Yann y Conrad
Los años ochenta fueron tiempos de descubrimientos y rupturas, en muchos aspectos. En la memoria quedan, sobre todo, los trabajos de Miller y de Moore, y también el Madriz y sus secuelas. Pero es que en Europa, en el mundo industrial y creativo francófono, también se vivió alguna sacudida sin la que la BD actual no podría entenderse y, quizá, ni podría haberse desarrollado. Al frente de la sacudida estuvo Yann, guionista todoterreno y productivo que colaboró con los más grandes del momento y fue responsable, en buena parte, de las mayores rupturas dentro de la ortodoxia francobelga de entonces.
Nos llega tarde el que quizá sea su trabajo más definitorio, la saga de Los Innombrables. Y nos llega ligeramente desvirtuado. No sólo porque el impacto se ve atenuado por el paso del tiempo: los tebeos, hoy, no son lo que eran entonces, y mucha de la ironía, mucho del vitriolo que empapa las planchas de Shukumei o Aventura en amarillo han quedado algo desfasados, quizá. También hay que contar con el afán perfeccionista de Conrad, un dibujante excepcional que parece empeñado en rehacer sus trabajos cada pocos años, ponerlos al día, lo que provoca que los tebeos que leímos con deleite en su momento no sean los que ahora publica Dibbuks, exactamente. Para bien y para mal.
Nos llega tarde, pero nos llega, eso sí. Y, con todo, la lectura de Shukumei es estimulante y está llena de sorpresas. No recordaba el tono ácido, no recordaba que los personajes fueran tan disfuncionales. Yann es dueño de un personal universo propio que bebe de la BD clásica y del cine, de la literatura de aventuras, de todo un bagaje heterodoxo que le permitió firmar títulos tan memorables como El cometa de Cartago (junto a Chaland) o el primer libro de Sambre (junto a Yslaire). Tiene, además, un sentido del humor corrosivo que no duda en aplicar para dinamitar las convenciones más sacrosantas. De ahí que en la aventura clásica francobelga haya un antes y un después de Aventura en amarillo, un antes y un después de Yann.
Dibbuks nos ofrece la primera entrega de Los innombrables en una edición magnífica, y anuncia la inminente publicación de Aventura en amarillo, segundo álbum de la serie y título emblemático del que en su momento hablaremos más despacio. Ha aprovechado, también, para editar La tigresa blanca, un esqueje que retoma uno de los personajes secundarios de la serie para entregar dos libros que se despachan a conciencia con los tópicos de la India británica en general y con Blake, el personaje de Jacobs, icono de una cierta idea de aventura anglófila, en particular. La edición, en un único tomo de pequeño tamaño, no desmerece, y es de lectura agradecida.
Confiemos en que todo vaya bien y podamos seguir disfrutando del rescate de estos trabajos de Yann. Sin ellos, seguramente muchos de los autores que hoy admiramos y seguimos no harían lo que hacen.
2 comentarios - Escribe aquí tu comentario
Al empezar a leer su reseña pensé que no sería capaz de acabarla sin citar la fascinante, ambigua y desasosegante narración del "Cometa..".
Unas líneas más abajo confirmó, para bién, mi sospecha.
Usted que tiene mano con cosmonautas y spiffes debería mover sus hilos y proponerles una reseña de ese tebeo que sirva de aviso para navegantes e instrucción de enterados.
La inminente reedición de Freddy lombard le da la excusa perfecta
El Cometa de Cartago es libro de cabecera de la casa, amigo LdL, y Chaland santo patrón: habrá reseña.





