Libro de Arena
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A la sombra de mis orejas

"Es más fácil ser sabios con otros que con nosotros mismos." Francois de La Rochefoucauld (1613-1680)

¡Que siga sonando!

Las guitarras y las voces son más sinceras cuando ya no queda belleza en el rostro, las flores secas, la casa con polvo. A Jeremías tan sólo le queda su guitarra, una cara machacada por el alcohol y las noches en vela detrás de aquella mulata que nunca le regaló sus labios.

Jeremías sigue tocando porque desde muy chico le puso su tío una guitarra en las manos y le dijo " Aver qué puedes hacer". Y tras las primeras tonterías, tocando la caja como si fuera un tambor, Jeremías le pidió a su tío que le enseñara. Lo hizo hasta que ya no le quedo más que mostrar, hasta que Jeremías consiguió tocar la guitarra tan rápido como los dioses Lucía, Clapton, Knopfler...

Llegó a la colegio mayor con la guitarra en el hombro. En el salón donde se veía la tele todos sus compañeros con cervezas y risas cantaron con él de piloto. También cantó al oido de Lucía, sus labios, su cuerpo desnudo... en las noches en la que los dos, entrelazados eran uno. Conoció a Mario, al Jarretas, al Pirulo y juntos tocaron los bares de Malasaña, llenos de humo, de whiskies, de ojos derretidos, apuntes apartados, amores furtivos. Un día, un disco, una gira, fuegos artificiles de apenas unos años-segundos. Luego, la campana de alarma , las broncas de los padres, la espada de la rutina. Mario, Jarretas, Pirulo volvieron a los estudios.

Jeremías se quedó sólo, alquiló su mano rápida, su voz rasgada paseó por varios grupos... pero un día, aunque la música es más sincera sin belleza en el rostro, no lo cogió ninguno. Así que desde entonces pasea su guitarra por el metro, se planta en los pasillos largos, eternos, vacíos de Nuevos Ministerios, coloca su funda y toca, canta, disfruta... las monedas caen. Y cuando tiene hambre, Jeremías recoge sus tesoros, mete la guitarra en la funda y vuelve a casa. En el camino se cruza con un grupo de gitanos tocando jazz, una pareja bailando un tango, un guitarrista reggae jamaicano... les va echando monedas. Cuando llega, abre la puerta y con la sonrisa en el rostro, los bolsillos vacíos, piensa "¡Que siga sonando!".

Juan Fondevila. Madrid. Abril 2007

Otros de mis relatos:

El paso cambiado.

Mensaje de texto

Razones para una lágrima

El llanto del cosmonauta

El beso lanzado

Soborno

María@miprimerbeso.com

Viaje al Parnaso

La taza

La bocanada triste del insomnio


21 comentarios - Escribe aquí tu comentario

lo dijo Luz Marina 3 Abril 2007 | 09:47 PM

Me encantan tus relatos. Tus escritos. Me fascina leerte.

lo dijo Juan Fondevila 4 Abril 2007 | 06:32 AM

Garcias Luz Marina. Es un placer tenerte de visita por aquí.

Un abrazo

lo dijo Ceci 4 Abril 2007 | 10:44 AM

Precioso homenaje a una vida consagrada a una pasión y al arte. Como dijo la Srta. Brodie de Muriel Spark:

"La seguridad no es lo primero. La Bondad, la Verdad y la Belleza están por delante. Seguidme".

Abrazos

lo dijo Josema 4 Abril 2007 | 11:27 AM

Es muy bueno, casi el retrato de un amigo mío bohemio y guitarrista, seguro que le gustará. No sé porqué el destino me ha deparado ser amigo de varios músicos así de bohemios que lo único que les importa es que su guitarra siga sonando en contrapunto con una buena copa de whisky, y una chica a quien cantarle. Te felicito, Juan, y espero ver tus relatos muy pronto en forma de libro. Se lo merecen.

lo dijo Rubén 4 Abril 2007 | 02:41 PM

Totalmente de acuerdo con Josema. Una chulada de cuento.

Enhorabuena.

Saludos

lo dijo Juan Fondevila 4 Abril 2007 | 06:09 PM

Gracias a todos por vuestras visitas, gracias Ceci por tu cita, Josema por loq ue aportas en el quimérico impaciente, Rubén por tu aiduidad y comentarios. Gracias. Un abrazo a todos

lo dijo julieta 4 Abril 2007 | 07:39 PM

Yo también creo que tus relatos deberían estar en un libro. ¿Tienes ya algún libro publicado?

lo dijo Juan Fondevila 4 Abril 2007 | 07:45 PM

No tengo ningún libro publicado. Sólo un par de concursos de relatos ganados. Pero para mí que tengo que trabajar y escribir un poco más, de publicar siempre hay tiempo. Gracias de todas formas.

Un abrazo

lo dijo Semiotica 4 Abril 2007 | 10:23 PM

Muchas gracias por tu comentario, me alegro de que te gustase. He leído algunos de los que tienes por aquí y me sumo a los comentarios de ahí arriba, un placer leerte.

Un saludo.

lo dijo Semiotica 5 Abril 2007 | 01:13 PM

Sí, las fotografías son mías, gracias por pasarte también por ahí.

Un abrazo.

lo dijo hipatia 5 Abril 2007 | 02:30 PM

Me ha encantado; me trae recuerdos... algunos son tristes; otros, alegres y diferentes: Madrid, Barcelona, Formentera...

Muchas gracias, Juan.

Besos desde la Enterprise.

lo dijo Juan Fondevila 5 Abril 2007 | 07:06 PM

Hipatia es un palcer cuando surcando el espacio vienes a pasearte por aqui. Semiotica tus fotografias me encantaron. Un abrazo a las dos

lo dijo Miguel 7 Abril 2007 | 07:33 PM

Hola Juan,

me ha encantado tu relato. Me ha encantado Jeremías. Me gusta la gente que es consecuente con sus ideas o con su pasión.

Un saludo,

Miguel.

lo dijo Bea 10 Abril 2007 | 03:23 PM

me uno a los comentarios anteriores, es un relato que emociona.

Y es que en el mundo tendría que haber muchos más "Jeremías" y menos gente que se vende al mejor postor. Lo malo es que eso sería una utopía...

un abrazo desde el sitio en el que las chicas malas van a todas partes, y las buenas solo al cielo ;)

lo dijo Lucía Sánchez de relatos sin cuento 10 Abril 2007 | 09:12 PM

leo que has ganado algunos concursos. Se nota un pelín.

¿cuando viene el próximo?

un saludo

lo dijo Paco 11 Abril 2007 | 03:24 PM

Me dejaste impresionado con tu facilidad de expresar tan facilmente la parte bohemia que algunos esconden por miedo a sentirse ridículo (me incluyo).

Sigue animando nuestras tardes aburridas delante del ordenador.

Saludos

lo dijo Juan Fondevila 13 Abril 2007 | 07:14 PM

Ahora quiero tiempo para escribir, los concursos llegarán más tarde, quiero escribir y sentirme verdaderamente satisfecho de la historia... Gracias por la visita. París siempre será una fiesta.

Un abrazo

lo dijo Pi 15 Abril 2007 | 12:08 PM

Un relato precioso y triste, muy triste. De la suavidad de los comienzos al sabor agridulce de la caida y la rutina desesperanzada de hacer lo unico ke sabes, ya por puro placer, esa es la esencia del arte.

Un abrazo

lo dijo Pi 15 Abril 2007 | 12:11 PM

jajajajaja, veo que se colo por ahi un "ke", bueno esa es la parte inconsciente de la economia del lenguaje a la que nos hemos acostumbrado.

lo dijo Juan Fondevila 20 Abril 2007 | 07:56 PM

Quizás no se tan triste... quizás acabe haciendo en su vida lo que realmente le gustaba, sin doblegarse a la opiniones de otros...

Saludos

lo dijo noquieromadurar 27 Septiembre 2007 | 08:09 AM

Un relato muy bueno. Me gusta xq Jeremías hace lo que le gusta, lo que le llena, lo que le da vida sin importarle el dinero y otras banalidades. Es auténtico.

un besito

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