Libro de Arena
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Ventana indiscreta

Sobre la felicidad (I)

Pocos libros me han hecho tan feliz como uno que demuestra lo absurdo que es buscar la felicidad.

Lo leí hace algunos años pero últimamente lo recordé a tenor de las reflexiones de mi adorada naná sobre Godot, el amor y otros demonios.

También me lo ha hecho recordar las aventuras que corrimos mis amigos y yo hace poco para ver los ciervos allá arriba en la montaña. Porque en este libro hay un capítulo donde se habla sobre búsquedas y encuentros.

No soy fetichista con los libros y este se me perdió en el espacio y en el tiempo. O en algún laberinto donde fue devorado por el Minotauro. El ejemplar que tengo delante de mí pertenece a la biblioteca municipal y siento ya el dolor de la separación. Por eso quiero dejar algunas de sus palabras en este blog.

Félix de Azúa, te pido que no te ofendas por que una idiota como yo haya puesto sus sucias manos en tu libro, aunque tienes que admitir que el título me da bastante cuartelillo para hacerlo: 'Historia de un idiota contada por él mismo'.

Alguien a quien admiro me escribió en un comentario que yo había sido sistemática en el artículo que acababa de publicar. Mi agradecimiento fue infinito porque sé que ella valora ser sistemática. Pero me resultó chocante porque yo adoro el disparate y lo busco sistemáticamente.

Y para ser coherente con mi forma de ser, hoy no voy a empezar con el libro de Félix de Azúa. Os dejo una frase sobre el tiempo dicha por Christofer, el protagonista de la novela que cito en el artículo que precede a este.

Y esto significa que el tiempo es un misterio , y que no es ni siquiera una cosa, y nadie ha resuelto jamás el rompecabezas de qué es el tiempo exactamente. Y por eso, si te pierdes en el tiempo es como perderse en un desierto, sólo que no puedes ver el tiempo porque no es una cosa.

Y por eso a mí me gustan los horarios, porque son la garantía de que no te vas a perder en el tiempo.

Hoy es festivo, día de guardar; ya pasan de las doce. Voy a alabar a Dios por el baile que me ha dado:

'El baile nuestro de cada día dánoslo hoy...'


Una experiencia religiosa

Yo no creería más que en un dios que supiese bailar.

Nietzsche

Hoy es domingo, día de guardar.

He puesto comida a los peces de colores.

Y, aunque todavía suenan en mis oídos músicas profanas que me han aproximado al éxtasis, siento necesidad de seguir orando.



Babo, la foto va por ti; porque sé que te gusta mirar con tus prismáticos por la ventana indiscreta.

¿Es una obsesión?

Se me partía el alma al verlo llorar de esa manera; el mar que tanto amaba se había convertido en una tumba para él desde que la sirena desapareció: ya no pescaba, ya no traía marisco para el arroz y hasta sus adorados peces de colores habrían muerto de hambre en el estanque de no haber sido por el Dr. Mahu, que se encargó de alimentarlos. La tensión era tan grande que incluso las trillizas sabían que algo grave estaba sucediendo:

-Son las cinco en la mañana y yo no he dormido nada pensando en tu belleza, yo loco voy a parar. Que mi insomnio es mi castigo, tu amor será mi alivio y hasta que no seas mía no viviré en paz -así hablaba wnefron sumido en un delirio, con la mirada fija en el horizonte y una voz que sonaba metálica y rota en aquellos acantilados que tantas veces nos hicieran creer que estábamos en el Paraíso.

-Noooooo, no es amor, lo que tú sientes se llama obsesión; una ilusión en tu pensamiento que te hace hacer cosas, así funciona el corazón -le contestaba yo aún sabiendo que nada ni nadie que no fuese la sirena iba a poner remedio a su pena.

La única confirmación de que el tiempo pasaba eran las papeleras que había que vaciar con frecuencia: Noe y naná se sumieron en un estado frenético de creatividad contagiadas por el ánimo de wnefron mientras yo, haciendo de tripas corazón, intentaba que las niñas se mantuviesen al margen de tanto sufrimiento. Pero aquellas lágrimas de wnefron tenían el mismo efecto desolador que la lava de un volcán.

El padre Babo, en contra de todo pronóstico, no sirvió de ayuda en un momento tan difícil sino todo lo contrario: nuestra ropa interior fue desapareciendo y, no sé por qué, todos pensamos que él tenía algo que ver. Se pasaba las horas metido en el cuarto de baño como un adolescente saliendo de él, en el mejor de los casos, en albornoz. Su indiferencia era una provocación de lo más irritante.

Una congoja de color berenjena se había instalado en el cielo amenazando con hacer trizas nuestro difícil equilibrio mental cuando el Dr. Mahu se empeñó en que teníamos que buscar ranas, cuantas más mejor. La desesperación nos impulsó a obedecerle de forma ciega porque las cosas ya no podían ir a peor. Naná fue la que tuvo que hacer un esfuerzo mayor por algo que le había pasado en China con las ranas.

-Cualquier día os lo contaré -dijo visiblemente asqueada.

Cuando llenamos un cubo de ranas el Dr. Mahu se metió en la cocina a preparar una poción. Es posible que hubiese oído cómo naná le contaba a las trillizas “La sirenita”; tal vez pensó que si una poción había sustituido la cola por unas piernas, otra poción podría hacer el efecto contrario.

Trabajó día y noche sin perder de vista el aspecto del cielo... hasta ayer al anochecer. Fue entonces cuando los vi a los dos en una roca, wnefron de espaldas al Dr. Mahu con los pantalones bajados. Al principio pensé que la isla iba a convertirse en una sucursal de Sodoma y Gomorra pero, cuando mis ojos se fueron acomodando a la oscuridad, vi cómo le inyectaba a modo de punción lumbar el extracto que había obtenido.

-Recuerda que debes estar de vuelta cuando la Luna empiece a menguar- creí oír al Dr. Mahu.

A los pocos minutos se alejó mientras wnefron permanecía desmayado.

Después de unos instantes, que se me hicieron eternos, vi cómo wnefron se incorporó poniéndose en cuclillas. Pensé en irme, ¿habría olvidado tomar los Activia? ¿Podría un tránsito intestinal lento ser la causa de tanto malestar? Pronto lo supe todo: una magnífica cola de pez sustituyó las piernas de wnefron, justo en el momento en que la Luna, magnífica, se hacía dueña de la noche.

Ver a wnefron deslizarse en el mar fue lo mejor que nos ha pasado en la isla desde que llegamos.



Esta canción la escribió Norberto basándose en los diálogos que manteníamos wnefron y yo en los momentos de crisis; sé que esperaba por mí para bailar una bachata, escondido entre las palmeras, mientras wnefron y yo hablábamos de amor.

¿ Será el amor una obsesión?

Braguitas para babo, sostén para wnefron

No comento libros porque leo poco, muy a mi pesar; no sé de economía, ni de filosofía, ni de poesía; mucho menos de derecho.

Dedico mucho tiempo a bailar. Y quiero compartir con vosotros mis últimos hallazgos en la materia.

Como a babo le gustan las braguitas, para él el forró de Brasil. Supongo que wnefron no le hará ascos al sostén de la bailarina de kizomba, ese baile tan cálido de Angola.

¡Que no todo va a ser leer!



A los que no bailan y a basileia, que sí lo hace

Esto del vídeo fue el premio que le dediqué a cierto varón que me recitó un poema.

Mi respuesta, basileia, se me hizo un poco extensa. Para el que quiera ver a lo que contesto dejo el enlace a tu artículo.

Basilea, muchas gracias por dedicarme un alegato a favor del baile: todo lo que dices lo siento yo. Bailar es un veneno que se te mete en el cuerpo y que, a veces, se parece al resto de otras vivencias cotidianas. A ver si me explico. En mi academia, con el paso del tiempo hemos ido adquiriendo unas “parejas estables” que mantenemos por inercia. Es poco frecuente que vayamos con la pareja habitual porque se escudan en que son torpes. ¿Cómo saben que son torpes si no lo han intentado? Es el puñetero miedo al ridículo. Supongo que también habrán sido torpes al empezar a conducir y, sin embargo, lo hacen.

Y es un veneno, el que destila tu cuerpo al bailar, que no lo consigues con cualquiera. A veces, cuando el profesor dice “cambio de pareja”, te encuentras con alguien que te activa unos resortes y hace que el cuerpo adquiera un estatus de plenitud: son momentos en que tengo que hacer un esfuerzo por mantener los ojos abiertos. Y que nadie piense mal: no hace falta que los cuerpos se toquen. A través de las manos, una en la cadera y otra sujetando la tuya, se produce el impulso que te mete la música dentro y se convierte en movimiento: transustanciación, creo que se llama. Muchas veces el que te hace eso es incompatible contigo más allá de la pista de baile: lo sabes porque dice “penícula” en lugar de película, lo sabes por la forma de tunear su coche, lo sabes por su cadena y su pulsera. ¡Pero es que a mi cuerpo no le gusta lo mismo que a mí! Sin embargo, sabes que quieres volver a bailar con él y que a él le pasa lo mismo. Ese cruce de miradas tan difíciles de reprimir...Sabes que tienes algo pendiente con esa persona: ¿otro baile?

Creo que los hombres bien dotados para la lírica tienen dificultades para ciertas coreografías. Pero , en este caso, les bailo yo sola, como hago en el vídeo que os pongo. ¡Y es que a mí la lírica me pone tanto! Si, amigos, la lírica también me hace bailar, es igual que sea en prosa o en verso, lo mismo me da.

Hay quien piensa que la vida es dura porque no encuentra satisfacciones. Para mí es dura por lo contrario: ¿por qué tener que elegir entre el que baila bien, el que domina la lírica y el que es un padre excelente? Las que sois muy jóvenes, ingénuas, pensáis que vais a encontrar todo eso en un sólo hombre. El tiempo me dará la razón y os acordaréis de lo que un día os dijo kitti en este blog.

Para mí baile y deseo es lo mismo: el deseo es lo que mueve el mundo. ¡Bailando podríamos disfrutar tanto si los hombres no fueran tan estrechos...! También dicen por ahí que los deseos, una vez satisfechos, te dejan un gran vacío. Pero, la verdad, es que a mí enseguida me aparece otro. Ojalá siempre me vea atrapada por este desorden deseístico. A lo contrario creo que se le llama depresión. Yo, por si acaso, siempre tengo un deseo de repuesto; lo mismo que hago con la sal: no espero a que se acabe el paquete y ya tengo otro de repuesto en la despensa.

Hostia pijo hueva, como dice el murciano de “Muchachada Nui”: ¡todo dios a matricularse en una academia de baile, esas cajas de ahorros de los deseos!

Ahora os pongo otro vídeo para que os deis una idea de lo que es el veneno. Los dos primeros minutos solo son una introducción.

El sapo de wnefron

El post de ayer dio lugar a especulaciones que, por falta de tiempo, he dejado sin aclarar. Como hoy tampoco voy muy sobrada, pensé vale más una imagen que mil palabras.

Blas, que también baila, sabrá algo del asunto (¿cómo lo pudiste tener oculto tanto tiempo?).

A Rafiña, que está muy soliño en Ponferrada, le recomiendo que se matricule cuanto antes en una academia de estas; poco más le va a costar al mes que tres horas de las que le paga a Angustias.

A Laura y a Blas, que no es pasión ni erotismo, lo mío es puro VICIO.

A maldiciónquesalva, que el narrador soy yo, una chica.

A mis otras niñas, que un beso para todas (Almudena, me estrujé las neuronas para ti, para verte reír).

Wnefron, ¿sabes ahora dónde está el sapo? Yo creo que no te lo puedo poner más fácil.

Dirty dancing

Si lo hubiese visto en el metro, no me habría sentado a su lado. El color cetrino del rostro y las inmensas ojeras hacen presagiar una vida nocturna de naturaleza insana. Su olor en la sala de espera le confiere un estatus de macho marcando territorio a base de feromonas. No es un compañero habitual, sólo viene a nuestra clase cuando no ha podido asistir a la suya.

El primer día había un vacío a su alrededor. Pero, como hacemos en estos casos, bailó con él una compañera que va sin pareja. Con tanta vuelta, las trayectorias fueron descontrolándose y, cuando estaba peligrosamente cerca de él, el profesor pidió que cambiásemos de pareja. Y me tocó.

Dios mío, qué brazos, qué forma de sujetarme, qué órbitas de huracán imprimió a mis caderas…

El sapo se había convertido en príncipe: su piel cetrina se tornó en nácar, sus ojeras en fino azabache y su olor, huummm…era puro presagio de fertilidad.

Resentimiento

A mi academia de baile va una señora que tiene el mejor cirujano plástico y el mejor peluquero de España. Llega en un cochazo donde cabrían perfectamente tres de los nuestros. Si coincides con ella en la oficina para pagar, mejor es llevar gafas de sol: el destello de sus diamantes podrían provocar daños irreversibles a la vista.

Pero lo peor… lo peor está por llegar. Mientras que nosotros, sacándole horas al sueño, vamos una o dos veces por semana, ella acude a la academia todos los días, ¡con dos cojones!

No conocemos sus horarios. A veces tiene clase con nuestro profesor antes que nosotros; la vemos salir triunfante, como diciéndonos: “Ahí os queda”.

A veces tiene clase a la misma hora que nosotros, en una sala contigua separada de la nuestra por una cristalera. La atiende otro profesor: una joya de ébano que para sí quisiera Pasolini, que en paz descanse. Esos días ejercito menos el olfato, pero lo que es la vista…

Resentimiento es esto y no lo de no entender a Góngora.

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