2007
El cosmonauta apenas guarda ya recuerdos del año que murió. Va almacenando sus cintas de memoria y empieza de cero cada mes de enero... o casi de cero, porque siempre queda algo, el fantasma de un recuerdo, la sombra de lo que más le impactó, de lo que más le sorprendió.
Y, a riesgo, claro, de ser parcial o injusto (porque toda visión personal lo es: injusta y parcial; por eso, por personal), se atreve a dejar por escrito algunos títulos: Diario de un fantasma de De Crécy; S, de Gipi; Gus, de Blain; el todo Chaland; los dos libros del gran Luis Durán; Arrugas, de Paco Roca; María y yo, de Gallardo. David B y Sfar; sobre todo, Sfar.
Una lista, en fin, limitada y seguramente reiterativa. Pero una lista que sirve para orientarse y para dar una visión general de lo que 2007 dio de sí: y dio mucho y bueno.
2008 despliega su potencial, la incógnita de sus días, de sus meses por delante. El cosmonauta sigue en su órbita errática, pertrechado en su cápsula, rodeado de papel impreso...





