Libro de Arena
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Sobre libros, letras que vuelan y palabras mudas

Somos lo que sentimos, es decir, una eterna incógnita

la gran prisión

Mi ombligo es como una gran prisión que crece día a día, extendiéndose como una mancha de aceite. me rodea hasta convertirse en todo yo, y ciega mi vista, nubla mis sentidos y me vuelvo sordo. Así, el mundo deja de ser una formtera extensa para convertirse en un reflejo de mí mismo. Ya no existen los demás, sólo existo yo, mi pasado, mi presente, mi futuro, mis sentimientos, mi visión de las cosas. Soy mi dios y mi diablo...Pobre bestia humana: sin darme cuenta me he conmvertido en un autista, sólo entiendo la dinámica de la sociedad en función de mis necesidades. Si los transportistas hacen huelga me preocupa no tener gasolina, si los políticos mienten sólo me afecta si me devuelven los 400 euros del IRPF prometidos, si las editoriales se han convertido en un mercado absurdo y banal sólo me afecta si no quieren publicar mis novelas, si los inmigrantes mueren en el estrecho sólo me importan los rumanos que viven en el piso de arriba y no paran de hacer ruido. Si la policía detiene a un delincuente peligroso sólo me preocupa el imbécil que me puso una multa por exceso de velocidad...

Sí; sin darme cuenta todo ha ido perdiendo el sentido colectivo, ya no soy parte de una suma de voces, de una masa viva y dinámica capaz de cambiar la historia junto a mis hermanos humanos. Sólo soy una pequeña partícula individual que no cuenta nada, un fragmento de vida que se ha ido haciendo pequeña y pequeña a medida que mi ombligo se iba haciendo grande y grande.

¿Cómo romper esta telaraña?

In buen blog

El mundo es tan grande como uno quiera o pueda imaginarlo. En cualquier rincón aparece una sorpresa; Internet es una caja de ese tipo: cada vez que la abres descubres cosas que te hacen sentir parte de lago grande, de un fluido que circula invisible entre los seres humanos. Algo que es impensable cuando estamos frente a frente, pero que fluye de manera extraordinaria cuando estamos sólos frente al mundo. No es algo virtual como muchos opinan, es algo real, que late y está muy vivo.

Os recomiendo ese blog.

http://autores.relatame.com/victordelarbol/

Las esquinas de las horas

Se acercan las horas con el paso firme de lo inevitable, con el goteo constante y amortiguado de un reloj de arena, y siento el desasosiego de la mortalidad. Por supuesto, no entiendo la mortalidad; sólo es una palabra, una realidad teórica que no puedo conocer por el mero hecho de estar vivo. De modo que es mejor concentrarse en el paso de esa nube, en el declive del sol sobre las hojas de mi limonero, en la voz de Lola al fondo del pasillo, llamándome para cenar. La vida es hermosa, la vida es caduca, los momentos se van; y cuanto más conciencia tengo de eso más escribo, me aferro a mis novelas con fiereza, como el náufrago se sujeta al único tablón que flota en el mar. No veo la televisión, no escucho el zumbido necio que a todos nos ronda por el cerebro, no me maldigo. Hoy no. HOy soy consciente de mis dedos en el teclado, del olor de mi novela, de la voz de mis personajes. Hoy me siento un dios pequeño pero omnisciente, capaz de ser verso, capaz de ser inmortal. Hoy no creo en Dios, pero siento la necesidad de inclinarme como la tarde, y dar sinceras gracias a el Dios que me creó y en el que no creo yo.

Es la grandeza de lo simple, de lo sencillo, de lo humano.

Leo que en una sonda enviada al espacio han grabado una hora y media de música, para que quien nos encuentre sepa apreciarnos. YO hubiese enviado unos cuantos libros, para que quien nos lea nos ame. Somos seres grandes, amigos/as, grandes en nuestra mezquindaz, en nuestro odio y en nuestra miseria, pero grandes también cuando creamos, cuando respiramos este cielo nuestro, cuando esculpimos la piedra, cuando esculpimos el aire para crear una nota, cuando le damos carne al verbo en las palabras. Sí, cuando nos paramos en silencio, comprendemos porque nos entristece pensar que un día ya no formaremos parte de todo esto.

Cosas extrañas

Me resulta paradójico mirar la televisión. No digo verla, digo mirarla. Es un ente que invade tu intimidad, la de tu família, la de tu silencio. la pones a veces sólo para escuchar de fondo cómo se gritan y se insultan en programas de triste factura y audiencias alucinantes.

Pero lo más triste llega a la hora de las noticias. Por diós, son una calca, incluso colocan las noticias en el mismo orden. Y me sorprende, o me ruboriza, que los espacios políticos y los deportes se lleven casi la totalidad del tiempo.

Nos hemos acostumbrado a los presentadores estrellas, a las noticias enlatadas, a las campañas a favor o en contra de según qué o quién... y hemos perdido tiempo para leer, capacidad para razonar, independencia intelectual, capacidad discursiva. Se supone que somos seres libres, y que debemos tener derecho a una televisión de calidad. Desgraciadamente, nuestro sistema educativo y formativo está encauzado hacia la cultura del rebaño, y quién sabe si acabaremos en una sociedad orweliana, donde escribir esto que escribo sea motivo de excomunión, fusilamiento o ostraccismo. Aunque como al buen Sócrates, siempre nos darán la oportunidad de beber voluntariamente la cicuta, de cortarnos la mano para no escribir, y de arrancarnos la lengua para no hablar. Pero mientras alguna neurona siga funcionando en nuestro cerebrito de primate, siempre nos quedará un gesto dde hewroismo y rebelió: apagar la tele, leer un libro y saltar a la bloggalaxia para gritar ¡Amigos, Yo pienso! ¿alguien se apunta a este vicio?

Nuevos narradores

He descubierto un libro fascinante: EL PESO DE LOS MUERTOS, de un autor barcelonés llamado VICTOR DEL ARBOL. No lo conocía, y no sé si tiene algo más publicado, pero su novela me ha vaciado completamente por dentro. A pesar de estar ambientada en la época del franquismo, no es la típica novela guerracivilista a la que nos ha acostumbrado Cercas y compañía. En realidad, creo que ese sólo es el fondo por el que discurren sus turbulentos personajes, llenos de una tristeza que emociona, me irrita y al mismo tiempo me deja al final una sensación extraña, como cuando acaba una película en la que te has sumergido profundamente para descubrir que sólo era eso, una película. Cuando se encienden las luces de la sala querrías que volvieran a apagarse, fingir que la realidad no existe fuera de esa sala. Algo así me pasó con ese libro. Indagué en busca del autor, y descubrí que otra gente hablaba de él en internet, pero nadie sabe si ha publicado otras cosas. Sé que ha quedado finalista en el Fernando Lara 2008 con una novela llamada EL ABISMO DE LOS SUEÑOS, pero no sé si está publicada.

Lo gratificante de todo esto es descubrir que a pesar de los monstruos del best seller creados por la industria editorial, existe una corriente subterránea de poderosos narradores poco conocidos que le dan vigor a nuestra literatura con nuevas voces y un nuevo modo de relatar lo antiguo. Como dice Zafón (al que admiro por no formar parte de la nomenklatura, siendo como es un gran narrador) esos "dragones" del marketing no pueden fagocitar todo lo que se mueve. Todavía existen tesoros que descubrir, y la satisfacción de hacerlo , como me pasó a mí con esa novela, EL PEso de Los Muertos, de Vivtor del Arbol, sin que nadie me la haya metido por la boca.