La doble vida de Veronica

Confieso que prefiero las películas donde las emociones lleguen de lo profundo, oculto y velado; donde se diga y no se diga lo que se quiere transmitir; donde el director valore al espectador y le haga pensar. Todas estas reflexiones me han venido al hilo de un par de películas que he visto en las últimas semanas, La pianista de Michael Haneke y La doble vida de Verónica de Kieslowski.
La obra de Haneke es arriesgada dura, ácida, descarnada y bebe de la novela de título homónimo de la agoró fóbica escritora Elfriede Jelinek. Reconozco que es una película valiente en la que al espectador no se le roba ningún plano de los muchos desgarradores que tiene la película. Sentimos con toda su fuerza la jaula de locura que envuelve a la protagonista y en más de un caso nos dan ganas de girar la cabeza y taparnos la cara con las manos ante el horror que vemos.
Quizás tenga un estómago delicado y no esté preparado para digerir tal aspereza de imágenes; quizás sea que prefiero aquellos directores como Bergman o Kieslowski que me hablan de las insondables complejidades del hombre con la inteligencia de crear planos y diálogos que sugieran la tragedia; quizás por todo eso me prefiera la película de Kieslowski frente al puñetazo en el estómago de Haneke.
La doble vida de Verónica es una película onírica, poética y mágica que cuenta la historia de dos chicas una polaca y otra francesa que son almas gemelas. Quizás la nacionalidad de la dos chicas surgiera de esa escisión que Kieslowski mostrará más tarde al rendir tributo a su patria de acogida en la magnífica trilogía azul, blanco y rojo. El caso es que con una intensa labor de montaje el director polaco nos regala una película en la que todo se sugiere y nada se explica, sin minusvalorar al espectador, tratándole como un adulto y no un niño que haya que llevar de la mano. Llena de simbología como la vieja que arrastra el carro ante la atenta mirada de Verónica desde la ventana, la película brinda una miríada de interpretaciones ante cada uno de sus fotogramas.

Profundamente musical con una maravillosa banda sonora de Zbigniew Preisner la película nos mueve como marionetas contemplando las dobles vidas interpretadas por la profunda mirada de ojos verdes de Iréne Jacob. Kieslowski acertó eligiendo a esta actriz francesa a la que utilizó también en Rojo, pues con su rostro en silencio expresa más que algunos actores de los que no paran de salir palabras de sus labios. Dejaros arrastrar por la poesía de esta película os aseguro que no saldréis decepcionados a mí me dio ganas de seguir siguiendo la estela del cineasta polaco, No matarás estará seguro entre uno de mis próximos bocados cinematográficos… buen provecho.
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4 comentarios - Escribe aquí tu comentario
Hola, Juan! Se te echa de menos por aquí, a ti y a tus líricas y sugerentes recomendaciones. No conocía esta película y la verdad es que promete. Gracias y un fuerte abrazo
Hola!
Sí la verdad es que ultimamente tengo un poco descuidado mi rincón de sombra. La película vale la pena, palabra.
Un abrazo
Juan, dónde están tus relatos? tu literatura de lo cotidiano y las pequeñas cosas? el velo mágico con el que observar la realidad? Gracias por tu comentario. Se te echa de menos un poquito cuando no se habla contigo. Deseo que todo vaya bien. Un beso.
En eso estoy, pero todo viene poco a poco. Gracias por tu visita. Yo también hecho de menos hablar contigo.
Un beso







