
Del alma enamorada vagando por las sombras
sabe el amante alado que vuela sin las alas
y en medio de la noche su corazón destroza
cayendo a los abismos donde no encuentra nada.
Sabe de besos viejos el sediento que torna
en medio del desierto a la soledad larga,
recuerdo de los labios que fueron sus esponjas
que leves gotas daban aliviando su marcha.
¡Ay de todos sus pasos caminando en la arena,
rogando a los cielos que volviera su dama!,
¡Cómo hundía sus huellas pesadas por la pena!
¡Cómo el sol le sembraba con sus rayos las llagas,
cómo herían los dardos porque ya no estaba ella!
y cómo andaba lento buscando luna llena!
De regreso de las vacaciones me traigo un soneto que he compuse en el Palacio de Congresos de Oviedo. Espero que os guste.
En ti está el uno que manda el alma,
la calma suprema, la voz que alumbra
entre la penumbra y trae esperanza;
universo entero y claror sin bruma,
alborada tuya que en ti se estanca
y en su quietud colma haz de esperanza;
es la infinitud recién contada
que empieza su rumbo a eternas sumas,
es el amor cumbre haciendo cima,
es la ensoñación perdida en sueños,
las alas libérrimas volando unidas,
es aquella hondura cernida en verso,
es nuestro horizonte cuando termina,
es lo que se abarca mirando adentro.

Solamente un desmemoriado como yo puede olvidarse de su décimo aniversario de boda siendo consciente además de que mucho de lo que logra se lo debe a su mujer, incluso el recordatorio mismo de que hoy es ese día señalado que yo había olvidado. En el caso concreto, María José soporta los vaivenes del idealismo que en mí anida tirándome de los pies para descolgarme, de vez en cuando, de las nubes en donde habito. De nosotros sería poco sin su racionalidad y su pragmatismo, el que nos permite a mis hijas y a mi habitar en la realidad tal y como es, después de que yo me encargue de hacer habitar el mundo de los sueños. Sería poco de nosotros sin su pasar inadvertido que no reclama protagonismo a pesar de estar encendido constantemente, sin ese estar que no se percibe porque se inunda de sombra y no quiere ser más que el contraste de la luz, la que la afirma y delimita al mismo tiempo. Sabe más de mi profesión que yo mismo, pues se dedica a algo equivalente en otro plano (no es cuestión de precisar), pero silencia su sabiduría jurídica sin imponer su criterio, más asentado y certero que el mío. Administra al tiempo el hogar, ordena el mundo nuestro expulsando el caos, permite mis silencios y permite que escriba. El orden tiene una causa siempre. EL cósmico desde luego, pero también el doméstico. Le debo mucho, incluso su capacidad para contenerse cuando yo caigo en la incontinencia, lo cual nos evita muchas discusiones, pero hoy, ya digo, me he olvidado de que celebrábamos el décimo mojón temporal después de que nos casáramos.
El yo y el tú no valen para nada si no existe un nosotros y el nosotros reuquiere olvidarse del yo un poco. Hoy me olvido del mío y la traigo a colación, cosa que nunca he hecho en este blog, siempre hablando de mis cosas, como un narciso, siempre trayendo mis poemas, mis playas, mis hijas. Pero hoy la sombra tiene luz que refulge y la expongo. Me ha dicho que no la ponga en el blog ¿Qué es un blogger?, -me preguntaba en la comida-; pero la tengo que poner irremediablemente, no resisto esta tentación inmensa de elogiarla a ella y elogiar a todas las que, como ella, administran la felicidad de muchas familias. Hoy es el día sagrado del Nosotros, pero pido fuerzas para que ese día sea constante y cada día se renueve a pesar de los muchos defectos que ambos tenemos, mas, ¿qué sería de nosotros si no cayéramos en la humana tentación de tener defectos?. Disculpémoslos pues. Hoy es el día.
Este soneto que dejo lo escribí para ella:
Habita en mí aquella ilusión tuya de antes,
que yo hago mía ahora para prender de nuevo
la llama en primavera del amor que renace,
pues no debo olvidar la simiente que tengo
si quiero sentir puro el amor que me esparces,
ni debo ver, tan solo con mis ojos, el fresco
aire que nos cimenta, pues tu sentir deshace
la soledad de mi ego y teje el mundo nuestro.
Mas si eres la hacedora silente que urde amores,
si esto es tan cierto como sin remedio yo pienso,
no cabe pensar otra forma de dar favores
que devolver las mismas llamas que da tu fuego.
Que amor correspondido procura sus fervores,
es cosa conocida que yo guardo en mi acervo.
SONETO DEL ERROR QUINIENTOS
Se cae el ordenador por el error quinientos,
genera un hueco enorme que todo lo devora,
la creatividad cae en agujero negro,
el pasado se nutre de ideas que se borran.
El sistema no arregla sus débiles cimientos,
tan solo se limita a poner una nota,
una simple disculpa que dibuja respeto
sin darnos esperanza de resolver las cosas.
¡Ay de este error de cinco centenas que cercena!
¡Ay de este compañero nuevo que se repite
cuando postea y clama su vacío en la escena!
Se ha creado costumbre nacida del despiste,
de aquel primer traspiés pide la gloria eterna
y no quiere marcharse del libro que le exhibe.

ROSA HUYENDO
Una rosa que se marcha,
que arranca sus raíces de cuajo,
que olvida el sabor de la tierra donde ha nacido,
ha perdido el valor de la memoria.
Una rosa huida es valiente y hermosa
si no ignora que el agua del suelo le daba la vida,
y que una maleta y dos pies andando
ponen el cronómetro de la muerte a bailar su tango,
pues la savia de su historia rociando,
pinta el camino con sus líquidos guijarros.
Una rosa caminando se muere andando,
se marchita uno tras otro con sus pasos,
deja el aroma como la estela de lo navegado.
Una rosa que se escapa no estaba contenta
en el suelo donde hallaba su reposo,
y pide a la vida el consuelo de su pena;
llega un segundo distinto a los otros
que la rosa no resiste la presión del viento ronco,
entonces las manecillas saltan como muelles
y se descompone la rotación del tic-tac que parecía un tesoro....
Una rosa que huye no soporta ser vertical como otras flores que crecen,
se resiste a ese quietismo militar
que le disfraza de soldado en tiempo de guardia.
Una rosa andando rompe con todo,
y sucede que no hay vuelta ni regreso
para quien encuentra el horizonte más hermoso.

Del alma enamorada vagando por las sombras
sabe el amante alado que vuela sin las alas
y en medio de la noche su corazón destroza
cayendo a los abismos donde no encuentra nada.
Sabe de besos viejos el sediento que torna
en medio del desierto a la soledad larga,
recuerdo de los labios que fueron sus esponjas
que leves gotas daban aliviando su marcha.
¡Ay de todos sus pasos caminando en la arena,
rogando a los cielos que volviera su dama!,
¡Cómo hundía sus huellas pesadas por la pena!
¡Cómo el sol le sembraba con sus rayos las llagas,
cómo herían los dardos porque ya no estaba ella!
y cómo andaba lento buscando luna llena!
Dejo este soneto con dibujo paint, recién salido del horno de este rincón de poeta.

Enamora el instante porque efímero muestra
la eternidad del tiempo, que es un crisol en donde
se cultiva longeva esa largura tierna
que tiende a fermentar en el recuerdo insomne,
en ese prístino elfo que la corriente espesa
de la vida remonta trayendo luego el porte
de lo que un día hubimos vivido cual tormenta,
¡Oh fuego apasionado que quemaba dos nombres!.
Todo lo que se torna raudo compás que eleva,
todo lo que sentimos intenso pero breve,
no cae en el olvido de las cosas que fueran,
se filtra en la memoria grabándose en la frente,
reside en el recuerdo, quieto para la espera,
pero vuelve un buen día y vuelve para siempre.
Lo más corriente de un beso es que fusione dos fronteras,
que dos labios se impregnen de la posible piel contraria
que anule aquel vacío de aire tan abismal
que nos hacía sentir exclusivos o solos,
que nos introduzca en el olvido de nosotros mismos
con la simple suavidad del aleteo de una mariposa,
y que nos reconcilie con la humedad de otra boca
después de la travesía del árido desierto de la soberbia,
-aquel pecado nuestro que nos rodeaba cual marea
y nos hacía habitar nuestra propia isla-;
lo más probable de un beso es que nos haga cerrar los ojos,
entregados a la oscuridad, confiados en otro alma,
-oh dulzura del ocaso de la luz hecho hermosura-,
pues un beso es un salto valiente que al otro alcanza,
y un beso son dos continentes unidos por un estrecho,
la silueta de una sombra puesta en el suelo
que confunde en un área a dos marionetas en manos de un destino incierto,/
(nadie sabe del rumbo del amor cuando se surca),
mas un beso es un contacto eléctrico de dos otros
que eran dos yos ebrios de soledad dialéctica,
ese estado de las palabras metidas en los valles del silencio.
¡Ay de la orografía egoísta del que de sí mismo no sale
porque desconoce la belleza magnánima de la llanura
donde ninguna silueta se esconde,
donde cielo y tierra son dos amantes que se besan en el
horizonte/
y besar, por tanto, es un ensueño lejano que se atisba,
un leve roce que se muere con el llegar de la noche
y se oculta, saboreándose, falleciendo en su delicuescencia,
muriendo como se muere un poema cuando las palabras no salen.
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