de ahora va a ocupar tu puesto, embistiéndole, al pasar a su lado, con la agresividad que te han enseñado a utilizar,  agresividad que ha dado con sus huesos en el suelo pero como lo cortes no quita lo valiente y te acuerdas de los buenos y trasnochados modales que te enseñó tu padre, cuando la agresividad no era una virtud, sino más bien un defecto, le has dado la mano y ayudado a levantarse alegando en tu defensa que ha sido de forma involuntaria y casual,  mientras le sacudes con brío la chaqueta de su traje de marca,  saliendo de la escena con “la frente marchita y las nieves del tiempo clareando tú sien”. Al cruzar la puerta,  saludas con un movimiento de cabeza al conserje que  al verte se acerca y, como en secreto de confesión, te susurra al oído: “hermano, morir habemus”, y tú, conteniendo las lágrimas de la ira, le respondes, “ya lo sabemos” y  al decir estas palabras,  ya en  la calle , piensas en las explicaciones que tendrás que dar en tu casa, y a qué dedicarás tu tiempo libre.
 La luz te ciega y el aire no te llega bien a los pulmones; te sorprende tu imagen en la luna de un escaparate, te miras, sin apenas reconocerte, detrás de ti, una sombra, la del ciprés es alargada.











.

		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/04/24/wife-swap-3</id>
		<title>WIFE-SWAP</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/04/24/wife-swap-3" />
		<issued>2008-04-24T23:12:32+00:00</issued>
		<updated>2008-08-21T19:05:15+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Una mujer muy especial visita hoy mi tronera. Se trata de  Carmen Dolz Porcar. Carmen es valenciana pero vive desde hace muchos años en Brhigton (Inglaterra)
 Carmen es una escritora muy completa: articulista, cronista de viajes, ensayista, domina la técnica del relato con maestría. Siempre es un placer leerla.  Mujer comprometida con su condición, esgrime la pluma como si fuera una espada  contra la desigualdad y el uso y abuso del que todavía hoy en día son objeto muchas mujeres. Para muestra un botón, en el artículo que nos ha dejado,  de manera clara, concisa y dura, expone, reflexiona y denuncia.
Carmen: una excelente mujer, una gran  amiga, una de mis mosqueteras. Gracias por tu visita. 

&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/felicitas-r-delazaro/20060309223533-igualdadw.jpg&quot; width=&quot;300&quot; height=&quot;330&quot; class=&quot;imgcen&quot;
             
                                     Wife-swap

Hace unos semanas, El País publicaba un artículo de Soledad Gallego-Díaz titulado ¿Qué les pasa a los hombres? (2-3-2008). En él, la autora nos invitaba a invertir los roles tradicionalmente asumidos por hombres y mujeres para facilitarnos la reflexión sobre la violencia de género. Una vez aceptado el juego, fue muy fácil escandalizarse al comprobar que en la actualidad muchas mujeres acaban matando a sus novios y maridos cuando éstos deciden comenzar un proceso de separación y divorcio. Qué barbárico, inhumano e inaceptable, pensábamos sin necesidad de usar la lógica. Pero, ah, cuando los actores de estas atrocidades son hombres (como ocurre a diario en nuestro planeta) parece que aceptamos sin más que el problema no tiene remedio. Soledad Gallego-Díaz se preguntaba por las razones que mueven a los hombres a no hacer nada. ¿Por qué no se echan las manos a la cabeza? ¿Cómo es posible que no haya más hombres que no se pregunten qué les pasa a los de su grupo? 

Estoy de acuerdo con esta autora al enunciar que el problema afecta a las mujeres tanto como a los hombres: a unas por sufrirlo y a otros por practicarlo; es un problema que afecta a todos, a la sociedad entera, y es una cuestión que nos debe obligar a promover un cambio radical en la mentalidad de hombres y mujeres; un cambio sólo posible si analizamos y reaccionamos a las grandes contradicciones en las que se basa este problema universal. 

La técnica de la inversión de roles me pareció muy efectiva y me gustaría proponerla para analizar un  ejemplo mediático que nos puede ayudar en esta reflexión sobre el machismo. Hay un programa en la televisión inglesa  titulado ‘Wife swap’ (Intercambio de esposas). No sé si existe algo parecido en España pero seguro que, si no forma parte de la programación todavía, no tardará en llegar. En este programa, dos familias se enfrentan al desafío de vivir durante dos semanas con una madre y esposa que no es la propia. Aunque el mensaje de fondo que nos transmite el programa es que las mujeres son el motor que mueve a la familia, y sin ellas la unidad familiar suele irse abajo (hablo en general, consciente de que las excepciones van en aumento), el título en sí mismo da una idea machista y denigrante de que las mujeres, como los coches, las lavadoras o las pelotas de fútbol, son intercambiables; son una función y por lo tanto reemplazables. ¿Por qué a nadie se le ha ocurrido crear un programa en el que se intercambien maridos? Quizá por la sencilla razón de que en la mayoría de los casos, nadie notaría la diferencia; en general, lo que la mayoría de los hombres aportan a la unidad familiar, es mucha ausencia y una cantidad de dinero variable. El caso es que en este programa las madres intercambian hogares y las familias (niños y padres) aprenden que hay otras maneras, y además muy diferentes, de organizar una vida familia. 

Por descontado, el trueque televisivo nunca defrauda. El reality-show siempre encuentra el efecto dramático al buscar y emparejar estilos antagónicos: una madre rural y bohemia es invitada a pasar dos semanas en la casa de los señores Urbanitas para enseñar a un marido y unos niños enganchados a los avances tecnológicos fruto de su poder adquisitivo, a llevar una vida más humana. La familia de acogida, obligada a seguir las nuevas reglas de la visitante, se aleja por unos días de sus rutinas y aprende así a vivir de otra manera. Y viceversa. Todo un intercambio de papeles de lo más educativo: la vida de las familias siempre, aunque sea sólo por dos semanas, se altera y de la experiencia, poco o mucho, algo se aprende. 

A la mayoría de los niños, jóvenes y adultos que conozco, este programa les fascina. El ver distintas maneras de ayudar a crecer a unos hijos (y a un marido), ayuda al público a reflexionar sobre su vida tanto como sobre la de los elegidos para la experiencia, experiencia ésta que por intereses comerciales suele ser siempre una vivencia extrema disfrazada de normal. A mí, sin embargo, el programa, a pesar de su valor formativo, me provoca un gran malestar, y aunque son varias las razones que me producen desazón, empezaré por la más obvia. 

El otro día les comenté a mis hijos que no me gustaba el título, Wife-swap, porque más que esposa, lo que se intercambia era una madre, un ser humano del que depende toda la familia; una persona que organiza, cuida, supervisa, educa y ayuda a todos los que viven a su alrededor. ¿No lo deberían llamar de otro modo? Así tal cual, unido a la palabra ‘intercambio’, el término ‘wife’ convierte a la mujer en un objeto, en algo que se puede canjear. ¿No debería utilizarse una expresión que hiciera una referencia más directa a la idea de mujer como sujeto, persona activa y responsable de tanto y de tantas vidas? ¿Que tal ‘Madre de quincena’ o algo así? Un título que denote la importancia de la persona que acude a cambiar la vida de esa otra familia. ¿No creéis? –les pregunté a mis hijos. Mi consulta no pareció sorprenderles y su pronta respuesta no hizo más que añadir luz a mi reflexión sobre el contenido del programa. 

Mis peques me informaron de que a menudo se daban casos (obviamente ellos han visto muchos más programas que yo) de maridos sin hijos, hombres que recibían a otra mujer para que les hiciera las labores de la casa y cualquier cosa que pudieran necesitar (algunas incluso trabajando también fuera de casa –añadió mi hija adolescente entrenada en la perspectiva de género). Era, pues, un intercambio de esposas, y no sólo de madres. 

Y yo me pregunto, si ésta es la visión más contemporánea que seguimos teniendo del género femenino, de que una mujer con hijos o sin ellos, está aquí para servir al hombre, y además debe hacerlo gratis, ¿cómo nos va a extrañar ver a hombres quejarse de que la mujer con la que se han emparejado les ha salido ‘rana’ y dice que quiere ‘liberarse’? ¿No iría cualquiera mujer casada a quejarse si le dijeran que los maridos son para hacer dinero y el suyo le ha salido demasiado inepto para hacer más de quinientos euros al mes? Si existiera una agencia así, seguramente habrían colas, y de varios kilómetros en algunos países; pero como no hay tales ventanillas a las que acudir a despotricar de que la mujer no le ha salido a uno lo tradicional que él quería, lo que hacen algunos hombres (demasiados, por desgracia), es agenciárselas por su cuenta para quejarse de que la suya no hace lo que dicen las instrucciones esas que algunos hombres parecen llevar colgadas del cuello como si de una medallita se tratara: el escapulario del dios padre, hombre y egoísta y ¿la compañera? Ella, costilla, debajo y a lo que le pida. 

Fue ahí, en plena conversación, cuando me di cuenta de que lo que me ofendía del programa no era sólo el título; lo que me enervaba era que el programa no fuera más reivindicativo y feminista, ya que en el fondo proclamaba la importancia de la mujer como sujeto activo cuyo abanico de labores es esencial para la supervivencia y buena marcha del núcleo familiar. Y entonces ¿por qué no se veía claramente esta importancia? Pues porque el programa es sin duda un reflejo del gran debate que divide no sólo a la sociedad sino a las propias feministas desde hace varias décadas. 

Resumir la polémica en unas cuantas líneas debe de ser posible, y paso a intentarlo. Por un lado, las mujeres exigimos con todo el derecho del mundo que se nos aprecie como personas y no sólo como estereotipos desprovistos de todo interés que no sea ir guapas o tener la casa limpia y ordenada. No somos sólo cuerpos que sirven de instrumentos en los juegos de muchas fantasías masculinas, y para ello, desde hace unas décadas, contamos con el feminismo de la igualdad, feminismo que nos ha ayudado a conseguir derechos sociales, legales y laborales. Pero, por otro lado, y la evidencia lo demuestra, también queremos ser capaces de realizar labores tradicionalmente consideradas femeninas (como organizar la vida de los demás y ayudar al desvalido), por lo que necesitamos que éstas actividades se valoren públicamente. Esta es la exigencia del feminismo de la diferencia, el que busca la reivindicación  de los roles tradicionalmente considerados femeninos. Aunque parecen contrarias y contradictorias, estas exigencias de la diferencia y la igualdad no tienen porqué serlo. Quizá sea difícil hermanarlas, pero no es imposible, y debemos intentar hacerlo, porque las mujeres tenemos derecho a abrir nuestras vidas al mundo público mientras conservamos también el privado. Y de hecho, si los hombres compartieran más el privado, igual hasta sería más fácil encontrar aparcamiento en el espacio público. 

Pero en este gran dilema quizá haya algo todavía más difícil de aceptar: la contradicción que resulta de un mundo superpoblado al borde de un colapso demográfico. ¿Cómo van los gobiernos, y la sociedad en general, a darle valor y respeto a una labor que el mundo no debe intentar fomentar? ¿No será que el mundo tiene miedo de que cuantas más madres haya orgullosas de su papel, más habitantes tendrá un planeta que llora de congestión? Pero no, de esto no parece querer hablarse, no sea que la pirámide de población de cada uno de nuestros cómodos países se invierta mucho más. Quizá sea éste otro tema que merece capítulo aparte (guiño a Eines).

Volviendo a la tele, y al programa en cuestión, no hay más que verlo para darse cuenta de que la sociedad ha cambiado muy poco. El programa nos habla a gritos de la maternidad patriarcalmente entendida, es decir, maternidad con o sin hijos, con trabajo remunerado fuera de casa o sin él. 
Así, la sociedad sigue recibiendo unos mensajes contradictorios, en los que el binomio amor-odio, superioridad-inferioridad hacia las labores tradicionalmente femeninas, refleja la anquilosada visión que tiene el patriarcado hacia esa labor primordial que realizan mayormente las mujeres. 

Para cambiar, entonces, la mentalidad de estos hombres (y de algunas mujeres) quizá deberíamos empezar admitiendo que lo que hacen las madres tiene un valor tan esencial como cuantificable; valor que el programa Wife-Swap resalta aunque solapadamente, casi a regañadientes. 
Hoy por hoy ya nadie niega que las mujeres en sus casas son organizadoras, gerentes, directoras, son motores que ayudan a los seres a su alrededor, para que directa o indirectamente lleguen sanos y felices a las esferas públicas. Afortunadamente ya son innumerables los artículos y ensayos que tratan el tema en congresos feministas, en revistas  y periódicos. Y sin embargo, ¿por qué seguimos sin apreciar esta labor? Pues porque la función de ‘ama de casa’ está infravalorada, por lo que implica de servil, de abnegado y dependiente. Durante muchos siglos, la madre se ha negado a sí misma, pues así se supone que debe ser la buena madre. Pero ¿por qué se tiene que considerar la bondad, el amor y la entrega una cualidad exclusiva de las mujeres? ¿quién ha dicho que ser responsable, compasivo, generoso, amable, diligente, sólo atañe al género femenino?¿No deberían ser éstas las cualidades de todo ser humano, de toda persona que ama a los suyos, independientemente de su sexo? 

Esta reflexión apunta hacia la diferencia que existe entre ser esclava de la familia y ser madre y mujer, diferencia que muchas mujeres llevan años trazando y la sociedad se niega a aceptar. Ellos querrán (y sigo generalizando) que ellas estén siempre ahí dispuestas a servir a los demás; pero eso es simplemente el reflejo más básico del egoísmo humano. Poner límites y contenido a esa labor es cuestión de todos. Quizá deberíamos empezar admitiendo que a las mujeres (en toda la compleja y variada generalización) les pedimos demasiado, y que ya es hora de que compartamos más las tareas domésticas. Y ¿por qué no seguir en la misma línea, y abiertamente admirar a nuestras madres y a las de otros? ¿Por qué no las apoyamos más reconociendo su importancia, su valía, su papel fundamental en el crecimiento del ser humano? Pero, no nos engañemos, porque al mismo tiempo, no debemos olvidarnos de admitir que esas tareas domésticas, esas cargas emocionales, esas responsabilidades para con los otros miembros de familia, no son obligaciones que atañen exclusivamente a las madres y mujeres del mundo: son simple y llanamente de todos. Por lo tanto, ¿no es hora de que compartamos con ellas lo que no les pertenece sólo a ellas? Sólo así cambiaremos las convicciones de los hijos y las hijas que de una vez por todas respetarán y admirarán a las mujeres tanto como a los hombres, porque los verán trabajar juntos, los verán mostrando que han aceptado tanto sus diferencias como la igualdad social y legal que les corresponde por ser ciudadanos del mundo independientemente de su sexo. 

En un mundo ideal, en mi soñada utopía, el programa Wife-swap no existiría. Pero como no dejo de reconocer que el intercambio de roles tiene una función formativa enriquecedora, crearía un programa parecido; se llamaría Lifestyle-Swap y consistiría en cambiar temporalmente el estilo de vida de un grupo familiar y para ello se seguirían las instrucciones diseñadas por miembros de otro grupo familiar. El programa tendría como objetivo reflexionar sobre el entorno familiar a través del intercambio, y además serviría para concienciar a los miembros de la familia sobre la importancia y dependencia mutua de todos para con todos como miembros de una comunidad. Así anularía de una vez por todas la presencia de una persona única tomada como instrumento al servicio de los demás. En los entornos utópicos, no existirían los binomios: inferior-superior, amo-esclavo, servidor-servido. 

Sigamos, pues, aprendiendo con la técnica de los intercambios de papeles pero, por favor, cambiémosles el título a los programas como ‘Wife-Swap’. 


CD abril08


		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/04/20/enfermedad-mortal</id>
		<title>ENFERMEDAD MORTAL</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/04/20/enfermedad-mortal" />
		<issued>2008-04-20T21:39:25+00:00</issued>
		<updated>2008-05-03T19:03:37+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&quot;No hay enfermedades, sino enfermos&quot;, dijo Marañón  Hay dolencias del cuerpo y dolencias del alma . ¿Cuáles producen mayor dolor?  Quizás el protagonista de esta historia pueda aclararnos la cuestión&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/felicitas-r-delazaro/dav_marat.jpg&quot; width=&quot;324&quot; height=&quot;350&quot; class=&quot;imgcen&quot; /&gt;


ENFERMEDAD MORTAL


Llevaba en el bar algo más de cinco horas. Cuando llegó, buscó el lugar más discreto  y alejado, y allí estaba desde entonces.
Aurelio no le quitaba la vista de encima. En sus muchos años de camarero en  “El Pequeño Ideal”, nunca había visto a alguien que llevara tan claramente  la desesperación pintada en su cara.
Apareció a eso de las tres de la tarde; se sentó en la mesa del fondo del viejo café  y, unas veces inmóvil mirando al vacío y otras veces escribiendo algo que luego rompía, parecía haberse fundido con la decoración del local
Cuando se acercó a atenderle, sin mirarle, entre dientes,  le había pedido un güisqui doble mientras buscaba afanosamente dentro de un viejo portafolios.
Aurelio, caminando a  la barra para atender la consumición requerida,  meneando la cabeza a modo de desaprobación, pensó: “otro pirado o desesperado de la vida. Un güisqui doble a las tres de la tarde”.
 Se había pasado las dos primeras horas sujetando una cuartilla escrita en la mano izquierda mientras que, con su diestra, escribía afanosamente  en otra en blanco,  para  al poco de garabatear en ella estrujarla  y vuelta  a empezar.
En el borde de su mesa se acumulaban bolas de papel formando una pequeña montaña, y algunas ya se desparramaban por el suelo
Aurelio le miró y  se atusó sus largos y ya canosos bigotes. Le caía bien ese tipo. Eran ya  muchos los años de contacto con la gente; tan solo le bastaba una ojeada para conocer la condición  humana del que tenía de frente  y ese hombre de pelo castaño oscuro que pasaba constantemente sus manos por los cabellos, de nariz aguileña, de ojos huidizos, alto y delgado, estaba sufriendo, tenía un problema.
La gabardina arrugada dejada de cualquier manera en una de las sillas, sus pantalones sin raya y la suciedad de los zapatos, así como su larga y descuidada barba, le hicieron pensar que  llevaba varios días fuera de su casa.
A las dos  horas y media  de llegar y  en  su tercer güisqui, Aurelio, le preguntó  si necesitaba algo, pero él le alejó con un gesto hosco y un gruñido a modo de respuesta para que le dejara en paz.
Aquel hombre iba poco a poco consumiendo los güisquis y el tiempo. Hacía ya mucho rato que había dejado de escribir, sin que al parecer, nada de lo escrito le sirviera. Ahora, abandonado en la silla con la cabeza apoyada en la pared, parecía dormitar pero su gesto crispado y sus manos aferradas a ese papel que nunca había soltado, indicaba que simplemente mantenía los ojos cerrados.
Un cabeceo estuvo a punto de hacerle caer al suelo y Aurelio sin poder contener por más tiempo,  no  su curiosidad sino su afán de  prestar ayuda,  aprovechando el poco público que a esa hora frecuentaba el café, se acercó a su mesa y se sentó frente a él.

—Oiga joven, disculpe que me entrometa, pero ¿se encuentra bien?

—Déjeme en paz  —susurró en voz baja si apenas abrir los ojos.

—Perdone que insista, le llevo observando desde que llegó. Mis muchos años me dicen que usted necesita ayuda, y echar fuera eso que le está carcomiendo por dentro. Yo ya soy viejo, licenciado en gramática parda y en la filosofía que se aprende en el vivir de cada día. No quiero inmiscuirme en sus problemas, ni tengo curiosidad malsana, pero me ha caído bien, así que si necesita desembuchar, lo haga ahora. Aurelio, que soy yo, es una tumba.
La larga parrafada de presentación pareció hacer el efecto deseado porque el hombre miraba a Aurelio con asombro.

— ¿Desde cuándo en esta puta vida a alguien le interesan los problemas de los demás?

—Pues fíjese, por lo visto a mí. No le he quitado ojo desde que entró en el café y mi razón  me dice que usted es una buena persona, con un grave problema que le está corroyendo por dentro. Hijo, tiene la desesperación pintada en su cara.

Una mueca de amargura se esbozó en el rostro del desconocido.

—Es  muy observador amigo pero, aunque yo le contara, dudo mucho que me pueda dar ninguna solución. Para mi mal ya no hay remedio.

— ¡Vamos hombre! algo se podrá hacer. Usted no es de por aquí, ¿verdad? 

—No, soy de un pequeño pueblo de la provincia de Soria. No me molestaré en mencionarle porque seguro que no habrá oído hablar de él. Un pueblo castellano en el que la vida pasa de puntillas, en el que nunca ocurre nada, que va muriendo poco a poco, como yo ahora mismo.

— ¡Oiga! —Exclamó Aurelio—,  ¿está usted enfermo?

—Enfermo y tocado de muerte.

Aurelio le miró fijamente. A pesar de su aspecto desaliñado y su delgadez no parecía estar afectado por ninguna enfermedad, aunque hoy día nunca se sabe, hay algunas que tardan en dar la cara.

—Soy Tomás Agundez  —se presentó.

—Y yo Aurelio. Oiga, no debe desesperar. Hoy la medicina tiene grandes remedios y muchos avances con los que aliviar y curar. Perdone que sea tan directo, ¿tiene  cáncer?

Tomas no respondió, cerró de nuevo los ojos y Aurelio creyó ver un pequeño brillo que resbalaba por su cara.

—Vamos amigo, seguro que no es tan grave, seguro que hay esperanza. Tendrá que luchar,  su familia y amigos estarán a su lado, le ayudaran y saldrá de esto. Ya lo verá.

—No tengo familia, mis pocos y lejanos amigos nada pueden hacer por mí. Llevo enfermo mucho tiempo. Vine aquí esperando encontrar la medicina y el remedio para mi enfermedad, pero  mi mal no tiene cura, ya es demasiado tarde. Estoy desahuciado.

Aurelio se empezó a impacientar. “¿Qué demonios tenía ese hombre? ¿Cuál sería su terrible enfermedad? ¿Un cáncer galopante, o una de esas relacionadas con la inmunidad, un sida? ”

—Mientras hay vida hay esperanza y usted tiene que luchar, no darse por vencido. Estoy seguro que mis palabras las habrá escuchado en boca de sus propios médicos.

—No hay médico  ni medicinas  para mí. Me quedan tan sólo unas pocas horas de vida  —dijo cansinamente—  y, en verdad, mi muerte será una liberación. Vine aquí tras esa esperanza que antes decía, pero no existe ninguna


Aurelio le miro fijamente, se manoseó repetidamente el bigote y después pasó sus manos varias veces sobre la frente, intentando entender las palabras de ese hombre.
 Empezaba arrepentirse de haberse sentado con él; la inmensa angustia y tristeza que trasmitía con sus palabras le estaban agobiando

 “¿A que me meteré yo en camisa de once varas? Ya soy viejo para estas emociones y tengo suficiente en  convivir con mis propios problemas”,  pensó volviendo a atusarse el bigote esta vez con las dos manos.

—Bueno, Tomás, veo que no me quiere contar, ni hablar de la enfermedad que le aqueja. Perdoné si me inmiscuí en sus asuntos, pero creí  que le haría bien hablar. Respeto su silencio y siento mucho verle así, no sé, tan desolado, tan resignado. ¡Luche, hombre, luche! De todas formas si se queda por algun tiempo yo estoy aquí todas las tardes.

—Gracias amigo, —dijo poniéndose de pie, apoyándose en la mesa de mármol para hacer el esfuerzo—, no va a ser necesario pero, gracias, es usted un hombre bueno.

Aurelio se levantó a su vez. La tristeza de ese hombre se le coló dentro. Le ayudó a recoger sus cosas: la gabardina, el portafolios…,  parecía que por momentos le abandonaban sus fuerzas. Sujetó sus primeros pasos vacilantes y le acompañó hasta la puerta.
 —Tomás de verdad, soy muy viejo, hágame caso, no se deje vencer, luche por su vida. Es usted muy joven todavía.
—Le  he dicho antes que mi enfermedad no tiene cura.

— ¿Pero  qué coño tiene, de qué está usted enfermo?, —casi grito Aurelio perdiendo por minutos la paciencia ante la resignación y pasividad de aquel hombre—.  ¿En qué parte de su cuerpo radica su enfermedad: en la cabeza, el estomago, el corazón? ¿Dónde tiene esa terrible dolencia?

Tomás clavo sus ojos inexpresivos, ya sin vida en Aurelio y con un hilo de voz, casi al oído le dijo:

—En el alma, Aurelio, mi enfermedad está  en el alma.


Aurelio le vio alejarse desde la puerta hasta que su sombra desapareció al doblar la esquina de la calle. 

Cansinamente se dirigió a la mesa en la que ese tal  Tomás había estado. Por muchos años que llevara en su profesión, la gente  no dejaba de sorprenderle. “En el alma, la enfermedad la tiene en el alma, pues que vaya a un confesor”, pensaba Aurelio mientras  recogía el último vaso vacío de güisqui y los papeles amontonados. Se agachó al suelo para coger los que allí cayeron, cuando entre ellos vio la carta que, presumiblemente era la hoja que  había estado estrujando toda la tarde,  ese hombre entre sus manos como si de ella dependiera realmente su vida.
No era muy ético, pero no pudo sustraerse a leer. Leyó y entendió.

&lt;em&gt;Querido Tomás: 

No sé si podrás perdonarme. Lo que me ha ocurrido, a pesar de que hubo gente que me, lo advirtió, nunca pensé que me podía pasar, pero ha pasado.  Esto es lo malo de conocerse y enamorarse por Messenger y mantener una relación en la distancia a través del correo
 De verdad que pensé que mis sentimientos eran fuertes y sólidos, en verdad pensé que en ti había encontrado el amor de mi vida, que éramos almas gemelas. Pero antes de ayer, al  verte por primera vez frente a mí, después de pasar toda la tarde juntos, comprendí que hay muchas cosas que nos separan y me di cuenta que no podría vivir contigo  como habíamos soñado.
Siento que la ilusión de mi amor y la ansiedad de acabar para siempre con tu lacerante soledad, te haya hecho cometer la imprudencia y la locura de dejar todo, vender  tus pequeña hacienda y tu casa,  para venir conmigo a la ciudad, diciendo a todo el mundo que te ibas a casar y emprendías una nueva vida. De haberlo sabido hubiera impedido que hicieras ese acto tan alocado e imprudente.

Me duele en el alma decirte esto. Sé que eres un hombre bueno, pero, después de hablar horas y horas contigo, son más las cosas que nos separan que las que nos unen. Nuestra relación no tiene futuro, no al menos tal y como la habíamos planteado. No me siento bien a tu lado, no me veo como la compañera que tú deseas para el resto de tus días.
Te lo iba a decir ayer, pero,  al comprobar tu desesperación y tu tristeza,  ante mis insinuaciones sobre lo precipitado de tu decisión y que nos deberíamos dar un tiempo, opté por callar para no añadir más dolor al que te estaba provocando. 

He pasado toda la noche llorando por causarte este disgusto y este pesar, pero no puedo falsear mis sentimientos, te estaría engañando a ti y a mí misma y esa farsa nos destruiría a los dos. 
Por tus cartas, pensé que eras dueño de una gran hacienda, y que tu situación económica era desahogada. Cuando ayer  me dijiste que no posees apenas nada, que viviríamos con estrecheces tan sólo alimentados por nuestro amor, supe que no era la persona idónea para ti. Yo no puedo vivir sólo del amor. Necesito unos mínimos, una serie de comodidades que suponía iba a tener cubiertas contigo. 
Sé que para ti será quizás duro volver a tu pueblo y afrontar ante tu gente un supuesto fracaso, pero no lo veas como tal; estoy segura de que encontraras a alguien cercana a tu entorno con quien hacer tu vida como la sueñas. En ese sueño tuyo, de verdad que yo no puedo estar. 
Dadas las circunstancias, es mejor que no nos veamos más. Dejaré esta carta en la pensión donde te alojas. Espero que sepas perdonarme y que la vida te de la oportunidad de ser feliz.

Pilar.&lt;/em&gt;



		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/04/13/ii-premio-luis-adaro-relato-corto</id>
		<title>II PREMIO LUIS ADARO, DE RELATO CORTO</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/04/13/ii-premio-luis-adaro-relato-corto" />
		<issued>2008-04-13T22:01:20+00:00</issued>
		<updated>2008-04-13T22:12:13+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
II PREMIO LUIS ADARO, DE RELATO CORTO
Bases
Participantes
1.- Podrán participar los autores que lo deseen, españoles o extranjeros que no tengan en su haber más de dos libros editados, siempre que los trabajos se presenten escritos en lengua castellana.
2.- Cada autor podrá presentar solamente un trabajo, original y tres copias, con una extensión mínima de 3 páginas y máxima de 8 páginas, por una sola cara, en formato DIN A-4, a doble espacio, tipo de letra Times New Roman de 12 puntos.
Dotación
3.- Se establecen un único premio de 600 euros más una cuota de socio gratuita. Sobre esta cantidad se practicará las retenciones legales pertinentes.
4.- El ganador se compromete a acudir personalmente a recoger el premio en el transcurso del acto cultural organizado al efecto y que oportunamente se anunciará.
5.- En caso de no asistir, el premio quedará en poder de la asociación.
6.- Si en el transcurso de la convocatoria, y antes del fallo del jurado, algún relato participante es proclamado ganador de otro concurso, el autor deberá notificarlo a la organización del Premio Luis Adaro.
Condiciones Generales
7.- Los relatos deberán ser originales e inéditos y no haber sido premiados en ningún concurso literario.
8.- El tema será de libre elección y cada concursante podrá enviar un único original.
9.- Los relatos deberán presentarse obligatoriamente bajo el sistema de plica cerrada en la que en su exterior figure título y seudónimo. Dentro del sobre debe aparecer nombre, apellidos, dirección, teléfono y fotocopia DNI, del autor.
10- Los trabajos se enviarán por correo postal a la siguiente dirección:
* AEN - Asociación de Escritores Noveles.
II Premio Luis Adaro de Relato Corto.
Calle Zoila, número 28, 5º Izda.
33209 - GIJÓN (Asturias, España)
11.- No se admitirá ningún trabajo que se envíe por correo electrónico.
12.- El plazo de admisión de los trabajos finaliza el 1 de mayo de 2008 (se aceptarán los recibidos con matasellos anterior a esta fecha) y el fallo del jurado se dará a conocer en Julio de 2008.
13.- Constituyen el jurado figuras de reconocido prestigio en el mundo cultural y literario actuando como secretario de mesa un representante de Ediciones Letra Clara.
14.- El fallo del jurado se dará a conocer por los medios de comunicación y en las siguientes páginas web: http://www.asociacionescritoresnoveles.es y http://www.letraclara.com, y de modo expreso y personal a los autores de las narraciones premiadas.
15.- Todos los originales seleccionados, el ganador y los diez finalistas, serán propiedad de sus autores, reservándose la Asociación de Escritores Noveles el derecho a una primera edición con la colaboración de Ediciones Letra Clara.
Se publicarán en un libro cuyo título será “Velamen, Segundo Premio Luis Adaro”.
16.- El premiado recibirá tres ejemplares de este volumen.
17.- No se devolverá ningún trabajo presentado a concurso, siendo destruidos los que no hayan sido galardonados.
19.- Los derechos de autor derivados de la edición de Velamen, Segundo Premio Luis Adaro” quedarán en propiedad de Ediciones Letra Clara.
18.- La participación en el concurso supone la plena aceptación de las presentes bases y para cualquier otra decisión sobre el mismo queda facultadas la Asociación de Escritores Noveles y Ediciones Letra Clara, cuya decisión será inapelable.
Mayor información: http://www.asociacionescritoresnoveles.es
prensa@asociacionescritoresnoveles.es
http://www.letraclara.com
elc@letraclara.com
		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/04/06/pequenas-historias-reflexionar</id>
		<title>PEQUEÑAS HISTORIAS PARA REFLEXIONAR</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/04/06/pequenas-historias-reflexionar" />
		<issued>2008-04-06T14:51:48+00:00</issued>
		<updated>2008-09-17T22:12:39+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;em&gt;Cuantos objetos guardados que no llegamos nunca a tirar sin saber muy bien por qué los conservamos. Unos como gratos recuerdos de algo vivido y otros, quizás, como mudos recordatorios de acciones que no debemos olvidar. &lt;/em&gt;
&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/felicitas-r-delazaro/LF6RX2CATCCOK7CA30CMPNCATZOG86CA56XF1NCA3ZJKAPCA52955ECA5KOM31CAQ530PXCA7660C0CAZNFK55CARIHJU3CAWFYTESCA8PTBQ3CAHN4ETGCA5RZYASCAKKNSOG.jpg&quot; width=&quot;211&quot; height=&quot;241&quot; class=&quot;imgcen&quot; /&gt;

                          &lt;strong&gt;  LA PELOTA DE TRAPO&lt;/strong&gt;

—Abuelita, voy  a tirar a la basura esta pelota  de trapo —dijo Elena mientras ponía orden en los cajones del viejo aparador. 
—¡No!  —grito la abuela, desde la cama, extendiendo sus manos temblorosas
Elena le alcanzó la pelota,  mientras se preguntaba de dónde habría sacado su abuela la energía  para gritar de esa manera, cuando apenas podía hacer el esfuerzo de respirar.
 La abuela cerró los ojos, al tiempo que  sujetaba con las pocas fuerzas que le quedaban a la vieja pelota 
—No tires esta pelota, Elena.
—Pero abuela, ¿qué interés tiene para ti esta pelota sucia y mugrienta?
 —Se la  robé a una amiga. —contestó  la anciana en un susurro.
— ¿Qué la robaste? —exclamó sorprendida Elena, incapaz de imaginar a su abuela haciendo algo semejante.
 —Tenía 5 años, mucha hambre, mucha miseria. Nunca tuve ningún juguete. 
—Bueno abuela, no te martirices ahora, después de tantos años, —dijo Elena al ver que a su abuela se le llenaban los ojos de lágrimas. —Son cosas de niños
—Nunca pude jugar con ella. Los remordimientos me convirtieron  en una niña triste y solitaria. Prométeme que la guardarás en mi recuerdo.
—Te lo prometo abuela.
—Elena, no tires nunca esta pelota, es mi conciencia.

                  
                    &lt;strong&gt;NO SE LO CUENTES&lt;/strong&gt;
&lt;em&gt;Si a los personajes de los cuentos, el  autor los hubiera dejado libres y hablaran por su propia voz ¿qué nos contarían?, su verdadera realidad, que tal vez ,no fue la misma que la que se le obligó a vivir, lo mismo que les ocurre a muchos seres humanos, atrapados en una historia que no es la suya.  
 &lt;/em&gt;

&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/felicitas-r-delazaro/F160607_by_faboarts.jpg&quot; width=&quot;200&quot; height=&quot;292&quot; class=&quot;imgizqda&quot; /&gt;


Cada vez que un niño lee sobre mí, me despierta del sueño y hace que reviva  lo que quiero olvidar. Desearía que nadie recordara mi nombre.  En realidad, nadie sabe mi nombre. El autor ni siquiera me bautizó. En cambio tuvo la insolencia de cambiar todo lo sucedido en aquella casa, en aquella habitación de los juguetes. 
Ni me caí por la ventana, ni hice ese famoso viaje, ni me trago un pez. Todo eso lo inventó para que su historia fuera dulce, suave; gustara a chicos y a grandes, que al parecer apetecen  que les enmascaren y dulcifiquen la realidad.
La realidad, mi realidad, es que sí soy un soldado cojo. Sí, me enamoré de una hermosa bailarina. Sí suspiré y me consumí de amor, para más tarde morir de dolor, al ver que ella, enamorada de uno de mis compañeros a quien no le faltaba una pierna, se lanzaba a la chimenea para perecer con él, minutos después que  ese monstruo de niño le arrojara al fuego.
El corazón que encontraron en las cenizas no fue  el mío, puesto que no me deshice en las llamas. Otro invento cruel del escritor.  Yo no tengo corazón. Le perdí aquel día, morí también aquel día, pero revivo y muero cada vez que alguien lee mi historia.





		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/03/30/solo-noticia</id>
		<title>SOLO UNA NOTICIA</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/03/30/solo-noticia" />
		<issued>2008-03-30T09:10:32+00:00</issued>
		<updated>2008-04-08T16:11:34+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Hace días que no entraba nadie en mi sala de estar, y hoy recibo de nuevo la visita de una gran amiga. SONIA RODENAS. Ya conocemos su calidad como escritora y su sensibilidad como mujer.
Autora de numerosos relatos, en la actualidad está escribiendo una novela, hoy nos deja un microcuento, que toca de nuevo el tema de la inmigración. Gracias amiga por colaborar en mi tronera. 

Aprovecho la ocasión para volver a ofrecer a todos mi sala de estar, sólo tenéis que enviarme vuestras colaboraciones a esta dirección de correo: felicitas.r.delazaro@gmail.com.

Y ahora os dejo con Sonia, ella os contará que...


&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/felicitas-r-delazaro/Inmigración.jpg&quot; width=&quot;300&quot; height=&quot;427&quot; class=&quot;imgdcha&quot; /&gt;
&lt;em&gt;&lt;strong&gt;

Para mí hay pocas cosas que sean más duras y dolorosas que tener que partir lejos de los seres queridos, alejarse del pasado, de los recuerdos de infancia y juventud. Debe de ser un poco como morir en vida, ¿no? ¿Qué les pasa a los árboles cuando son cortados de raíz? Cuando alguien da ese paso es porque no le queda más remedio que hacerlo. Y creo que esas personas demuestran ser muy valientes y tener un gran corazón al darlo ya que, generalmente, esa primera generación que emigra suele sacrificar su vida para que la siguiente tenga mejores oportunidades de las que tuvo ella. Yo tengo un hijo de un año. Por él, saltaría alambradas, cruzaría océanos en barquitos de papel, dormiría bajo puentes, dejaría que me humillasen, pisasen, explotasen. No, no puedo juzgar a los que lo hacen. Nuestra humanidad debería ayudarles a sobrellevarlo lo mejor posible. Igual que curamos a los enfermos físicos, tendríamos que ocuparnos de los heridos de corazón, en vez de dedicarnos a machacarlos. Y eso sin meterme en consideraciones económicas y políticas ya que yo estoy convencida de que en este planeta hay sitio, comida y trabajo dignos para todos.&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;



                               &lt;strong&gt;SOLO UNA NOTICIA&lt;/strong&gt;
En las últimas horas, el mar había enloquecido. Pronto el vaivén de sus olas escupiría en la playa todo lo que se hubiera tragado. En alta mar, un rugido ensordecedor envolvía una barcaza que luchaba por llegar a tierra.
El día siguiente amaneció soleado. En la costa, las olas acariciaban los restos del banquete de la víspera esparcidos por la arena y que el grito de unas gaviotas sobrevolaba. Esperaban su turno. La espuma envolvía un cuerpo negro tendido, rostro hinchado, labios violáceos y ojos de mirada ausente.
Por la tarde, un guardia civil lo encontró. Se arrodilló junto a él y lo estrechó contra su pecho, pero no pudo devolverle el calor de la vida. Ojalá sintiera todavía ese abrazo y el arrullo de un corazón sensible. A unos metros, los restos de una patera rota en mil pedazos aún guardaban el aliento aterrador y solitario de su última noche.
En los periódicos de la mañana, una breve noticia en la sección de sucesos mencionaba el hecho —lugar, día y hora aproximada del fallecimiento, procedencia e identidad del individuo desconocidas— y unas cuantas estadísticas de inmigración. Era como si solo se hubiera hecho añicos la barca. 
Los sueños de ese hombre, seguramente irreales aunque él no lo supiera, acababan de desvanecerse a las puertas del primer mundo. Sus recuerdos, ellos sí reales, dejaban atrás unos padres sin hijo, unos hijos sin padre, una viuda, amigos, toda una vida como la de los demás —agridulce—, un pasado africano. Ante él se abría su futuro en Europa: una lápida y los archivos de un periódico local.

		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/03/23/cuando-amor-te-inspira-cuando-al-amor-se-siente</id>
		<title>CUANDO EL AMOR TE INSPIRA, CUANDO AL AMOR SE SIENTE</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/03/23/cuando-amor-te-inspira-cuando-al-amor-se-siente" />
		<issued>2008-03-23T10:36:21+00:00</issued>
		<updated>2008-03-30T19:52:29+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
En mi tronera tengo un pequeño escritorio, de esos antiguos, lleno de cajoncitos. Lo heredé de mi abuela y en él guardo, clasificados por temas todo lo que escribo; hay un cajón para relatos, en otro se quedan mis pensamientos y reflexiones, otro para mis personajes, en otro esperan ver luz nuevos proyectos, y en  el más pequeño duermen mis poemas. 
Hoy al entrar en este espacio, he visto que ese cajón estaba abierto y algunas  poesías yacían en el suelo. Las he recogido, eran poemas de amor, y  me he dado cuenta de  no había pasado el amor por mi tronera. Habrá sido el viento al abrir la puerta, o quizás es un misterio, pero he querido pensar que esos versos desean ser leídos y como creo en las cosas que no se pueden explicar con la razón, aquí os los presento y comparto




&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/felicitas-r-delazaro/DLOEDSCAOH6WE7CAB432WACAEFCHWTCASJM8HICAOB8TQOCAZOV9HHCA9SF3ECCA8EQ56YCAN9NA92CAZWLUIDCAUIC4KBCAY6VXW7CAQVF8YQCAQG3T97CAVCN1Q2CALOMSQX.jpg&quot; width=&quot;210&quot; height=&quot;206&quot; class=&quot;imgcen&quot; /&gt;

 &lt;em&gt;&lt;strong&gt;TE SUEÑO&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;
&lt;em&gt;Yo te sueño, cuando duermo,
mi deseo es abrazarme a ese recio cuerpo tuyo,
refugio de mis soledades.

Y anhelo tus caricias, tus palabras suspiradas,
tus te quieros, tu sonrisa,
que se rinde a mi mirada.

En tus labios yo me pierdo, 
y es que se me escapa el alma,
cuando recuerdo tus besos, tu deseo y tu ansia.

En tu pecho un golpeteo, en mi cara, sal y agua,
En mi cuerpo, tu deseo, en tu vida, mi esperanza.

Alzo los brazos desnuda,
 espero ser traspasada, por tu sexo poderoso, 
que atraviese mis entrañas.

Y transformarnos los dos, en aire, fuego, agua…
para  explorar juntos los mundos,
en donde el amor hace magia.&lt;/em&gt;


&lt;em&gt;&lt;strong&gt;ME DUELE EL ALMA&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;

&lt;em&gt;Me duele el alma de tanto quererte, 
pero este dolor ni evito ni alejo,
me abrazo a él, para fundirme, 
y sentir así, más hondo el sentimiento.

No vaya a ser, que si no sintiera,
no fueras real, tan sólo un sueño&lt;/em&gt;
&lt;em&gt;&lt;strong&gt;LO QUE SE CANTA EN EL AIRE&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;

&lt;em&gt;Esta mañana temprano
Coplillas cantaba el aire.
Tatareaban canciones,
Los pinos con sus ramajes.

Las torres del campanario
Escuchaban expectantes
Y sonrientes las campanas
Se balancean y tañen.

¿Qué se dice, qué se canta, 
Qué trae y que lleva  el aire?
El amor de dos corazones, 
Que ya en uno solo, late.

Ni la distancia ni el tiempo,
Podrán nunca separarles.
El, de montaña y de nieve.
Ella, de amapolas y trigales.&lt;/em&gt;



		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/03/15/-personajes-cuento-</id>
		<title>&quot;PERSONAJES DE CUENTO&quot;</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/felicitas-r-delazaro/post/2008/03/15/-personajes-cuento-" />
		<issued>2008-03-15T17:13:10+00:00</issued>
		<updated>2008-03-30T09:13:59+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;strong&gt;&lt;em&gt;En esta tarde ventosa y airada, he sentido repiquetear con insistencia en el cristal de la ventana de mi habitación. Al levantar la vista del teclado, con la nariz pegada al frío vidrio, varios rostros me contemplaban. 
Al reconocerlos, les sonréi y ellos me hablaron. Son los personajes de mis historias, de mis cuentos, también quieren visitar mi tronera 
&quot;Sí, sí, tenéis razón, por aquí ha pasado mucha gente y,desagradecida de mí, no os he presentado como relamente os merecéis, cuando sin vosotros no habría novelas, relatos, ni historias. Disculpad tan enorme olvido y grande ofensa y dejadme daros a conocer&quot;.

Amigos, hoy tengo el placer de recibir en mi tronera ha personas muy especiales y queridas. Llegan de mis pueblos de Castilla, allí viven, nacen y mueren, entre trigos, pinares, casas de adobe y piedra, curtidos de los soles del estío y lacerados por los inviernos duros y largos. Son sabios, porque sabia y rica es la tierra que los pario,la que después, al partir, acogió sus huesos, pero su espirtu quedó enriqueciendo el aire que barre la cebada, en cada amapola de los trigos, en cada surco de esa tierra dura que les partió las espaldas, en los sarmientos retorcidos,en el sol que maduró sus uvas y cinceló sus caras. 
Prestadles atención, por favor, en cada arruga de su rostro, está escondida una historia.
Hoy les quiero ofrecer  este pequeño homenaje. ¡Me dieron tanto!, que ni ellos mismos se lo pueden imaginar. Todos han quedado en mi corazón y en mi espiritu. Ya forman parte de mi, y los llevaré siempre
conmigo. &lt;/em&gt;&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/felicitas-r-delazaro/thumbnailCAEFXB8D.jpg&quot; width=&quot;260&quot; height=&quot;244&quot; class=&quot;imgcen&quot; /&gt;

PERSONAJES DE CUENTO


&lt;strong&gt;LORENZO VARELA&lt;/strong&gt;: 
Nació dos veces: la primera en abril de 1926 y la segunda 16 años después, tras caérsele encima el techo de su habitación una noche mientras dormía y salir milagrosamente ileso.
Grumete en tierras castellanas.  Por las cosas del querer, cambió redes y barca por arado y azada. Su mujer le agradeció el gesto dándole 6 hijos a los que enseñó a amar tanto a la tierra como a la mar.
Hombre de pocas palabras y muchas sonrisas. Trabajador incansable y gente de bien. Dedicó su vida a  “sacar pa lante” a su prole. Nunca faltó en su mesa, ni una buena hogaza de pan, ni queso, ni leche y siempre su familia se acostó con el estómago caliente. “Pa eso estaba él”.
Jubilado de quehaceres y tareas, con la edad se le soltó la lengua y  mata su tiempo paseando recuerdos por el pueblo contando su vida a quien le quiere escuchar.
Llama la atención en su rostro cetrino quemado por  muchos soles de estío, dos ojos redondos y espetellados, enemistados desde que uno de ellos sin previo aviso cambió su color azul por el marrón de la tierra. Según sus propias palabras, desde entonces bizquea
 Con su sonrisa de niño-viejo eternamente sorprendido y un palillo juguetón bailándole en la boca,  pasa los días repartiendo sonrisas a quien se cruza con él…
“Porque la gente ya no se ríe, ¿sabe usted?, no se ríe, y oiga, tienen cara de cartón-piedra” 
…y esperando que El de arriba le llame al orden y le mande un taxi a recogerle, por eso lleva siempre unas monedas en el bolsillo para abonar la carrera.

&lt;strong&gt;HERMINIA “LA TACONINES&lt;/strong&gt;”.
Metro y medio,  pizpireta y resalada. Se casó, parió 4 hijos, varones para más desgracia. Enviudó y sigue viviendo en el mismo pueblo que la vio nacer hace 84 años.
Lleva con honra y orgullo el mote que la pusieron apenas siendo una moza. Pasó 77 años mirando transcurrir  la vida subida en sus altísimos zapatos de tacón, de los que se bajó hace 7 años tras romperse la cadera por un tropezón con un adoquín descolocado en la calle de la iglesia; suceso que la llevó a pleitear con el alcalde y con el ayuntamiento del pueblo. Desde entonces asfaltaron las calles.
 En la actualidad camina apoyada en un bastón,  con una ligera cojera y  con unos relucientes zapatos rojos de charol en sus pies,  ya que no repiquetean,  al menos colorean.
 
&lt;strong&gt;DONATILO DE LOSOJOS&lt;/strong&gt;  
Asomó su gran cabeza al mundo una fría noche de Enero del 22. “Mal año nos dio Dios”. Único varón entre cinco hembras. Su padre siempre pensó que se echaría a perder entre tanto mujerío y le mandó a la Legión cuando le sorprendió intentándose abrochar el sostén de su hermana mayor. 
Regresó a la pueblo, ocho años después, hecho un hombre y para demostrarlo, a propios y a extraños que le miraban con recelo, dejó embarazada a una  del pueblo de al lado. No fue marido, ni tampoco padre, (afortunadamente, no sabría que hubiera hecho con el niño), porque ella murió cuando estaba pariendo y se llevó por delante a su hijo. No hay día  que no rece un Padrenuestro por los dos.
 Desde entonces estuvo siempre solo. No se le conoció otra mujer, ni trabajo ni oficio; de beneficio pequeñas rentas familiares, y muy pocas necesidades.
Hoy pasea sus recuerdos por las galerías acristaladas de la residencia de ancianos de las hermanas de la caridad y se ríe picaramente al contar  como se enfadó sor Encarnación, cuando le sorprendió poniéndose en la cabeza una toca monjil que robó del tendedero del patio de las monjas, mientras hace sonar con fuerza las pulseras que adornan sus muñecas. De pocos a pocos,  mete la mano en el bolsillo interior de su chaqueta acariciando su más preciado tesoro: una barra de carmín.
 
&lt;strong&gt;DON SIRO&lt;/strong&gt;
Voz bramante en el desierto emitida desde una  enorme bocaza enclavada en testa cuadrada y recia que corona cuerpo redondo y panzudo metido en negra sotana.
Sus atronadoras palabras removían conciencias y alguna que otra piedra;  retumbando en las paredes de la Iglesia salían a través de ellas, y chocaban con las casas  de la plaza que las lanzaba hacia el  río y  se las llevaba el agua hasta el pueblo de más abajo.
Pasó la mayor parte de su vida subido al púlpito y metido en el confesionario, intentando redimir a las ovejas descarriadas, por las buenas o por las malas. Sus penitencias eran más temidas que  un nublao de tormenta de verano y era mejor no hacerle enfadar y obedecer sus consejos porque entonces  de su fuerte genio  y lengua mordaz no se libraba ni santos ni pecadores.
Se durmió en el sueño de los justos a los 58 años,  un domingo de resurrección mientras bronqueaba a Dios Padre por llamarle a su seno en un día de gloria y sin terminar su tarea . El Severino y la hija del  Sosegado no terminaban de encarrilar.
 La gente del pueblo cuando hay tormenta aun hoy  dicen  que es Don Siro que truena.



		</content>
	</entry>
	 
</feed>
