ENFERMEDAD MORTAL
"No hay enfermedades, sino enfermos", dijo Marañón Hay dolencias del cuerpo y dolencias del alma . ¿Cuáles producen mayor dolor? Quizás el protagonista de esta historia pueda aclararnos la cuestión
ENFERMEDAD MORTAL
Llevaba en el bar algo más de cinco horas. Cuando llegó, buscó el lugar más discreto y alejado, y allí estaba desde entonces.
Aurelio no le quitaba la vista de encima. En sus muchos años de camarero en “El Pequeño Ideal”, nunca había visto a alguien que llevara tan claramente la desesperación pintada en su cara.
Apareció a eso de las tres de la tarde; se sentó en la mesa del fondo del viejo café y, unas veces inmóvil mirando al vacío y otras veces escribiendo algo que luego rompía, parecía haberse fundido con la decoración del local
Cuando se acercó a atenderle, sin mirarle, entre dientes, le había pedido un güisqui doble mientras buscaba afanosamente dentro de un viejo portafolios.
Aurelio, caminando a la barra para atender la consumición requerida, meneando la cabeza a modo de desaprobación, pensó: “otro pirado o desesperado de la vida. Un güisqui doble a las tres de la tarde”.
Se había pasado las dos primeras horas sujetando una cuartilla escrita en la mano izquierda mientras que, con su diestra, escribía afanosamente en otra en blanco, para al poco de garabatear en ella estrujarla y vuelta a empezar.
En el borde de su mesa se acumulaban bolas de papel formando una pequeña montaña, y algunas ya se desparramaban por el suelo
Aurelio le miró y se atusó sus largos y ya canosos bigotes. Le caía bien ese tipo. Eran ya muchos los años de contacto con la gente; tan solo le bastaba una ojeada para conocer la condición humana del que tenía de frente y ese hombre de pelo castaño oscuro que pasaba constantemente sus manos por los cabellos, de nariz aguileña, de ojos huidizos, alto y delgado, estaba sufriendo, tenía un problema.
La gabardina arrugada dejada de cualquier manera en una de las sillas, sus pantalones sin raya y la suciedad de los zapatos, así como su larga y descuidada barba, le hicieron pensar que llevaba varios días fuera de su casa.
A las dos horas y media de llegar y en su tercer güisqui, Aurelio, le preguntó si necesitaba algo, pero él le alejó con un gesto hosco y un gruñido a modo de respuesta para que le dejara en paz.
Aquel hombre iba poco a poco consumiendo los güisquis y el tiempo. Hacía ya mucho rato que había dejado de escribir, sin que al parecer, nada de lo escrito le sirviera. Ahora, abandonado en la silla con la cabeza apoyada en la pared, parecía dormitar pero su gesto crispado y sus manos aferradas a ese papel que nunca había soltado, indicaba que simplemente mantenía los ojos cerrados.
Un cabeceo estuvo a punto de hacerle caer al suelo y Aurelio sin poder contener por más tiempo, no su curiosidad sino su afán de prestar ayuda, aprovechando el poco público que a esa hora frecuentaba el café, se acercó a su mesa y se sentó frente a él.
—Oiga joven, disculpe que me entrometa, pero ¿se encuentra bien?
—Déjeme en paz —susurró en voz baja si apenas abrir los ojos.
—Perdone que insista, le llevo observando desde que llegó. Mis muchos años me dicen que usted necesita ayuda, y echar fuera eso que le está carcomiendo por dentro. Yo ya soy viejo, licenciado en gramática parda y en la filosofía que se aprende en el vivir de cada día. No quiero inmiscuirme en sus problemas, ni tengo curiosidad malsana, pero me ha caído bien, así que si necesita desembuchar, lo haga ahora. Aurelio, que soy yo, es una tumba.
La larga parrafada de presentación pareció hacer el efecto deseado porque el hombre miraba a Aurelio con asombro.
— ¿Desde cuándo en esta puta vida a alguien le interesan los problemas de los demás?
—Pues fíjese, por lo visto a mí. No le he quitado ojo desde que entró en el café y mi razón me dice que usted es una buena persona, con un grave problema que le está corroyendo por dentro. Hijo, tiene la desesperación pintada en su cara.
Una mueca de amargura se esbozó en el rostro del desconocido.
—Es muy observador amigo pero, aunque yo le contara, dudo mucho que me pueda dar ninguna solución. Para mi mal ya no hay remedio.
— ¡Vamos hombre! algo se podrá hacer. Usted no es de por aquí, ¿verdad?
—No, soy de un pequeño pueblo de la provincia de Soria. No me molestaré en mencionarle porque seguro que no habrá oído hablar de él. Un pueblo castellano en el que la vida pasa de puntillas, en el que nunca ocurre nada, que va muriendo poco a poco, como yo ahora mismo.
— ¡Oiga! —Exclamó Aurelio—, ¿está usted enfermo?
—Enfermo y tocado de muerte.
Aurelio le miró fijamente. A pesar de su aspecto desaliñado y su delgadez no parecía estar afectado por ninguna enfermedad, aunque hoy día nunca se sabe, hay algunas que tardan en dar la cara.
—Soy Tomás Agundez —se presentó.
—Y yo Aurelio. Oiga, no debe desesperar. Hoy la medicina tiene grandes remedios y muchos avances con los que aliviar y curar. Perdone que sea tan directo, ¿tiene cáncer?
Tomas no respondió, cerró de nuevo los ojos y Aurelio creyó ver un pequeño brillo que resbalaba por su cara.
—Vamos amigo, seguro que no es tan grave, seguro que hay esperanza. Tendrá que luchar, su familia y amigos estarán a su lado, le ayudaran y saldrá de esto. Ya lo verá.
—No tengo familia, mis pocos y lejanos amigos nada pueden hacer por mí. Llevo enfermo mucho tiempo. Vine aquí esperando encontrar la medicina y el remedio para mi enfermedad, pero mi mal no tiene cura, ya es demasiado tarde. Estoy desahuciado.
Aurelio se empezó a impacientar. “¿Qué demonios tenía ese hombre? ¿Cuál sería su terrible enfermedad? ¿Un cáncer galopante, o una de esas relacionadas con la inmunidad, un sida? ”
—Mientras hay vida hay esperanza y usted tiene que luchar, no darse por vencido. Estoy seguro que mis palabras las habrá escuchado en boca de sus propios médicos.
—No hay médico ni medicinas para mí. Me quedan tan sólo unas pocas horas de vida —dijo cansinamente— y, en verdad, mi muerte será una liberación. Vine aquí tras esa esperanza que antes decía, pero no existe ninguna
Aurelio le miro fijamente, se manoseó repetidamente el bigote y después pasó sus manos varias veces sobre la frente, intentando entender las palabras de ese hombre.
Empezaba arrepentirse de haberse sentado con él; la inmensa angustia y tristeza que trasmitía con sus palabras le estaban agobiando
“¿A que me meteré yo en camisa de once varas? Ya soy viejo para estas emociones y tengo suficiente en convivir con mis propios problemas”, pensó volviendo a atusarse el bigote esta vez con las dos manos.
—Bueno, Tomás, veo que no me quiere contar, ni hablar de la enfermedad que le aqueja. Perdoné si me inmiscuí en sus asuntos, pero creí que le haría bien hablar. Respeto su silencio y siento mucho verle así, no sé, tan desolado, tan resignado. ¡Luche, hombre, luche! De todas formas si se queda por algun tiempo yo estoy aquí todas las tardes.
—Gracias amigo, —dijo poniéndose de pie, apoyándose en la mesa de mármol para hacer el esfuerzo—, no va a ser necesario pero, gracias, es usted un hombre bueno.
Aurelio se levantó a su vez. La tristeza de ese hombre se le coló dentro. Le ayudó a recoger sus cosas: la gabardina, el portafolios…, parecía que por momentos le abandonaban sus fuerzas. Sujetó sus primeros pasos vacilantes y le acompañó hasta la puerta.
—Tomás de verdad, soy muy viejo, hágame caso, no se deje vencer, luche por su vida. Es usted muy joven todavía.
—Le he dicho antes que mi enfermedad no tiene cura.
— ¿Pero qué coño tiene, de qué está usted enfermo?, —casi grito Aurelio perdiendo por minutos la paciencia ante la resignación y pasividad de aquel hombre—. ¿En qué parte de su cuerpo radica su enfermedad: en la cabeza, el estomago, el corazón? ¿Dónde tiene esa terrible dolencia?
Tomás clavo sus ojos inexpresivos, ya sin vida en Aurelio y con un hilo de voz, casi al oído le dijo:
—En el alma, Aurelio, mi enfermedad está en el alma.
Aurelio le vio alejarse desde la puerta hasta que su sombra desapareció al doblar la esquina de la calle.
Cansinamente se dirigió a la mesa en la que ese tal Tomás había estado. Por muchos años que llevara en su profesión, la gente no dejaba de sorprenderle. “En el alma, la enfermedad la tiene en el alma, pues que vaya a un confesor”, pensaba Aurelio mientras recogía el último vaso vacío de güisqui y los papeles amontonados. Se agachó al suelo para coger los que allí cayeron, cuando entre ellos vio la carta que, presumiblemente era la hoja que había estado estrujando toda la tarde, ese hombre entre sus manos como si de ella dependiera realmente su vida.
No era muy ético, pero no pudo sustraerse a leer. Leyó y entendió.
Querido Tomás:
No sé si podrás perdonarme. Lo que me ha ocurrido, a pesar de que hubo gente que me, lo advirtió, nunca pensé que me podía pasar, pero ha pasado. Esto es lo malo de conocerse y enamorarse por Messenger y mantener una relación en la distancia a través del correo
De verdad que pensé que mis sentimientos eran fuertes y sólidos, en verdad pensé que en ti había encontrado el amor de mi vida, que éramos almas gemelas. Pero antes de ayer, al verte por primera vez frente a mí, después de pasar toda la tarde juntos, comprendí que hay muchas cosas que nos separan y me di cuenta que no podría vivir contigo como habíamos soñado.
Siento que la ilusión de mi amor y la ansiedad de acabar para siempre con tu lacerante soledad, te haya hecho cometer la imprudencia y la locura de dejar todo, vender tus pequeña hacienda y tu casa, para venir conmigo a la ciudad, diciendo a todo el mundo que te ibas a casar y emprendías una nueva vida. De haberlo sabido hubiera impedido que hicieras ese acto tan alocado e imprudente.
Me duele en el alma decirte esto. Sé que eres un hombre bueno, pero, después de hablar horas y horas contigo, son más las cosas que nos separan que las que nos unen. Nuestra relación no tiene futuro, no al menos tal y como la habíamos planteado. No me siento bien a tu lado, no me veo como la compañera que tú deseas para el resto de tus días.
Te lo iba a decir ayer, pero, al comprobar tu desesperación y tu tristeza, ante mis insinuaciones sobre lo precipitado de tu decisión y que nos deberíamos dar un tiempo, opté por callar para no añadir más dolor al que te estaba provocando.
He pasado toda la noche llorando por causarte este disgusto y este pesar, pero no puedo falsear mis sentimientos, te estaría engañando a ti y a mí misma y esa farsa nos destruiría a los dos.
Por tus cartas, pensé que eras dueño de una gran hacienda, y que tu situación económica era desahogada. Cuando ayer me dijiste que no posees apenas nada, que viviríamos con estrecheces tan sólo alimentados por nuestro amor, supe que no era la persona idónea para ti. Yo no puedo vivir sólo del amor. Necesito unos mínimos, una serie de comodidades que suponía iba a tener cubiertas contigo.
Sé que para ti será quizás duro volver a tu pueblo y afrontar ante tu gente un supuesto fracaso, pero no lo veas como tal; estoy segura de que encontraras a alguien cercana a tu entorno con quien hacer tu vida como la sueñas. En ese sueño tuyo, de verdad que yo no puedo estar.
Dadas las circunstancias, es mejor que no nos veamos más. Dejaré esta carta en la pensión donde te alojas. Espero que sepas perdonarme y que la vida te de la oportunidad de ser feliz.
Pilar.
14 comentarios - Escribe aquí tu comentario
Querisa Feli, magistral, cómo siempre.
¡Que malas son las enfermedades del alma! Los golpes bajos que da la vida para sesgar la ilusión y dejar la nada bajo los pies, y lo que es lo peor, frente a los ojos. Pero... asi como la muerte del cuerpo es un final. La muerte, en un momento, del alma, puede serlo distinto. Cómo el alma tiene sus connotaciones esotéricas. Me iré a una ciencia esotéria. En el tarot tengo entendido que la carta de la muerte significa cambio. A veces. esas enfermedades y golpes mortales en el alma, que en el momento paracen el fin del mundo, pueden ser el empuje para resurgir, para mirar hacia otro lado, para que se produzca ese cámbio que con el tiempo nos haga agradecer aquella muerte del alma que un día lloramos. Porque las Moiras que tejen en destino, utilizan enrevesados nudos. Una moira suelta madeja, otra teje la vida y la última corta el hilo. Y hasta que la última moira no corte la madeja (con la muerte física), TODO puede suceder y el alma puede resurgir de esa "muerte" con todo su esplendor.
Un besazo.
El desencuentro, el desamor, el dolor y la frustación ocurre siempre que uno ama porque lo necesita y otro te necesita porque ama. Pareciendo ambas cosas las mismas, no lo son y cuando se unen producen una fractura que hace precipitarse en el abismo los sueños rotos.
Así es Esencia. La muerte no deja de ser un principio, un camino que se abre a nuetros ojos al que se debe llegar con fe.. Esas "muertes del alma", (y ya no me refiero sólo a las que produce un mal amor, porque el AMOR no produce muerte, ni dolor, si así fuera es que lo que vemos y sentimos es un mal sucedáneo y hay que dar gracias a la vida porque nos dimos cuenta de ello), se deberían tornarse en resurrecciones, resurgir de ellas reforzados y fortalecidos. Pero eso sólo puede ocurrir cuando miramos más allá de nosotros mismos. Hay tiempo de llorar, de morir y de resucitar aprendiendo de los porpios dolores y lágrimas.
Gracias Esencia.
Un beso
Karma, sabias reflexiones haces que encierran gran verdad.
Cuando uno ama porque lo necesita, y el otro, necesita porque ama, tarde o temprano se abre un abismo que lleva a la frustración y al sufrimiento, porque eso no es amor, es sólo afecto por necesidad, dependencia. EL AMOR, es libre, no depende de nada ni de nadie, ni siquiera de que el otro ame, ni de uno mismo; cuando traspasa y se experimenta el amor sublime, el sentimiento de los dos, se hace uno; adquiere vida propia,se mueve ajeno a la voluntad; crece, vive y late por si mismo. Y cuando se refleja y se funde en los amantes, su grito rompe y llena el universo
Karma: me ha producido una gran alegría escucharte hoy en mi tronera. Vuelve pronto
Me alegra volver a ver un texto tuyo y además siendo tan bueno como este la alegría es mayor. Es un lujo poder leerte y según creo prontó podré hacerlo en un libro cosa que me complace infinitamente.
Gracias.
Un beso grande desde el sur.
Rafa: la alegría es mía por tu visita y por tus palabras. Veo que las noticias vuelan y cruzan España, ja, ja,. Tenemos buenos amigos comunes que se encargan de que eso suceda. ¿Para cuándo el tuyo?
También yo sé por ellos. Es un placer tu visita
Un abrazo grande
Un abrazo grande
Un excelente relato de una excelente autora y de una, aún mejor persona. Yo, que ejerzo de Tomás, he conocido muchas Pilar, y al revés, hombres con el amor en la cartera y en busca de curvas y estabilidad. Yo apuesto por la ruina apostando por el amor.
Un placer leerte como siempre... un beso enorme
Leí hace tiempo este relato y hoy lo vuelvo a leer con el mismo interés.
Es triste cuando el amor no es compartido. Cuando la necesidad de sentirse amado se confunde con el amor, es cuando se produce esa muerte pequeña de la que el alma a duras penas se recupera. Pero nadie podemos elegir a quien amar. El amor tiene sus propias leyes y él elige por tí. Tú, te produzca placer o dolor tienes que aceptarlo, y lo único que te queda es renacer de tus cenizas o conservarlo cerca e intentar hacerlo eterno.
Un beso grande amiga...
Fran: según tu eres y sientes, tu apuesta no podía ser de otra manera. Gracias por tus palabras, llegando de ti, un autentico regalo.
Besos
Sí, María, mucho se ha escrito sobre el amor. Mucho se ha dicho cómo y a quién y de qué manera se debe o no se debe amar. Cómo identificarlo, qué hacer cuando se encuentra o qué no hacer para no perderlo. Decálogos, listas interminables de consejos y predicciones. Hasta se recurre a horóscopos y adivinaciones.. ¿me amará , no me amará?, amaré, o no amaré???
¡DE Tánto buscarlo! ¿no nos olvidaremos de sentirlo? Un sentimiento eterno, necesita tantas premisas para identíficarlo??? ¿tánto nos hemos alejado de nuestro propio destino los humanos como para necesitar tántas guías y manuales para reconocer el sentimiento más primitivo y sublime??
Deberíamos reflexionar sobre ello.
Mil gracias María.
invento del cerebro o de la imaginación, ese amor que cantáis, no existe. Espejismo fatúo para calentar las noches frías del corazón que cuando se desvanece aún sientes con más profundidad el mordisco en tu piel de la soledad, del egoismo del otro, de la crueldad y de las burlas del destino. Amores envueltos en brillantes papeles de celofan que con con un suspiro se rasgan y se descomponen dejándote desnudo, hambriento y débil. ¿Dónde está ese amor que loais?, ¿dónde está ese amor sublime que adoráis? Alguno en verdad lo conocistéis??, Lo vivís?? ¿lo tenéis a vuestro lado? ¡¡¡Os saludo, pues, afortunados que habéis tenido la fortuna de a través del amor asemejaros a los dioses!! Para la mayoria de los mortales, el dios Eros vuelve su rostro y nos hace dudar que en verdad exista. Yo siento como el Tomas de la historia, ni siquiera tuve el valor de terminar
Hola Menelao:
El amor existe, es, independiente de lo que tú pienses, de lo que piense yo. No necesita ni mi aceptación y reconocimiento, ni tu negación y tu rechazo. No precisa que lo pensemos ni que lo imaginamos. No nos necesita para ser y existir.
Lamento tus palabras y el dolor que al parecer sufriste.
Gracias por tu visita y comentario
Hola Menelao, perdona que me inmiscuya en la conversación, pero...debes haber sufrido mucho de amor por la forma en la que te expresas.
Pienso, como Feli, que el amor existe en sí mismo. No hace falta que lo inventemos, lo pensemos o lo conjuremos.
Somos nosotros, la vida o simplemente el error el que nos lleva a equivocarnos cuando depositamos el amor en alguien que no nos corresponde.
El amor no es patrimonio tan solo de los dioses, se hizo humano para que nosotros lo conociéramos.
Deseo para tí que algún día ese amor te mire con otra cara.
Un saludo
Qué bien retratado está, Feli, ese enfermo del alma. Me ha gustado mucho el cuento. Y me gustaría añadir que el único problema que tiene ese hombre es no haberse dado cuenta de que lo que sentía no ocurría de manera recíproca, lo que en mi opinión indica una excesiva contemplación de uno mismo. Como bien dice María: hay que aprender a renacer de las cenizas...La vida es eso, un vaivén entre opuestos, una montaña rusa con llegada (o salida) al universo. Supongo que nos desabrocharemos el cinturón al llegar...(y si en vez de llegar despegamos? con mayor razón, digo yo, que ya lo dice la palabra...)
Besotes de mediofinde,





