EL REY DIXIT

Yo me consideraba su súbdito, apoyaba la monarquía constitucional entendiendo que esta institución ha aportado gran estabilidad a la invertebrada historia de España, y le apoyaba a él, al Rey, por su papel conductor instalado en la imparcialidad. Después de sus palabras de elogio a Zapatero, meras impresiones subjetivas suyas, loables para su fuero interno y para la administración de su majestuoso silencio, pero fuera de lugar en su papel institucional de árbitro, el Rey, Don Juan Carlos I, ha abierto una brecha de republicanismo en éste modesto ciudadano y también, probablemente, en otros tantos que piensen en sintonía. Bien cierto que la brecha es aún pequeña, a modo de fisura que puede taparse si se encuentra o si se aporta una explicación razonable a lo sucedido, pero la brecha está abierta y supura la herida. Me ha dado en la línea de flotación del entendimiento y he de razonar para no dejarme llevar por la pasión.
España no es monárquica ni tampoco republicana. Los españoles no somos nada más allá de nosotros mismos, que tal es nuestra histórica soberbia, nuestro orgullo ancestral cuajado desde el pasado. Por eso, porque somos nosotros mismos, estamos o no estamos con las instituciones y, en ello, le va la vida a quien las representa porque, de una correcta representación, se afianza el apoyo. Estamos con la monarquía o la república, pero ni somos monárquicos ni somos republicanos.
El Rey, de pronto, ha roto sus silencios, sus décadas de correcta imparcialidad, para cubrir de elogios la figura de un presidente vivo. Más allá de lo acertado de sus juicios, sus palabras inclinan la balanza porque tienen enorme influencia en el criterio que los ciudadanos adopten en el futuro. No voy a entrar a valorar ni la rectitud, ni la honestidad, ni ninguna cualidad moral que pudiera tener Zapatero, -no le conozco personalmente y no podría hacerlo sin parecerme imprudente-, pero que el Rey lo haga supone un apoyo institucional claro al propio presidente y a su política pasada. De otro lado, si interpretamos en sentido contrario, supone también una crítica solapada a todos los políticos de la oposición que no han entendido durante estos años que la figura del presidente del gobierno alcance tanto mérito. Es la primera vez que el Rey no guarda el equilibrio en su papel.
No sé porqué lo ha hecho, y en esto nos va la vida. Si resultara que es un gesto noble, es decir, sin cálculo, sería elogiable pero igualmente criticable por imprudente. Si resultara que obedece a un instinto de supervivencia política, en el sentido de ganarse los afectos del partido político que menos monárquico puede sentirse para, al fin, buscar un apoyo continuado que evite la instauración de una tercera república legitimada, -en palabras del propio presidente-, por la segunda república, tampoco sería nada bueno. Probaría además algo que algunos venimos pregonando y que consiste, esencialmente, en que nuestro sistema se construye desde la soberanía de los partidos, férreos sistemas, en lugar de construirse desde la soberanía del pueblo y desde el criterio de todos y cada uno de los ciudadanos. ¿Teme el Rey a los partidos, y, dentro de ellos, principalmente, a los de izquierda, porque piensa que en ellos se residencia la clave de su continuidad?. Si esto fuera así ¿dónde cuajaría nuestra soberanía como pueblo si, en definitiva, la permanencia de un estado de cosas dependiera de lo que decidiera la ejecutiva de un partido?.
El rey ha hablado, pero no le veo con corona; el rey ha hablado pero le veo sin cetro. Pudiera ser que en este abrazo público entre el presidente y el monarca no sólo haya dulzura. Debiera pensar su majestad en los abrazos que da Zapatero y en las llagas que ha dejado en la piel de aquellos a quienes al cabo se ha abrazado. Basta ver en esas pieles la huella de las garras de un oso que, aunque infinito en su talante, quizás no puede evitar herir a quienes quiere. Ni es tan fiero el león que vuela con alas de gaviota, ni tan manso el cordero que la rosa sostiene en su mano. Ese y no otro debiera ser el equilibrio, la igualdad institucional en el trato, pero ese equilibrio se ha roto, y, una vez roto, las consecuencias caerán por su peso. Tal es la fuerza de gravedad de la política.
12 comentarios - Escribe aquí tu comentario
Hola Hamlet!
Creo que tengo que andarme con cautela cuando opino sobre esto. Te daré pues una opinión más bien general:
Yo creo que por definición un rey es un personaje importante, se supone que su función "tradicional" sería la de gobernar el país. Pero cuando vas y miras lo que queda de las monarquías europeas, entonces encuentras reyes, como los de España o Inglaterra, que apenas sí son figurines decorativos en una obra que interpretan otros.
Yo creo que hay que ponerse un poco en los zapatos de esa gente, que siendo tan "importantes" por título hereditario, a la hora de dirigir y tomar desiciones se ven relegados a roles insignificantes, desplazados y reemplazados en sus tradicionales funciones por cualquier "hijo de vecina" que ayer era un "don nadie" y hoy es presidente, ministro o parlamentario por voto popular.
Mi querido Guillermo:
No puedo estar más de acuerdo contigo en que el rey se ha extralimitado en sus funciones, y ha cometido un traspié político al colmar de elogios a un político en funciones.
Por supuesto, S.M. representa a todos los españoles, y como tal, no debe decantarse por ninguno de los lados de la balanza. Hasta la fecha había sabido estar siempre en su papel, no comprendo esta salida.
Lo has expresado de un modo excelente. Me ha encantado leerte. Sabes que soy una de tus incondicionales.
Un besazo.
Gracias a las dos por pasaros por aquí, que solamente es un rincón donde reflexiono de vez en cuando, y gracias por el acuerdo aunque me temo que el mal hecho ya lo está y el monarca acaba de desagradar a media España, curiosamente la más incondicional suya. ¿ Hay quien lo entienda?.
Si, claro, Hamlet, se entiende perfectamente: humano, demasiado humano. Pocos resisten la tentación de uncir su carro al vencedor de turno. Pocos resisten la tentación de adular... Aunque lleven corona, ya ves, los reyes son tan vulnerablemente humanos como los demás.
También a muchas personas les desagradó el ninguneo del Rey por parte del anterior presidente del gobierno...No elevemos la anécdota al nivel de categoría. Patético ver como los sectores más retrógrados de la derecha (algunos de los cuáles llevan tiempo pidiendo la abdicación del Rey o llamándolo Juan Carlos II) intentan patrimonializar el sentimiento monárquico...Un saludo Guillermo.
Creo que a esa tendencia a caer en la adulación se la llama "servilismo". Ese mismo servilismo que, por costumbre, le consentimos a los políticos, es soberanamente humillante en un monarca.
Lástima... Lástima... Un rey DIGNO debería saber que no puede rebajarse a comportarse como un mero político.
O sea que ahora va a resultar que tenemos un Rey indigno. Cuánta desmesura. País.
Cálmese señorito Wne. Yo no hablé de ningún rey en particular, sino de los "reyes" en general. La dignidad del rey la debe cuidar el rey. Y lo que hace digno o indignio a cualquiera, sea rey, sea plebeyo, no es ni más ni menos que su propia conducta.
El servilismo es indigno en quien sea.
Emplea palabras, señorita Domovilu, que en una monarquía parlamentaria carecen de sentido...A estas alturas hablar de "plebeyos" suena a tiempos muy pasados. La calma que la mantengan otros,los que llevan tiempo pregonando que "España se rompe". Nada nuevo bajo el sol.
No em venga a descubrir América, señorito pescador amante de los tintos. Vaya perogrulladas que me aclara V.E.
Yo no acabo de entender cómo un país que ya lleva 33 años sin aquella dictadura, que se dice estado democrático y tal y tal, continúa alimentando a tanto parásito. Si ya tenemos un par de cámaras, más los 17 camarotes autonómicos, que son los encargados de gobernar en nombre del pueblo (es un decir), el paso siguiente sería, por mera lógica (sin contar los euracos que nos ahorraríamos) la Tercera República, y no la Esta vez vendríamos de una rodaje democrático, ¿o no?, por lo que su asentamiento no debería tener nada de traumático. Al contrario, sería un corolario perfecto a la andadura democratizadora del país. En cuanto a lo que diga ese señor de la corona, pues él sabrá a qué juega... o con qué sueña su razón. Personalmente, no tengo mayor interés ni en sus ruidos ni en sus silencios, sólo me interesa que se vaya de una vez.
Como verás, mi estimado poeta, esta vez estamos totalmente de acuerdo.
Un abrazo mediterráneo.
'y no la'... jajajja... Iba a poner 'la Monarquía número...' jajajaja... ¡cómo es una!





