Minuto
Dejame disfrutar de este minuto que tú y el mundo creéis perdido, derrochado, malgastado, porque no lo puebla ningún sonido, porque ningún fotograma ni pantalla campa ante mis ojos, porque durante él no gano ni gasto dinero, porque olvidé mis responsabilidades, mi conciencia... el trabajo, la familia, los amigos y simplemente nos quedamos yo, el mar y el cielo callados y diciéndonos cosas que ya nos dijimos cuando niño, cosas que olvidé y vuelvo a recordar. Déjame aquí desnudo en la arena, bajo el sol abrasador, con sus rayos secándome, tratando de olvidar para recordar . Déjame sólo este minuto, porque hoy me di cuenta que hace mucho tiempo que no miraba el cielo y...nos tenemos tantas cosas que contar.
6 comentarios - Escribe aquí tu comentario
me hacen sentir bien tus relatos, es agradable recordar desde tu punto de vista.
saludos
A veces la soledad es un estado infravalorado. Y a veces es tan necesaria...
Disfruta de tu cielo, aunque sólo sea un minuto.
Después enseguida llega el ruido, la gente, el bullicio.
Me encantó. Es precioso.
Saludos.
Gracias Akela y Rubentxo por vuestras visitas. Quizás eche de menos ese minuto de desconectar y sentirse tan fuera de todo y a la vez tan vivo. Quizás unas buenas vacaciones lo arreglen.
Saludos
Precioso texto. Me ha gustado mucho leerlo.
Cualquiera podría dejarse estar, al margen del tiempo, en una situación así.
Un beso.
Me ha encantado, Juan. Un placer poder leerte de nuevo. Un abrazo y feliz verano
Abre y cierra en las olas su equipaje.
Es la consigna del viajero azul.
El amor le ha enseñado a quedarse desnudo.
De los espejos nacen sus tormentas.
Ha convertido en ley
la paz del sol poniente y el rayo de la luna.
Le ha pedido a los bosques su silencio
para llenar de naúfragos un murmullo de agua.
Pero da compañía.
Conoce la madera que flota en cada edad
y prepara sus buques
para que cumplan años en nustros corazones.
Los niños tienen miedo y encuentran en la luz
la bandera inocente de los días piratas.
Después los cofres guardan soledad,
y más tarde las dunas persiguen a las dunas
en noches de verano flexibles como un cuerpo.
Hasta que llega el horizonte
el óxido sagrado de los atardeceres,
cuando un reloj de arena pregunta por el sur
junto a las caracolas que miden nuestros pasos.
Las olas compasivas contarán hasta diez.
Enseñará la muerte a besar en los ojos.
Dominio de la piel en rebeldía,
memoria de la espuma y de la oscuridad,
tesoro de los años,
el mar es un secreto que defienden
las palabras azules de la orilla.
El mar, Luis García Montero
Disfruta este finde de la playa y la música y acuérdate de mí. Un beso petardo!







