Libro de Arena
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en mi opinión

EL MIRADOR

UN DÍA EN LA PLAYA

Me tenía prometido a mí mismo no ir a la playa en verano. Pero fui. Un solo y único día, pero fui… El Mediterráneo se bañaba de sol y plantaba cara al calor tórrido y sólido de la tarde. La isla, plana como su nombre y su sombra, parecía querer escaparse del ataque estival, y la iglesia, pequeña y marinera como el Carmen, se erguía en su cuadratura simple, escueta y bella, en lo alto de su balcón natural, como ofreciéndose de nido a la gaviota. Ahora, adivinen ustedes dónde estuve.

Regresaba de mi primera andadura exploratoria. Los bañistas empiojaban la arena a su largo y a su ancho, el paseo marítimo dibujaba un trasiego de humanidad indolente y paciente, procesión penitencial de bolsas, parasoles, banquetas y mil utillajes. Como hormigas en hormiguero. Hasta la misma orilla del agua, dentro de las arenas de la propia cala, los nenemotos lucían sus arranques y cabriolas mientras un coche patrulla de policía municipal paseaba sus luces, sus símbolos y colores, sin ver, sin querer ver, sin saber ver, sin poder valer para nada que no fuera impartir postura, presencia e impotencia, o tan solo manifiesta incapacidad, quién sabe. Un viejecito, frágil, delgado y encorvado de años, empinaba en su bicicleta la pequeña cuesta de salida al mogollón urbano. Arriba, a ambos lados de la calle, sobre las aceras, tres de estos zagaliñatos pegados a sus motomierdas sacaban pechuga ante cuatro pavas pijas de diseño, eructando sus habituales cagarruciadas entre acelerón y acelerón. Lo normal en lo anormal, vamos… Al ver al hombrecillo y su esforzado subir, estos cagalandrias se aprestaron, valientes como ellos solos, a disponerle pasillo de honor. Ya saben, comentarios jocosos, pitadas, burlas, ofensas, en fin… lo único que saben hacer. El viejo, un tanto asustado, se bajó de la bici y decidió pasar por entre los tarados andando, llevando la máquina del manillar, cabizbajo, temeroso, avergonzado de la situación…

Yo tan solo paré mi andar al paso, volví la cabeza, y los miré. Nada más. Lo que rebosaba a borbotones de mi alma era el mayor desprecio que se puede concebir en las tripas y en el corazón de ser humano. Lo que transmitía mi mirada ya no lo sé, pero debió ser algo rabioso, ciego, tenebroso… Porque les faltó tiempo para, entre risotadas estúpidas, salir cagando leches como gilipollas. Gracias a Dios, claro. Porque de no haber sido así, no sé como hubiera terminado el aquelarre. O me hinchan a hostias – nadie me hubiera defendido, dada la acostumbrada cobardía del general del personal – o, posiblemente, hubiera dejado en el sitio a algún desgraciado de esos. Y ahora, la preguntica del millón, please, ¿qué dicta la conciencia (a quién le quede) hacer en estos casos?.. Es la diferencia entre sentir como una persona o como un borrego.

Y aparte el desaliento, el pesimismo y la amargura, que no aceptación, eso nunca, que te queda cuando ves que esto es el plato del día en cuanto a educación, respeto y pasados etcéteras caducos, y una vez más constatada la pastelada que hemos hecho con nuestra muchachada, solo pienso en que unos padres que compran a sus hijos imbéciles una moto solo pueden ser tan imbéciles como sus lamentables vástagos, o si por el contrario, lo que supone comprar una moto a sus hijos es convertirlos en unos imbéciles congénitos, entonces es que los progenitores son unos irresponsables. De aquí la calamidad de plaga que padece esta sociedad en derribo.

Pero un zángano inmaduro montado en un ruido con ruedas no suele ser una combinación que dé buenos resultados. Y como la señal de los tiempos es que los zagales ya no maduran ni untándoles el culo con vinagre, pues solo tenemos lo que da la mata. Y lo que da es eso, excrementos urbanos, basura humana.

OLIMPIEZADAS

Ya dije en su día que me iba a pasar los aros olímpicos pequineses por el arco del triunfo de mi muy pobre y muy humilde dignidad de persona. Así que no he visto ni una sola transmisión, tal y como me prometí a muá mismo. Por lo tanto he cumplido con mi particular boicot y con la promesa de beduíno, loco y mohíno, que le hice a mi descolocada conciencia. Alea jacta est. Los juegos, de manos más que olímpicos, de un comité muy poco olímpico por internacional que sea, han hecho sus enjuagues de chanchullos y de sucios y ocultos intereses usando el deporte como trapo que tapa sangre, atropellos, indignidades e injusticias, y utilizando el insolidario papanatismo del general del personal. Tal cual, tío Pascual…

Y no solo China es responsable de todas y cada una de las barbaridades que expuse en aquel “Chinatowntos” juliano, si no que, todo el mundo lo sabe, es el país donde más se violan los derechos humanos. Eso al Coi le da igual, habiendo perras frescas, claro. Pero así es. A pesar de que su presidente anunció que no habría censura ni restricciones en la red para los periodistas que cubrian los jj.oo. – evidentemente el resto del tiempo y toda la población china le tiene sin cuidado – mintió como es natural que mienta, también en esto. Esos periodistas no pudieron entrar en páginas bloqueadas como BBC, Falung Gong, Amnistía Internacional, pro tibetanas y un etcétera más largo que su muralla. Por supuesto que no. Incluso a los atletas españoletes como manoletes se les prohibió hablar de política bajo pena de expulsión (nuestro gobierno, naturalmente, tragó como lo que es), en fin… La ocultación, la persecución, la represión y la mordaza han sido justificadas con el oro (negocio) olímpico y con la boba complacencia, insolidaria repito, de millones de tontolímpicos. Pues amén…

Y la China no solo ha propiciado las matanzas en Darfur, o ha ocupado el Tíbet unilateralmente, o usa la violencia para con su propio pueblo cada vez que éste mea fuera del jarro, no, también mantiene lacras pavorosas que se ocultan tras un desgarrador sometimiento. Tan solo a cien kilómetros de Pequín, por ejemplo, en Tianjín, megalópolis industrial de modelo estalinista, donde las factorías están dentro de la población, se envuelve en una densa capa de niebla gris tóxica mientras se bombea crudo las 24 horas del día entre colegios, parques y viviendas, la gente muere a chorro, enferman como hormigas y los niños nacen contínuamente con malformaciones genéticas. Son los famosos “pueblos del cáncer” chinos. La zona de Daquing es un paisaje apocalíptico donde la lluvia ácida riega un tercio del país y 300 millones de habitantes carecen de agua potable. Pero la empresa estatal Petrochina es tema tabú del gobierno que lo mantiene cerrado a la comunidad internacional. Hongwei es una de las muchas aldeas donde el 20% de la población está afectada de tumores y malformaciones y un 12% de los niños nacen con parálisis cerebral. Los restos químicos se vierten directamente al caudal del único río de donde beben sus habitantes. Jiling es otra ciudad condenada, plagada de petroquímicas, donde la esperanza media de vida no alcanza los sesenta años.

Esas son las ciudades prohibidas de la China olímpica. Lo que no sale en los oropeles de la televisión ni se dice en lo narcotizante de unos juegos tapamiserias. Lo que se oculta tras las imposturas y las artificiales magnificencias. La pura y dura realidad de un país dictatorial, totalitario y déspota que ha comprado con dinero manchado en sangre la voluntad de un COI corrupto que ha concedido sus podridas y ¿democráticas? bendiciones a una sede que es todo lo contrario del verdadero, genuíno y auténtico espíritu olímpico. Por eso las olimpiadas están sucias. Hay que limpiarlas. Deberían ser las olimpiezadas.

Pero ya digo, no es esto lo peor. Lo peor de todo es un mundo que bendice al corrompido bendecidor. Todo un mundo que jalea, aplaude, aclama y enaltece lo que debería ser condenado, o, al menos, silenciado e ignorado. Unos juegos entregados a un régimen absoluto y absolutista, enemigo de los derechos humanos más humanos y elementales, y celebrados en el más bello y embellecido salón de un palacio donde están muriendo del más puro abandono y de la más dura represión, es sencillamente inmoral. Y es tan deshonesto por parte de quienes lo organizan como por los que lo defienden como por los que lo siguen. Se me dirá que no tenemos culpa, que lo que importa es el deporte, y toda esa serie de inconsistentes excusas de aborregados borregos. Pero no. El ser humano es responsable de serlo. Y ser ser humano es mucho más que ser masa. Lo siento…

GENERACIÓN SMS

Así la llaman. Yo prefiero llamarla degeneración Sms, si acaso… Porque solo es eso. Una adicción, una dependencia, una obsesión, casi una droga, o sea, una auténtica y sencilla degeneración. Y esta degeneración se ha declarado en las jóvenes generaciones. Estoy hablando del tontomóvil, así, sin más… Y no es una broma. En los Centros de Salud Mental Infantil de diversas comunidades están detectando una plaga de casos más que preocupantes. Los expertos nos están advirtiendo de tratamientos específicos y severos encaminados a algo que reviste una gravedad de la que no nos damos, no queremos darnos, cuenta. Los japoneses lo llaman “la tribu del pulgar”, pero no es para tomárselo a risa.

Una afectada de quince años de edad – es un caso real – declara que prefiere relacionarse por mensaje que en persona. Tal cual. Lo juro por mis muelas que es verdad. Esta adicta afirma llevar tres móviles, “uno, sin saldo, otro para toques y otro para SMS”, “vivir sin ellos sería una tragedia”, dice. Y dice más, “me meto en la cama, apago la luz, quito el volumen del móvil y me tiro intercambiando SMS hasta las cuatro de la mañana”. Y aún añade, “no querrá que sea una marginada, ¿eh..?”. La directora del CSMI de Lérida confirma que el privarles del móvil provoca serios síntomas de agresividad, ansiedad, irritabilidad, temblores, alteraciones del sueño, problemas digestivos… En fín, una jodida maravilla lo que hemos logrado con el uso y el abuso del robot este. La Universidad de Granada ha detectado que casi el 50% de los jóvenes dedica más del 40% de su tiempo a una adicción que presenta en ellos cuando no lo logran un claro síndrome de abstinencia. Pues cojonudo, oyesss…

Psicólogos británicos van incluso más allá, y advierten que la adicción al móvil en la juventud demuestra todas las características de una droga: satisfacción inmediata, pulsión desenfrenada, elemento de autoafirmación, de poder, de identidad, de la que depende su existencia. Un cacharro que los anula como personas con voluntad propia. La Agencia Antidroga de Madrid ha tenido que llevar a efecto un programa de prevención de adicción a las nuevas teconologías en más de cien colegios. Pues estamos buenos. Los profesores se quejan, y con razón, pues se ven y se desean para poder comunicarse con ellos de forma y manera normal. “Están idiotizados por el móvil”, dice una. “Se ponen los cascos disimulados bajo el pelo y te hacen ver que atienden, pero están idos”, confirma otro… Hay hasta padres cretinos (hay que ser imbéciles, joer) que han denunciado a profesores por quitarles el móvil a sus engendros. Hasta ahí hemos llegado a perder el sentido del raciocinio.

Y esto está así mismo. Pero no me vengan con la cantinela de que es la vida y hay que aceptarlo. No, señor. Precisamente por eso hay que combatirlo y enfrentarse a ello. Las compañías telefónicas, las empresas de comunicaciones, en un ánsia desmedida, brutal y monstruosa de ganancias, son las que no quieren medir las consecuencias de lo que están haciendo, y están provocando esta pandemia de tontomóviles, bobos virtuales, atrofiados periféricos, especimenes alineados, entre las jóvenes generaciones cyberdegeneradas. Ahora están planificando – ya lo han anunciado – una campaña publicitaria de móviles específicos para niños. Si los anuncios televisivos para la juventud son de lo más pijo, vacío, artificial y descerebrado, los de la infancia, ya lo verán, revestirán el patetismo más absoluto. Pero todo sea por el negocio.

Lo peor de todo, ¿saben?, es que esto se hace bajo la indiferencia de gobiernos y administraciones, que mojan en el pastel de tan lucrativos beneficios, y ante la pasividad suicida, absurda, estúpida e irresponsable de unos padres cada vez más ciegos, adocenados, insensibles y agilipollados. Pues vale, entonces que nos aproveche a todos..

LOS DIEZ MANDAMIENTOS

No son los de la santa madre iglesia, ni tampoco la fastuosa película de Cécil B. de Mille. Son los diez mandamientos de una geisha. Así, tal y como suena, hermano. Me encontré con ellos por casualidad, y no me resisto de comentarlos con mis lectores, a ver qué les sugiere. Mi análisis personal es muy sencillo: son todo lo contrario de lo que, en su conjunto, aparentan ser. No sé si se estará de acuerdo conmigo en esta opinión, pero eso es lo que creo. Aquí van:

El primero: Sé humilde. Deja que el hombre siempre gane, y no discutas nunca con él. El segundo: Actúa siempre. Halágale, susúrrale lo inteligente y ocurrente que es, sé muy femenina en todo momento y circunstancia. El tercero: El corazón del hombre es el de un niño. Una geisha nunca lo reta, ni lo asusta, ni lo contradice, ni lo preocupa, tan solo lo cuida y lo mima. El cuarto: Céntrate solo en su bienestar. El hombre es para servirlo y servirse de él a través de la eterna indulgencia. Si lo haces feliz, tú serás más feliz e independiente que él. El quinto: No uses el maquillaje para ser bella, si no para ser misteriosa. Utilízalo para seducir, no para hermosear lo que ya es hermoso. El sexto: Sé modesta. Usa la timidez para la seducción, para provocar la imaginación, como si fuese un juego. El séptimo: Flirtea. El código del flirteo está hecho para la atracción y la atracción para la distracción, así que mantenlo siempre distraído y relajado. El octavo: Una mujer inteligente es la que nunca deja que el hombre sepa que lo es. Utiliza los sueños, la ilusión, el juego, la fantasía, el engaño incluso si es necesario. El noveno: Sé perfecta. Haz todo con precisión y cuidado hasta en algo tan sencillo como servir el té, pero sé siempre superior sin que se note. El décimo: Disfruta del sexo. Sin culpa, libre, desinhibida, con el poder del frágil bambú sobre el potente viento… Y recuerda que la mujer sutil siempre está por encima del hombre más astuto.

Las feministas pueden pelarme en aceite hirviendo, si así gustan, pero no me digan mis cofrades varones si esto no es el sueño dorado de cualquier hombre. A pesar de que, en realidad y como decía al principio, lo que se busca es la superioridad de la mujer sobre el hombre a través del más sensual regalo. Su recomendación final lo reafirma muy claramente y sin mayores tapujos. El lema de la geisha sería “Haz tuyo al hombre haciéndole creer que eres suya”. Esta divisa es de mi copy-raight porque se me acaba de ocurrir, pero se la regalo gustoso al honorable gremio de geishas, sin reparos, para que lo pongan en su escudo heráldico sobre campo de gules o se lo borden en el kimono. Es más que merecido, titis…

Pero es que el hombre, y esta vez que me echen el aceite frito mis congéneres de género, somos tan irremediablemente tontos que, aún sabiendo que eso es así, nos gusta un mogollón. Y digo más: hemos de reconocer aunque nos pese, que, en el fondo, nos dejaríamos dominar tan a gustito, y pelillos a la mar. Por eso mismo la cofradía de geishas, que de psicología masculina sabe mil veces más que cualquier fémina feminista, que no femenina, ojo, lo dice abiertamente y sin disimulos… ¿Pá qué?, si el tío que no sabe no se entera, y el que se entera hace como si no supiera. Oye, y si no lo admite de boca pá fuera pos aquí te espero en la intimidad, macho…

Así que no seamos más tontucios de lo que ya somos de por nos. La naturaleza ha dotado a la femineidad en estado puro, repito, no al feminismo ni a las feminoides, de unas armas para las que nuestros escudos son pan mojao y luego comío. Nos empeñemos en lo que nos empeñemos y nos pongamos como nos pongamos los unos-unas con las otras-otros. Y a los venaos estos -como le sentí decir a una de esas hetairas- que nos vayan dando por donde las cabras hacen bolas…Lo que yo te diga, oye.

... PERO LIBRE EN LIBERTAD

Con el de fechas pasadas, el de “libre de ser libre” – fíjese qué sorpresas se lleva uno – que pensaba que era uno de esos artículos de pasárselo por un duermevela y luego tirarlo a la papelera del subconsciente, y eso con suerte, pues me calentaron la oreja más de cuatro. Que si una llamada de teléfono por acá, que si algunos e.mails por allá, que si unos cuantos comentarios en vivo y en directo. Eso es bueno. Lo que pasa es que unos no comprendieron nada y otros lo entendieron demasiado bien. Tan bien lo captaron que la gran mayoría opta por el despiste y el disimulo. Naturalmente. Es que reconocer algunas cosas es mú jodío, que quiere que le diga, y óiga, que a mí me suele pasar lo mismo, no vaya usted a creer…

Pero la verdad es que, aunque no lo parezca, aunque no nos lo creamos, estamos ejerciendo nuestra libertad a cada momento. Lo que pasa es que lo hacemos de forma automática, inconscientemente. Sin embargo nos pasamos nuestra vida eligiendo opciones libremente, a cada instante, sin darnos cuenta que lo hacemos. Le pongo algún que otro ejemplo cotidiano pá que me entienda, maestro. Usted vá y se toma un café, ¿no?.. Nadie le obliga a hacerlo, pero eso desencadena una serie de posibilidades, de encuentros o desencuentros, de mayores o menores incidencias, que establecen su futuro más inmediato, o incluso, ¿porqué no?, a largo plazo. Pero si opta por no tomarlo y seguir, entonces esas incidencias son distintas, más o menos parecidas quizá, pero siempre diferentes. Y lo mismo pasa con todas y cada una de nuestras acciones de todos y cada uno de los días de nuestra existencia.

Lo que ocurre es que cuando optamos por un par de acciones iguales seguidas en el tiempo, hacemos de ello un hábito, y entonces los hábitos tienden a esclavizarnos. ¿Cómo?, pues formando y conformando una determinada actitud. Y esa actitud motivada por ese hábito, que puede ser positiva o negativa, o simplemente neutra, aunque personalmente no creo que lo neutro absoluto exista, porque eso sería inmovilidad, y el mundo, la creación, la vida, el cosmos, Dios, o como quiera llamarlo, se mueve constantemente, evoluciona (aunque involucione) y, coño, no se puede estar quieto el jodío…

Por eso mismo decía yo en esa columna que era preocupante la tendencia que tenemos a atarnos a hábitos y costumbres de inferior categoría y que nos están llevando a una forma de existencia y una manera de ver, apreciar y entender las cosas en absoluta decadencia, para luego echar las culpas de los lamentables resultados a “la vida, que está como está”, sin darnos cuenta que la vida es como es porque la vamos haciendo nosotros pasico a pasico. Y de ahí que hablaba – perdón, escribía – de hacernos esclavos voluntarios por no asumir ni reconocer la libertad de ser libre.

Así que, si se me permite, voy a terminar éste de hoy con un proverbio que, sin ser mío, que no lo es, pero es de todos:

“Siembra un pensamiento y cosecharás una acción.- Siembra una acción y cosecharás un hábito.- Siembra un hábito y cosecharás tu propio carácter.- Siembra tu carácter y cosecharás tu destino”.

Y no te digo más, Tomás…

LIBRE DE SER LIBRE

En general parece que somos libres, pero la verdad es que nos cuesta asumir nuestra cuota de libertad. No sabemos. En el fondo es que nos da miedo. Y entonces usamos sucedáneos de libertad, falsos conceptos, disfraces, en vez de la auténtica libertad, y entonces pensamos que la libertad es hacer lo que nos venga en gana, así, sin más molestia que realizarlo como nos salga del cuerpo. Ni siquiera del corazón. Mucho menos del cerebro. Utilizamos lo que confundimos con libertad viviendo a impulsos. Casi a golpe de instinto. Y lo hacemos para satisfacer nuestro deseo del momento, sin importarnos un maldito carajo si estamos jodiendo al prójimo como a nosotros mismos. Pero eso no es libertad. Es esclavitud.

Somos esclavos de nuestros instintos. Tal y como suena. Si me apetece aparcar en doble fila, pues lo hago, si quiero montarme una fiesta en mitad la calle, pues armo un botellón, si deseo poner mi bólido y mi pyonner a cien, pues a ver quien es el guapo de impedirlo, si quiero vivir sin dejar vivir al vecindario, pues aquí estoy, si es mi real gana ser una bestia de bellota, pues que así sea. Vamos a lo que nos apetece sin que lo impida cualquiera otra razón que la de nuestra necesidad animal. Y es curioso, nos esclavizamos a lo más cutre, casposo, ordinario y degradante en nombre de una mal entendida libertad personal. ¿Cómo puede ser libre quien está sujeto a sus instintos?.

Los que viven adocenados, en plan gregario, los que actúan en manada, sea como lobos o sea como borregos, es igual, los que funcionan imitando a imitadores, en un mimetismo en cadena que espanta, sin más personalidad propia que los distinga que su número de dni… ¿acaso son libres o tan solo se lo creen?. Nos están vendiendo malas imitaciones de una libertad que es todo lo contrario de la verdadera libertad, y nosotros, cretinos descerebrados, imbéciles congénitos, la consumimos como burros. Cuanto más falsa y corrompida, mejor, más nos gusta. Y así, nos vamos emborrachando y contaminando de nuestra propia prisión pensando que somos libres.

Pero la genuina libertad, la auténtica, es cuando somos libres de ser libres, en una opción de sentido libremente escogida y libremente comprometida en respetar los efectos de sus causas hasta las últimas consecuencias. Esto solo tiene un nombre, y es responsabilidad. Y se es libre de aceptar la cantidad que queramos, sin más límites que nuestra capacidad de responsabilizarnos. Lo demás, disculpen, pero puede ser cualquier cosa, e incluso contraria a la propia libertad, pero nadie es realmente libre haciendo lo que le salga del pito. La consecuencia de comprometerse en ser libre es una mayor libertad y una mayor responsabilidad, y lo de aprovecharse de ella, una mayor esclavitud.

Lo que pasa, tía Tomasa, es que, al igual que confundimos libertad con instinto, también confundimos moral con costumbre, y conciencia con pensamiento. Y nos creemos que todo el monte es orégano, y hasta que vivimos en un mundo para nuestro capricho. Pero nada más lejos de ello. Solo hay que fijarse en los frutos de tal maravilla y analizar lo que tenemos alrededor nuestro. Si no estamos muy ciegos y somos lo suficiente honestos no nos puede pasar desapercibido. De ahí que el animal es a sus impulsos como el hombre es a su libertad. La diferencia solo es instinto.

Por eso somos cobardes en mirar la auténtica libertad de frente, a la cara. Cuando hay que hacerlo acudimos a papá estado, a los sistemas educativos, a la policía, al político de turno o al gobierno. Y nos escondemos tras de ellos. Y los responsabilizamos de todo. Pero nosotros eludimos elegir ser libres de verdad asumiendo nuestra parte de responsabilidad en elegir nuestra opción de libertad, nuestro derecho en ejercer la libertad de ser libres. Ya digo, quien está libre de ser libre que tire la primera piedra… o la última.

AGUA, LA LÓGICA PARADÓGICA

Dicen los sabios que hay tres puertas para ser justo: la verdad, la necesidad y la bondad. Y que no se puede ejercer la justicia sin tenerlo en cuenta. En la tan traída y llevada cuestión del agua – y por eso mismo manipulada – esto parece venir así como muy a cuento. Veamos. La región de Murcia tiene dos millones y medio de habitantes y precisa dos mil hectómetros cúbicos de agua, según la demanda establecida en su plan de cuenca. Esto es una verdad y una necesidad. Aragón tiene un millón trescientos mil habitantes, pero se reserva en su pacto del agua seis mil quinientos hectómetros cúbicos para sus necesidades. O sea, para la mitad casi de habitantes, más del triple del agua en un sitio que en otro. Cojonudo. Como verán, aquí se da el cambiazo a la necesidad por la necedad.

En cuanto a la tercera puerta, la bondad, la han tapiado a cal y canto, y lo que se suele perseguir con estas cosas, la justicia, ha salido cagando leches por la puerta de la verdad, que es la de la necesidad… Lo cual demuestra que la sabiduría es tan ajena al gobierno como la capacidad de pensar a un boniato. Y esto viene a plantear una paradoja: o son unos ineptos, o son unos embusteros.

Y hablando de paradojas y de mentirosos, me viene a la cabecica la famosa Paradoja del Cretense, atribuida a Epiménedes para más señas, y dice más o menos de aquesta forma y manera: Asegura un cretense que todos los cretenses son unos mentirosos.- Si dice la verdad, es que está mintiendo, y si miente, entonces es que está diciendo la verdad.

Esta paradoja la ponía como ejemplo el filósofo griego para demostrar las limitaciones de la lógica, y es muy conocida por ello. Bueno, pues en el caso y en el saco del agua, y dejando aparte toda la demagogia que la enturbia, se da una paradoja que altera la lógica, muy parecida por no decir exacta. Solo tienen que cambiar la palabra cretense por político y le sale clavada. Pruébenlo. ¿Es o no es la puñetera realidad?. Pero, partiendo de que aquí nadie dice la verdad, luego están los numericos pelados, las necesidades desnudas, las bondades negadas de un sistema que debería buscar la solidaridad y practicar la firmeza en el principio de justicia. Y aquí es donde viene la segunda incógnita: ¿se mercadea agua por votos, o son los votos los que se riegan con agua?. Cambien el orden a su gusto, pero el resultado siempre será el mismo.

Al final, nos quedamos con lo de siempre. Donde mete mano la política solo existe la lógica de la paradoja, o sea, lo ilógico de lo que debería de ser tan claro y transparente como la misma agua.

Por eso, cuando unos dicen que debe haber “agua para todos” es porque están reconociendo que no es el “agua de todos”. Otra cosa son las necesidades y los intereses, que tampoco es que suelan ir de la mano la mayoría de las veces… Y un servidor, personalmente, claro, al final de todo tan solo que me quedo con el hombre en cueros, con el ser humano pelado, con la sola persona: así él, así sus obras… O como bien dice un amigo mío: “intenta ser la persona que tu perro cree que eres”. Y como suelo añadir yo: “…pero no seas más perro que tu perro”. Aunque, bien mirado, ya quisiéramos nosotros tener la lealtad, y a veces hasta el conocimiento, de los perros.

USTEDES MISMOS...

Los políticos no tienen porqué se economistas, pero tampoco se necesita ser economista para tener sentido común. Lo que pasa es que aquí, en este país, o estado, o nación, o lo que sea esta cosa, el político ni es economista ni tiene sentido común. Con esta crisis de gran envergadura que nos tiene cogidos por las poneduras, el gobierno, no solo está cagado sin reconocerlo, si no que también va a la deriva y no tiene ni puta idea de cómo agarrar al gato. Así que lo único que sabe hacer es hacer pasar al gato por ratón y dedicarse a hacer posturitas, que es lo único que le sale bien al que está al frente de este circo.

Desde luego, yo no soy economista, ni mucho menos – Dios no lo permita – político, pero un mínimo de sentido común sí creo que aún me queda. Y no hace falta tener mucho caletre para saber que esto tienen que sacarlo adelante los trabajadores y las empresas. O sea, los de siempre. Y para eso hay que echar los restos en ayudar a que no se pierda empleo ni se cierren empresas. Así que hay solo un par de piernas para andar el camino. Una debiera ser bajar al mínimo la cotización social, o incluso anularla si fuese preciso. Que la empresa se encargue de pagar la nómina y el estado las prestaciones es mejor negocio que el segundo tenga que mantener ambas cosas, prestaciones y paro.

La otra tendría que ir a facilitar la refinanciación de deuda a empresas con demostrado plan de viabilidad. También es mejor eso que tener que cerrar empresas, sumar desempleo y restar impuestos. Pero no. Encima del portazo bancario, el estado se encarga de freir con gravámenes la refinanciación de los negocios. Así, entre los impuestos jurídicos, registros de la propiedad, notaría, gestiones y comisiones, cualquier intento por sobrevivir lo asfixian antes de comenzar a respirar. Excelente muestra de ayuda. Luego que me cuenten esos politicastros de chicha y nabo todo cuanto están haciendo y se están preocupando, que ni duermen ni viven, ante la crisis que, en definitiva (no se crean sus embustes) solo pagamos los de abajo. Más vale que se apunten menos a las fotos y vayan más al confesionario.

Que estamos en una crisis total, absoluta, es tan verdad como el sol que nos alumbra. Agotamiento crediticio, inflacción, subidas de interés, bajada del Ipc, precio del petróleo… No hay un solo índice ni un jodido parámetro que no apunte al desastre. Pero, por poner un único ejemplo para que vean lo que vale un peine, vamos a ver lo de la famosa factura del petróleo. Del precio del barril de crudo ya se encarga el gobierno de restregárnoslo cada día en las tostadas del desayuno. Pero claro, callan el suculento márgen de impuestos sobre la gasofa que se chupan con cada subida… ¿Qué estamos en crisis?. Vale. Pues entonces, ¿porqué no bajan la misma proporcion en porcentaje de tasas que lo que sube en bruto?. Por lo menos se mantendría estable el montante de impuestos y el precio en la gasolinera, ¿no?.. Pero eso tampoco. Aquí mucho encarnizarse con los de la OPEP por un lado, y por otro a distraer al personal con otras historias, a ver si ganamos la copa de Jutlandia y los entretenemos como tontos que son. Pero Jalisco nunca pierde. A veces no sé si pensar que son unos inútiles o unos sinvergüenzas.

Y esto es lo que hay. No sé si los responsables del invento me leen o no, o si lo hace alguien del segundo, o tercer, o decimoséptimo escalón, pero si así fuese, le quedaría muy agradecido se sirvieran pasarlo a quien corresponda. A ver si se enteran de una puñetera vez por donde van los tiros y piensan con los sesos en vez de con el culo. En definitiva, el mantenimiento de un estado, ¿a cargo de qué sector corre?.. El gobierno es tan solo el administrador, a veces un mal administrador, como ahora es el caso. Por lo tanto, ya saben, o cambian, o los cambiamos. Aparte de quedarnos más tiesos que la mojama, es que tampoco tenemos otra opción.Así que ustedes mismos, tíos