Las glorias efímeras
Cuando entré en aquella tienda de discos me invandió la misma sensación de siempre el cementerio, el olvido, las cenizas. Inevitable. Sean libros, discos o películas. La tiendas de segunda mano donde están las glorias efímeras y las estrellas fugaces. Estanterías repletas de vinilos, compacts, vídeos. Todos ordenados en orden alfabético, todos ordenados y la mayoría olvidados. Hay discos, libros, películas que no las lee, escucha, ve ni los nietos de los que los crearon; condenados a no volver a ser visitados, para siempre. Por eso lo absurdo de la búsqueda de la gloria, por eso el riesgo de apenas unos segundos de flashes y la condena eterna de una obra en una estantería llena de polvo. Incluso los grandes autores no perduran, sólo sus obras se vuelven inmortales, vivas en cada nueva lectura, sobreviven. Ellos en sus tumbas tendrán el recuerdo del placer al crearlas.
No sé lo que buscaba, porque en esas tiendas no se busca, se encuentra lo que no venias buscando por eso tan delicioso, tan mágico. Abarrotada de discos, de personas, pequeña, sin mostrador. Al principio no supe saber quién era el dependiente hasta que empezó a hablar como aquellos señores que en Londres se suben en su cajón de madera y sin pedir permiso a nadie cuentan cualquier cosa. Pero aquel hombre de cabelllo cano y bigote espeso no tenía que pedirlo, porque estaba en sus tienda, su reino. Supe a medias de su origen cuando empezó a hablar, porque entre un castellano perfecto se dejaba caer cierto acento de Europa del Este. Despertó su voz una buena canción puede que de Aretha Franklin, de los Beatles, de U2, no me acuerdo. Sólo sé que dijo algo parecido a esto.
-¡Qué buena canción! Esto si que es música. La verdadera música tiene que ver con el pasado, con las raices primitivas. Beber del pasado y adelantarse al futuro. Esa es la senda del éxito, si no durarás apenas unos meses. Los músicos deben hacerse un favor a ellos y a sus comtemporáneos haciendo música que perdure, porque si no están codenados a la gloria efímera- Y con sus manos señaló a todas las estanterías.
No compré ningún disco. Apenas tenía unos euros en los bolsillos para invitar a una chica preciosa de pelo rizado y rubio a un chocolate. Pero me quedé con la promesa de volver y comprar algún disco que nunca cumplí. Antes de salir, me acerqué, me sonrió, le di la mano. Luego, salí a la calle Preciados y me junté con miles de personas, buscadoras de las glorias efímeras.
Algunos de mis relatos:
6 comentarios - Escribe aquí tu comentario
En efecto, por grande que sea lo que hagamos, por mucha repercusión que tengan nuestros hechos o nuestras obras (¿de arte?), el tiempo todo lo reduce a su sitio, a su justo valor, esto es, a la pequeñez y, al fin, el olvido. Pero ello no resta valor a lo que escribimos, porque escribimos no por la gloria, sino para comunicarnos, además de para aliviar esa tensión, esa aglomeración de vida en el espíritu, que ha de salir también a través de la pluma.
Un saludo.
Aunque una obra literaria o una pieza musical no alcancen la gloria, seguro que a alguien le toca la fibra sensible y le inspira para poder crear otra obra. Nada de lo que hacemos es en vano, todo repercute en alguien y lo importante es no dejar que nos domine la vanidad, no buscar la gloria, solo así podrá salir algo grande.
Un besazo
El éxito y la fama tine poco que ver con el absoluto placer que significa escribir y saber que cada palabras, coma y punto expresa aquello que querías expresar. Y lo triste es que parece que se ha olvidado y lo escaparates y mesas novedades de las librerías estan llenas de libros en busca de dinero y no de verdades que engradezcan al hombre.
Parece que la cultura que nos arropa -la hemos creado nosotros- no nos proporciona suficente cobijo y precisamos de otro Renacimiento.
Pero si tu pensamiento íntimo nos alcanza a otros, estaremos escapando contigo. Esto es lo que yo consigo cuando te leo.
Muchas gracias.
Gracias a todos por vuestros comentarios, pero es inevitable en esta vida no contradecirse y hasta el más crítico de los críticos comparte o es cómplice de lo criticado. Nadie está a salvo.
Al leer tu relato he sentido un escalofrio recorriendo mi cuerpo, no puedo decirte nada, explicarte lo que pienso, solo un sentimiento en un escalofrio







